14/09/2020, 15:17
—Te mentiría si te respondiera que no.
Shanise le respondió con una sonrisa, perceptible tan sólo si uno se fijaba en los bordes de sus párpados. Entonces se dio cuenta de la presencia de alguien más. Tan silenciosa como un fantasma, como siempre, allí estaba Aburame Kintsugi. Vestida de forma humilde, pero sin renunciar a sus características máscaras con forma de mariposa. Esta vez era blanca. La subordinada de la Morikage les saludó con una inclinación de cabeza. Shanise, por deferencia, devolvió el saludo a ambas.
—Así que es cierto... Yui-dono ha delegado en ti su sombrero —comentó Kintsugi—. En ese caso, es mi deber presentarte mis respetos, Godaime Arashikage —añadió, inclinando la cabeza—. Parece que... ha llegado la hora de la nueva generación.
Shanise cerró los ojos, dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.
—Es un honor para mí tu reconocimiento, Kintsugi-dono. Ojalá la nueva generación hubiera llegado para todos como ha llegado la mía —contestó con sinceridad—. Esos tres tenían sus diferencias, pero también nexos que les unieron y que hicieron de Oonindo un lugar mucho mejor. —Extendió el brazo y señaló una de las mesas—. Esperemos a Hanabi-dono. —Se adelantó y tomó asiento, señalándole a Ayame el hueco que había a su derecha.
El Uzukage no tardó en hacer acto de aparición, acompañado de Akimichi Katsudon, su fiel amigo y jōnin de confianza. Shanise respondió a sus felicitaciones con una inclinación de cabeza. Hanabi era tan buen diplomático como siempre. «Y ahora ya no tengo que desviar tus simpatías con Yuyu hacia otra parte, cabrón. Aún me acuerdo cómo os mirábais.» La Arashikage entrecerró los ojos durante un imperceptible instante.
—Como le decía a Kintsugi, es un honor sentarme entre nosotros. Si no me equivoco, fue Kintsugi-dono quien solicitó la reunión, pero antes me gustaría advertir de algo.
»Fuera de Amegakure, todo el mundo cree que Yui es la Señora Feudal. El cargo de Tormenta es un secreto, por ahora. Menos para vosotros y para los nuestros. Tenemos nuestras razones.
»Podemos comenzar.
Shanise le respondió con una sonrisa, perceptible tan sólo si uno se fijaba en los bordes de sus párpados. Entonces se dio cuenta de la presencia de alguien más. Tan silenciosa como un fantasma, como siempre, allí estaba Aburame Kintsugi. Vestida de forma humilde, pero sin renunciar a sus características máscaras con forma de mariposa. Esta vez era blanca. La subordinada de la Morikage les saludó con una inclinación de cabeza. Shanise, por deferencia, devolvió el saludo a ambas.
—Así que es cierto... Yui-dono ha delegado en ti su sombrero —comentó Kintsugi—. En ese caso, es mi deber presentarte mis respetos, Godaime Arashikage —añadió, inclinando la cabeza—. Parece que... ha llegado la hora de la nueva generación.
Shanise cerró los ojos, dejó escapar un suspiro y negó con la cabeza.
—Es un honor para mí tu reconocimiento, Kintsugi-dono. Ojalá la nueva generación hubiera llegado para todos como ha llegado la mía —contestó con sinceridad—. Esos tres tenían sus diferencias, pero también nexos que les unieron y que hicieron de Oonindo un lugar mucho mejor. —Extendió el brazo y señaló una de las mesas—. Esperemos a Hanabi-dono. —Se adelantó y tomó asiento, señalándole a Ayame el hueco que había a su derecha.
El Uzukage no tardó en hacer acto de aparición, acompañado de Akimichi Katsudon, su fiel amigo y jōnin de confianza. Shanise respondió a sus felicitaciones con una inclinación de cabeza. Hanabi era tan buen diplomático como siempre. «Y ahora ya no tengo que desviar tus simpatías con Yuyu hacia otra parte, cabrón. Aún me acuerdo cómo os mirábais.» La Arashikage entrecerró los ojos durante un imperceptible instante.
—Como le decía a Kintsugi, es un honor sentarme entre nosotros. Si no me equivoco, fue Kintsugi-dono quien solicitó la reunión, pero antes me gustaría advertir de algo.
»Fuera de Amegakure, todo el mundo cree que Yui es la Señora Feudal. El cargo de Tormenta es un secreto, por ahora. Menos para vosotros y para los nuestros. Tenemos nuestras razones.
»Podemos comenzar.