21/09/2020, 00:58
—Proteged a los civiles —ordenó Hanabi a sus ANBU, que habían tenido que apartarse para que Reiji no les arrollase. Luego se dio la vuelta hacia Datsue, quien dijo que iba a avisar a Eri, y asintió, serio. El Uchiha saltó por la ventana y al vacío. Hanabi esperó a estar solo. Necesitaba estar solo.
Necesitaba liberarse.
El chakra del Uzukage estalló. Toda la planta tembló como si fuese el epicentro de un terremoto. Los libros cayeron de sus estanterías. Un círculo de ascuas se formó alrededor de Hanabi, quien hizo un giro rápido con el pie para mitigarlo. Saltó encima de la mesa, y de ahí al alféizar de la ventana, y de ahí al vacío, como Datsue. Pero en lugar de eso, formuló el sello del Carnero.
«Soyokaze no Jutsu.»
El Sarutobi se elevó en el cielo, por encima del tejado, y quedó suspendido en el aire unos instantes. Pájaro. Serpiente. Dragón. Carnero. El aire a su alrededor formó hilos, que luego fueron chorros, que luego fueron poderosos látigos que le irguieron en el aire, como si el mero hecho de caer fuese algo impropio para un Uzukage. El viento formó un anillo frente a él. Hanabi sopló un chorro de llamas, y extendió los brazos hacia adelante. «Si alguien tiene que enfrentarse a un bijū, yo seré el primero.»
«Ninpō: Hanabi no Hayate.»
Un tornado de fuego iluminó toda Uzushiogakure con una luz rojiza. El Uzukage salió disparado en dirección contraria, hacia el puerto, sobrevolándolo todo. Se dio la vuelta. Hanabi encogió las rodillas y aterrizó sobre las tejas de un edificio alto. Se deslizó sobre ellas, levantando algunas, y saltó de nuevo, formulando el sello del Carnero. «Soyokaze no Jutsu.» Volvió a soplar. Y se elevó.
Entonces, la expresión de Hanabi cambió. Levantó las cejas, abrió los ojos y la boca. Por un instante quedó paralizado, y casi cae en unos contenedores. Pero volvió a levantarse con el Fūton, y dejó que la inercia le llevase.
«Yuuna...»
Ya sea porque alguno de ellos se retrasó, porque fue muy deprisa, o porque eligió otras calles o tejados, nuestros tres intrépidos ninja se encontraron en un cruce de calles a tres. Datsue por la izquierda, Eri por la derecha, y Reiji por el centro. A su alrededor, los ANBU trataban de conducir a los civiles fuera de la villa. Sólo algunos corrían en la misma dirección que ellos. Hubo un golpe, como el de algo chocando con gran fuerza en el agua.
Necesitaba liberarse.
El chakra del Uzukage estalló. Toda la planta tembló como si fuese el epicentro de un terremoto. Los libros cayeron de sus estanterías. Un círculo de ascuas se formó alrededor de Hanabi, quien hizo un giro rápido con el pie para mitigarlo. Saltó encima de la mesa, y de ahí al alféizar de la ventana, y de ahí al vacío, como Datsue. Pero en lugar de eso, formuló el sello del Carnero.
«Soyokaze no Jutsu.»
El Sarutobi se elevó en el cielo, por encima del tejado, y quedó suspendido en el aire unos instantes. Pájaro. Serpiente. Dragón. Carnero. El aire a su alrededor formó hilos, que luego fueron chorros, que luego fueron poderosos látigos que le irguieron en el aire, como si el mero hecho de caer fuese algo impropio para un Uzukage. El viento formó un anillo frente a él. Hanabi sopló un chorro de llamas, y extendió los brazos hacia adelante. «Si alguien tiene que enfrentarse a un bijū, yo seré el primero.»
«Ninpō: Hanabi no Hayate.»
Un tornado de fuego iluminó toda Uzushiogakure con una luz rojiza. El Uzukage salió disparado en dirección contraria, hacia el puerto, sobrevolándolo todo. Se dio la vuelta. Hanabi encogió las rodillas y aterrizó sobre las tejas de un edificio alto. Se deslizó sobre ellas, levantando algunas, y saltó de nuevo, formulando el sello del Carnero. «Soyokaze no Jutsu.» Volvió a soplar. Y se elevó.
Entonces, la expresión de Hanabi cambió. Levantó las cejas, abrió los ojos y la boca. Por un instante quedó paralizado, y casi cae en unos contenedores. Pero volvió a levantarse con el Fūton, y dejó que la inercia le llevase.
«Yuuna...»
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Ya sea porque alguno de ellos se retrasó, porque fue muy deprisa, o porque eligió otras calles o tejados, nuestros tres intrépidos ninja se encontraron en un cruce de calles a tres. Datsue por la izquierda, Eri por la derecha, y Reiji por el centro. A su alrededor, los ANBU trataban de conducir a los civiles fuera de la villa. Sólo algunos corrían en la misma dirección que ellos. Hubo un golpe, como el de algo chocando con gran fuerza en el agua.
