24/09/2020, 13:54
—Lo tendremos en cuenta.
Aquella fue la única respuesta que recibió Ayame por parte de la Morikage. Tal y como observó durante su fugaz encuentro en el Estadio de los Dojos, Kintsugi le propiciaba la más absoluta indiferencia. Como si no fuese más que un insecto en su zapato. Y no sabía qué era peor: si aquella indiferencia o que le mostrara abiertamente el odio que sentía hacia ella. Porque Ayame conocía la verdad: Ella no le era indiferente. Ella, como jinchūriki, no era más que uno de los reflejos de lo que más detestaba en todo Ōnindo.
—Os agradezco vuestra colaboración, Uzukage, Arashikage —añadió Kintsugi, con una respetuosa inclinación de cabeza—. Guardaremos esta información a buen recaudo y la utilizaremos de la mejor manera posible. En lo concerniente a Dragón Rojo, ambos tenéis la plena disposición de Kusagakure y del País del Bosque.
—Gracias —correspondió el Uzukage—. No cabe duda de que cualquier fisura entre nosotros la aprovecharán. Debemos colaborar más que nunca si queremos acabar con ellos. Claro que para eso antes habrá que encontrarles…
«Y pueden estar escondidos en cualquier agujero de Ōnindo...» Completó Ayame, con pesar. Ni siquiera el haber recuperado a Kaido les ayudaría a encontrarlos, estaba segura de que se irían moviendo de un escondite a otro. O eso, o se refugiarían bajo las alas de Umigarasu, si de verdad estaban compinchados con él, sabiéndose seguros entre los muros del País del Agua.
—Y hablando de encontrar guaridas… Kurama —añadió Hanabi, y Ayame levantó de golpe la cabeza, sobresaltada. El rostro de la muchacha había palidecido ligeramente al escuchar aquel nombre, pero se esforzó por disimular aquel sentimiento de terror que se anudaba en su pecho—. ¿Doy por hecho que también echará una mano con eso, Kintsugi-dono? Porque en los últimos tiempos se ha descubierto una pista muy importante al respecto. Aunque seguramente no sea yo la persona que deba dar la noticia.
Pero Yui se adelantó a la respuesta de Kintsugi.
—Así es. Cuando fue atacada por uno de los Generales, se descubrió una pista que podría llevarnos hasta a ellos. Tenemos indicios de que podrían operar al norte de nuestro país —explicó—. Próximamente enviaremos un operativo para investigar. Compartiré toda la inteligencia que obtengamos, si ambos están dispuestos a colaborar. Si Eikyū Juro se encuentra entre sus filas, se lo haremos saber.
Aquella fue la única respuesta que recibió Ayame por parte de la Morikage. Tal y como observó durante su fugaz encuentro en el Estadio de los Dojos, Kintsugi le propiciaba la más absoluta indiferencia. Como si no fuese más que un insecto en su zapato. Y no sabía qué era peor: si aquella indiferencia o que le mostrara abiertamente el odio que sentía hacia ella. Porque Ayame conocía la verdad: Ella no le era indiferente. Ella, como jinchūriki, no era más que uno de los reflejos de lo que más detestaba en todo Ōnindo.
—Os agradezco vuestra colaboración, Uzukage, Arashikage —añadió Kintsugi, con una respetuosa inclinación de cabeza—. Guardaremos esta información a buen recaudo y la utilizaremos de la mejor manera posible. En lo concerniente a Dragón Rojo, ambos tenéis la plena disposición de Kusagakure y del País del Bosque.
—Gracias —correspondió el Uzukage—. No cabe duda de que cualquier fisura entre nosotros la aprovecharán. Debemos colaborar más que nunca si queremos acabar con ellos. Claro que para eso antes habrá que encontrarles…
«Y pueden estar escondidos en cualquier agujero de Ōnindo...» Completó Ayame, con pesar. Ni siquiera el haber recuperado a Kaido les ayudaría a encontrarlos, estaba segura de que se irían moviendo de un escondite a otro. O eso, o se refugiarían bajo las alas de Umigarasu, si de verdad estaban compinchados con él, sabiéndose seguros entre los muros del País del Agua.
—Y hablando de encontrar guaridas… Kurama —añadió Hanabi, y Ayame levantó de golpe la cabeza, sobresaltada. El rostro de la muchacha había palidecido ligeramente al escuchar aquel nombre, pero se esforzó por disimular aquel sentimiento de terror que se anudaba en su pecho—. ¿Doy por hecho que también echará una mano con eso, Kintsugi-dono? Porque en los últimos tiempos se ha descubierto una pista muy importante al respecto. Aunque seguramente no sea yo la persona que deba dar la noticia.
Pero Yui se adelantó a la respuesta de Kintsugi.
—Así es. Cuando fue atacada por uno de los Generales, se descubrió una pista que podría llevarnos hasta a ellos. Tenemos indicios de que podrían operar al norte de nuestro país —explicó—. Próximamente enviaremos un operativo para investigar. Compartiré toda la inteligencia que obtengamos, si ambos están dispuestos a colaborar. Si Eikyū Juro se encuentra entre sus filas, se lo haremos saber.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)