28/09/2020, 11:38
Una vez más, Gyūki resopló. Esta vez fue un resoplido más grande, que inundó el puerto de un vapor denso y cálido. El bijū negó con la cabeza.
—¿Sellarme en el barco? Es probable que no aguantase mi chakra, y como piensa Shukaku, aunque yo sí que entiendo que lo decías con buena intención, me parece totalmente denigrante. No, no lo haré.
Observó a Reiji fijamente durante unos segundos.
»Me pareces un shinobi de buen corazón, Sasaki Reiji. Si las circunstancias fueran otras y las heridas de mi corazón hubiesen sanado, lo que pediría es que fueras mi jinchūriki. Si Kurama sabe que ya estoy aquí de nuevo, como hice saber a los shinobi, lo mejor es tomar partido. Kurama es, sin duda, el gran mal del que hablaba Padre. —Miró esta vez a Shukaku. Luego a Hanabi—. Pero me temo que no estoy preparado para ese paso. No, Sarutobi Hanabi, lo que vengo a pedirte hoy...
»Es un nuevo hogar. Ayudadme y os ayudaré, como aliado. Contra el déspota de mi Hermano. —Miró a Reiji—. Eh, chavalín. Aquél día me dijiste que algún día te convertirías en un herrero legendario. ¿Crees que una bandana de Uzushiogakure que se ajuste bien a uno de mis cuernos sería una leyenda digna para alguien así?
—¿Pero qué...? ¿Quedarte en...? —balbuceaba Hanabi, atónito.
—¿Sellarme en el barco? Es probable que no aguantase mi chakra, y como piensa Shukaku, aunque yo sí que entiendo que lo decías con buena intención, me parece totalmente denigrante. No, no lo haré.
Observó a Reiji fijamente durante unos segundos.
»Me pareces un shinobi de buen corazón, Sasaki Reiji. Si las circunstancias fueran otras y las heridas de mi corazón hubiesen sanado, lo que pediría es que fueras mi jinchūriki. Si Kurama sabe que ya estoy aquí de nuevo, como hice saber a los shinobi, lo mejor es tomar partido. Kurama es, sin duda, el gran mal del que hablaba Padre. —Miró esta vez a Shukaku. Luego a Hanabi—. Pero me temo que no estoy preparado para ese paso. No, Sarutobi Hanabi, lo que vengo a pedirte hoy...
»Es un nuevo hogar. Ayudadme y os ayudaré, como aliado. Contra el déspota de mi Hermano. —Miró a Reiji—. Eh, chavalín. Aquél día me dijiste que algún día te convertirías en un herrero legendario. ¿Crees que una bandana de Uzushiogakure que se ajuste bien a uno de mis cuernos sería una leyenda digna para alguien así?
—¿Pero qué...? ¿Quedarte en...? —balbuceaba Hanabi, atónito.
