30/09/2020, 01:49
Gyūki asintió a Reiji, miró de reojo y de mala gana a Shukaku, y luego se fijó en la pequeña muchachita que se había dirigido a él. Hay que decir algo: para un bijū cualquiera era pequeño, incluso el Uzukage, aunque por dentro fuera grande.
—Podría vivir aquí, sí —dijo—. Llevo viviendo bajo el mar durante mucho tiempo. No me importaría. Además, de vez en cuando podría asomar la cabecita para charlar con alguien.
«No sé por qué creo que vamos a tener muchas falsas alarmas los siguientes meses», pensó Hanabi acariciándose el entrecejo.
—A ver. Entonces, ¿quieres vivir con nosotros?
—Eso es.
—Y una bandana.
—Me quedaría bien.
—¿Quieres ser un shinobi?
—Técnicamente no, pero en espíritu sí. —Gyuki rio—. ¿Hay algún problema, Uzukage? ¡Ya os digo que quiero colaborar con los humanos!
Hanabi le mostró las palmas de la mano, negando con la cabeza.
—No, no, no. Perdóname, pero comprende que esto sea un poco chocante para mí. Uzushiogakure y Amegakure nos comprometimos hace tiempo a colaborar con Shukaku y Kokuō, así que no será un problema —miró a Reiji, a Datsue y a Eri. En su cara podía casi leerse el sufrimiento.
Pobrecillo. Hay que admitir que todo le pasaba a él.
«De puta madre. Ahora coge, vete a la reunión y explícale esto a los otros dos. Sobretodo a Kintsugi.»
—Podría vivir aquí, sí —dijo—. Llevo viviendo bajo el mar durante mucho tiempo. No me importaría. Además, de vez en cuando podría asomar la cabecita para charlar con alguien.
«No sé por qué creo que vamos a tener muchas falsas alarmas los siguientes meses», pensó Hanabi acariciándose el entrecejo.
—A ver. Entonces, ¿quieres vivir con nosotros?
—Eso es.
—Y una bandana.
—Me quedaría bien.
—¿Quieres ser un shinobi?
—Técnicamente no, pero en espíritu sí. —Gyuki rio—. ¿Hay algún problema, Uzukage? ¡Ya os digo que quiero colaborar con los humanos!
Hanabi le mostró las palmas de la mano, negando con la cabeza.
—No, no, no. Perdóname, pero comprende que esto sea un poco chocante para mí. Uzushiogakure y Amegakure nos comprometimos hace tiempo a colaborar con Shukaku y Kokuō, así que no será un problema —miró a Reiji, a Datsue y a Eri. En su cara podía casi leerse el sufrimiento.
Pobrecillo. Hay que admitir que todo le pasaba a él.
«De puta madre. Ahora coge, vete a la reunión y explícale esto a los otros dos. Sobretodo a Kintsugi.»
