3/10/2020, 15:17
—Ah, y a propósito de eso... Ese veto se extiende ahora a Sasaki Reiji —añadió Kintsugi, fulminando con la mirada a Hanabi—. Uzukage-dono, creo que tiene algo que explicar.
Hanabi suspiró con pesar.
----Entonces el veto de Amegakure también se extenderá a Uzushiogakure. Ningún ninja de Kusagakure no Sato accederá a mis tierras sin previa llamada suya y consentimiento mío. No pondré vigilancia —informó, como única diferenciación. Con Sekiryū, Kurama y sus Generales, tenía demasiados frentes abiertos como para malgastar sus recursos en una vigilancia que creía estéril. Después de ver a Kintsugi en el Valle de los Dojos, y cómo acudió en su ayuda, no pensaba que fuese a actuar a sus espaldas para atacar a Datsue o Reiji. No obstante, aquel veto injusto no era algo que Uzu pudiese seguir tolerando sin su consiguiente respuesta—, pero cada ninja deberá firmar su entrada en los puestos fronterizos que tengo colocados en el Puente Kannabi, el Valle del Fin o las estaciones de tren, así como su salida, que deberá ser en el plazo que yo estime oportuno según la tarea que venga a realizar. De sobrepasar dicho plazo, me lo pensaré mejor la próxima vez que me llame para solicitar el paso de uno de sus ninjas, además de pedir explicaciones al ninja en cuestión por el retraso.
Dejado claro aquel punto, ahora le tocaba explicarse. Oh, y si tan solo fuese por lo de Reiji. Qué rápido y sencillo sería.
—Espero que algún día cambie su idea, Kintsugi-dono. Y que lo haga cuando aún se esté a tiempo —dijo, muy serio, antes de continuar con el tema pedido—. Antes de nada, aclarar que Reiji-kun no es ningún jinchūriki. En el pasado reciente, no obstante, se encontró con Gyūki. El Ocho Colas —aclaró por si acaso—. Recordarán que les conté de ese encuentro. De cómo pidió a Reiji comunicar al resto de sus hermanos, a través de Datsue, Ayame y Juro, que Kurama era el gran mal que asolaría Ōnindo. Pero se produjo algo más en dicho encuentro. Gyūki regaló a Reiji una pequeña parte de su poder. Una porción de su chakra, que podría usar para demostrar tanto a Kokuō como Shukaku que realmente se había encontrado con él, y, llegado el caso, para alguna situación crítica. Situación que se dio en el torneo.
»Y hay algo más —continuó, pasando una mirada por Ayame, Shanise y finalmente Kintsugi—. Ese al que usted llama monstruo se presentó en mi puerto hace unos días. Y ese monstruo no solo no nos atacó, sino que se prestó para ayudarnos con nuestra lucha contra Kurama y nos pidió refugio. —Oyó a Katsudon, a su lado, carraspear. La bomba estaba echada y Hanabi no tuvo ni la consideración de darles un respiro:—. Ahora Gyūki vive en el puerto de Uzu y viste una placa metálica en uno de sus cuernos con el símbolo de la espiral grabado.
Hanabi suspiró con pesar.
----Entonces el veto de Amegakure también se extenderá a Uzushiogakure. Ningún ninja de Kusagakure no Sato accederá a mis tierras sin previa llamada suya y consentimiento mío. No pondré vigilancia —informó, como única diferenciación. Con Sekiryū, Kurama y sus Generales, tenía demasiados frentes abiertos como para malgastar sus recursos en una vigilancia que creía estéril. Después de ver a Kintsugi en el Valle de los Dojos, y cómo acudió en su ayuda, no pensaba que fuese a actuar a sus espaldas para atacar a Datsue o Reiji. No obstante, aquel veto injusto no era algo que Uzu pudiese seguir tolerando sin su consiguiente respuesta—, pero cada ninja deberá firmar su entrada en los puestos fronterizos que tengo colocados en el Puente Kannabi, el Valle del Fin o las estaciones de tren, así como su salida, que deberá ser en el plazo que yo estime oportuno según la tarea que venga a realizar. De sobrepasar dicho plazo, me lo pensaré mejor la próxima vez que me llame para solicitar el paso de uno de sus ninjas, además de pedir explicaciones al ninja en cuestión por el retraso.
Dejado claro aquel punto, ahora le tocaba explicarse. Oh, y si tan solo fuese por lo de Reiji. Qué rápido y sencillo sería.
—Espero que algún día cambie su idea, Kintsugi-dono. Y que lo haga cuando aún se esté a tiempo —dijo, muy serio, antes de continuar con el tema pedido—. Antes de nada, aclarar que Reiji-kun no es ningún jinchūriki. En el pasado reciente, no obstante, se encontró con Gyūki. El Ocho Colas —aclaró por si acaso—. Recordarán que les conté de ese encuentro. De cómo pidió a Reiji comunicar al resto de sus hermanos, a través de Datsue, Ayame y Juro, que Kurama era el gran mal que asolaría Ōnindo. Pero se produjo algo más en dicho encuentro. Gyūki regaló a Reiji una pequeña parte de su poder. Una porción de su chakra, que podría usar para demostrar tanto a Kokuō como Shukaku que realmente se había encontrado con él, y, llegado el caso, para alguna situación crítica. Situación que se dio en el torneo.
»Y hay algo más —continuó, pasando una mirada por Ayame, Shanise y finalmente Kintsugi—. Ese al que usted llama monstruo se presentó en mi puerto hace unos días. Y ese monstruo no solo no nos atacó, sino que se prestó para ayudarnos con nuestra lucha contra Kurama y nos pidió refugio. —Oyó a Katsudon, a su lado, carraspear. La bomba estaba echada y Hanabi no tuvo ni la consideración de darles un respiro:—. Ahora Gyūki vive en el puerto de Uzu y viste una placa metálica en uno de sus cuernos con el símbolo de la espiral grabado.
