16/02/2021, 22:21
Y Amekoro Yui casi salta encima de el Kage Bunshin de Ayame, que tan apresurada había entrado con su equipo y el de Kaido. Una buena idea. Yui sonrió hasta que se dio cuenta de que su equipo no lo había traído. Luego volvió a sonreír: hasta en la más dulce de las ilusiones siempre llevaba sus armas encima, como pudo comprobar.
—Quedémonos a la espera, caminando entre la gente y fingiendo estar tan confusos como ellos. Veremos qué ocurre: si vienen refuerzos de Kurama los aplastaremos como los insectos que son —anunció Yui—. Pero mientras tanto, será mejor que aprovechemos para descansar hasta que lleguen los refuerzos. No quiero dejar esta posición descubierta mientras nos adentramos hacia el norte. Lo mejor es disponer un cuartel general.
—P-pero Señora Yui. ¿Va a usted a convertir mi ciudad en...?
—¿En un campamento de guerra? ¡Mira a tu alrededor, Hitochi! ¿¡Qué coño te crees que es esto!?
Los primeros refuerzos no tardaron en llegar. El halcón de Ayame había sido muy rápido, y Shanise, todavía más. No ella, personalmente, pero sí una gran cantidad de chūnin, jōnin y ANBU dispuestos por todo Yukio, ayudando con las reparaciones, estableciendo puntos de defensa. El edificio del Gobernador se había convertido en una sede de comunicaciones, y se habían rehabilitado los altavoces para la trasmisión y órdenes y la coordinación de las tropas.
No se habían encontrado a ningún soldado de Kurama más en todo este tiempo. Yui no sabía si eso le gustaba o le molestaba aún más. Y no precisamente porque temiera que estuvieran preparando algo. Sino porque no podía coger cabeza alguna con la mano y aplastar algún que otro cráneo.
Ganas no le faltaban. Pero debía ser paciente.
—Ya casi caerá la noche —dijo Yui, mientras paseaba con Kaido y con Ayame por las calles de una Yukio mucho más marcial pero menos desolada que antes. Algunos genin hacían servir de apoyo a los habitantes que necesitaban ayuda psicológica hasta que pudieran contactar y traer un especialista de Shinogi-to. Hacía horas ya que se habían deshecho de las capas harapientas que Hitochi les había entregado—. Podríamos adentrarnos al norte ahora, por la noche. O podríamos esperar a la mañana. Ambas opciones tienen sus ventajas y sus desventajas.
»Si atacamos ahora, puede que los tomemos por sorpresa. Pero hace frío y es muy probable que pronto haga más todavía. No me gustaría quedarme atrapada en una trampa de Kurama en la nieve.
»Si esperamos a mañana, estarán más en guardia, sobretodo si tienen algún confidente en la ciudad que se nos haya escapado y notifique del tinglado que hemos preparado aquí. O si disponen de alguna otra forma de vigilarnos. Con todo el tema de los altavoces, tampoco me extrañaría. Con suerte, no se habrán enterado de nada de lo sucedido, o habrán pensado que hemos establecido tropas y nosotros nos hemos marchado al sur. Sólo los guardias de antes nos vieron, y ahora están muertos, así que no hubo testigos.
»¿Qué coño hacemos?
—Quedémonos a la espera, caminando entre la gente y fingiendo estar tan confusos como ellos. Veremos qué ocurre: si vienen refuerzos de Kurama los aplastaremos como los insectos que son —anunció Yui—. Pero mientras tanto, será mejor que aprovechemos para descansar hasta que lleguen los refuerzos. No quiero dejar esta posición descubierta mientras nos adentramos hacia el norte. Lo mejor es disponer un cuartel general.
—P-pero Señora Yui. ¿Va a usted a convertir mi ciudad en...?
—¿En un campamento de guerra? ¡Mira a tu alrededor, Hitochi! ¿¡Qué coño te crees que es esto!?
· · ·
Yukio, aproximadamente ocho horas más tarde...
Los primeros refuerzos no tardaron en llegar. El halcón de Ayame había sido muy rápido, y Shanise, todavía más. No ella, personalmente, pero sí una gran cantidad de chūnin, jōnin y ANBU dispuestos por todo Yukio, ayudando con las reparaciones, estableciendo puntos de defensa. El edificio del Gobernador se había convertido en una sede de comunicaciones, y se habían rehabilitado los altavoces para la trasmisión y órdenes y la coordinación de las tropas.
No se habían encontrado a ningún soldado de Kurama más en todo este tiempo. Yui no sabía si eso le gustaba o le molestaba aún más. Y no precisamente porque temiera que estuvieran preparando algo. Sino porque no podía coger cabeza alguna con la mano y aplastar algún que otro cráneo.
Ganas no le faltaban. Pero debía ser paciente.
—Ya casi caerá la noche —dijo Yui, mientras paseaba con Kaido y con Ayame por las calles de una Yukio mucho más marcial pero menos desolada que antes. Algunos genin hacían servir de apoyo a los habitantes que necesitaban ayuda psicológica hasta que pudieran contactar y traer un especialista de Shinogi-to. Hacía horas ya que se habían deshecho de las capas harapientas que Hitochi les había entregado—. Podríamos adentrarnos al norte ahora, por la noche. O podríamos esperar a la mañana. Ambas opciones tienen sus ventajas y sus desventajas.
»Si atacamos ahora, puede que los tomemos por sorpresa. Pero hace frío y es muy probable que pronto haga más todavía. No me gustaría quedarme atrapada en una trampa de Kurama en la nieve.
»Si esperamos a mañana, estarán más en guardia, sobretodo si tienen algún confidente en la ciudad que se nos haya escapado y notifique del tinglado que hemos preparado aquí. O si disponen de alguna otra forma de vigilarnos. Con todo el tema de los altavoces, tampoco me extrañaría. Con suerte, no se habrán enterado de nada de lo sucedido, o habrán pensado que hemos establecido tropas y nosotros nos hemos marchado al sur. Sólo los guardias de antes nos vieron, y ahora están muertos, así que no hubo testigos.
»¿Qué coño hacemos?
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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