10/10/2022, 15:29
Un días mas en Amegakure, realmente no muy distinto a los demás. Llovía como siempre, los nativos seguramente tenían la agudeza suficiente para percibir el nivel del sol detrás de las nubes y estimar una hora aproximada. Al menos la médica podía hacerlo.
La kunoichi se apresuraba a llegar al lugar de encuentro, por su parte no tenía por costumbre realmente el regalar tiempo de su agenda llegando temprano, pero tampoco le gustaba quedar en deuda llegando tarde. La puntualidad era una de las formas mas elegantes de halagar a una persona, al menos eso había concluido desde hacía bastante.
Bajo su piloto para la lluvia, la ninja esquivaba los charcos pertinentes y maniobra serpenteando las calles y puentes como las mismas tuberías que recolectaban el agua lo hacían. Aquel día tenia nuevamente que llevar adelante un encargo en compañía de un aliado, le emocionaba saber que no iba a ser cualquier desconocido, sino un regular, un conocido.
Tras echar un vistazo a su reloj, volvió a revisarse las pertenencias. Tenía 3 pergaminos, su portaobjetos, su bandana, y algún kunai suelto. Uno de los pergaminos era un tanto especial en comparación a los otros dos, era el que llevaba toda la información sobre la actual misión que llevarían a cabo.
Segundos mas, segundos menos. Llegaría al lugar de encuentro, elegante y pulcra bajo su blanco atuendo con todas sus pertenencias encima. El muchacho ya se encontraba ahí, por lo que no tardó en aproximarse y dedicarle una formal reverencia digna de un manual de etiqueta.
—¡Buenos días, Ichikawa-san! ¡Un placer trabajar contigo en esta jornada!
La kunoichi se apresuraba a llegar al lugar de encuentro, por su parte no tenía por costumbre realmente el regalar tiempo de su agenda llegando temprano, pero tampoco le gustaba quedar en deuda llegando tarde. La puntualidad era una de las formas mas elegantes de halagar a una persona, al menos eso había concluido desde hacía bastante.
Bajo su piloto para la lluvia, la ninja esquivaba los charcos pertinentes y maniobra serpenteando las calles y puentes como las mismas tuberías que recolectaban el agua lo hacían. Aquel día tenia nuevamente que llevar adelante un encargo en compañía de un aliado, le emocionaba saber que no iba a ser cualquier desconocido, sino un regular, un conocido.
Tras echar un vistazo a su reloj, volvió a revisarse las pertenencias. Tenía 3 pergaminos, su portaobjetos, su bandana, y algún kunai suelto. Uno de los pergaminos era un tanto especial en comparación a los otros dos, era el que llevaba toda la información sobre la actual misión que llevarían a cabo.
Segundos mas, segundos menos. Llegaría al lugar de encuentro, elegante y pulcra bajo su blanco atuendo con todas sus pertenencias encima. El muchacho ya se encontraba ahí, por lo que no tardó en aproximarse y dedicarle una formal reverencia digna de un manual de etiqueta.
—¡Buenos días, Ichikawa-san! ¡Un placer trabajar contigo en esta jornada!