13/10/2022, 14:15
Para cuando la kunoichi de blanco hubiese hecho acto de presencia en la residencia de los Yuki, el hombre de la casa ya habría partido para el mercado en busca de sus víveres. Dejando a su suerte a la kunoichi.
—¡Yuki-san!
Exclamaría la médica mientras juntaba sus manos para formar un aplauso, quizás con un poco mas de energía de lo usual, dada la condición del clima de aquel día.
—¿Estás en casa?
Se apresuraría a agregar sin terminar de recuperar el aire del todo. Sin duda alguna no tenía un estado físico privilegiado.
—¡Yuki-san!
Exclamaría la médica mientras juntaba sus manos para formar un aplauso, quizás con un poco mas de energía de lo usual, dada la condición del clima de aquel día.
—¿Estás en casa?
Se apresuraría a agregar sin terminar de recuperar el aire del todo. Sin duda alguna no tenía un estado físico privilegiado.