15/10/2022, 14:43
Al cabo de un rato, la Yuki volvió a entrar en escena con un contenedor, una mochila. Lejos de extendérsela de manera civilizada y con cuidado, si no fuese por los reflejos mediocres pero atentos de la médica, el paquete habría terminado en el mojado piso del portal. Junto a esa entrega, una consigna le sería asignada: revisar el stock de la casa para buscar cosas que pudiesen servir.
—Entendido, con permiso.
Sin demorar más el tema, Moguko se aventuraría a la cocina de la casa. En cuanto a primeros auxilios no había que preocuparse, ella cargaba con los elementos suficientes para intervenir en caso de necesitarlos, pero no tenía idea de que le podía faltar a la víctima ni cuanto tiempo llevaba ahí dentro.
—Víveres.
La kunoichi metió el par de botellas y la manzana en el interior de la mochila, las latas no sonaban mal pero no le terminaban de convencer. Revisó un poco más la habitación y antes de volverse al ingreso volvió a ver las latas.
—Quizás nos de hambre a nosotras.
Sentenció y finalmente metió las latas en la mochila, en el peor de los casos siempre podía regresarlas a su lugar o reponerlas.
En el ingreso se reuniría con su compañera, que cargaba una verdadera reliquia. Una linterna a aceite que era una carta de amor a los coleccionistas de antigüedades, pero no había tiempo para juzgar las apariencias. Probablemente sería todo lo que necesitaban y, yendo al caso: Beggars can't be choosers.
—Encontré un poco de comida y agua en caso de necesitarla.
Decía mientras se cargaba la mochila en la espalda.
—¿Estas lista?
No había necesidad de preguntar ya si la muchacha la iba a acompañar o no, a buenos entendedores eran necesarias pocas palabras.
—Entendido, con permiso.
Sin demorar más el tema, Moguko se aventuraría a la cocina de la casa. En cuanto a primeros auxilios no había que preocuparse, ella cargaba con los elementos suficientes para intervenir en caso de necesitarlos, pero no tenía idea de que le podía faltar a la víctima ni cuanto tiempo llevaba ahí dentro.
—Víveres.
La kunoichi metió el par de botellas y la manzana en el interior de la mochila, las latas no sonaban mal pero no le terminaban de convencer. Revisó un poco más la habitación y antes de volverse al ingreso volvió a ver las latas.
—Quizás nos de hambre a nosotras.
Sentenció y finalmente metió las latas en la mochila, en el peor de los casos siempre podía regresarlas a su lugar o reponerlas.
En el ingreso se reuniría con su compañera, que cargaba una verdadera reliquia. Una linterna a aceite que era una carta de amor a los coleccionistas de antigüedades, pero no había tiempo para juzgar las apariencias. Probablemente sería todo lo que necesitaban y, yendo al caso: Beggars can't be choosers.
—Encontré un poco de comida y agua en caso de necesitarla.
Decía mientras se cargaba la mochila en la espalda.
—¿Estas lista?
No había necesidad de preguntar ya si la muchacha la iba a acompañar o no, a buenos entendedores eran necesarias pocas palabras.