15/11/2022, 01:01
Lejos de pensar que las palabras de Sayori serían un gesto inapropiado para la situación, posible acción de rescate de un joven damnificado, eran un cable a tierra de la tensión que estaba sintiendo en su interior. Las alcantarillas eran un lugar extraño, musa de varias leyendas urbanas y mitos populares.
—Me gustan mucho las espadas... ¡en todas sus formas!
No pudo evitar recordar en aquel entonces el cuchillo que le habrían obsequiado sus padres al iniciar la academia, aunque ahora lo guardaba como un recuerdo más que darle uso como un arma en su arsenal.
—Mi padre es un samurái, de donde viene suele entrenarse con diferentes armas de cuerpo a cuerpo...
Desarrollaría un poco más la kunoichi mientras la dupla avanzaban nuevamente hasta el inicio. El camino volvería a presentar una bifurcación unos metros más adelante pero aun faltaría para llegar. Aunque una tenue luz se podía apreciar al final del camino.
—Lanzas, alabardas, arcos...
Enumeraría levantando los dedos de una mano.
—Y llegó a mencionar en una ocasión otro tipo de armas un poco más extrañas pero que no le terminaban de gustar.
Agregaría finalmente cuando llegarían a la nueva división del camino.
Frente a las chicas había dos opciones, un camino oscuro que volvía a girar en escasos metros y otro que avanzaba en la dirección contraria pero tenía luces cada algunos metros que ayudaban a guiarse.
En una detenida examinación del pasillo, se podría apreciar unas pisadas en dirección a las luces.
—Me gustan mucho las espadas... ¡en todas sus formas!
No pudo evitar recordar en aquel entonces el cuchillo que le habrían obsequiado sus padres al iniciar la academia, aunque ahora lo guardaba como un recuerdo más que darle uso como un arma en su arsenal.
—Mi padre es un samurái, de donde viene suele entrenarse con diferentes armas de cuerpo a cuerpo...
Desarrollaría un poco más la kunoichi mientras la dupla avanzaban nuevamente hasta el inicio. El camino volvería a presentar una bifurcación unos metros más adelante pero aun faltaría para llegar. Aunque una tenue luz se podía apreciar al final del camino.
—Lanzas, alabardas, arcos...
Enumeraría levantando los dedos de una mano.
—Y llegó a mencionar en una ocasión otro tipo de armas un poco más extrañas pero que no le terminaban de gustar.
Agregaría finalmente cuando llegarían a la nueva división del camino.
Frente a las chicas había dos opciones, un camino oscuro que volvía a girar en escasos metros y otro que avanzaba en la dirección contraria pero tenía luces cada algunos metros que ayudaban a guiarse.
En una detenida examinación del pasillo, se podría apreciar unas pisadas en dirección a las luces.