17/11/2022, 14:12
El desarrollo que le había obsequiado la médica le habría brindado un nuevo punto de vista a la perspectiva de Sayori. Con un poco de buena fortuna incluso probablemente jamás llegaría el día en que una demostración práctica fuese necesaria.
Ambas kunoichi se alertaron de sobremanera al escuchar la seguidilla de sonidos que se manifestaron en aquellos pasillos, la primera en actuar sería la Yuki, quien pasaría al frente sin tomar demasiada distancia de su compañera.
Al girar una nueva esquina, ahora ya bastante mejor iluminada se podría apreciar una reja cerrada con un candado y lo que sería una parte en mejor estado de las alcantarillas.
Decir mejor era ser generosos, la mayoría de los focos funcionaban, el agua corría y las tuberías no presentaban goteras.
—¡Alguien ayúdeme por favor, va a atraparme!
La voz de lo que parecía ser un infante pedía ayuda desesperadamente mientras que sus torpes pasos chapoteaban en lo que parecía ser el agua de la sala siguiente. No muy lejos se escuchaba como algo tosco buscaba avanzar por los confinados rincones de aquellos fríos túneles.
—Creo que está del otro lado... ¿puedes abrir la puerta?
Señalaría la samurái con un dedo el candado. Que se veía oxidado pero macizo, como demandando una soltura en manejo de herramientas de sigilo o un buen golpazo para abrir por las malas.
Ambas kunoichi se alertaron de sobremanera al escuchar la seguidilla de sonidos que se manifestaron en aquellos pasillos, la primera en actuar sería la Yuki, quien pasaría al frente sin tomar demasiada distancia de su compañera.
Al girar una nueva esquina, ahora ya bastante mejor iluminada se podría apreciar una reja cerrada con un candado y lo que sería una parte en mejor estado de las alcantarillas.
Decir mejor era ser generosos, la mayoría de los focos funcionaban, el agua corría y las tuberías no presentaban goteras.
—¡Alguien ayúdeme por favor, va a atraparme!
La voz de lo que parecía ser un infante pedía ayuda desesperadamente mientras que sus torpes pasos chapoteaban en lo que parecía ser el agua de la sala siguiente. No muy lejos se escuchaba como algo tosco buscaba avanzar por los confinados rincones de aquellos fríos túneles.
—Creo que está del otro lado... ¿puedes abrir la puerta?
Señalaría la samurái con un dedo el candado. Que se veía oxidado pero macizo, como demandando una soltura en manejo de herramientas de sigilo o un buen golpazo para abrir por las malas.