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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Algunos Ninjas Buenos
Uchiha Akame Sin conexión
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#1
Caía la tarde y el cielo estaba teñido de naranjas, rojos y amarillos mientras el Sol se ocultaba tras el horizonte de árboles y picos escarpados. Aquel paisaje era típico de la zona, donde predominaban los verdes y marrones; varios kilómetros de bosque rodeaban el lugar donde antaño —antes de la crisis de los bijuu— había estado Konohagakure no Sato. Una Aldea poderosa y orgullosa, hogar del gran linaje Uchiha, que con el paso del tiempo se había convertido en poco más que polvo en el viento.

Algo así sintió Akame cuando, tras cruzar las plataformas de piedra que se mantenían a flote formando un camino hasta el centro del Lago, puso sus ojos por primera vez en la estatua de la que hasta hacía una estación había sido su Kage. Sus facciones severas, tras las que se escondía la ternura de una madre, su rostro joven —que ocultaba más de cien años de experiencia— y su postura marcial. Una mujer formidable que ya no estaba con los vivos. Las circunstancias de su muerte eran todavía inciertas para alguien como Akame. Se decía que había muerto combatiendo a un poderoso enemigo, pero poco más. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? Preguntas para las que aquel joven gennin no tenía respuesta.

El viento veraniego agitó sus cabellos negros, recogidos en una coleta que le llegaba hasta más allá de la nuca, y también sus ropas. Una camisa de manga corta, negra, y unos pantalones pesqueros de color marrón claro. Llevaba sandalias ninja y su equipamiento shinobi atado al cinturón color marrón oscuro. Entre sus manos, una pitillera negra.

Akame se acercó con pasos temblorosos a la estatua y sus ojos bajaron de la pétrea figura hasta detenerse en la funda de cuero. Había muerto alguien más aquel día. Alguien para quien no se había levantado estatua alguna, ni organizado funeral ni conmemoración. Un muchacho, un simple gennin sin pasado ni futuro que probablemente a nadie en todo Oonindo le importase un carajo... Salvo a dos personas. Y una de ellas estaba allí.

El Uchiha se agachó al lado izquierdo de la estatua de Shiona, excavó un pequeño agujero con las manos y dejó la pitillera de cuero dentro. Luego lo tapó y se puso en pie, con la mirada perdida en el horizonte. Deseó saber rezar, o siquiera tener algunas palabras reservadas para la ocasión. De modo que simplemente juntó las manos e hizo una gran reverencia.

«Esto es por tí, Haskoz-kun»

Se incorporó apretando los puños, y una lágrima se deslizó por su rostro.


Hola hamijos, abro este tema para quien quiera entrar a presentar sus respetos a nuestra amada ex-Uzukage XD

Puede entrar quien quiera y no hay turnos, en principio yo iré posteando cada 72 horas (como máximo), y en función de la gente que vaya entrando pues vamos viendo. Igual digo, se puede entrar y salir sin compromiso, no tengo una idea definida para esto XD
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Karamaru Sin conexión
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#2
Reza el dicho:

"Mientras más grande seas, más duro caerás"

Y la caída de un grande se hizo sentir en todo el continente.

Las noticias llegaron a Amegakure en un momento incierto, pero la realidad era que uno no podía ni salir de su casa sin escuchar los terribles rumores que se terminaron confirmando. Rumores que uno se cansaba de escuchar por su repetición pero que, a su vez, cada vez que llegaba a los oídos a uno lo conquistaba un gran pesar. Al calvo lo dominó un dolor en el pecho y una angustia incomparable cuando leyó por primera vez, en un papel sujeto a una gran cartelera rodeada de gente, la muerte de la Uzukage, Uzumaki Shiona.

No la conocía, no tenía relación, ni siquiera sabía como era su personalidad o como era físicamente. Los días siguientes se llenó de información, por investigación propia y las voces del resto de habitantes, y llegó a un punto donde podría decir hasta a que hora comía. Fue un tiempo raro, donde el monje se sentía de esa manera extraña en la que uno no puede explicar lo que siente. No era un sentimiento personal hacia su muerte, sino el hecho de que muriera un líder, de que muriera una de las personas más poderosas de Onindo, que muriera una persona con un poder comparable- si no mayor- al gran Sabio de los Sabios del templo.

Y si un ser de un poder inimaginable andaba suelto, ¿Que destino podrían tener todos los débiles habitantes de aquellas tierras? ¿Cuál podría ser el destino, no solo del mundo conocido, si no también de Karamaru?

Las preguntas llenaban la cabeza del cenobita que se encontraba en aquel atardecer con la espalda en un árbol. Sus brazos cruzados, su cara seria, y sus ojos que miraban sin descanso alguno la mirada petrificada de una dura mujer. Tras ella, el cálido firmamento entregaba un paisaje entrañable donde uno podía sentirse casi un lejano estudiante de Shiona, un alumno bajo su tutela cuidado en aquel momento por esa imponente estatua en su honor.

«¿Qué te habrá pasado? ¿Qué habrá pasado en este lugar?»

Las preguntas se repetían una y otra vez en un viaje en el algunos podían decir que era en vano, pero presentarle respetos a un ser de tal calibre como lo puede llegar a ser un Kage era algo que no se pensaba dos veces para Karamaru. Y en ese momento de tanta paz, su mente se puso en blanco y simplemente miró.

Miró durante unos pocos segundos cada centímetro de la piedra tallada, de pies a cabeza, y luego volvió su mirada perdida a los ojos. Un instante fue en el que sintió que la piedra lo absorbía y se compenetraban, que entraba dentro de ella y veía lo que ella veía, escuchaba lo que ella escuchaba y sentía lo que ella sentía. Un simple instante donde el calvo cerró los ojos y estuvo dentro de esa piedra sin vida, pero que daba más sentimientos que muchas personas. Karamaru sonrió, recordando tiempos inocentes donde esas noticias no llegaban a sus oídos.

Para cuando los volvió a abrir, seguía en aquel árbol con una brisa que sacudía sus ropajes y las tiras de su cinturón y estolas. Un suspiro y sus miradas se cruzaron nuevamente y se volvió a sentir en ese ambiente que lo atrapaba y lo absorbía, como si un aura de la estatua lo atrajera dentro de sí.

«¿Qué te habrá pasado? ¿Qué habrá pasado en este lugar?»

Me meto si no hay problema Risa
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Uchiha Akame Sin conexión
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#3
Akame se dio la vuelta y vio a otro chico allí. Parecía tener más o menos su misma edad —aunque su rostro, lampiño, podía restarle años a su apariencia— y exhibía una particularidad; era totalmente calvo. El Uchiha continuó examinando la figura del extraño hasta que halló lo que buscaba —su bandana—. No obstante, ésta no era del Remolino, tal y como Akame esperaba, sino de la Lluvia. «¿Un amenio? ¿Qué está haciendo aquí?». Ni corto ni perezoso, el Uchiha se aproximó con paso firme pero escéptico.

Amejin-san —saludó, con una leve inclinación de cabeza—. ¿Qué te trae hasta este lugar? Este es el santuario erigido al dolor de Uzushiogakure, si tus intenciones no son buenas... Márchate.

El gennin se sorprendió a sí mismo. Era impropio de él hablar en ese tono a un extraño, menos a un compañero de profesión, y aun así había encontrado gran placer en hacerlo. «¿Qué me pasa?». Era como si el vacío que llenaba su estómago se hiciese un poco más pequeño al regarlo con un poco de ira.

Trató de contener aquel sentimiento. Dejarse dominar por sus emociones sería una deshonra para su maestra, Kunie.
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Karamaru Sin conexión
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#4
Una voz rompió su paz interior y su, hasta ahora inalterable, mirada fija a los ojos de aquella estatua. Levantó un poco sus hombros y agachó la cabeza por instinto, por sorprenderse y asustarse a la vez por escuchar palabras que no esperaba escuchar y encontrarse con una persona, que no esperaba encontrar. Atrevido y veloz, aquel hombre de ojos negros- lo primero en lo que pudo prestar atención Karamaru antes de comenzar a escucharlo- empezó a soltar palabra tras otra.

¿Qué te trae hasta este lugar? Este es el santuario erigido al dolor de Uzushiogakure, si tus intenciones no son buenas... Márchate.

Lo lamento- respondió el calvo con la misma reverencia, pidiendo perdón por su presencia y consuelo por la perdida- Pero una persona puede ser respetada por muchos, por más de los que te puedes imaginar.

En mi caso, una persona sabia y más importante aún, un líder sabio, merece todo mi respeto. Por eso estoy aquí.


El cenobita se despegó del árbol y dio unos cuantos pasos hasta detenerse junto al morocho que le había hablado. Sus manos se encontraban bajo su espalda, en la cintura, y su mirada volvió a mirar los ojos de piedra.

¿Puedo preguntar lo mismo?- habló con una sonrisa, llevando sus ojos al rostro de aquel hombre-¿Qué te trae hasta este lugar?
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#5
La respuesta del shinobi de la Lluvia sorprendió totalmente a Akame, que sólo pudo asentir y devolver la disculpa de aquel chico con una inclinación igual de respetuosa que le salió de forma automática. «Menudo temple... No se parece en nada a ningún otro ninja de Ame que yo haya conocido», caviló —con buen criterio— el Uchiha, echando memoria a los modos de muchachos como Kaido o Amedama Daruu.

Grandes palabras... —respondió el Uchiha—. Te lo agradezco.

Pese a que de primeras Akame se había sentido tentado de dejarse dominar por la ira, los buenos modales y la tranquilidad de aquel chico —unidos a su propio temple— lograron calmarle tanto que se obligó a ponerse en guardia, aunque fuese ligeramente. Nunca se era demasiado precavido en compañía de otros shinobi, especialmente si se trataba de extranjeros. Ni siquiera en aquel lugar casi sagrado que Akame dudaba mucho que nadie se atreviese a profanar.

¿Puedo preguntar lo mismo? ¿Qué te trae a este lugar?

El Uchiha alzó la vista, sorprendido, hasta encontrar sus ojos con los del calvo. Luego los volvió a la estatua, y finalmente al montículo de tierra casi indistinguible que él mismo había hecho apenas momentos antes. Meditó bien la respuesta.

No sólo Shiona-sama murió aquí. También... Un buen amigo —-admitió—. No era Kage, ni siquiera jounin, por eso nadie hizo una escultura en su memoria. Probablemente nadie le recuerde ya... Pero yo sí.

«¿Hice bien?». La voz de su maestra Kunie habría resonado en su cabeza con la fuerza de mil cañones, reprendiéndole por su sentimentalismo, si no fuese porque el dolor de la pérdida de su compañero Haskoz era tan grande que, en aquel momento, eclipsaba cualquier otro pensamiento.
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#6
El calvo no esperaba una respuesta del estilo que le se había dado, no solo por el por el problema del morocho, si no también, por el giro en los acontecimientos que daba esa información en la situación. En ningún momento, tanto en los rumores como en la investigación posterior, había escuchado o leído que un tercero había estado presente. Hasta ahora su único dato era que Shiona había sido rival de un ser poderoso.

«Curioso, aunque triste a la vez...»- se lamentó.

No pudo hacer más que largar un leve suspiro de indignación, nadie se merecía tener un amigo muerto, pero las últimas circunstancias que lo metían aún más y más al calvo en el mundo shinobi le hacían creer que era lo común y que una debía comenzar a acostumbrarse. Pero nadie te prepara para perder a un amigo.

Pues...- el cenobita tomó el hombro del morocho- Ahora también lo recuerdo yo, al menos no eres el único.

—Dime, ¿Cómo era su nombre? ¿Cómo era?


Karamaru daba un puntapié inicial para tantear el terreno más que otra cosa. No quería incomodar al hombre, y no sabía si las preguntas le generarían eso o le ayudaría a poder descargar parte de la tristeza que lleva la desaparición eterna de una persona.

Si quieres hablarlo, claro.- una sonrisa, que trataba de ser tranquilizadora, se reflejaba en su rostro.
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#7
Akame no pudo evitar dar un respingo, sorprendido, cuando sintió la mano del calvo posarse sobre su hombro. Su propia diestra, por acto reflejo, se movió rápida como una centella directa a agarrar la muñeca del ninja de Ame con un movimiento ensayado. Se quedó en esa postura —que en el momento resultaba algo ridícula— hasta que fue capaz de reaccionar.

Lo siento, Amejin-san —se disculpó Akame, soltando la muñeca del muchacho.

«Y gracias», estuvo tentado de añadir. Pero se mordió la lengua. Él era un Uchiha, un descendiente del linaje más glorioso que jamás se hubiese contado entre los ninjas. Pariente de legendarios guerreros que hicieron temblar todo Oonindo bajo el peso de sus botas, alumno de Uzushiogakure, de la gran e inigualable Uzumaki Shiona, que había contado más de cien Primaveras en su haber. Y allí estaba, mustio como una hoja seca, aceptando el consuelo de un amenio.

Uchiha Haskoz —respondió, bajando la mirada—. Era...

«Un truhán, un bravucón, un tipo inteligente y que sabía hablar a las chicas. Un Uchiha. Un gran confidente».

Era... Era ingenioso —logró decir, finalmente—. Siempre andaba metiéndome en líos y convenciéndome para participar en sus locas ideas.

Recordó entonces sus primeros días en la Academia; cómo convencía siempre a más de un compañero para hacer pellas, la Votación Ultrasecreta, sus primeros entrenamientos tras graduarse ambos como gennin...

Se le humedecieron los ojos y tragó saliva para disimular.

Sí, supongo que eso ya es más que uno —dijo de repente el Uchiha, aludiendo a las primeras palabras del calvo—. Uchiha Akame, de Uzushio.
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#8
No pudo evitar mover la cabeza con velocidad, pero sin agresión, cuando sintió una mano en su muñeca. El hombre estaba nervioso, se le podía notar, pero Karamaru no borraba su sonrisa en ningún momento. Entendía, en parte, por lo que estaba pasando aquel hombre. Incluso en su disculpa el cenobita mantuvo la calma y no tuvo la necesidad de responder, si no de seguir con la conversación de manera habitual.

«Uchiha Haskoz.... qué te habrá sucedido»- el calvo no se cansaba de seguir preguntandose acerca de aquel misterioso miembro que presenció la muerte de un Kage. Karamaru marcó aún más la sonrisa al escuchar los recuerdos del frágil hombre.

Uchiha Akame, de Uzushio.- ya se podía suponer su procedencia, pero Karamaru seguía sin darse cuenta que hablaba con un shinobi al igual que él. Hay veces en la que uno es despistado por más que intente no serlo. Apretó un poco más fuerte el hombro con su mano y se decidió a hacer una loca idea.

Karamaru, clan Habaki de Amegakure.

—Un placer, ¿Me permites hacer una cosa?


Se alejó un momento del morocho y tomó una piedra, con punta levemente filosa, del suelo. La inspeccionó un momento, la miró desde todos sus ángulos, y tras lanzarla varias veces al aire se acercó a la estatua decidido a actuar, pero tuvo que darse media vuelta y preguntar.

¿Qué tal si grabamos a tu amigo? Que me parece mal que no se le conmemore.- sus intenciones eran claras, pero necesitaba la aprobación de alguien de Uzushio para realizar lo que estaba por realizar. Una profanación pero a la vez un recuerdo que se debía de hacer.

Marcar una estatua de piedra que recuerda la muerte de un Kage no era algo correcto, pero sentía que su deber era darle un poco de paz al Uchiha. Solamente tenía ganas de escribir en el centro del lateral de la base:

"En memoria de Uchiha Haskoz"
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Uchiha Akame Sin conexión
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#9
«Así que Habaki Karamaru... Un nombre curioso. No sé nada de ningún clan Habaki, ¿tendrán también un Kekkei Genkai?». Akame no pudo evitar desviar la mirada un momento hacia la reluciente calva del muchacho, pensando si sería un rasgo genético distintivo de su linaje, como el pelo negro en los Uchiha.

De repente Karamaru se agachó, tomando algo del suelo, y cuando se acercó a la estatua el del Remolino pudo verlo con claridad; era una piedra bastante puntiaguda. Ante la pregunta del amenio, Akame se limitó a asentir tímidamente. No estaba seguro de lo que pretendía, pero hasta el momento no había dado señas de tener malas intenciones. Sea como fuere, el Uchiha acercó su mano diestra a la empuñadura de Hazama no Goukyuu... Sólo por si las moscas.

Oh, vaya...

No hizo falta. Cuando el Uchiha se agachó y leyó la inscripción, no pudo evitar que una lágrima solitaria resbalase por su mejilla. Rápidamente giró el rostro para tratar de ocultarla a Karamaru, y tan sólo pudo decir con un hilo de voz.

Gracias.

Se puso en pie, sorbiéndose la nariz discretamente. El vacío en su estómago era mucho menos profundo y aquella fuerte sensación que le oprimía el pecho estaba desapareciendo. Ahora, alguien más honraría la memoria de su amigo. Alguien más sabría quién fue Uchiha Haskoz. Akame se dio media vuelta, enfilando el camino de plataformas rocosas que conducía a la orilla del Lago.

Karamaru-kun, voy a comer algo en un puesto de comida que hay cerca de aquí. Me gustaría convidarte en señal de agradecimiento.
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#10
Fue un alivio para Karamaru saber que no estaba haciendo algo incorrecto, que se le era aceptado lo que quería hacer. Lo raro, para su sorpresa, fue que él también sintió un alivio interno al dejar esas letras marcadas, un alivio al saber que una vida no pasaría desapercibido por el mundo y que todas las personas que fueran de ese momento en adelante, verían el nombre de una persona que merecía ser recordada. Si es que no lo borraban los líderes de Uzushio al darse cuenta.

Karamaru-kun, voy a comer algo en un puesto de comida que hay cerca de aquí. Me gustaría convidarte en señal de agradecimiento.

Creo que nadie puede negarse a una comida, lo agradezco. Aceptaré.- seguía sonriendo y tratando de poner un poco de humor y risas al asunto. Había que hacer de alguna manera el dolor un poco más ameno. Pensó en tomarlo con su brazo mientras caminaban, pero tal vez sería demasiado y prefirió mantener las distancias.

Permiteme preguntar...- se decidió a cuestionar una vez había comenzado a caminar para alcanzar la posición del Uchiha y dirigirse hacia donde sea que tenía planeado.

—No pude evitar darme cuenta de una cosa, tú y Haskoz tienen el mismo apellido, ¿Acaso son...?

Se quedó sin terminar la pregunta, no quería decir algo estúpido y prefirió que Akame terminará por él.
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#11
Akame sonrió levemente al oír que el amenio aceptaba su invitación. Hacía días que no sonreía, y le sentó bien. Cuando ambos hubieron cruzado las plataformas sobre el Lago, empezaron a caminar por un sendero que iba hacia el Oeste, en dirección a Minori. Por fortuna, el puesto no estaba tan lejos, sino apenas a cinco minutos a pie.

Mientras caminaban, Karamaru se interesó por el apellido Uchiha. Concretamente, por el hecho de que Akame y el difunto Haskoz lo compartían. «¿Acaso no conoce la historia de nuestro linaje? ¿Qué demonios les enseñan en Amegakure?», pensó con amargura el aludido. El simple hecho de que un shinobi —fuese cual fuese su procedencia— no conociese las leyendas de la sangre Uchiha le ponía enfermo.

Bueno, podría decirse que sí —contestó, ambigüo—. Si subes lo suficiente en el árbol genealógico, todos los Uchiha descendemos del legendario Sabio de los Seis Caminos. Tal es el poder de nuestra sangre.

»¿Y qué me cuentas de tu linaje? Nunca había oído hablar del clan Habaki. ¿Es originario de Arashi no Kuni?
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#12
El pequeño salto de sorpresa y la ojos redondos clavados en el morocho fueron inevitables seguido de un segundo en el que el calvo se detuvo de su caminar. Le costó creer lo que le decía, pero tampoco había razones para mentirle. Eran descendientes directos del ser más poderoso y sabio que había existido en todo el continente, llevar un apellido tal sería uno de los mayores honores que una persona pudiera poseer. O al menos eso para las creencias de Karamaru, quien admiraba como pocos al Sabio de los Seis Caminos.

«Uchia, Uchiha, Uchiha, Uchiha, que no se te olvide Karamaru, más te vale que no se te olvide»

¿Y qué me cuentas de tu linaje? ¿Es originario de Arashi no Kuni?- las palabras de Akame lo sacaron de sus pensamientos.

Pues si, muchos años llevamos viviendo cerca de Amegakure. Aunque claro, no tengo un apellido como el tuyo, pero me siento orgullosos de portar el mio.- y era toda la verdad, orgulloso de ser Habaki y haber vivido lo que había vivido.

Somos un clan bastante amplio residente de un templo que alberga varios clanes. Viví ahí hasta mi graduación como genin- mostró feliz su hitai-ate- Nuestra historia es larga, pero puedo decir que somos gente de tradiciones y que valoramos la sabiduría y el esfuerzo por sobre encima de todo.- Karamaru nunca se había puesto a pensar lo difícil que era para él resumir la historia de su clan y de su templo. Si es que sobre ese tema podría hablar horas y horas sin parar, y no era lo correcto.

«Aunque pensándolo bien, aún no me ha dicho si eran familiares.... Haskoz y él....»

¿Estudias o trabajas?- se interesó.
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#13
Akame asintió con interés. Los detalles que aquel chico compartió con él sobre la organización y el modo de vida de su clan se le antojaron sumamente peculiares, similares a la jerarquía de los antiguos clanes en los tiempos de las Cinco Grandes Aldeas. Lanzó un vistazo rápido a la cabeza completamente rasurada del muchacho y empezó a atar cabos. «Así que un templo...».

¿De modo que sois una especie de... monjes? —aventuró Akame, cauteloso—. No sabía que los monjes tuviesen permitido ser ninjas.

«Tal vez en Arashi no Kuni es diferente, aunque por otra parte, éste chico es el primero de su especie con el que me topo. Es increíble lo distinto que es de Kaido o Daruu». El Uchiha utilizaba los escasos puntos de referencia que tenía para establecer comparaciones. Se dio cuenta, también, de lo poquísimo que conocía el País de la Lluvia, y se dijo a sí mismo que en el futuro debía interesarse más por aquellas tierras. «O quizás no...», caviló tras recordar la pésima climatología del lugar.

Trabajo, claro. Soy shinobi de Uzushiogakure no Sato —replicó Akame, un tanto confuso por la pregunta del calvo.

Al poco los muchachos llegaron al puestito. Era una edificación de madera y caña, lo suficientemente amplia como para albergar una pequeña cocina dentro, con una barra que daba al exterior y varias banquetas de madera colocadas frente a ésta, en fila. Un toldo de tela blanco se extendía sobre los asientos para proteger a los comensales del sol veraniego, que en aquel lugar pegaba fuerte y caluroso.

Aquí es —confirmó Akame.

Tomó asiento y esperó a que Karamaru hiciese lo mismo. Una mujer entrada en años que vestía un enorme delantal blanco y una redecilla en el pelo se les acercó con expresión amable.

¡Buenas tardes, chicos! ¿Qué vais a tomar?

Buenas tardes. Una ración de pollo teriyaki para mí, por favor —respondió el Uchiha, y luego se volvió hacia Karamaru, apremiándole a pedir.
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#14
Monjes... Sí, consideramos monjes, supongo que no está mal.

Eran bastante más que monjes, eran científicos, filósofos, agricultores, guerreros, herreros, su templo era un pequeño mundo alejado del salvaje exterior. Pero sí, entre todo lo que eran, todos sus habitantes eran monjes dedicados a diferentes aspectos de la vida pero, por sobre todo, al alcanzar el punto máximo, perfecto y utópico de sabiduría.

Aunque no veo nada raro en que seamos ninjas, es parte de nuestra cultura y naturaleza que sirvamos a nuestras tierras y nos entrenemos en su academia.

—Pero sí, tampoco es muy común es que los habitantes porten un hitai-ate. Somos pocos.
- no pudo evitar volver a enorgullecerse de hitai-ate, uno que también portaba el Uchiha y que se avergonzó por no darse cuenta que todo ese tiempo lo portaba. Compañeros de profesión después de todo. Ahora la muerte de Haskoz y el pesar de Akame cobraban más sentido.

«Siempre haciendo una de las tuyas, infaltable, ¿No Karamaru?»

En poco tiempo se detuvieron en el puesto al que había sido invitado. Uno simple y rústico, de aspecto que le encantaba al calvo que estaba acostumbrado a los odiosos edificios duros y abarrotados de gente. Ese estilo más rural era de los que solía frecuentar cuando podía.

Buenas tardes. Una ración de pollo teriyaki para mí, por favor - Karamaru tomó asiento junto a él.

Buenas tardes.

—L-lo mismo, s-sí lo mismo.
- contestó dubitativo sin saber que pedir. Estaba acostumbrado a salir y tomar té, no comer fuera de su casa y no tenía ni idea de que era lo habitual. Al menos estaba seguro que tenía unos cuantos ryos en su bolsillo para pagar cualquier cantidad razonable.

¿Cómo andan las cosas por Uzushio? Complicadas, ¿No? Ni me imagino lo difícil que debe de ser hacer frente a una situación así.- miraba a los ojos al morocho.

—Las pocas veces que murió un Gran Sabio en lo que llevo de vida eran momentos de un desorden total. No es fácil elegir sucesores, menos cuando se es estricto con sus características.- lo había dicho más para sí mismo que para su acompañante, llevando su mirada al mostrador de madera donde posaban ambas manos cruzando sus dedos.
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Uchiha Akame Sin conexión
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#15
La señora asintió con amabilidad y desapareció de la barra para ocupar, seguramente, otro lugar junto a los fogones. Poco después el aroma a carne cocinada, especias y guiso llenó el ambiente, y Akame inspiró profundamente hinchando el pecho como un pavo real. «Ah, tenían razón, este sitio debe ser muy bueno. Sólo por cómo huele sería capaz de comerme dos o tres raciones».

Sin embargo, las siguientes palabras de Karamaru se le clavaron como un dardo. El calvo era amable y su gesto para con el difunto Haskoz había hecho mucho por disipar las barreras de confianza que Akame solía interponer entre otras personas y él —especialmente si se trataba de ninjas, y más todavía si eran de una Aldea extranjera—, pero aquella pregunta había hecho saltar de nuevo todas las alarmas.

Una cosa era compartir el recuerdo de un camarada caído, como buenos compañeros de profesión, y otra bien distinta indagar en la política de Uzushio. «Ah no, no contarán de Uchiha Akame que fuese indiscreto».

Es difícil, sí —respondió con firmeza—. Pero por suerte tenemos una buena plana de shinobis y kunoichis tan poderosos como Shiona-sama, o más. De hecho, el puesto de Uzukage ha estado muy disputado.

»Al final el cargo ha recaído sobre Uzumaki Gouna, hija de la difunta Uzukage. Una mujer formidable —mintió—, estoy seguro de que su fama pronto llegará a Amegakure.

La dueña del puestito regresó con dos humeantes platos de pollo regado con una salsa marrón y espesa, con guarnición de verduras y un par de vasos de agua. Akame agradeció la comida con una inclinación de cabeza, tomó sus palillos y empezó a comer.

¿Y qué me dices de tu Villa? Se cuenta que Amekoro Yui es tan despiadada que hace correr desnudos bajo la lluvia a los shinobi que la contrarian. ¿Es eso cierto?
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Caída del Pétalo, Primavera de 219



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