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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(C) Sí, Daimyō-sama
Eikyuu Juro Sin conexión
Jounin de Kusa
Jounin de Kusa
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#76
Juro abrió la boca, pero su compañero y subordinado no le dejó continuar. Empezó a soltar una sarta de palabras ahogadas en autocompasión, acerca de cómo debería ser el marionetista quien lo idease todo para que él no metiese la pata. Después, dio un sorbo a su comida y se largó a dormir, con un simple "descansa".

« Será gilipollas » — Desde luego, su compañero se estaba pasando de la ralla en esa misión. Estaba insoportable. Más de lo habitual.

— ¿Acaso crees que tengo un perfecto conocimiento de todas tus habilidades y técnicas? — dijo, pero Yota ya se había marchado. Juro se encogió de hombros —. En fin, lo que sea.

Terminó de comer sus fideos. Asaltó el frigorífico para tomarse el postre: un trozo de pastel de chocolate con nata. Se lavó los dientes, y después, se dio una ducha. Una vez hubo terminado, se largó a su cama y trató de conciliar el sueño. Le costó bastante: por muy cómodas que eran aquellas camas, Juro no estaba acostumbrado a ellas, y siempre le costaba horrores dormir en camas ajenas. Sin embargo, el cansancio finalmente ganó, y el marionetista durmió durante el resto de la noche.

...

Juro se levantó temprano. No fue intencionado: simplemente, no tenía ganas de dormir más. Se revolvió entre las sábanas y tras un rato más, decidió levantarse. Le costó un rato adaptarse otra vez al lugar: se seguía sintiendo tan fuera de lugar en aquella habitación lujosa. Podría acostumbrarse, pero para entonces, probablemente, ya se habría marchado.

Hizo el mantenimiento básico de su cuerpo: se lavó la cara, desayunó, y se vistió. Había traído ropa de más. Si no, supuso que podría lavarla en algún lugar de aquel enorme edificio. En fin, no era la mayor de sus preocupaciones.

— ¡Buenos días, Yota! — Juro siempre se levantaba de buen humor. Saludó a su compañero con una sonrisa, tratando de empezar de cero en aquel día —. ¿Qué tal estas? ¿Te apetece dar una vuelta por este lugar?
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...

Sellos implantados: Hermandad intrepida
  • Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60
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Sasagani Yota En línea
Genin de Kusa
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Dinero: 570 ryō
#77
Hubiese estado bien poder decir aquello de que me levanté con los primeros rayos de sol. Pero mentiría. De hecho, tras lo sucedido ayer lo que quería era dormir hasta que mi cuerpo dijese basta, pero eso no iba a suceder. Juro se encargó de aquello.

— ¡Buenos días, Yota!

Me revolví en la cama al percibir aquella voz, mientras por el momento era incapaz de abrir los ojos.

¿Qué tal estas? ¿Te apetece dar una vuelta por este lugar?

A duras penas logré abrir ligeramente el parpado y vislumbrar algo de luz, pero nada con nitidez. Aun estaba en proceso de encender todo mi cuerpo.

— ¿Una vuelta? Pero si todavía ni me he levantado, tengo que desayunar y...

Aquello no era mi casa y tenía la puta mano vendada. Empezaba a carburar, recordé que estábamos en el castillo del Daimyo y que nos fuimos calentitos a la cama después de un día largo y duro. Me incorporé y quité el vendaje que cubría mi mano. Allí encontré la herida de aquel perro endemoniado ya cicatrizada. Los cuidados de la enfermería del hospital fueron eficaces. Aun recordaba las nauseas y como ese ricachón enfermizo me zarandeó.

— Joder, vaya fiestón me pegué anoche, todavía me duele la cabeza y la mano..
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Sama-sama Sin conexión
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#78
Tras desayunar y prepararse, los jóvenes ninjas salieron a pasear, familiarizarse y explorar el palacio del Señor Feudal. Si el trato de la Guardia alguna vez fue frío, nada que ver con lo que lo era ahora: inclinaban la cabeza a su paso, y les dejaban acceder a casi todos los lugares con una amplia sonrisa y unos buenos días. El domo que era Palacio les resultó algo confuso de navegar. Habían varios pisos, todos con forma de anillo alrededor de la estructura. Las habitaciones, que en un edificio de aquellas características solían estar en la parte externa, se introducían hacia dentro, hacia el núcleo. Hubo, obviamente, algunos lugares donde no pudieron acceder. En primer lugar, lo que suponían que eran las mazmorras, hacia el sótano. En segundo lugar, la sala del trono y de audiencias, oculta tras un portón gigantesco de madera ribeteada en oro.

Quizás a Yota le convenía, o más bien, deseara no hacerlo. Pues entonces la paz le duraría bien poco. Unas horas más tarde, cuando los muchachos se maravillaban con las vistas desde una de las terrazas de entrenamiento de la Guardia, sintieron una voz amable y familiar que les llamaba desde la espalda. Al darse la vuelta, vieron a Yamauchi acompañada de dos soldados del Daimyo.

Juro-san. Yota-san —anunció—. Gyou-dono requiere de vuestra presencia. —Inconscientemente, Yamauchi volteó la mirada hacia Yota, preocupada.


· · ·


Afortunadamente, tal y como le habían asegurado, el viejo Moryokan Gyou no recordaba en absoluto nada de lo que había pasado el día anterior. Por desgracia para Yota, quien sí parecía acordarse era Yomi, el enorme perro del Señor Feudal, que permanecía sentado al lado del trono con aspecto afable hasta que pareció percatarse de la presencia del genin y le dedicó una mirada asesina acompañada de un audible gruñido. Los soldados a ambos lados del trono, rostro pétreo, se apartaron un discreto paso de él.

¡Aquí están! ¡Mis Héroes! ¡Mis Campeones! ¡Mis ninjas de Kusagakure! —anunció el viejo grandiosamente—. Ay, qué dos ninjas más bien aveníos, sí señor! —El hombre detuvo un instante la mirada sobre Yota—. Joven, ¿nos conocemos de algo?

¡Oh, Gyou-sama! ¡Tienes usted la agenda muy apretada! —intervino Yamauchi con apremio, al rescate—. ¿No será mejor que vaya al grano, eminencia?

Por... supuesto. ¡Claro que sí, leñe! —El hombre golpeó los reposabrazos del trono. Se hizo daño—. Ay, ay. Bueno, a ver. Que quiero hostias. Sangre. ¡Pasión! ¡Nada de combates prefabricaos! Hay que darle un buen espectáculo a tol asunto este.

»Aunque me preocupa que el jounin le pegue una paliza al genin. Nos podrían haber mandao a una pareja algo más... equilibrada. —Sonrió.

Yamauchi miró preocupada a Yota y alternativamente a su Señor.
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Eikyuu Juro Sin conexión
Jounin de Kusa
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#79
Tal y como sospechaba, su compañero no era precisamente un madrugador. Aun se encontraba en las puertas de morfeo para cuando fue a avisarle. Se dio la vuelta y decidió consentirle un poco de tiempo.

— Venga. Pero no tardes. No hemos venido aquí a vaguear — dijo, tras abandonar su cuarto.

Un rato después, ambos partieron en dirección a explorar. Juro se encontraba emocionado. Tras el instante que pudo vislumbrar aquel lugar, de la mano de la criada jefa, había deseado poder verlo con más calma. También estaba el asunto de ver el lugar dónde pronto tendrían que combatir. Eso era un asunto importante.

Los guardias se comportaron de forma amable, inclinando la cabeza y permitiendoles el paso siempre, exceptuando a varios lugares contados, los cuales tenían el derecho de paso reservado.

— Este lugar es un poco mareante — le confesó a su compañero. La estructura de anillo, el como las habitaciones se introducían hacia el nucleo, las escaleras... —. Creo que me perdería si estuviera solo.

Sin embargo, su visita fue interrumpida. Mientras observaban las vistas de una de las terrazas de entrenamiento de la Guardia, Yamauchi fue a buscarlos. Juro sonrió, aunque no pudo evitar darse cuenta de la mirada que la anciana le dedicó a Yota cuando habló de cómo requerían su presencia. Se temió lo peor. Tan solo esperaba que realmente el Señor Feudal no se acordara de nada, o tendrían serios problemas.

...

La presencia del Señor Feudal no le intimidó tanto como la del perro que tenía al lado, al cuál Juro ya conocía de antemano. Nada más llegar, empezó a mostrarse agresivo con Yota, lo cual no le extrañó. Trato de disimular. Se notaba que todo el mundo temía a ese maldito perro.

« Creo que podrían matarnos por él » — Ese pensamiento no le tranquilizó lo más mínimo.

— Se lo agradezco, Gyou-sama. — dijo Juro, tras hacer una reverencia en señal de respeto —. Agradecemos también su hospitalidad por darnos la bienvenida a su palacio.

Durante unos momentos, la atención del Señor Feudal se dirigió hacia su compañero, lo cuál empeoró las cosas. Yamauchi, sin embargo, supo darle un giro de tuerca a la situación. Juro admitó otra vez a la mujer: se notaba que ya había tratado crisis de estas con anterioridad, por desgracia.

Finalmente, el Señor Feudal indico que no deseaba combates preparados, sino un combate de verdad. Menuda tontería. Pues claro que iba a decir eso. Después de todo, la base de un combate preparado era hacerlo lo suficientemente realista como para que la gente no se diera cuenta. El problema es que este hombre, senil o no, parecía consciente de sus intenciones. Eso dificultaría mucho más crearlo. Sintió ganas de suspirar. ¿Por qué todo tenía que ser tan dificil?

« Fingimos el combate, nadie se da cuenta, y todos felices. ¿Por qué obligarnos a pelear de verdad entre compañeros? » — pensó, para sí. Las palabras de Yota volvieron a él. ¿Eso erán? ¿Bufones en su corte?

— No se preocupe, Gyou-sama. Aunque mi compañero obstente ese rango, es perfectamente capaz de ofrecer una buena pelea — aseguro Juro, con otro gesto de cortesía —. Le aseguro que no le decepcionaremos.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
  • Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60
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