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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
El Expreso de Yugakure no Sato
Uchiha Akame Sin conexión
Exiliado
Nivel: 27
Exp: 5 puntos
Dinero: 650 ryōs
#16
Kazui hacía bien en observar su entorno, no sólo en busca de posibles ladrones de cucharillas de oro, sino porque el vagón restaurante estaba en ese momento ocupado por todos los ilustres pasajeros del Expreso de Yugakure no Sato —sin contar, claro, al servicio—. Una rápida visual de las otras concurridas mesas le reveló al genin que el tipo del haori carmesí y la dama noble de kimono azul no eran sino dos de los muchos ilustres y curiosos personajes que allí se habían encontrado. Algunos parecían conocerse e incluso charlaban animadamente, mientras que otros disfrutaban de la soledad o la fría compañía de alguien con quien no se tiene confianza.

En la mesa más cercana a ellos dos se encontraban dos hombres que, pese a no poder ser más dispares, charlaban animadamente mientras comían con sendas copas de vino. El primero era bajito y muy gordo, tanto que su traje verde apenas le cerraba en torno a la enorme panza. Llevaba un reloj de oro en la muñeca izquierda que debía valer un riñón, y otro más —de bolsillo— atado con una cadena en su chaqueta. El segundo era completamente opuesto: un hombre que debía rondar los treinta, alto y de hombros anchos, vestía con ropas sencillas que resaltaban en aquel ambiente opulento. Llevaba un yukata verde agua, el pelo muy corto y unas getas.

En la mesa al otro lado, una joven de pelo corto y rubio pajizo, que vestía con un sencillo kimono color beige degustaba una modesta cena mientras leía un libro de teología clásica, y sus ojos avellanados devoraban las palabras con avidez.

Algo más allá, los muchachos reconocerían a los protagonistas del tenso encuentro en el pasillo de su compartimento. Por un lado estaba la dama Horiuchi Sasha, que comía con el recatamiento que se les supone a la gente de su casta, y junto a ella, en un segundo plano, su fornida criada Emma. En la mesa junto a ellas se sentaban tres hombres; el primero, Shinjo Kyoku, comiendo y bebiendo como si fuese el Emperador de Oonindo. Junto a él estaba un tipo mucho más joven —debía tener poco más de veinte años—, que vestía un precioso yukata dorado. Era alto, con el pelo negro recogido en un moño alto y unas gafas redondas, y en ese momento repasaba con gesto cansado los papeles de una gruesa carpeta. El tercero de la mesa era un anciano muy encorvado, que llevaba una sencilla camisa plateada, a juego con su cabello corto y canoso.

La última mesa estaba ocupada por el enorme samurai que Kazuma había visto antes de entrar al tren, con su haori bermellón, aunque en esta ocasión no llevaba el daisho al cinto. Comía en la misma mesa que la fina dama del kimono de flores rosas y charlaban en voz baja, casi confidente.

¿Han decidido ya los señores?

La voz de Avino Yusui les sacaría de sus pensamientos. El responsable del servicio se había quedado junto a ellos, quien sabe si por que se apiadaba de dos genin que debían sentirse profundamente perdidos en aquel ambiente, o por otro motivo. Impaciente aunque tratando de disimularlo, el jefe de botones daba nerviosos golpecitos con sus dedos en la hebilla del cinturón de su uniforme mientras miraba de forma alternativa a Kazui y a Kazuma.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Caída del Pétalo, Primavera de 219



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Hanamura Kazuma Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 5
Exp: 21 puntos
Dinero: 200 ryōs
#17
Pienso pedir lo que nos recomienden. Y si no, al azar. Seguramente sean platos tan extraños como este sitio.

Me parece una buena estrategia —reconoció Kazuma.

¿Han decidido ya los señores?

La verdad es que no, Avino-san —dijo con una sonrisa, mientras tomaba la carta y se la devolvía—. Pero mi sentido de la aventura me sugiere que pida algo donde lo principal sea el pescado; que sea ligero y exótico, por favor.

No estaba seguro de que era lo que estaba pidiendo, pero le resultaba interesante ver que es lo le traerían. Y con su pedido listo, solo le quedaba observar a la gente de sus alrededores. Apenas se tomaba el tiempo de identificarlos, procurando no posar mucho tiempo la mirada en alguno… Aunque hubo una comensal que si atrapo su mirada de forma recurrente: se trataba de la joven que parecía estar devorando aquel libro con más ímpetu que los propios alimentos corpóreos.

«¿Qué estará leyendo?», se preguntaba mientras inconscientemente movía su cabeza, tratando de ver el título del libro que tan apasionadamente exploraba.
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Essent Kazui Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 3
Exp: 4 puntos
Dinero: 600 ryō
#18
El primer barrido visual confirmó las sospechas del joven genin. Ninguno de los presentes parecía tener problemas para pagar la cuenta. Con lo que el precio en la carta sería casi más una ofensa que una indicación.

El vagón restaurante estaba bastante concurrido. Reconoció a algunos ocupantes con los que se había cruzado, como los que vieron en el pasillo. El resto, tenía ese aire de clase que le hacía pensar que ni él, ni su compañero encajaban en ese sitio. Era curioso observar la mezcla de estilos. Te podías encontrar un tipo trajeado, hablando con un señor vestido con ropas tradicionales. Estilos austeros, y en la mesa de al lado señores con criados. Una mezcla homogénea dentro de lo que debía ser ¿alta sociedad?.
« Joder Kazui. ¿Dónde te has montado? Debí haberme peinado esta mañana »
Parece que, dentro de esta mezcla, no todo el mundo ocupa su tiempo de la misma manera. No pudo evitar ver cómo mientras algunos comían como si de un festín se tratara, otros repasaban papeles o documentos. « Si ese tipo que está comiendo como si no hubiera un mañana es el que manda… ese otro que repasa papeles debe ser el que le lleva los negocios. ¿No es un poco joven? ¿Y el anciano entonces?»

Un pequeño sonido metálico lo distraía. La voz de Avino sacó a Kazui de su pequeña inspección.

Mmmm interesante elección Kazuma. Yo no veo nada en especial que me llame la atención. ¿Qué te parece si me traes algo que te guste a ti? dijo refiriéndose a Yusui.

Efectivamente. No tenía ni idea de que comer. Tras pedir y esperar la respuesta del responsable, miraría a Kazuma.

Kazuma. No sé si soy yo, ¿no te sientes un poco raro entre toda esta gente? Algunos tienen criados, y juraría que aquel tipo, junto a la mujer del kimono de flores, es un escolta dijo, haciendo referencia al enrome hombretón que acompañaba a la dama.

¿Y a ti? ¿Te ha llamado algo la atención? preguntó con curiosidad.
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Uchiha Akame Sin conexión
Exiliado
Nivel: 27
Exp: 5 puntos
Dinero: 650 ryōs
#19
Avino Yusui sonrió y asintió con una leve inclinación de cabeza ante las palabras de los muchachos. Si el jefe de servicio pensaba que eran apenas dos catetos genin sin idea alguna de lo que era la alta sociedad, sus costumbres o sus placeres, no lo dejó ver. Cortés y diligente, dio media vuelta y desapareció tras la puerta del vagón restaurante. Entretanto, una moza les trajo dos vasos y una jarra de agua —probablemente porque no les veía con edad para beber cerveza o vino, como el resto de comensales—.

Al rato el pelirrojo volvió acompañado de un par de mozas de buen ver y ligeros atributos, uniformadas pulcramente como él, y que cargaban en sus manos un plato cada una, cubierto por una tapa cóncava dorada.

Salmón a las finas hierbas con guarnición de patatas asadas y reducción de vino de Minori —anunció, y la primera camarera dejó el mentado plato frente a Kazuma—. Solomillo de retinto de Ushi con crema de patata, pimienta y guarnición de verduras a la parrilla —continuó, y la segunda muchacha puso un plato enorme con una carne que se veía deliciosa frente a Kazui—. Que aprovechen.

La comida olía excelentemente bien y a buen seguro era la más exquisita que los shinobi hubieran probado jamás. Mientras comían, pudieron ver cómo Shinjo Kyoku, el hombre del haori carmesí había reparado en su presencia y les lanzaba indiscretas miradas, disimulando poco su interés en los dos jóvenes. Luego de un rato se inclinó hacia el tipo canoso y le susurró algo. Este asintió, levantándose ipso facto y dirigiéndose a la mesa de los ninjas.

Saludos, shinobis. Espero que estén disfrutando de la velada, esta es una experiencia única en Oonindo —saludó con excelentes modales, realizando una reverencia que parecía imposible de mejorar, mientras sonreía y los miraba a ambos con ojos afables—. Mi señor, Shinjo Kyoku, desea tener unas palabras con ustedes en privado. Si lo desean pueden acompañarnos a nuestra mesa.
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Hanamura Kazuma Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 5
Exp: 21 puntos
Dinero: 200 ryōs
#20
Kazuma. No sé si soy yo, ¿no te sientes un poco raro entre toda esta gente? Algunos tienen criados, y juraría que aquel tipo, junto a la mujer del kimono de flores, es un escolta —dijo, haciendo referencia al enorme hombretón que acompañaba a la dama.

Un poco; pero creo que es normal, esta no es la sociedad a la que estoy acostumbrado —confeso mientras dirigía una mirada hacia la mentada dama—. Además, la gente adinerada siempre tiene siervos o escoltas: les cuesta mucho el andar solos.

¿Y a ti? ¿Te ha llamado algo la atención? preguntó con curiosidad.

Sí, podría decirse que si —dijo refiriéndose a la muchacha lectora y haciendo un gesto en su dirección.

Pensó que tendría que esperar un buen rato para que llegase su alimento; como solía pasar en los restaurantes de camino, donde la única forma de tener una comida en hora pico era aceptar el recalentado. Sin embargo, sus alimentos llegaron rápidamente, portando la apariencia y lo ceremonioso de tesoros.

Gracias —dijo Kazuma mientras esgrimía uno de los cubiertos dorados, cortaba una pequeña porción y se la llevaba a la boca—. ¡Que rico! —expreso al sentir que su paladar se derretía, llevándose consigo su expresión aparentemente indiferente y dejándole una de suma complacencia.

Ya había notado las miradas que se dirigían hacia ellos, pero decidió ignorarlas por el bien del delicioso salmón y sus finas hierbas. Sin embargo, los eventos no les esperaron, sino que fueron a por ellos. Aquel hombre de cabellos grises se había acercado a su mesa, en nombre de aquel sujeto que había visto anteriormente en el vagón.

«Y tan tranquilo que estaba todo», pensó al recordar la mirada hostil en el pasillo.

Creo que lo mejor es acercarnos, ¿Te parece, Kazui-san?

Se mostraba completamente sereno, pero lo cierto es que aquello le incomodaba un poco. Aun así, sabía que debían de seguir la corriente; pues si había algo fácil y peligroso era el ofender a un aristócrata, por lo que solo le quedaba esperar que su compañero estuviese listo de levantarse y acompañarles hasta la otra mesa.
[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]
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