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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Kaji Saiban
Uchiha Datsue Sin conexión
Jōnin de Uzushio
Jounin de Uzushio
Nivel: 33
Exp: 27 puntos
Dinero: 5 ryōs
#91
Cuando Zaide habló, su voz sonó rota. Agrietada.

Estabas muerto desde el principio, solo que no te diste cuenta. —Zaide jadeaba, pero incluso así consiguió arrastrar los pies en dirección al Gran Dragón. Hacia su cuerpo tirado en el suelo, hacia sus escamas hechas ceniza—. Desde que pensaste que intenté alcanzarte con un Hebi Mikazuchi cuando en verdad buscaba atraer las nubes. No, desde mucho antes —tuvo que corregirse—. Desde que mandaste matar a mis camaradas. Desde que me arrinconaste. Desde que asesinaste a mi hermana.

Llegó a sus pies. Le escupió un gargajo sanguinolento.

¡¿Pensabas que iba a dejarlo pasar, huh?! ¡¿Qué haría la vista gorda?! —a medida que hablaba, su voz se iba encendiendo más y más, como si fuesen llamas alimentadas por una rabia tan negra como el petróleo—. ¡No soy capaz de dejar de verla! ¡Incluso sin omoide, no puedo dejar de verla!

A todas horas. En todas partes. Recordándole lo que había hecho. Recordándole lo que había dejado hacer. Y estaba cansado. Demasiado cansado. Con la única mano buena que le quedaba, tomó una Nage Ono, se arrodilló sobre el pecho de Ryū y le estampó el hacha en el cráneo. Con toda la fuerza que le quedaba, que era poca. Con toda la rabia acumulada, que era mucha. Con todo el peso que habían hundido sus hombros y constreñido su corazón por años, que, eso, era tan abismal como el universo.

Nada más hacerlo, algo dentro de él se alivió. Decían que las venganzas no servían para nada, y quizá no se sentía bien, pero sí más liviano. Como si acabase de quitarse una gran losa de encima, con la que había cargado tantos años que ni siquiera recordaba cómo era no tenerla. Rio, y el cielo despejado le devolvió la carcajada. Gritó, y el valle entero le devolvió el bramido de triunfo.

Se levantó, pero el hacha no quiso acompañarle. Estaba tan enterrada en el cráneo que se había quedado atascada. No, no era eso…

Era…












Era la mano del Gran Dragón. Que sujetaba el mango del filo y lo mantenía a milímetros de su frente. Ryū tomó el antebrazo de Zaide y, esta vez, se lo retorció tras su espalda, estampándole la cara en el suelo. No iba a cometer el error de mirarle de nuevo a los ojos.

Caíste en tu propio truco, Zaide. —La voz de Ryū sonó más fuerte y más gutural que nunca. Las escamas de su cuerpo caían hechas ceniza, y todo chakra de Senjutsu había desaparecido de su cuerpo. Tenía la piel quemada y magulladuras por todo el cuerpo, pero estaba vivo. Claro que estaba vivo. ¿Acaso alguien lo había dudado? —. Darme por muerto.



Zaide intentó revolverse. Su mano libre estaba rota, y la buena firmemente sujetada con la fuerza de unas tenazas de toneladas de peso. Probó a ejecutar el Nagashi, pero justo en ese momento Ryū tiró todavía más fuerte de su brazo y le dislocó el hombro, arrancándole alaridos de dolor. Pataleó, gruñó, comió sal y vio su cara estampada contra el suelo una, y otra, y otra vez.

Supo que iba a morir, y extrañamente eso le relajó. Dicen que, antes de morir, la gente rememora en flashes toda su vida. Que ve pasar ante sus ojos los momentos más importantes y felices, en imágenes fugaces.

Zaide no vio nada de eso, pero sí tenía la certeza de que, por un momento, descansaría. Era lo que tanto quería su hermana. Era lo que tanto llevaba él ansiando.



Harto de machacarle la cabeza, Ryū alargó un brazo para tomar el hacha que estaba tirada en el suelo. Se detuvo en el último instante, sin embargo. Había jurado, cuando era otro hombre, con otro nombre, nunca volver a empuñar un arma con filo.

Pensaba seguir siendo fiel a su promesa.

Además, no la necesitaba. En su lugar, llevó ambas manos a la cabeza del Uchiha mientras hundía la rodilla en su espalda y tiró con brusquedad hacia un lado.


¡Crrrrrraaaaaack!


Por unos largos segundos, Otohime había creído vencedor a Zaide. Por un momento, le había visto alzándose victorioso. Entonces vio una vértebra sobresaliendo del cuello roto del Uchiha, y lo recordó. Recordó que aquello no era ningún cuento. Ni ningún anime para críos.

En la vida real, aquel que empezaba mal un combate, lo continuaba peor y seguía contra las cuerdas hacia el final, no hacía una épica e inesperada remontada. Eso estaba muy trillado en las películas, pasaba casi siempre, pero curiosamente casi nunca sucedía así en la realidad. En la vida de verdad, el pez grande se comía al pequeño. El fuerte machaba al débil. El poderoso ganaba al pobre.

Y nunca en la vida había visto a un ninja más grande, más fuerte y más poderoso que el Gran Dragón.

Ryū apoyó los pies sobre el cadáver del Uchiha, posó las zarpas bajo su mandíbula y tiró con fuerza. El cuello de Zaide resistió unos segundos antes de estirarse y separarse del torso como mantequilla arrancada. Ryū tomó la cabeza por la barba con una mano, y caminó hacia ellos como quien sujeta un bote de pintura roja y se le va desparramando por llevarlo muy lleno, manchando el lienzo en blanco que era el suelo de un río carmesí.

Se frenó frente a Kaido, y le enseñó la cabeza.

Cómo enfrentarte a los ojos de un Uchiha; y cómo asegurarte de que le has vencido —dijo, repitiéndole las palabras de la noche anterior—. ¿Aprendiste la lección?



Ryū:

92/210


397/500




Fuerza 100
Resistencia ???
Aguante ???
Agilidad 40
Destreza 80
Poder 100
Inteligencia ???
Carisma ???
Voluntad ???
Percepción ???

Uchiha Zaide:

Muerto (cabeza arrancada)[/boss]


77/400

¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP!

Grupo 4:
Datsue, Nabi, Stuffy y Eri, (Despedida, 218), Poder 60

Grupo 5:
Datsue y Soroku, (Viento Gris, 218), Poder 60

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue, Daruu y Ayame, (Primera Flor, 219), Poder 60
1
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Uchiha Akame Sin conexión
Exiliado
Nivel: 27
Exp: 5 puntos
Dinero: 650 ryōs
#92
Mientras Zaide saboreaba su victoria, escupiendo en forma de improperios e insultos hacia el —supuestamente— derrotado Ryu todo el veneno que guardaba dentro, Akame no podía evitar entrecerrar los ojos con un sentimiento creciente de... Inquietud. Como un sexto sentido desarrollado a base de enfrentar a la muerte cara a cara y vivir para contarlo, el joven Uchiha sentía que su primo lejano estaba cometiendo un gravísimo error. Ryu todavía vivía, podía ver su chakra arremolinándose alrededor de su cuerpo de montaña, como un manto protector. "Hasta el rabo, todo es toro", había oído decir una vez a un labriego de Minori.

Qué sentido tan literal iba a cobrar aquel dicho popular.

Akame ni siquiera encontró fuerzas para intervenir cuando sucedió la tragedia. Ryu machaba a su contrincante sin piedad, con aquella fiereza que le caracterizaba. Parecía un toro, esta vez sí, embravecido y furioso; le faltaba echar humo por la nariz. Durante los instantes que duró aquella grotesca escena, el joven renegado se obligó a no apartar la vista ni un instante; él no era, aun así, muchacho escrupuloso... Pero lo sanguinario del trofeo de Ryu habría sido capaz de arrancarle una arcada hasta al ninja más veterano. Sosteniendo la cabeza arrancada de su enemigo —tal y como Akame había hecho con la de Shaneji días atrás—, el Gran Dragón reafirmó su supremacía sobre aquella banda. Sobre todo lo que sus ojos podían ver. Y el joven uzujin grabó aquella imagen a fuego en su retina: la cara descompuesta de aquel rostro sin vida, la sangre goteando de su cuello desmembrado.

Era el recuerdo de una lección muy valiosa: los errores se pagan caros. Akame se aseguró de no olvidar nunca aquello.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Caída del Pétalo, Primavera de 219



¿Eres nuevo en el rol? ¡Echa un vistazo a mi Compendio de Buenas Prácticas!
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Umikiba Kaido Sin conexión
Exiliado
Nivel: 26
Exp: 20 puntos
Dinero: 4450 ryō
#93
Atónito como sólo él podía estarlo, Umikiba Kaido escuchaba el discurso de Zaide, absorto. Tan absorto e incapaz de moverse, que parecía más una piedra que un maldito tiburón. Los ojos abiertos, incrédulos, y la mandíbula apretando con tanta fuerza que las mejillas se le empezaron a entumecer. Sólo reaccionó en una mueca de... ¿vacío? cuando escuchó el sonido indescriptible de la Nage Ono clavándose en el cráneo de quien se suponía iba a ser su mentor.

El grito sórdido de Zaide, que descargó toda esa ira y todo ese dolor contenido por años y que estremeció incluso a las almas de aquellos que también perecieron en aquél mar de arena blanca, atizó en los oídos del escualo, que por primera vez en un minuto se había permitido coger aliento.

Estuvo a punto de darse la vuelta y salir cagando leches de ahí. Estuvo a punto.



A punto.

Pero entonces lo vio. Una mano. Una mano negra, poderosa. Una mano viva. Una mano viva apretando fuerte retorciendo el brazo de Zaide como si fuese un mísero mondadiente. Luego, esa voz gutural. Estaba vivo el hijo de puta. ¡Estaba vivo!

La desdicha de Kaido se transformó de pronto en la más pira adrenalina. Sonreía, sonreía como un hijo de puta. ¡Estaba exultante! ¡Había sido un combate de proporciones épicas, y él... ¡é! había ganado! Bám. Bám. Bám. La cabeza de Zaide estaba siendo azotada como un jodido balón de fútbol. Golpe tras golpe. Martillazo tras martillazo. Hasta que... crack.

Kaido hizo una mueca con el rostro, como recordando su experiencia con cabezas arrancadas. Datsue le había hecho sentir en una ilusión algo parecido, y no pudo sino sentir resquemor cuando Ryu se la puso en frente.

Sólo entonces, cuando lo tuvo a escasos centímetros, arrugó la nariz y entrecerró los ojos. ¿Se había acabado? ¿de verdad?

El escualo asintió, claro que había aprendido la lección. Pero con los Uchiha eso no bastaba, y Kaido era un hombre que había visto morir a varios Uchiha más de una vez y los hijos de puta seguían volviendo, y volviendo, y volviendo.

Miró a la izquierda, a la derecha. Hacia arriba. Hacia abajo. Al lejano horizonte.

¿Se había acabado?
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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Uchiha Datsue Sin conexión
Jōnin de Uzushio
Jounin de Uzushio
Nivel: 33
Exp: 27 puntos
Dinero: 5 ryōs
#94



Ryū supo que iba a quejarse antes siquiera de verla abrir la boca.

¿Tenías que hacerlo? —preguntó, con cierto tono arisco, la Anciana—. Lo tenías subyugado, a tu merced. Ha sido una temeridad con todo lo que nos estamos jugando.

Ryū se llevó una mano de forma parsimoniosa al portaobjetos y se echó una píldora roja a la boca. Su nuez bajó por la garganta como el desprendimiento de un acantilado.

Sé que no me estás cuestionando, porque eso sería una osadía tras todo lo que sacrifiqué por Dragón Rojo. —Cuestionarle era precisamente lo que había intentado hacer. Y lo que era peor: delante del resto—. ¿Qué tratas de decirme, Anciana? Todos visteis que no iba a parar hasta matarme. Era él, o yo.

Miró a todos y cada uno de los presentes, por si a alguien se le ocurría contradecirle. Aún tras la batalla que acababa de librar, le quedaba más chakra que cualquiera de ellos. Si alguien quería decirle algo, estaba más que preparado para responder.

Murió en combate, luchando por lo que amaba. Sé que no habría deseado muerte mejor que esa. Un digno adversario, y como tal le honro. —Era sincero en sus palabras. Probablemente había sido el rival más fuerte al que se había enfrentado jamás. Merecía su respeto por ello—. Le enterraremos en el pico de la montaña más alta, estoy seguro de que le hubiese gustado. Mas su fuerza permanecerá con nosotros. Por siempre.

Quizá alguno pensase que lo decía metafóricamente. Más bien, el nuevo. Akame. El resto sabía que él no era de jugar con las palabras.

Kyūtsuki, date prisa y extrae sus ojos. Ponlos en los frascos que te pedí que trajeses. Otohime, séllalos en mi cuerpo. Me quedaré con el derecho; ya veremos qué hacer con el izquierdo.

Pero…

¿No es extraño? —inquirió Otohime, con el rostro confuso. Kaido, por su parte, no paraba de mirar a los lados, arriba e incluso abajo, buscando algo que no encontraba—. Su cuerpo… no ha ardido. —Ni habían experimentado las últimas emociones del Uchiha.

Ryū frunció el ceño. Levantó la mano que sujetaba el cráneo y, allí…

Allí…






















........No había cabeza.
.....No había cabeza.
......................................................................No había cabeza.
....................No había cabeza.
........ No había cabeza.
.............................................No había cabeza.
..........................................................................................................No había cabeza.
.................................... No había cabeza.

.....NO HABÍA CABEZA.













¡¡¡Zzzzzzssssssssssssssssssttttt!!!








Una lanza dorada penetró en su espalda, atravesó carne, músculo y huesos y salió por su pecho, continuando su camino hasta el rostro de Kaido y atravesando también su cara azul si no hacía nada por remediarlo.

¿Có… mo? —Quiso saber, llevándose una mano al orificio del pecho y embadurnándose con su propia sangre—. ¿Có…?

No pudo terminar la frase. La lanza se dividió en múltiples cuchillas que le hicieron un destrozo en el torso. Lo último que sintió fue un golpe en la corva para que sus rodillas saludasen el suelo, y una bota sobre su cabeza para que sus labios besasen la sal.



Akame era el que mejor podía haberlo visto. Su Sharingan no mentía. Nunca. Y sus ojos le habían dicho que el cabrón de Zaide estaba muerto. Que la cabeza que había colgado en el aire era la suya, que su cuerpo había perecido, y que el chakra que bañaba su sistema se había secado como un árbol en el desierto. No podía haber sido una ilusión. Ni treta alguna. Y, aún así…

Aún así ahí estaba, sobre el cuerpo de Ryū, como un alpinista sobre el pico de una montaña que no había sido coronada en la vida. Con el hombro dislocado; los dedos por los que había filtrado el Chidori Eisō rotos; y un rostro tan machacado que era un amasijo de bultos sanguinolentos. Pero sus ojos seguían brillando entre la oscuridad. Uno tan carmesí que a su lado la sangre palidecía; otro tan blanco que destacaba como un copo de nieve virgen recién caído en una herida abierta.

Hacía no tanto, Akame le había puesto cierto apodo. Nunca uno había definido tan bien a su persona: Zaide, El que no se muere.

Aiza… vive.

Se aseguró de que nadie ponía objeción mirándolos a los ojos uno a uno. Si la mirada de Ryū había sido altiva pero calmada y sosegada, como la de un oso que se sabe superior y no le importa que le devuelvas la mirada siempre y cuando no le toques los cojones, la de Zaide era todo lo contrario. Era la mirada de un viejo perro de pelea, apaleado y medio ciego. Era la de un animal contra las cuerdas, medio muerto y con la rabia. No, no estaba calmado. No, no estaba sosegado. De hecho, era precisamente eso lo que daba miedo de sus ojos. Que transmitían que ni siquiera él mismo sabía lo que iba a hacer en el próximo latido, y que le importaba una mierda no saberlo.

Por último, miró al grandullón por si tenía algo que decir. No fue el caso.

¿Sabéis lo que es un Águila de Sangre? —Torció la boca ensangrentada en lo que se intuía una sonrisa. Era difícil saberlo con tantos moratones, hinchazones y sangre—. Es...

»Hu…h.

No pudo explicárselo. Cayó como un saco de patatas, desplomándose en el suelo. Akame pudo ver porqué: había gastado tanto chakra en aquella última técnica que a duras penas le quedaba para que su cuerpo pudiese seguir respirando. Que hubiese aguantado de pie aquellos pocos segundos, de hecho, era un pequeño milagro.


Ryū:

-39/210


417/500



Atributo descubierto:
Resistencia 100

Uchiha Zaide:

25/310


-14/400



¤ Izanagi
¤ Dios de Toda Creación
- Tipo: Apoyo
- Rango: S
- Requisitos: Uchiha 70
- Gastos: 60 CK
- Daños: -
- Efectos adicionales: Pérdida completa de uno de los Sharingan
- Sellos: -
- Velocidad: Instantánea
- Alcance y dimensiones: -
Genjutsu que se proyecta sobre el usuario en lugar de los demás y el más poderoso entre este tipo de artes. Cuando esta técnica se activa, el usuario elimina los límites entre la realidad y la ilusión dentro de su espacio personal. Hasta cierto punto esto permite al usuario controlar su propio estado de existencia, pero normalmente sólo se activa durante el más breve de los momentos. Mientras que el usuario permanece físicamente real mientras que combate, esta técnica es capaz de convertir cualquier evento incluyendo lesiones e incluso la muerte en meras ilusiones mientras que la técnica se encuentre activa.

Cada vez que el usuario recibe una herida mortal, automáticamente se desvanece como si hubiese sido una ilusión desde el principio y luego vuelve de nuevo a la realidad, real y físicamente ileso. Izanagi sólo puede ser utilizado por aquellos con los rasgos genéticos del Sabio de los Seis Caminos. Los Uchiha, descendiente del sabio, son capaces de realizar Izanagi con su Sharingan. A cambio del control breve de la realidad que les permite, el Sharingan queda ciego para siempre. Por esta razón, se etiquetó como Kinjutsu. Un Uchiha que no conozca esta técnica o su funcionamiento no podrá utilizarla porque sí.

Para hacer un uso completo de Izanagi, los usuarios también deben tener los rasgos genéticos de los Senju, es decir su ADN, que también descienden del Sabio. Esto extiende la vida útil de la técnica en dos turnos completos.
¤ Chidori Eiso
¤ Lanza Afilada de los Mil Pájaros
- Tipo: Ofensivo
- Rango: A
- Requisitos: Raiton 60
- Gastos:
  • 72 CK
  • (Raiton 80) 96 CK
- Daños:
  • 120 PV
  • (Raiton 80) 160 PV
- Efectos adicionales: -
- Sellos: -
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: La lanza tiene el ancho de la mano del usuario y alcanza los 5 metros de longitud
Esta técnica utiliza la transformación de la forma del chakra para transformar el Chidori original en una especie de lanza o espada de gran envergadura que es capaz de atravesar y cortar al oponente. Está adaptada para ataques de medio rango (con un máximo de cinco metros); con la ventaja de que el riesgo para el usuario es menor y puede utilizarla para ataques sorpresivos. De forma normal, la técnica surge en línea recta desde la mano del usuario, pero este también puede mover el brazo una única vez para cortar en lugar de penetrar.

(Raiton 80) Cuando el oponente ha sido atravesado, el usuario puede alterar la forma de la lanza para hacer surgir múltiples cuchillas adicionales que atraviesan al oponente desde distintos puntos, infligiéndole heridas de extrema gravedad.
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP!

Grupo 4:
Datsue, Nabi, Stuffy y Eri, (Despedida, 218), Poder 60

Grupo 5:
Datsue y Soroku, (Viento Gris, 218), Poder 60

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue, Daruu y Ayame, (Primera Flor, 219), Poder 60
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1
1
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Umikiba Kaido Sin conexión
Exiliado
Nivel: 26
Exp: 20 puntos
Dinero: 4450 ryō
#95
Es curioso, ¿sabéis? cuando sabes que contra uno de esos miembros de un clan tan maldito como el Uchiha, no podías confiar en lo que tus ojos miraban, en los que tus oídos escuchaban, en lo que tu nariz olfateaba, ni en lo que tus papilas saboreaban. Nada era tan real como no, cuando se estaba frente a ellos. Tanto, que incluso podías llegar a considerar tu propia existencia como inequívoca. Kaido no era un tipo prodigiosamente inteligente, pero algo en su interior le decía que no dejara de mirar hasta que estuviera totalmente seguro que aquello que le rodeaba realmente le pertenecía. Pero sus más profundos temores se hicieron realidad, cuando lo que estaba ahí, ya no estaba. No había llama que confirmarse la muerte de aquél dragón. No había sangre que bañase la halita de rojo vino. No había cabeza ni tampoco el cuerpo del que había sido arrancado.

Todo, absolutamente todo, había sido una... ¿ilusión?

No. Era algo más palpable que eso. Más poderoso. Más temido. Era la reencarnación misma.

¡¡¡Zzzzzzssssssssssssssssssttttt!!!

Un haz de luz azulenco atravesó el cuerpo de Ryü como si la montaña de pronto ya no estuviera hecha de la más dura piedra caliza, sino por el contrario, de simple barro maleable. Pero el rayo no se detendría entre los músculos, la carne y la sangre del Dragón de ébano, sino que seguiría su rumbo hacia la persona que estaba justo frente a él, y ese era Kaido. Incapaz de reaccionar de una manera más propicia y sabiendo a conciencia que usar el suika no era una posibilidad, el escualo subió la mano, giró el rostro, y dejó que fuera su antebrazo el que recibiera el impacto de la técnica. El dolor le hizo apretar los dientes y la sangre comenzó a correr cuesta abajo, hasta que sendos hilos rojos tintaron gran parte de su hombro y torso.

El escualo alzó la vista, y lo vio. Estaba de pie, victorioso, con un Ryu bajo su suela, prácticamente derrotado. Curiosamente, uno de sus ojos estaba apagado como si la luz de su poder demoníaco se hubiese esfumado para siempre.

Cuando lo vio caer, inconsciente, el tiburón se alzó, y rompió el silencio entre los presentes. Herido como estaba, se movió hasta su maestro y trató de sentirle el pulso, para ver si, por obras del destino, seguía vivo.

—Tú ganaste éste combate, Ryu. Lo ganaste como lo hacen los hombres, a puño limpio. Sin trucos. Sin ilusiones. Sin... —miró al resto—. ¡ese de ahí no se merece ser considerado el ganador! ¡estaba muerto! ¡muerto, coño!
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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