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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
La Séptima Puerta
Los muchachos lograron, con aquella última carrera, subirse al barco que prometía llevarles hasta un puerto seguro. La empresa del señor Soshuro, la elección de su heredero, la mansión, el viaje de ida, la tormenta, el shinobi de Kusagakure que estaba durmiendo a pierna suelta en uno de los camarotes del navío... Todo pareció distante y lejano en el momento en que Akame puso el primer pie sobre la escalera de madera que les tendían los marineros. Cuando su cuerpo notó la característica rigidez de la madera y el crujido de las juntas de la pasarela llegó a sus oídos, sintió como se le hacía un nudo en la garganta.

A trompicones terminó de subir, dejándose caer sobre la cubierta unos instantes. El timonel parecía haber recuperado la ilusión por vivir y ahora gritaba órdenes aquí y allá; que si aprestar un aparejo, que si cazar una gavia. Poco a poco, el barco fue despertando de su letargo. Se tambaleó ante el golpe de las olas contra el embarcadero cuando levaron anclas y, perezoso como si acabasen de interrumpirle el sueño a media noche, desplegó sus velas.

Datsue y Kaido subieron justo después, y Akame se obligó a sí mismo a ponerse de pie. No pudo, y tuvo que buscar el apoyo del pasamanos para al menos elevar su cabeza por encima de la borda y observar el grotesco espectáculo que se producía en tierra firme.

Decenas de figuras encapuchadas se habían congregado en el embarcadero; estaban alineadas en perfecto orden, como una formación militar, y entonaban uno de aquellos salmos tan extraños. Uno de los sectarios se adelantó al resto, alzando las manos sobre su cabeza y clamando al cielo.

«La sangre de Susano'o nos otorga la vida,
nos moldea,
nos consume.
¡Teme a la vieja sangre!»

Al instante el resto empezó a corear aquellos mismos versos hasta que un coro de voces dispares se elevó hacia el cielo nocturno. La Luna parecía brillar con más fuerza mientras ráfagas de viento se levantaban, furiosas, haciendo restallar las velas del barco.

¡Al mar! ¡Vamos, muchachos! ¡Al mar!

Los gritos del timonel se impusieron por encima de aquella locura y, mientras Akame languidecía sujeto al pasamanos, el barco fue poco a poco despegándose del embarcadero.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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Más pronto que tarde, y ante la urgencia como respuesta al peligro que se avecinaba, el timonel y su séquito comenzaron a preparar cada una de las fases para que aquel gigante de madera despertara de su letargo. Apenas sintió que La Salvación comenzó a romper el fuerte oleaje de la costa y a empezar su minucioso proceso de abandonar las aguas menos profundas, Kaido se permitió, sólo ahí, a mirar atrás.

Lo que encontró fue a una organizada secta, que indiferente a la caída de sus compañeros, clamaba un rezo al unísono a su Dios pagano, con mano al aire y con la luna iluminándoles de lleno. Todos cantaron sus creencias, y Kaido no olvidaría en un buen tiempo lo que sus frases profesaban:

«La sangre de Susano'o nos otorga la vida,
nos moldea,
nos consume.
¡Teme a la vieja sangre!»

Un escalofrío le envolvió el cuerpo, y el cansancio que le ataviaba sin contemplación se hizo más insoportable. Aquello le obligó a jurarse que más nunca volvería a esa isla, víctima del miedo fortuito del momento: pero lo cierto es que, ya habiéndose encontrado en la seguridad de su hogar, semanas después, probablemente pensaría en las infinidades de situaciones de las que no habían tenido tiempo de sacar respuestas.

Su mente guardaría una interrogante tras otra. ¿Qué habría sido de Soshuro, y qué tenía que ver él en todo aquello? ¿cuál era su interés en Datsue, y Akame, y por qué fueron sugestionados por un culto tan oscuro? ¿qué habría pasado con la tripulación de los otros séis barcos?

Había tanto que responder. Y aún así, no tenía certeza de que fuera a conocer alguna vez las respuestas.

La Isla Monotonía tendría que permanecer como un misterio, y nada más.
Hablo - «Pienso» - Narro

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Meses más tarde, Datsue bromearía sobre todo aquello. Incluso trataría de impresionar a muchachas de su edad con las aventuras que allí había vivido, contándoles como Datsue el Intrépido había tomado las riendas de la situación y había luchado él solo contra los fanáticos, mientras sus compañeros estaban hechos un ovillo en una esquina.

… le llaman el Profesional —diría en más de una ocasión—, y yo os diré por qué: porque cuando se trata de huir, ¡nadie corre de forma tan disciplinada como él! —exclamaría, arrancando las risas de los que allí se encontrasen.

Sin embargo, aquella noche, mientras el barco dejaba atrás la Isla Monotonía y los locos que la componían, el Uchiha no alcanzó a abrir la boca. Nada dijo cuando un grupo numeroso empezó a canturrear una nueva canción, todavía más siniestra que la anterior, y nada añadió durante todo el trayecto de vuelta a casa, envolviéndose con una manta en una esquina del barco y adoptando una expresión taciturna, callada.

Tiempo después, muchas serían las noches que el Uchiha examinaría las dos canicas de marfil que había robado al anciano. Aquellos falsos ojos ejercían una extraña atracción en él, y pese a que había preguntado precio en más de una ocasión, jamás se atrevió a dar el paso de venderlos. No, porque sentía que aquella aventura todavía no estaba cerrada. Que tan solo había sido un capítulo de una historia mayor…

… Una historia que algún día, le pondrían su broche final.
Sellos de Rastreo implantados:
Hermandades Intrépidas:

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