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Estamos en Entretiempo, Otoño del año 217.
Últimos rumores: Durante el mes de Augurio la situación política de Oonindo dio una sacudida que casi causa una guerra. Uzumaki Gouna, la Cuarta Uzukage, murió durante una reunión de los tres líderes de las aldeas más importantes en Kusagakure. Ame acusó a Kusa, y Kusa acusó a Ame. Durante la mayor parte del mes, se creó un rencor entre los ninjas de ambas potencias al que finalmente puso fin la propia Uzushiogakure. Zoku, un traidor a la villa, se había hecho con el poder y asesinado a Gouna intentando inculpar a las otras dos aldeas. El orden fue restablecido por el Daimyo de la Espiral, y Uzushio emitió una disculpa pública. Circula el rumor de que Zoku selló a un bijuu en dos genin, pero sólo los uzujin conocen su identidad. Sólo se conoce que se hacen llamar los Hermanos del Desierto.

Uzushiogakure: el nuevo mandato de Sarutobi Hanabi como Quinto Uzukage legítimo ha sido recibido con los brazos abiertos, pero hay un sentimiento generalizado de temor a un nuevo cambio de líder. Sin embargo, la gestión de la aldea se está produciendo como debería, así que hay esperanza colectiva en que esta vez todo vaya bien. La relación con las demás aldeas se mantiene neutral, pero, sintiéndose debilitados, los shinobi consideran que tal vez podrían llegar a ser una amenaza, de modo que hay cierto clima de desconfianza hacia Kusagakure y Amegakure, al mismo tiempo de que todos saben que la culpa de todo la han tenido ellos mismos.

Kusagakure y Amegakure: la noticia de que la propia Uzushiogakure había sido la causante de la muerte de su propia líder fue recibida con algo de alivio, aunque inevitablemente algo de rencor, aunque sea muy ligero, ha penetrado en los shinobi de ambas aldeas para con las otras. Hacia una porque creían que habían traicionado al Pacto y hacia la otra porque la inestabilidad de su liderazgo les causa desconfianza, escépticos de que este nuevo líder no sea otro peligro.
[Misión D] Un encargo inocente y nada sospechoso
#1
Mis pasos iban con calma, la lluvia ese día era llovizna, gotas finas y casi imperceptibles adornaban el triste ambiente que dejaban ver las grises nubes del firmamento. El edificio de la Arashikage se encontraba a pocos minutos en línea recta, poca gente se encontraba por la calle en esa mañana de verano.

Una vez ahí me quedé unos segundos frente a la puerta del rascacielos, ese día estaba más que seguro que debía enfrentarme a una misión absolutamente sólo, no vendría ni Haze, ni me encontraría con Mogura por casualidad, ni con otro shinobi que me viniera en mente en ese momento. Abrí la puerta y como de costumbre limpié la suela de las sandalias en el tapete de entrada y pasé la manga de mi suéter por mi rostro, limpiando las escasas gotas que lo humedecieron.

Recorrí el breve trayecto hasta la recepción de la planta baja. —Buenos días.— Saludé para luego hacer una reverencia. —Soy Inoue Keisuke, Genin, vengo con la finalidad de solicitar una misión.— Agregué tras la presentación, después de todo ya había visto como era el movimiento del lugar, deduje que posiblemente anotarían mis datos en algún libro y luego podría ascender a la oficina de Yui, bueno así fue la primera vez que solicité una, no debería variar mucho.
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#2
No había razón para atender a un entrenamiento durante aquel día, no había gente con quien organizar ninguna clase de enfrentamiento ni tampoco era un día en el que iba a dedicar a sus investigaciones. Aquel día, el joven médico de Amegakure se dirigía al edificio del Arashikage, iba a realizar una nueva misión.

Pisaba la calle con sus botas y cruzaba algunos puentes marchando en dirección al lugar previamente dicho, su ropa se lograba mantener seca gracias a la capacidad protectora que le otorgaba su fiel paraguas, era lluvia de verano pero no iba a darle el gusto de mojar su pulcro atuendo.

La temperatura no era precisamente baja ese día, pero de todas formas llevaba su abrigo doblado en un brazo, el mismo brazo con el que sostenía el paraguas. No pensaba necesitarlo mucho ese día pero si por alguna razón precisaba entrar en el despacho de Yui-sama, mejor no morir de frió.

Al ingresar en el edificio, dejó el paraguas en el receptáculo específicamente dedicado a eso. Seguidamente avanzó hasta el mostrador de la recepción, solo ahí logró darse cuenta de que había alguien delante.

Soy Inoue Keisuke, Genin, vengo con la finalidad de solicitar una misión.

Por alguna razón no le sorprendía el verlo en ese lugar.

Inoue Keisuke.

Llamó la atención del joven, esperando que hiciese una pausa en lo que estaba haciendo.

¿No sería mejor que nos asignen una misión a ambos? La última vez dio un buen resultado. Solo perdimos un hombre...

Posiblemente aquel sería uno de los momentos en los que el joven pelirrojo escucharía a Mogura hablar con un tono tan informal y un tanto jocoso, como si estuviese bromeando.
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#3
¡Inoue Keisuke!

Un vozarrón sorprendió a los dos gennin. El responsable era un tipo grande y extremadamente musculoso, de piel pálida surcada de quemaduras y cicatrices. Tenía la cabeza completamente rasurada por una gran quemadura que ocupaba todo su cuero cabelludo, y en contraste lucía una barba frondosa y bien cuidada de color rojo fuego. A juzgar por la bandana de Amegakure que llevaba anudada en torno al bíceps derecho y el chaleco militar, debía tratarse de un jounin.

¡Y tú debes ser Manase Mogura, yahahaha! —añadió, dándole una palmada amistosa al aludido en la espalda que casi le hizo volcar—. ¿No sois vosotros los que terminásteis una misión de rango D con un compañero menos? ¡Yahahaha!

La risa del jounin era tan estruendosa como podía esperarse de su aspecto. El hombre les guiñó un ojo, de color azul intenso, surcado por una horripilante cicatriz.

Pues venga, andando, que tengo el encargo perfecto para dos ninjas médicos como vosotros —añadió el jounin, sacando un pergamino con la letra "D" estampada en el sello—. Pero esta vez intentad no perder a nadie en el camino, ¿eh? ¡Yahahaha!


Un encargo inocente y nada sospechoso (Rango D)

Asignada a: Manase Mogura, Inoue Keisuke
Objetivo: Recolectar la cantidad requerida de "Cauda Draconis"
Descripción: El señor To Do, un comerciante de Coladragón, solicita la ayuda de algún ninja con buenos conocimientos de herboristería y escalada. Su hija ha contraído una rara enfermedad, y para preparar el medicamento necesario para curarla necesita una rara hierba que crece en los escarpados acantilados de la costa de Coladragón, llamada "Cauda Draconis". Los shinobi deben recolectar una cantidad suficiente de esta planta y entregarla al señor To.

Rolead lo que queráis, pero al final tenéis que viajar hasta Coladragón (recordad que se tarda un día a pie). Podéis rolear todo el viaje, sólo una parte, o decir que llegáis allí directamente.

Ni que decir tiene que debemos respetar (salvo ausencia justificada) la regla de las 72 horas y que voy a ser INFLEXIBLE. Una vez la perdono, a la segunda os cierro la misión y buscáis otro master e.e
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#4
Una voz familiar llamó mi atención justo después que hice mi presentación y solicitud, giré a ver si mi deducción estaba correcta, justo frente a mis ojos se reflejaron la imagen de Manase Mogura.

—Siempre tan cordial Mogura... Puedes decirme solo Kei.— Agregué, no me incomodaba que me dijeran mi nombre completo, pero últimamente Manase se encargaba de dirigirse a mi muy formalmente.

No obstante, Mogura hoy se encontraba un poco más ameno, realizó su petición para que ambos cumpliéramos una misión juntos y además agregó una broma al final, así como para romper el hielo, ¿realmente era Mogura? " Será que mientras más confianza tiene más se suelta con uno" Pensé rápidamente.

Sin decir nada estuve de acuerdo a su petición, siempre era bienvenida la ayuda.

Otra voz me llamó, esta no la conocía pero sí sabía de donde provenía, miré a la persona de la recepción, aquel hombre musculoso, "calvo" y con varias marcas de guerra en su rostro, tenía un aspecto un poco intimidante y su voz daba base a ello, por lo menos a mi percepción.

"Vaya... Ya nos ha de conocer toda la aldea por ello, seguro somos el hazme reír de todos..." La vergüenza me invadió por unos momentos, pero no reparé mucho en el asunto, simplemente quería la misión y empezar el trabajo, y claro salir rápido del lugar antes de que toda la planta baja estallase de risa como lo hizo ese jounin.


El shinobi sacó un pergamino con la letra D como etiqueta, un nuevo trabajo, un nuevo desafío ¿Que nos esperaba? Aparentemente por las palabras del recepcionista me animaron, todo sería "sencillo" para dos shinobis médicos. Tomé el pergamino y lo leí rápidamente. —Gracias, le aseguro que volveremos los dos sin ningún problema.— Agregué y realicé una leve reverencia.

Le di el pergamino a Mogura para que leyese su contenido y esperaría para dirigirnos juntos a la puerta, sería un viaje no muy largo pero lo suficiente para entablar una buena conversación, o eso tenía en mente para pasar el tiempo.
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#5
—Siempre tan cordial Mogura... Puedes decirme solo Kei.—

Fue la respuesta que tuvo el pelirrojo a las palabras del joven médico. Lo que pedía no tenía ni patas ni cabeza, no había forma posible en la que tuviese tamaña consideración con alguien que apenas conocía.

Quizá otro día, Inoue Keisuke.

Contestó sin más el muchacho de cabello azabache. Una voz no tardó en emular la forma en que se dirigía al chico llamándolo por su nombre completo, seguidamente esa misma voz pronunciaría el nombre de Manase Mogura.

¿Dónde están los modales de todas estas personas?

Pensaba mientras hacía un intento sobrehumano para no perder los estribos ante aquel abuso de poder por parte del superior, claro que Mogura estaba malentendiendo la situación pero que podía hacer él. Nada, literalmente.

Su humor no mejoró al escuchar lo de su anterior misión y ese compañero faltante al final del día. No había tenido una buena imagen de Hyuuga Hazegawa el día que lo tuvo delante, tampoco el día que decidió desaparecerse en plena misión y sin duda alguna en aquel preciso instante su visión de él solo empeoraba.

Keisuke tomó la palabra por ambos, y quizá fue lo mejor. Mogura no quería decir nada en ese momento.

Una vez el pergamino estuvo en sus manos, lo leyó detenidamente. No parecía ser nada difícil pero no iban a poder evitar demorar con la tarea.

Preciso hacer unos preparativos para el viaje, encontrémonos en media hora en este mismo lugar.

Seguidamente y sin perder más tiempo de lo necesario, volvería hasta su casa a poner cosas en un morral. Cosas como agua fresca, un poco de comida, un libro sobre hierbas medicinales donde debería estar nombrado el tipo de planta que necesitaban y un mapa. Mogura sabía manejarse por la aldea pero no por toda la extensión del País de la Tormenta.

Al cabo de unos 30 minutos, Manase Mogura estaría presente nuevamente en el frente del Edificio del Arashikage. Listo para emprender el viaje.
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#6
”¿Acaso piensa decir mi nombre completo toda la vida?” Me dije un poco irritado por su exceso de cordialidad.

Ambos caminamos a las afueras del edificio.

A mi mente vino una idea un tanto graciosa, sí Mogura no iba a llamarme de la forma que propuse yo podría llamarlo de otra forma un tanto menos cordial, ¿no debía ponerse bravo o si? Aunque la respuesta era más que obvia me atreví a hacerlo.

—Aprovecharé para buscar algo también, nos vemos al rato Mogy.— Expresé con una sonrisa, aunque no vería su expresión pude imaginarme como sería, tampoco le di chance a que respondiese, me fui saltando rápidamente como quien corriese después de hacer una travesura.

Una vez en casa me preguntaba qué podría llevar Mogy, más que todo para no repetir lo mismo, no obstante nunca estaba demás llevar comida, así que agarré mi mochila y abrí la nevera ¿qué podía llevar? No obstante no había mucho para elegir por lo que metí algunas cuantas frutas y unas botellas de agua, por si acaso. Además guardé mis utensilios de jardinería, una tijera y una pala de mano; asimismo introduje un paquete de bolsas plásticas que ayudarían a conservar de mejor forma las plantas que buscaríamos.

Llegué justo a tiempo, ni un minuto más ni uno menos. Una vez me encontrase con Mogy nos dispondríamos a partir.

—La próxima vez elijo yo donde quedamos… Que para venir al edificio de la Arashikage hubiéramos ido a la salida de la aldea…- Comenté con razón.

—Por cierto… Recuerdas lo que sucedió allá adentro, ¿no?— Me referí a las palabras del jounin. —Debemos ser el hazme reír de unos cuantos…— Agregué con un tono un poco más bajo de lo habitual, aquello sí que les daba mala reputación.
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#7
—La próxima vez elijo yo donde quedamos… Que para venir al edificio de la Arashikage hubiéramos ido a la salida de la aldea…-

Fueron las palabras que escaparon de los labios de Inoue Keisuke cuando se apareció en el frente del edificio. Quizás hubiese sido mejor haberse encontrado en alguno de los puntos de ingreso y salida de la aldea, sin duda alguna, pero en caso de que él también hubiese decidido desaparecer de la nada podría haberlo reportado de inmediato y seguir su camino solo. Sin burlas de nadie.

Lo tendré en cuenta para próximas situaciones.

Se limitó a contestar.

—Por cierto… Recuerdas lo que sucedió allá adentro, ¿no?. Debemos ser el hazme reír de unos cuantos…—

Después de escuchar las palabras de su compañero, no pudo evitar mirar con una cara que no ocultaba su molesto estado y luego dejó escapar un pesado suspiro. Mogura no había sido el líder ni nada por el estilo en la ocasión anterior pero de alguna manera sentía que había tomado una pésima decisión al involucrarse con el desaparecido.

Hyuuga Hazegawa es el único responsable de esto, su inmadurez y falta de disciplina ha provocado que los superiores hablen de esa manera, sin duda alguna merece ser castigado.

Pariente de Inoue Keisuke o no, las palabras del joven médico de cabello azabache fueron pronunciadas sin la menor pizca de duda.

No perdamos tiempo, Inoue-san. Tenemos un largo camino hasta Coladragón.

Una vez dicho aquello, sus pasos empezaron a dirigirse hacía la salida más cercana de la aldea en dirección a aquel lugar. Confiaba en que no le faltaba nada para realizar el viaje de manera exitosa.
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#8
A ciencia cierta Mogura tenía razón, la culpa caía total y rotundamente sobre el Hyuuga, quien hasta el día de hoy no me había contado lo que sucedió, sinceramente no tenía explicación alguna, no podía interceder por él sin ninguna base; por lo que me tocó callar y no volver a mencionar el tema.

Sin perder más tiempo, y por orden del aparentemente enojado Manase, ambos empezamos nuestro trayecto a la salida de la aldea. Hasta llegar allí todo transcurrió en silencio, no supe que decir para hacer un poco más ameno el viaje, y pensar que aún nos encontrábamos dentro de la villa, debíamos llegar a Coladragón y volver… Esperaba que todo el camino no fuera en silencio.

Tardamos unos cuantos minutos en llegar a la imponente salida de la villa, pasamos por el puesto de control y fui el primero en registrarme. —Buenas.— Saludé al estar frente a los ninjas de guardia. —Soy Inoue Keisuke, Genin, vamos a Coladragón a realizar una misión.— Expliqué al ver cómo me anotaban en el libro de registros.

Seguidamente debía hacerlo Mogura, así que esperé su registro para empezar el verdadero viaje.

—¿Y qué fue eso que fuiste a buscar para esta misión?— Pregunté curioso, después de todo Mogura no era el único que cargaba con una mochila, yo también tenía una y compartiría mis objetos con él.
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#9
Mogura avanzaba sin decir mucho, realmente no había nada que decir y mucho menos en aquel estado en el que se encontraba al recordar las palabras de los superiores. Si había una motivación en el joven médico para subir de rango en aquel momento era para enviar a todo aquel que hubiese osado burlarse de él a limpiar las alcantarillas de Amegakure.

Disculpe las molestias, mi nombres es Manase Mogura, soy un genin y preciso llegar hasta Coladragón para realizar una misión.

Seguramente no era necesario decirlo pues Keisuke ya lo había dicho pero a la vez era necesario que lo dijera porque obviamente no podían dejar salir a un genin sin preguntarle nada y sin ningún motivo aparente. Un detalle a tener en cuenta era que el muchacho de cabello tenía en su poder el pergamino y lo enseñaría a alguno de los porteros si tuviese que hacerlo.

Elementos básicos, comida y agua. No mucho más.

No deseaba perder tiempo en ningún punto del viaje, por lo que ni bien tuviese el visto bueno de la gente a cargo, saldría a un ritmo razonable que le permitiese llegar en un día. En algún momento tendría que girarse y ver si su compañero no se había marcado otro Hyuuga Hazegawa y desaparecido.

¿Qué llevas contigo, Inoue Keisuke?

Correspondió finalmente la pregunta después de un rato de viaje.
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#10
Una vez Mogura terminase ambos caminaríamos con rumbo hacia Coladragón, mi curiosidad de conocer que era eso que había traído para el viaje no se sació ante su respuesta tan poco detallada, no parecía propio de él, después de todo parecía querer hacerlo todo de forma tan correcta y tradicional, ¿qué le costaba decir que comida trajo?

No obstante, de la misma manera en que le pregunté me devolvió la pelota. —Pues yo también traje agua y comida.— Expresé como sí no hubiera deducido ya que él había llevado importante como eso, pero como yo era diferente a él compartí aún más.—Algunos utensilios de jardinería, una pala y tijera, como no sabemos que es lo que necesitamos de esa planta podríamos traerla con su raíz.—

Tras pensarlo unos escaso segundos agregué.—¿Y por qué no? Traer unas cuantas plantas hacia la villa no vendrá mal, estoy seguro que a Sora-sensei las aprovechará al máximo, incluso podría enseñarme a hacer algo con ellas.— Otra duda surgió, era lo mejor, mantener una conversación, sí es que a Manase le parecía, sino no buscaría avivar una chispa que no iba a encender…

Sin embargo, lancé mi última pregunta, por el momento.—¿Tú sabes hacer algún antídoto o veneno?— Hice una breve pausa que no duró más de tres segundos, no tendría chance alguno para responder.—¿Prácticas el iryonin sólo o tienes un sensei?— Después de todo había escuchado de personas que desarrollaban sus habilidades practicando como un ermitaño, sólo con el pergamino que explicaba las técnicas detalladamente. Por mi parte preferí un camino un poco más “fácil”, puesto que una persona que dedica unas cuantas horas a atenderte viene bien también.

Traté de entablar conversación a lo largo del trayecto, ¿Mogura sería lo suficientemente receptivo para seguir la charla? Sino el camino a Coladragón mucho más largo y aburrido.
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#11
Keisuke se mostraba un poco más dado al diálogo que el joven de cabello azabache, pero eso era porque su carácter era más impulsivo e inmaduro, si, probablemente se debía a ello.

—Algunos utensilios de jardinería, una pala y tijera, como no sabemos que es lo que necesitamos de esa planta podríamos traerla con su raíz.—

Comentó explayándose un poco más que Mogura a la hora de comentar que cargaba en el interior de su bolsa. Probablemente no lo admitiría nunca pero aquello era algo que debería habersele ocurrido también, la idea de traer consigo un libro sobre diferentes especies de plantas no era mala, pero lo de Keisuke tampoco.

El joven pelirrojo no demoraría mucho en seguir dejando escapar palabras de sus labios, parecía que estaba entre sus planes conseguir más plantas y llevarse algunas consigo.

—¿Tú sabes hacer algún antídoto o veneno? ¿Prácticas el iryonin sólo o tienes un sensei?—

Una pregunta tras otra, como una ronda de las cañoneras del barco Inoue, Mogura no tendría tiempo para contestar nada entre medio pero cuando finalmente tuvo su turno, tomó la palabra.

Manase Dōsan es mi maestro, mi instrucción en el Iryo-nin ha estado en sus manos durante el tiempo siguiente a mi graduación. Me ha enseñado mucho, y me ha dejado investigar por mi propia cuenta. Ahora mismo cargo con un libro que él mismo redactó en base a sus propias investigaciones.

Considerando que era su abuelo y posiblemente único pariente con vida, su tono de voz no parecía muy diferente a como hablaba normalmente, quizá porque era una de las figuras a las cual más respetaba y sentía que tenía que ser sumamente delicado de como hablaba sobre ese tema. Pero esa era la realidad.

Durante el resto del viaje, Mogura intentaría indagar en los conocimientos de Keisuke sobre el Iryo-nin. Esperando dejarle conocer alguna parte de sus propios conocimientos, los que tuviesen en común.

El viaje a Coladragón no sería tan largo de esa manera.
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#12
Los muchachos llegaron a Coladragón a media tarde, cuando todavía quedaban algunas horas de claridad —pues en Arashi no Kuni, no podía hablarse de luz solar—. El pequeño pueblo pesquero más famoso de toda la costa Oeste de Oonindo ofrecía un ambiente de lo más plácido; casas bajas, construidas para soportar los temporales, calles amplias y poco transitadas, numerosos árboles y demás vegetación que daban un agradable tono verde al ambiente...

El pueblo era tranquilo, a excepción del puerto y la lonja de pescado que todavía estaban muy transitados a aquellas horas de la tarde. Más allá se extendían los amplios y escarpados acantilados que bordeaban toda la costa durante varios kilómetros.

Según la dirección que tenían, la casa del señor To estaba ubicada en el centro del pueblo, donde se acumulaban la mayoría de edificios residenciales. Era una zona especialmente acogedora, con algún que otro parque cubierto para niños y no más de media docena de comercios que surtían a los habitantes de Coladragón de todo tipo de utensilios; alimentos, ropa, medicinas, etc.
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#13
Mientras seguíamos rumbo a Coladragón pude conocer un poco más de mi compañero, al parecer un familiar suyo le instruía, un dato más curioso llamó mi atención, esa persona que le enseñaba había escrito un documento, ¿podría echarle un ojo a aquel libro o Mogura lo guardaría celosamente?

No hice mucho hincapié en ese asunto ya que la conversación tomó un curso natural dirigido a las habilidades del iryonin y las técnicas que cada uno sabía, según me decía Manase manejábamos las mismas, por lo que debíamos estar a la par, ¿no?

El viaje transcurrió de lo más normal y tranquilo, no hubo ningún inconveniente y el clima se tornó de manera favorable; tampoco fue un trayecto tan pesado porque mantuvimos una charla más o menos amena.

Casi al terminar el día llegamos a nuestro destino, era reconfortante saber que llegábamos al pueblo y que en poco tiempo podríamos descansar un poco. —Mogura, ¿exactamente donde debemos ir?— Pregunté mientras buscaba en mi bolso un aperitivo, saqué dos bananas, no sabía sí él quería una o no, simplemente se la ofrecí, debía aceptarla sin rechistar, después de todo era muy cordial a todo, o eso manifestaba.

Disfruté de la fruta mientras tomábamos un breve descanso, aproveché para visualizar el entorno, las casas, las calles y los pocos detalles que mis ojos pudieron captar antes de que mi incógnita tuviese una respuesta. —¿Será que podremos descansar un poco?— Manifesté, aunque sabía perfectamente que mi homólogo no tendría la respuesta, sinceramente no estaba agotado, pero poder relajarnos un poco sería lo mejor.

Terminé de dar el último bocado a la fruta y dejé la cáscara en el bote de basura más cercano. Permití que mi compañero guiase el camino hacia la casa del cliente, el pueblo no parecía ser muy grande así que no debíamos tardar mucho. Vi como fuimos al centro del lugar, la zona residencial se manifestó y recordé las vegetaciones que estaban por los alrededores, realmente era diferente a Amegakure.
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#14
—Mogura, ¿exactamente donde debemos ir?—

Consultó Keisuke, había muchas formas de hacer las cosas desde ese punto. Podrían ir hasta el acantilado y recoger hierba hasta que sus manos estuviesen llenas de callos o podrían ir a preguntar cual es la cantidad precisa.

Reunamonos con To Do-san, es preciso anunciar que venimos a responder su petición. Empecemos por ahí.

Contestó el médico de cabello azabache, imitar el método usado en su anterior misión no le parecía algo malo, pero teniendo la consideración de corregir los errores antes cometidos, como dejar que Keisuke hable primero.

Tomaría la banana y le dedicaría una ligera reverencia a su compañero, un poco de potasio nunca era malo para el cuerpo.

—¿Será que podremos descansar un poco?—

Mogura se limitó a encogerse de hombros. Mientras avanzaban en dirección a la residencia de To Do, prestaba atención a la forma que tenía aquel lugar, distaba muchísimo de lo que era la gran urbe de Amegakure.

«Queda poco para que sea necesario alumbrar el lugar...»

Pensaba mientras echaba un ojo al clima, dudaba un poco de que fuese posible ir a buscar las plantas ese mismo día. Pero si fuese necesario encontraría la manera de hacerlo.
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#15
Los dos médicos caminaron hacia casa del señor To Do. Tomaron una calle amplia que atravesaba todo Coladragón bordeando el puerto, abarrotado incluso a aquellas horas de la tarde. Era más grande de lo que podía esperarse, repleto de embarcaciones que pertenecían a los pescadores del pueblo. La mayoría eran pequeños barcos pesqueros, con capacidad para poco más que seis o siete personas.

¡Esto no puede seguir así!

Las voces llamaron la atención de los ninjas mientras caminaba en dirección al centro del pueblo. Había más de una veintena de hombres y mujeres congregados en torno al embarcadero, sin aparente orden, que discutían unos con otros. Desde la lejanía les llegaban las voces de los mentados, unas más altas que otras.

¡La semana pasada perdí un cargamento entero! ¡Entero! ¡Días de duro trabajo! —protestaba un hombre, de espalda ancha y entrado en años.

A mi marido y a mí nos quitaron diez cajas hasta arriba de especie, ¡esto no hay quien lo aguante! ¡Estamos al borde de la ruina! —respondía otra mujer, de pelo rubio y ojos azules.

En el centro del tumulto, un hombre cuarentón y bien vestido trataba de poner orden y calmar a la multitud, todo a la vez.

¡Vecinos, vecinos! ¡Calma, por favor! —voceó, agitando los brazos—. Soy consciente de que este grave problema nos afecta a todos, ¡pero debemos meditar cuidadosamente la solución!

Hubo otra oleada de gritos, protestas y demandas. El hombre se pasó una mano por el pelo, rubio y peinado hacia atrás, y dijo algo que los médicos no llegaron a escuchar.

¿¡Y la Campeona!? —preguntó el hombre corpulento que había protestado antes—. ¿¡No se suponía que debía velar por nosotros!? ¡Seguro que ha huído del pueblo, menuda cobarde!

Si los shinobi seguían caminando, dejarían atrás aquella peculiar situación y llegarían a la residencia de su cliente en unos cinco minutos. Por otra parte, si se detenían a averiguar más sobre lo que estaba sucediendo allí, probablemente se les hiciese demasiado tarde como para terminar la misión aquel mismo día... Y el señor To Do ya había recalcado la urgencia del asunto. Probablemente no estaría nada contento con un retraso.
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