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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Relajémonos
#76
Daruu le devolvió la mirada y sus ojos se encontraron: púrpura contra castaño, igual de ansiosos, igual de temerosos. Los dedos de él siguieron acariciando su piel con suavidad y ternura, y ella no pudo evitar estremecerse ante el contacto.

Llevamos mucho tiempo juntos —le susurró Daruu—, y no tenemos muchas oportunidades para estar solos. Vivimos en un mundo con muchos riesgos. Cualquier día puede pasar algo.

Eso... no suena muy halagüeño... —respondió ella, con una sonrisa inquieta.

Pero Daruu se acercó aún más a ella, hasta el punto de que sintió la caricia de su respiración en sus mejillas encendidas.

No quiero desperdiciar ni una noche. Yo también estoy asustado, pero... alguna vez tendremos que hacerlo, y... sólo tengo clara una cosa. No hay mejor persona con quien hacer esto que contigo. Te quiero, Ayame.

Te quiero...

Sus labios volvieron a encontrarse, y el agarre de Ayame perdió fuerza hasta que sus dedos simplemente se quedaron rodeando la muñeca de Daruu. Dejó que él la desnudara y ambos quedaron igual de expuestos. Pero cualquier tipo de vergüenza quedó rápidamente eclipsada cuando sus cuerpos reaccionaron juntos. Ayame nunca se había sentido así, con la mente tan nublada como si hubiera entrado en un profundo y peligroso genjutsu del que no deseara salir jamás. La situación escapaba a su control y ya no era su mente la que tenía el control. Era su cuerpo el que actuaba, inconsciente, sus manos acariciando la espalda de Daruu, pidiendo por más.
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#77
Ayame correspondió a sus últimas palabras, y juzgando su inacción, consintió a continuar. Se fundieron entonces en un delirio en el que el tiempo pasaba demasiado lento y demasiado rápido al mismo tiempo. Daruu sintió que el corazón se le aceleraba hasta que pensó que le iba a estallar. Cada vez pensaba más lascivamente en Ayame y eso le parecía mal, pero sentía que si era consciente de ello es que todo... estaba bien. Los muchachos se besaron, se tocaron y se mordieron, abandonando ya por completo todo pensamiento cuyo objetivo estuviese fuera de aquella habitación.

Daruu había fantaseado, como todo adolescente, con aquél momento. Pero ninguna de sus ensoñaciones se habían acercado a una realidad que estaba resultando ser bien distinta. Más torpe, menos utópica —se hicieron daño, se torcieron el pie, se rieron— pero también más mágica. Y llegó un punto en el que ya no le preocupó que algo saliera mal. Habían salido mal muchas cosas. Y no había pasado nada. Porque estaban disfrutando. Él estaba disfrutando, Ayame lo estaba disfrutando, aunque jamás lo hubiese admitido si le hubiese preguntado. Pero lo notaba.

Y eso sólo le hacía perder todavía más el control.

Bebió de sus labios, de su cuerpo y de su pelo, la rodeó varias veces y le arañó la espalda, sediento, hambriento, enamorado.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— Dos, en la habitación de Daruu, cabaña de vacaciones de la familia Amedama, Yachi (Augurio, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 2018)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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#78
Lo que sucedió a continuación quedó enredado en una caótica espiral de niebla y delirio. Ya no había momento para pensar, sus cuerpos eran los que habían tomado el control y se esmeraban en seguir en contacto con el otro. El corazón de Ayame latió desbocado al compás del de Daruu, su respiración agitada y sus suspiros terminados en débiles gemidos se entremezclaron con los suyos y sus manos buscaron con desesperación la piel del otro. Se habían abandonado por completo, en cuerpo y alma, dejándose embriagar por la fórmula del amor que les llevó a ser arrastrados por aquel torbellino, pero ninguno de los dos hizo nada por evitarlo. No deseaban evitarlo.

Y sólo ellos y la luna vigilante en el cielo serían testigos directos de lo que ocurrió aquella noche bajo aquellas sábanas.

Ayame arqueó la espalda en un arrebato, y sorprendió a su aturdido cerebro haciendo una comparación de lo más estúpida en aquellas circunstancias: aquella sensación era muy parecida a cuando perdía el control por Kokuō... pero allí donde sólo había ira primitiva y vapor abrasando su piel, ahora sólo había pasión y fuego inundando sus venas con el aquel placer que la invitaba a suplicar más. Hubo dolor, por supuesto que lo hubo. Y claro que hubieron torpezas. Las primeras veces siempre son dolorosas y torpes, y ningún relato debería mentir al respecto. Pero a Ayame no le importó: el placer que sintió junto a Daruu con cada roce y con cada beso y que la elevó hasta el séptimo cielo fue mucho mayor...

Y cuando se entregaron a la tentación de la carne, completamente rendidos, ella acabó apoyada en el pecho de Daruu, aún respirando agitadamente.

¿Qué hemos hecho...? Voy a necesitar muchas barreras mentales para ocultar esto...
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#79
Con cada movimiento de cintura, el sentido se le perdía más y más. Daruu aprendió muchas cosas aquél día; todas buenas, pero la que más le sorprendió fue que le excitaban más de lo que se habría atrevido a admitir los débiles gemidos de su pareja. Ni la vista ni el tacto hacían tanto como saber que ella estaba disfrutándolo tanto como él. Cada contacto de piel con piel era más placentero que el anterior. Él se esmeró en cada caricia, en cada beso, procurando guardarlo todo en la memoria. Ahora mismo, sólo estaban él y ella, juntos, las sábanas y aquella habitación. Quiso que no acabase nunca...

...y cuando terminó, acabó realmente exhausto.

¿Qué hemos hecho...? Voy a necesitar muchas barreras mentales para ocultar esto...

Daruu se reincorporó en la cama, las manos apoyadas en el colchón y los ojos muy abiertos.

Oh, por Amenokami. ¡Por Amenokami, Ayame! ¡No podremos... no podremos ocultar tanto! ¡Voy a estar pensando en esto durante d...! Quiero decir... —Daruu se esmeró por apartar la mirada y buscar un refugio para ella, pero no lo encontró—. ¿Para ti ha sido tan... bueno?
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— Dos, en la habitación de Daruu, cabaña de vacaciones de la familia Amedama, Yachi (Augurio, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 2018)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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#80
Él se reincorporó, sentándose de repente en la cama, prácticamente arrancando a Ayame, que hasta el momento había estado apoyada sobre su pecho, de su lado.

Oh, por Amenokami —exclamó—. ¡Por Amenokami, Ayame! ¡No podremos... no podremos ocultar tanto! ¡Voy a estar pensando en esto durante d...! Quiero decir... —añadió, tratando de disimularlo. Pero Ayame sabía bien a lo que se refería, y no podía culparle. Ella misma sería incapaz de dejar de pensar en aquello durante días—. ¿Para ti ha sido tan... bueno?

En aquella ocasión fue Ayame la que se sonrojó hasta las orejas y apartó la mirada, avergonzada. Se levantó, y comenzó a recoger la ropa del pijama, que había quedado abandonada en el suelo de cualquier manera.

S... Sí... —respondió al cabo de varios segundos, de forma escueta, mientras se vestía—. Y... ¿Y tú...? Quiero decir...
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#81
Ayame se sonrojó. Nunca había sabido mentir, ni ocultar lo que estaba pensando. Y aunque así fuera, Daruu la había visto, la había oído, la había sentido. Por supuesto que ya conocía la respuesta. Pero quería oírlo de sus labios. La muchacha se había levantado y recogía la ropa a toda prisa. A Daruu le pareció muy mal. No podía dejar de mirarla, además estaba tan suave... quería quedarse dormido junto a ella, así como estaban.

S... Sí... —respondió al cabo de varios segundos, de forma escueta, mientras se vestía—. Y... ¿Y tú...? Quiero decir...

Fue esta vez él quien apartó la mirada y comenzó a vestirse.

Ni siquiera me habría imaginado que mi primera vez sería tan buena... —confesó—. Y estaba muy nervioso pero... ya no tengo miedo. No ha ido mal... Y te quiero y...

Se lanzó de golpe a la cama y se arrebujó entre las sábanas.

¿Vienes? —dijo, asomando su aún más de lo habitual despeinada cocorota y sólo los ojos. Extendió un brazo en horizontal. Invitándola.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— Dos, en la habitación de Daruu, cabaña de vacaciones de la familia Amedama, Yachi (Augurio, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 2018)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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#82
Y, con su pregunta, fue Daruu quien desvió la mirada y comenzó a vestirse. Aquel podía ser perfectamente un concurso de sonrojos.

Ni siquiera me habría imaginado que mi primera vez sería tan buena... —confesó—. Y estaba muy nervioso pero... ya no tengo miedo. No ha ido mal... Y te quiero y...

Para sobresalto de Ayame, Daruu se lanzó de golpe a la cama y se metió entre las sábanas.

¿Vienes? —la invitó, asomando sólo los ojos y extendiendo un brazo hacia ella. Sus cabellos estaban bastante más despeinados que de costumbre, creando varios picos nuevos que se alzaban de forma graciosa.

Y Ayame se acercó, se acurrucó bajo las sábanas y en aquella ocasión no le dio la espalda. Más relajada que antes, se permitió la confianza de apoyarse en su pecho. El sonido de los latidos de su corazón resultaban extrañamente relajantes, como el tic tac de un reloj...

Y, hablando de relojes...

Daruu-kun... —dijo, entornando ligeramente los ojos, con las pupilas clavadas en el reloj que había sobre la mesita de noche del lado del muchacho—. Ya son más de las doce, ya es "mañana" —le tentó, tirándole de la lengua.
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#83
Ayame se acercó y se tumbó con él, acurrucándose en su pecho. Daruu sintió el rubor subiéndole por las mejillas y la apretó contra él. Suspiró, relajándose como nunca antes lo había hecho. Su olor, otrora excitante, resultaba ahora un sedante dulce como el aroma que las flores utilizan para atraer a... a... bueno, a esos bichos cabrones que no quiero mencionar.

Pero Ayame todavía no había pensado dejar de sorprenderle.

Daruu-kun... —dijo, entornando ligeramente los ojos, con las pupilas clavadas en el reloj que había sobre la mesita de noche del lado del muchacho—. Ya son más de las doce, ya es "mañana" —le tentó, tirándole de la lengua.

Daruu chasqueó la lengua.

¡La madre que te parió! ¡Dijimos que hoy no hablaríamos más de cosas de ninja! ¡Y me da igual lo que digas, "mañana" para mi es cuando me despierto al día siguiente no aho...! —Daruu observó a Ayame. Sus ojos de color avellana parecían más grandes que nunca. Con las manos acurrucadas en su pecho, le observaba con una sonrisa irresistible. Él apartó la mirada, incómodo—. ¡Aagggh! Está bien... está bien.

»Cuando mi madre perdió los ojos, tú le enseñaste una técnica que le cambió la vida. Hablo de tu ecolocación, claro. A partir de entonces volvió... a ser ella misma. Le permitió seguir horneando, aunque fuese en casa. Desenvolverse en el día a día. La ayudaste muchísimo, Ayame. Y yo pensé que era genial que el Ninjutsu sirviese para ayudar así a los seres queridos...

»Luego, cuando los Generales te interceptaron y estuviste tanto tiempo en el calabozo con el sello revertido... no pude dejar de pensar, contínuamente, en qué habría pasado si tú también hubieses conocido una técnica suya... podrías haber salido de allí en un instante. Podrías haber huído. Podrías haberte librado de todo este calvario, Ayame. Y pensé que entre compañeros, tanto secretismo con las técnicas es inútil. Podemos ayudarnos, como tú hiciste con mi madre.

Hubieron unos segundos de silencio.

»Te enseñaré el Chiishio Kuchiyose, Ayame. Así no tendrás que tener miedo cada vez que salgas de la aldea. Estarás siempre a unos breves segundos de volver a tu casa, sana y salva, con tu familia... o conmigo. Siempre.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
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#84
¡La madre que te parió! —protestó. chasqueando la lengua—. ¡Dijimos que hoy no hablaríamos más de cosas de ninja! ¡Y me da igual lo que digas, "mañana" para mi es cuando me despierto al día siguiente no aho...!

Pero Daruu tuvo que interrumpirse a mitad de frase, cuando Ayame volvió la cabeza hacia él y le miró con ojos grandes, penetrantes y brillantes como los de un cachorrito.

¡Aagggh! Está bien... está bien —accedió finalmente, apartando la mirada.

Y ella esbozó una radiante sonrisa, sabiéndose victoriosa. Había veces que no necesitaba hacer uso de sus ilusiones para que Daruu accediera a sus deseos. Una pequeño puchero, una simple mirada, y era suyo para que comiera en la palma de su mano.

Cuando mi madre perdió los ojos, tú le enseñaste una técnica que le cambió la vida. Hablo de tu ecolocación, claro —comenzó a explicar, y ella le escuchó con atención—. A partir de entonces volvió... a ser ella misma. Le permitió seguir horneando, aunque fuese en casa. Desenvolverse en el día a día. La ayudaste muchísimo, Ayame. Y yo pensé que era genial que el Ninjutsu sirviese para ayudar así a los seres queridos...

No fue para tanto... —dijo ella, con las mejillas arreboladas—. Quería ayudarla de alguna manera, y fue lo único que se me ocurrió.

Pero él no había terminado de hablar.

Luego, cuando los Generales te interceptaron y estuviste tanto tiempo en el calabozo con el sello revertido... no pude dejar de pensar, continuamente, en qué habría pasado si tú también hubieses conocido una técnica suya... podrías haber salido de allí en un instante. Podrías haber huido. Podrías haberte librado de todo este calvario, Ayame. Y pensé que entre compañeros, tanto secretismo con las técnicas es inútil. Podemos ayudarnos, como tú hiciste con mi madre —Daruu hizo una pausa de varios segundos, y Ayame le miró con la cabeza ladeada. ¿Acaso estaba sugiriendo...?—. Te enseñaré el Chiishio Kuchiyose, Ayame. Así no tendrás que tener miedo cada vez que salgas de la aldea. Estarás siempre a unos breves segundos de volver a tu casa, sana y salva, con tu familia... o conmigo. Siempre.

La revelación cayó sobre ella como un pesado mazo. Ayame se quedó boquiabierta, sin saber muy bien qué decir, qué pensar o como reaccionar. Y se quedó así durante varios largos segundos, absolutamente petrificada.

D... ¿De verdad? Pero... ¿Estás seguro de querer enseñarme una técnica tan importante para vosotros? —balbuceó, con un débil hilo de voz—. Además, conociendo su poder... puede que ni eso fuera suficiente. ¡Yo intenté huir! Pero mis alas de agua no sirvieron... Me abatió en el aire con un solo golpe...
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