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Estamos en Entretiempo, Otoño del año 217.
Últimos rumores: Durante el mes de Augurio la situación política de Oonindo dio una sacudida que casi causa una guerra. Uzumaki Gouna, la Cuarta Uzukage, murió durante una reunión de los tres líderes de las aldeas más importantes en Kusagakure. Ame acusó a Kusa, y Kusa acusó a Ame. Durante la mayor parte del mes, se creó un rencor entre los ninjas de ambas potencias al que finalmente puso fin la propia Uzushiogakure. Zoku, un traidor a la villa, se había hecho con el poder y asesinado a Gouna intentando inculpar a las otras dos aldeas. El orden fue restablecido por el Daimyo de la Espiral, y Uzushio emitió una disculpa pública. Circula el rumor de que Zoku selló a un bijuu en dos genin, pero sólo los uzujin conocen su identidad. Sólo se conoce que se hacen llamar los Hermanos del Desierto.

Uzushiogakure: el nuevo mandato de Sarutobi Hanabi como Quinto Uzukage legítimo ha sido recibido con los brazos abiertos, pero hay un sentimiento generalizado de temor a un nuevo cambio de líder. Sin embargo, la gestión de la aldea se está produciendo como debería, así que hay esperanza colectiva en que esta vez todo vaya bien. La relación con las demás aldeas se mantiene neutral, pero, sintiéndose debilitados, los shinobi consideran que tal vez podrían llegar a ser una amenaza, de modo que hay cierto clima de desconfianza hacia Kusagakure y Amegakure, al mismo tiempo de que todos saben que la culpa de todo la han tenido ellos mismos.

Kusagakure y Amegakure: la noticia de que la propia Uzushiogakure había sido la causante de la muerte de su propia líder fue recibida con algo de alivio, aunque inevitablemente algo de rencor, aunque sea muy ligero, ha penetrado en los shinobi de ambas aldeas para con las otras. Hacia una porque creían que habían traicionado al Pacto y hacia la otra porque la inestabilidad de su liderazgo les causa desconfianza, escépticos de que este nuevo líder no sea otro peligro.
(S) Los hilos del mundo: segundo hilo
—Uuuh, chicos. Desde luego, no tenéis muy buen aspecto.

—Déjalos, Rai-kun. Han debido de pasar una mala noche. Matar a alguien nunca es agradable.

Los hombres abrieron la puerta y al fin pudieron salir a la calle. Caminaron por un camino bien conocido, aunque habían pasado tantas cosas que sin duda la aldea casi parecería otro mundo. Todo estaba en silencio, como si la gente, a pesar de no tener un líder claro, hubiera decidido quedarse en casa, tranquila, y dormir hasta que toda aquella pesadilla hubiera pasado.

—Hemos dejado correr la voz —dijo Raimyogan— de que el Señor Feudal está vivo y va a coronar al Quinto Uzukage legítimo.

—Él, Hanabi y Chae se han pasado toda la noche sin dormir, buscando shinobi por la calle para darles la noticia y, como una marea, ir uniendo a todos los que pudieran e ir construyendo un espíritu colectivo de grupo; evitar altercados, todo eso. Menos mal que tenemos a Rasen-sama para poner orden: me temo que no hubieran reconocido a Hanabi de otra forma.

—Hanabi es un buen tipo, pero nació de una familia pobre, y en esta aldea, tradicionalmente, se han tomado los linajes muy en serio. Una lástima, una lástima. Los viejos siempre han hecho correr la voz de que Hanabi es un shinobi temperamental que no sabe controlarse.

—Gouna-chan era más temperamental que él, yo creo. Y aún así, con ella no tuvieron tantas pegas. Era la hija de Shiona. Una cara conocida.

Los cuatro cruzaron el puente de madera, y se adentraron en el Edificio del Uzukage.

—Rasen-sama y Hanabi han reestablecido también el Consejo de Sabios. Zoku... mató a todos los ancianos, de su propio clan. No sé cómo pudo ser capaz. Todos les respetaban.

—Se ha elegido por consenso con el clan Uzumaki, claro. Los de más edad y experiencia tenían.

Subieron las escaleras. Subieron todos los pisos, incluso por encima del que albergaba el despacho del líder de la aldea. Subieron hasta la azotea. Y allí estaban Hanabi y Rasen, esperando, asomados al balcón de enfrente.

—Ah, llegasteis. —El Daimyo se dio la vuelta y les saludó con una sonrisa amable—. Venid. Pronto llegará la gente.
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«Si sólo hubiese sido "matar a alguien"», se lamentó el Uchiha cuando los jounin comentaron sobre el paupérrimo estado de forma de ambos muchachos.

Akame se limitó a seguirlos de forma idéntica a como lo hacía su compañero, moviéndose casi por pura inercia y con la vista baja en los adoquines blancos de la calle. Poco a poco el paisaje fue cambiando y el Uchiha reconoció el característico puente de madera que se alzaba sobre las bravas aguas del río, frente a ellos. Iban camino del Edificio del Uzukage. Mientras Chae y Raimyogan hablaban, poniéndoles al día de los últimos sucesos, Akame no podía parar de pensar en aquellas pesadillas... Y en el hambre que tenía. «Joder, sí que debe estar la cosa cortita. Ni un café nos han ofrecido...»

Lo que vino después fue una auténtica tortura. Escaleras repletas de escalones —como cabía esperar—, y más escalones, y más escalones. El pobre Uchiha, insomne y hambriento, creyó que se le iba a salir un pulmón por la boca en más de una ocasión. Cuando llegaron arriba estaba tan mareado que tuvo que apoyarse en su Hermano para no caer al suelo. Eso sí, el gesto quedó genial como metáfora de su camaradería.

Al salir a la azotea, el aire frío de casi Invierno le golpeó en el rostro con contundencia; Akame lo agradeció, porque fue tan refrescante que creyó que hacía años que no respiraba de esa manera. Allí estaban el Daimyō y el futuro Godaime Uzukage. El gennin saludó a ambos con la mejor reverencia que fue capaz de realizar en su pobre estado.

Takaku-sama, Sarutobi-sama —dijo, con un hilo de voz.
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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«Ojalá hubiese sido una mala noche», pensó el Uchiha, ante el comentario de Raimyogan. Pero aquella frase se quedaba demasiado corta para lo que realmente había sido. Sin embargo, no dijo nada. Lo último que le apetecía era hablar sobre ello.

Siguió a los dos jounnins por las calles de la Aldea, desierta, como si lo acontecido el día anterior hubiese sido tan solo una pesadilla. Por el camino, Datsue se preguntó cómo habría sido el sueño de Akame. ¿Qué tormentos le habían perseguido a él? ¿A quiénes había tenido que matar? Pronto, sin embargo, se vio obligado a interrumpir sus pensamientos. Raimyogan y Katsudon les pusieron al tanto de las pocas novedades que se habían producido a lo largo de la noche. Los pasos necesarios para una transición pacífica se habían dado, y todo parecía estar yendo bien. Incluso se había reestablecido el Consejo de Sabios, después de que Zoku, para hacerse con el poder, los aniquilara. Quizá debió sentir pena por ellos, pero Datsue ya se sentía demasiado desbordado, como para aún por encima lamentarse por algo más. Además, realmente nunca los había llegado a conocer.

Finalmente, el camino se transformó en escaleras, y aquello se complicó. Hacía tan solo dos días, el Uchiha hubiese reído ante tal minúsculo desafío, saltando de tres en tres los escalones hasta llegar a la cima. Pero no aquel día. Aquel día se sentía demasiado débil, cansado y agotado. ¡Ni siquiera le habían ofrecido algo de comer para llenar el vacío que tenía en el estómago!

Así que le tocó luchar. Cada escalón fue para él como una batalla, a cada cuál más pesada y dura. Le ardieron los músculos de las piernas, y se encontró ya resollando a medio camino. Cuando al fin llegó arriba, ni siquiera tuvo fuerzas para apartar la mano de Akame, cuando el muy caradura apoyó su peso en él.

Buenos días —se obligó a decir, tras hacer una reverencia desgarbada. Al igual que su compañero, se vio sin fuerzas para hacerla debidamente.
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Un Uchiha no olvida

Objetivos:

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Posibles Aliados:

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Les instaron a que les acompañasen a la barandilla. Desde allí, se podía ver toda la aldea: desde el riachuelo que separaba el Edificio del Uzukage del resto, hasta toda la extensión del Parque de los Cerezos, y mucho más allá: las Costas del Remolino, las murallas de la aldea, bastante extensión de las Planicies del Silencio...

—Espero que podamos volver a ser una familia —dijo Hanabi, distraído.

—Seguro que sí. Quizás haya malentendidos. Quizás la transición sea dura. O quizás no, quien sabe. En cualquier caso, ya has oído a los Hermanos del Desierto, jeje...

»Tolerancia y sinceridad. Hermandad y honor. Esas son las cualidades que distinguen a nuestro país de otros. Y las que todo el mundo añora.

Poco a poco, la plaza se fue llenando de gente. Ellos se retiraron a un segundo plano, lo justo para que no se les viera. De vez en cuando, alguien asomaba la cabeza un momento para comprobar la cantidad de personas. Finalmente, Katsudon les dio la señal, y, junto a Rasen y Hanabi, salieron al balcón. Un chunin se acercó y le entregó un micrófono al Daimyo.

Era increíble. Con la inestabilidad política, los habitantes de la aldea estaban deseando que alguien pusiera orden, y al escuchar sobre el regreso del Señor Feudal, estaban esperanzados: eso se traducía en que la plaza no había estado tan abarrotada ni cuando a Gouna la hicieron kage.

—Amigos. Amigas —anunció Rasen—. La breve estancia de Zoku nos ha dejado una aldea sumida en el caos, tras una traición vil y temeraria.

»Sin embargo, empezaré diciendo desde ya que no se perseguirá a nadie por seguir a uno u a otro. Da igual si fuisteis partidarios de Zoku de Gouna, de quien sea. Ahora volvéis a ser ninjas de Uzushio. Y me complace anunciaros que el Consejo de Sabios ha sido restaurado.

»Para esta nueva era, he elegido un candidato para Uzukage. Quiero que le apoyéis, y que intentéis darle una oportunidad. Sé que no pertenece a ninguna familia de renombre, pero Zoku sí lo hacía, ¡y no ha salido bien! Estoy seguro que si Shiona pudiese vernos, lo que querría es que se restableciera el orden.

»Ese candidato es Sarutobi Hanabi.


Hanabi se adelantó, después de tragar saliva, evidentemente nervioso.

—Prometo servir a Uzushiogakure y a todos sus habitantes, tomar ejemplo de lo que aprendí de Shiona-sama. Creo que todos deberíamos tomar ejemplo. Sé que se dice de mí que soy irreflexivo y que me dejo llevar por las emociones, pero os aseguro que por encima de todo eso soy capaz de escuchar y entender, y creo que no hay mayor bondad en un líder que la de saber atender a sus shinobi y comprenderlos, siempre que sea posible.

»Lo primero que haremos será notificar a las otras dos aldeas para contarles la verdad. Si es necesario, me reuniré con sus líderes para discutir en persona lo sucedido.

»Después, restableceremos el orden en la aldea. Esto lo haremos desde el momento en que salgan los pájaros hacia Kusagakure y Amegakure. Si me aceptáis, podéis respirar tranquilos, porque velaré por el bien de todos, por la recostrucción de todos los daños y por el futuro.


Hubo aplausos. Quizás no el número ideal de aplausos, pero sí un número por encima del que esperaban. La gente era reacia a los cambios. Habían tenido demasiados cambios. Hanabi hizo una reverencia, aceptando la parte que le tocaba, y dio dos pasos atrás.

—Me gustaría hacer una mención de honor —dijo Rasen—. a estos dos shinobi. Uchiha Akame y Uchiha Datsue, que Zoku convirtió en jinchuuriki y pretendió utilizar como un arma.

La plaza ahogó un grito. Cuchicheos. Rasen arrugó la nariz, e instó a los Uchiha a que se pusieran a cada uno de sus flancos.

—Pero ellos se rebelaron. Y en un descuido, consiguieron acabar con el traidor. ¡Ellos sólos! A partir de hoy serán conocidos como los Hermanos del Desierto, Guardianes del Ichibi. Debedles el máximo respeto.

Hubo aplausos. Pero muchos menos. Muchos, muchos menos.

—Eso es todo. Espero que esta nueva era sea larga como lo fue la de Shiona. Y espero que tan pacífica y próspera, también.

Los murmullos se elevaron hasta un punto en el que se convirtieron en el runrún de una cafetería. Sólo que la cafetería medía cientos de metros y tenía una afluencia de miles de personas.

—Bueno, ya está hecho —suspiró Rasen, ya sin micro—. Espero que no os arrepintáis de la decisión de contar la verdad, chicos. Creo que algunos lo agradecerán, pero también que otros os van a tener miedo. Incluso puede que os rechacen.

—Haríais bien en salir de aquí discretamente y volver a casa hasta que todo se calme. Puede que la aldea tarde un tiempo en volver a la normalidad.
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Ya desde su posición Akame era capaz de escuchar el tenue rumor de los asistentes que se iban congregando, poco a poco, en la plaza. No pudo evitar pensar en cuando él mismo estuvo allí abajo, junto a los demás ciudadanos y ninjas, observando la fallida coronación de Yakisoba. Recordó cómo Gouna había entrado en escena asesinando al doble de Zoku; cómo el Akimichi le había cedido, sin rechistar, el sombrero.

«Aquello fue un esperpento vergonzoso, un mal presagio de los tiempos oscuros que estaban por venir...»

En ese momento, rezó a todos los dioses que conocía para que aquella toma de posesión fuese todo lo contrario a la última.

Cuando el ruido de la multitud expectante fue demasiado evidente y abrumador como para esperar más, el hijo del difunto Yakisoba les dio la señal para que se asomasen al balcón. Akame se dio cuenta en ese momento de que le estaban temblando las piernas; «será por la altura, seguro», pensó. Aunque él nunca había tenido vértigo.

Al asomarse por la barandilla y ver tantísima gente allí abajo, con sus miradas puestas en ellos, sintió unas naúseas tremendas. Era una sensación abrumadora, distinta a cualquier otra que hubiese experimentado hasta la fecha. Era el peso de toda Uzushiogakure cayendo sobre los hombros de ellos cuatro —el Daimyō, el Uzukage y los dos jinchuuriki—. Incapaz de hacer otra cosa, Akame se limitó a quedarse allí plantado escuchando los discursos tanto de Rasen como de Hanabi.

«Al menos el mensaje es conciliador», pensó el Uchiha, que ya se había hartado de intrigas políticas, traiciones y persecuciones.

Cuando el Señor Feudal les mencionó, Akame dio un tembloroso paso al frente. Pese a la barandilla, sentía que si se acercaba un milímetro más al borde caería al fondo de aquella multitud... Tal y como en sus pesadillas una turba furiosa le rodease para lincharle públicamente.

Luego la rápida y discreta toma de posesión terminó, y Hanabi les dio un valioso consejo. A Akame no iba a hacer falta decírselo dos veces; agarró a Datsue del brazo y trató de arrastrarlo fuera de aquella azotea.

Vámonos, Datsue-kun. Estoy hambriento...

Se sentía sumamente extraño, cansado y ausente. Como si todo no fuese más que una continuación de sus pesadillas. Aquello difería demasiado de la idea que los Hermanos del Desierto se habían hecho de su propia proclamación como héroes de Uzu.
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Como la marea cuando sube, la plaza se fue llenando poco a poco de gente. Venían en grupos pequeños, de forma fluida y continua, hasta que llegado a cierto punto ya no cabía ni un alfiler. Datsue, como su compañero Akame, el Uzukage y el Daimyo, los contemplaba desde arriba, como haría Amateratsu con sus fieles. Sin embargo, pese a que en otro momento se hubiese sentido importante y poderoso, en aquel instante no pudo sentir más que nervios. No paraba de cambiar el peso del cuerpo de una pierna a otra, preguntándose si la pesadilla se convertiría en realidad. La pesadilla en la que todo el pueblo le acusaba de traidor, y le empujaba, le golpeaba, le arrancaba los ojos…

«Tranquilo, compañero. Eres un héroe. No me explico cómo lo conseguiste, pero lo eres. Empieza a actuar como tal»

A veces, una cosa era pensar algo, y otra muy distinta llegar a hacerlo. En aquel caso, sin embargo, disimuló bastante bien: echó los hombros hacia atrás; elevó la barbilla; y adoptó una postura marcial. Como además sabía que no era el centro de atención, pudo sobrellevar el discurso bastante bien. El Daimyo era un hombre que hablaba con claridad, con un mensaje directo pero pacífico, en el que no excluía a nadie, sino que intentaba hacer grupo. El nuevo Uzukage, por otra parte, transmitía seguridad y sinceridad, además de dejar entrever que los siguientes pasos de la Aldea estaban bien planificados, y que no habría lugar a la improvisación. Datsue echó en falta algo más de pasión por parte de ambos, esa misma pasión que Gouna había derrochado en cada gesto que hacía. Pero no se podía tener todo.

Entonces…

—Me gustaría hacer una mención de honor, a estos dos shinobi. Uchiha Akame y Uchiha Datsue, que Zoku convirtió en jinchuuriki y pretendió utilizar como un arma.

Tragó saliva, mientras se posicionaba a un lado del Daimyo. Tenía miedo de que le gente les chillase. De que les insultasen. De que les acusasen de traición. Nada de eso sucedió, pero lo que pasó tampoco fue mucho mejor. Tan solo rechazo, y un escueto aplauso desanimado, que le provocó un sabor agridulce en la boca. De la nada, como una chispa al prenderse, su miedo se convirtió en rabia.

¿Cómo era posible que no les aplaudiesen? ¿Qué no les alabasen? ¿Qué no besasen el suelo que pisaban? ¡Eran unos héroes! ¡Los salvadores de Uzu! ¿Y así se lo agradecían? De haber sido un ninja intrépido, le hubiese arrebatado el micrófono al Daimyo y hubiese dicho unas cuantas palabras. Pero no lo era, solo se hacía llamar así. Por eso, en su lugar, se mantuvo en silencio con una expresión contrariada, hasta que el Daimyo dio el discurso por terminado.

—Espero que no os arrepintáis de la decisión de contar la verdad, chicos —dijo, ya sin micro—. Creo que algunos lo agradecerán, pero también que otros os van a tener miedo. Incluso puede que os rechacen.

Estaba empezando a comprobar que así era. Por desgracia, su compañero Akame había tenido razón en aquello. Seguidamente, Hanabi les recomendó salir discretamente, y Akame se apresuró en agarrarle para llevarle con él. Datsue se dejó hacer.

Me hubiese gustado decir unas palabras —murmuró, apenado, a su hermano. Luego, se encogió de hombros. Quizá fuese mejor así.

Abatido por el recibimiento, el Uchiha se fue de allí con los hombros caídos y la mirada baja. Habían desafiado a un Kage. Habían ejecutado a un traidor y opresor —luego de haberle reído las gracias, cierto—. Se habían convertido en los Hermanos del Desierto. Pero, por desgracia...

«...no en los Hermanos de la Espiral»
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Un Uchiha no olvida

Objetivos:

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Posibles Aliados:

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Y, sin embargo, antes de que se alejaran, Hanabi apoyó las manos en sus hombros y les hizo voltearse una última vez.

—Oíd, chicos. Pese a que ha acabado siendo una cosa bastante distinta —dijo—,
me consta que cuando os fuisteis con Gouna estábais en cumplimiento de una misión.

»Pasáos mañana a primera hora, y os daré la debida remuneración. Y ahora, descansad, muchachos...

No pidáis experiencia, la reparto yo directamente por aquí.

Obtenéis 8 puntos cada uno, y 2000 ryos.

Yo obtengo 5 puntos (0.5 * 8 + 1 base) por master en mis huecos de master oficial, y nada de dinero.

Bien, la trama ha acabado, habéis ganado unas cuantas cosas. Para empezar, el medio bijuu. Ya que podéis hacerlo vosotros mismos, será mejor que os añadáis las habilidades correspondientes.

Además, obtenéis el defecto Pesadillas. Ya sabéis qué tipo de pesadilla es la que váis a soñar. Os la he roleado antes.

Obtenéis además el siguiente botín:

¤ Buena fama / Mala fama (botín)
Mientras estés en Uzushiogakure, puedes tener buena fama por pertenecer al dúo de Hermanos del Desierto, ser considerado un guardián del bijuu y un héroe que libró a la aldea del yugo de Zoku. Pero también, con otras personas, puedes tener mala fama por albergar un monstruo en tu interior, por haber entrado con Zoku en la aldea después de que matase a Gouna, o simplemente por ser un jinchuuriki creado por el antiguo mandatario.

Agradecería que tanto el defecto Pesadillas como este botín os lo pusiérais vosotros en Méritos y Defectos Guiño. El botín en méritos, aunque no es ni bueno ni malo.
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