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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Sobre el fino hielo
#1
Augurio. Otoño del 218

Como cualquier mañana, Ryuko se había quedado despierta hasta tarde, y su maestro Oda tuvo que ocuparse de todo el desayuno. El olor de la cocina finalmente la despertó, y bajo las escaleras hasta llegar a la cocina bostezando, Ryuko se dispuso en la mesa, pero quedo extrañada por la poca comida que había sobre esta. Por un momento pensaba que estaba todavía atolondrada del sueño, pero varias bolsas de tela al lado de su maestro, la sacaron de esa primera hipótesis.

¿Y eso? ¿Vamos a algún lado? — Preguntó para poco después llevarse una tostada a la boca.

¿Alguna vez has visto un samurai de cerca? — Respondió con otra pregunta. Los ojos de Ryuko se abrieron entonces como platos llenos de ilusión, todo el cansancio había desaparecido en tan solo un instante.

¡Se trataba de un viaje al mismísimo País del Hierro! Estaba tan sobresaltada por el viaje que hasta paso por alto el preguntarle de que se trataba este repentino viaje. Y también, olvidó los zapatos. Dos veces.

La travesía seria larga y tal vez aburrida, pero eso poco importaba a la joven. Oda le insistió en que seguramente no verían alguno, aunque el viaje fuese al país de los samurais, se trataba de una pequeña comarca alejada de los núcleos principales, por lo que las probabilidades de ver uno, eran bastante bajas. "¡Pero la posibilidad esta ahí! ¡¿Verdad?!" repetía una y otra vez la joven sin cesar. El viaje en barco era apacible, ni una nube a la vista, y el mal estaba bastante tranquilo. Oda decidió disfrutar esto leyendo un viejo libro sentado en un largo banco sobre la cubierta, pero por su parte, la kunoichi no paró quieta ni un instante.

Tampoco había viajado antes en barco.
[Imagen: ForthrightLividAntelopegroundsquirrel.gif]

Allí donde debían bastar los poros de la tierra,
seres que solo debían arrastrarse han aprendido a caminar.


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#2
Cuando quieres a alguien con todo tu corazón, eres capaz de realizar las mejores hazañas o de cometer las peores locuras por esa o por esas personas. En mi caso, yo quería demasiado a mis padres, y por eso me sucedían las cosas que me sucedían. Básicamente, no podía negarme a ayudar a las personas que habían trabajado para que yo tuviera una vida decente y cómoda. Y por eso, estaba allí, en un puto paramo helado. ¿Pero a quien narices se le ocurría vivir en un lugar como aquel?

Mejor empiezo desde el principio. Unos cuantos días atrás en el tiempo estaba entrenando en el dojo de casa cuando entró mi madre a buscarme para decirme que cuando terminara mi entrenamiento fuese a ver a mi padre, que tenia una tarea para mí. Así que eso hice, terminé el entrenamiento, y tras asearme, fuí a ver mi padre.

Buenos días padre, mama me ha dicho que tenias una tarea para mí

Mi padre, que estaba atareando llenando un saco, que yo supuse que seria parte de mi tarea, se giró al escucharme y me miró mientras sujetaba en su mano ¿una bota con una cuchilla en la planta…?

Tienes que llevar estos al país del hierro

¿Qué es eso?

¿Y por que narices tenia una cuchilla en la suela de la bota? ¿Qué clase de locura se le había ocurrido a mi padre? O… ¿Qué clase de locura se les había ocurrido a la gente del país del Hierro? Acaso… ¿acaso los samuráis andaban sobre filos? No, eso no tenia sentido, los samuráis jamás comprarían una espada a un herrero de una villa shinobi, por muy bueno que fuera… Hasta ese punto llegaba su odio.

Patines, son para patinar sobre el hielo, tienes que llevarlos a un pueblecito que hay en el bosque

Claro, sin problema, haré como dices.

Y así fue como se inició mi extraña aventura en el país nevado del hierro. ¿Por qué no lo llamaban país del invierno eterno? Quedaba más épico, pero sobre todo, quedaba más realista. O mejor, País del maldito frió. De cualquier forma, aquellos "patines" seguían pareciéndome de las cosas mas absurdas que había visto nunca.
"The thing is, when you save a person's life, it means that you won't be able to save someone else's."
——————————————-
"People die if they are killed.Because you are correct it doesn't mean you are right."
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#3
Pese a que el mar estaba en calma, para suerte de Oda quien estaba comenzando a molestarse por la ilusión de Ryuko, esta comenzó a marearse tras haber estado correteando casi durante la mitad del viaje. Por el final del viaje fue mas tranquilo, Oda pudo continuar leyendo su libro, el resto de pasajeros dejaron de mirarle mal por como se comportaba la kunoichi, y Ryuko se dedico a vomitar por la borda todo el desayuno.

Tras desembarcar, un pequeño carromato les esperaba a ambos, subieron sus pertenencias y Oda subió a Ryuko como si de un saco de patatas se tratase, dejándola caer bruscamente. El golpe hizo que se le revolvieran nuevamente las tripas, así que mientras el conductor comenzaba la marcha, Ryuko siguió devolviendo comida, hasta acabar dando solo arcadas.

Que te sirva de lección. No me parto el lomo enseñándote unos buenos modales para que a la primera de cambio, te comportes como si tuvieras 5 años. — Oda se cruzó de brazos y se acomodó entre dos bolsas de tela bastante molesto por el espectáculo que había dado su aprendiz.

C-Caballero... ¿Seguro que la chica esta bien? — preguntó con preocupación en la voz el cochero.

¡Ni se te ocurra preocuparte por ella, siempre igual! No se ni porque me esfuerzo en que conozcas mundo — añadió junto a una leve patada en el trasero de Ryuko.

Esta ni se quejo, estaba tan concentrada en no querer devolver el propio aire del estomago, que ignoro los reproches de su maestro.
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#4
A pesar del frió que hacía en aquel lugar, logré llegar a mi destino después de un largo viaje. Cuandó pise el pueblo ya era medio día, y cuando llegue al lugar donde tenia que entregar los "Patines", que así había llamado mi padre a aquel artilugio cuando le pregunté, el sitio estaba cerrado por que el dueño había salido a comer.

Aproveché para buscarme una taberna en la que pasar la noche y comer algo calentito, pues no pensaba salir de allí por la noche, el siguiente pueblo de vuelta a casa quedaba bien lejos, y aquel bosque no me parecía el mejor lugar para pasar una noche fría en solitario.

Encontré un lugar que parecía bastante decente, aunque que se llamara "El caballo congelado" no inspiraba mucha confianza, luego por dentro parecía acogedor y calentito. Ademas, había unas cuantas personas allí sentadas comiendo, quizás lugareños, quizás otros viajeros de paso.

Buenas Tardes, ¿Tiene una habitación libre para pasar la noche?

Buenas, si tenemos habitaciones libres, siéntate a comer algo mientras te preparan una

Claro, no hay problema, esperaré. Me gustaria Tomar una sopa y un té para beber.

Marchando.

Al menos, la gente parecía maja por aquel lugar. Al menos esa era la impresión que me había dado aquel tipo, pero claro, una persona no representaba a todo el pueblo, pero por lo presente, la gente no parecía problemática.
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#5
Tosca y con poco tacto; Oda descargo sus pertenencias, las de Ryuko y a la propia Ryuko echándosela por encima del hombro como si se tratase de un saco de patatas. El piloto había sido tan amable de dejarles en la puerta del hotel debido al estado de la joven.

No se preocupe por mí, no es ninguna molestia — añadió una vez todo estaba descargado, mientras observaba como Oda parecía buscar algo de dinero extra.

Quédeselo igualmente como un añadido. Me sabría mal si no lo aceptase — replicó Oda extendiéndole algún billete demás. Ya había recuperado su rostro de pocos amigos, frío y habitual. Por lo que el conductor, decidió aceptarlo con un breve titubeo para después asentir en señal de agradecimiento.

Acto seguido, este se marchó; y Oda entro en el establecimiento cargando con las maletas y el lastre de su hija adoptiva. La puerta se corrió a un lado sola, un muchacho se ocupaba de abrirla.

Disculpe, quería una habitaci- — y antes de acabar la frase, Ryuko vomitó. —- Que sean dos... — masculló al final, soltando a Ryuko apartándola un poco a su lado.

Tal era el desequilibrio estomacal la joven, que esta siguió con arcadas y vomitando hasta poco después de que estos terminaran de instalarse en sus correspondientes habitaciones. Oda con mas enfado que preocupación, entró en la habitación de Ryuko una vez terminó de desempaquetar sus cosas; nada mas abrir la puerta de su habitación, los sonidos de arcadas le devolvieron a su mente el hedor que había dejado en sus botas.
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#6
La sopa y el té me ayudaron a calentar el cuerpo, pero ademas, la posada disponia de unos baños con agua calienta, que ya que había pagado aproveche. Los baños eran de dominio publico, por lo que el tatuaje de mi brazo llamó la atención, aunque nadie dijo nada. Aunque a veces las miradas decían mucho mas que las palabras. Aun así, ya estaba acostumbrado a ese tipo de cosas. Cuando terminé, me acosté esperando un nuevo día.

Por costumbré, me desperté temprano listo para entrenar, pero claro, si algo le faltaba al "Caballo congelado" era un dojo en el hotel. Eso, y que aunque llevaba encima mis armas, no tenia un bokken para entrenar. Hice lo que pude dentro de la habitación. Quizás no podía entrenar con la espada, pero si podía hacer algunas flexiones o abdominales. Cuando creí que había sido suficiente, paré. Entre la ducha que me dí después y el tiempo que hice desayunando, el sitio en el que tenia que entregar los patines ya debía estar abierto.

Tal y como pensaba, cuando llegué, el sitio estaba ya en marcha. En el mostrador había una chica de no mas de veinte años, al menos en apariencia. Tenia el pelo rubio, casi tan blanco como la nieve y los ojos de un azul tan claro como el cielo despejado. No era alta ni bajita, mas o menos de mi altura, teniendo en cuenta que yo era mas alto de lo normal. Quitando los característicos colores de su pelo y sus ojos, a simple vista, era una chica normal.

Buenos días —Saludé —Vengo a entregar unos patines de parte de la herrería Sasaki

Buenos días —Respondió con una sonrisa —Estábamos esperando el pedido, muchas gracias por traerlo hasta aquí.

No es necesario que me las des, es mi deber hacer esto —Ademas, aproveche la ocasión para saciar mi curiosidad —Disculpa ignorancia, pero... ¿Puedo preguntar para que los usáis?

¡Claro! —Respondió ilusionada —Los usamos para patinar sobre el hielo, pero si quieres, mas que decírtelo con palabras, te lo puedo enseñar. ¿Quieres verlo?

La chica parecía muy ilusionada con la idea.
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#7
Tras observar la exhibición de su alumna en la habitación contigua, concluyo que lo mejor era dejarla reposar hasta el día siguiente, a la espera de que tampoco intentara hacer ninguna estupidez durante la noche. Ryuko ni se le había pasado por la cabeza aquello, por lo que poco después de recuperar parte del control de su estomago, se fue directamente a dormir. Al menos, la habitación no le daba vueltas.

* * * *


Oda se levantó temprano, como era habitual en él. Bajo las escaleras y espero encontrarse a su alumna durante el camino, o poco después en alguna zona común, a la espera de su maestro; pero no fue así. Tras esperar algunos minutos, Oda volvió hasta su habitación, pero paso de largo de esta, pues a escasos metros estaba la habitación de su alumna. Abrió la puerta con una llave que momentos antes pidió en recepción para ir a buscar a su alumna, y allí estaba, durmiendo a pierna suelta. Poco después de que este interrumpiera en el cuarto, Ryuko abrió los ojos lentamente.

Y-Y-Yo... — susurraba aterrada ante la mirada de su figura paterna.

Tienes diez minutos para prepararte y vernos en la entrada, o si no...

La joven asintió y su maestro no continuó la frase, sabía lo terrible que podría llegar a ser su ira, y seguramente había agotado toda su paciencia por medio año el día anterior. Salió en silencio de la habitación y Ryuko comenzó a correr por la sala de un lado a otro vistiéndose y llevándose algún que otro golpe adicional contra el mobiliario.

En la entrada, Oda esperaba vistiendo una larga gabardina oscura que llegaba hasta sus tobillos, donde se podían observar unas botas tan oscuras como su abrigo. Un joven llamó su atención, que tras dirigir un par de palabras con la mujer del mostrador, este salió por la puerta junto a un paquete que llevaba en las manos.

Y-Ya estoy, ya estoy,

Una sudorosa Ryuko bajo jadeando por las escaleras, deteniéndose al lado de su maestro, intentando recobrar el aliento.

Bien, el lago ya debería estar abierto, así que no perdamos mas el tiempo — añadió con su habitual tono de seriedad. Ryuko asintió, y se limitó a seguir a su maestro.
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#8
La verdad era que no tenia nada mejor que hacer. Podía salir hoy de aquel sitio helado y volver a casa para llegar un día antes, pero la verdad era que la curiosidad que sentía por el uso de aquellos zapatos con cuchilla que mi padre llamaba patines era superior a las ganas que tenia de marcharme de aquel lugar.

Claro, por que no.

¡Pues vamos! —Dijo la chica emocionada.

¿A donde? —Pregunté confuso.

Pues al lago, necesitamos una pista de hielo para poder patinar sobre hielo.

Sí, aquello tenia sentido. Pero claro, mi excusa de siempre: Nunca fui el mas listo de mi clase.

La chica cogió el saco con los patines, aunque podía haber cogido solo un par para ella, y salió de la tienda, que cerró con llave antes de encaminarse en dirección al lago. El lugar no estaba lejos del pueblo, solo había que caminar unos quince minutos entre los arboles para llegar, y sorprendentemente, el camino estaba señalizado.

El lago era una extensión bastante grande de agua, que ahora estaba cubierta por una capa de hielo, lo normal con el frío que hacia en aquel lugar. A parte de los arboles altos que lo rodeaba, lo habían rodeado, supuse que la gente del pueblo, con vallas de madera, a excepción de una pequeña parte por la que debían caber una o dos personas. Supuse que debía ser la "entrada".

Todos los años por estas fechas nuestro pueblo organiza una competición de patinaje sobre hielo, por eso hemos instalado las vallas en el lago, y por eso le encargamos a tu padre los patines —Comentó la chica mientras rebuscaba en la bolsa de patines hasta que encontró, supuse, unos de su talla. —¿Estas listo para ver algo genial? —Preguntó con entusiasmo.
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