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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Tras la estela del lirio
#61
Kiroe mantenía la mirada fija, seria, en el horizonte.

Ahora lo comprobaremos, Zetsuo —dijo—. Pero tendremos que salir de la capital y alejarnos un poco de la civilización. No puedo invocar a los perros aquí.

No sólo porque llamarían extremadamente la atención, sino porque además ahora mismo no cabía ni un alma más en aquella calle. Daruu se esforzaba por esquivar a todo el mundo, mas aún tenía que comerse a la mitad de la población y a los visitantes del lugar.

A ver si es verdad que salimos ya de aquí. Estoy hasta las narices.

Tardaron un buen rato en cruzar las selvas de humanidad de la urbe, como si hubieran estado cruzando una de verdad, apartando la vegetación a machetazos. Ya fuera, anduvieron un rato por la calzada antes de separarse del camino y refugiarse en una neblinosa arboleda. Allí, Kiroe invocó uno de sus perros. Un labrador enorme de color negro y cara de bobalicón —aunque cabe decir que no tan grande como los san bernardos que usaron para montar. Sus ojos, aunque también negros, tenían un distintivo reflejo... granate.

¡Wof! Kiroe-sama, a su servicio. —El can hizo un saludo militar... con su pata de perro. Quedaba casi cómico.

Akatosu. Ya sabes lo que hablamos ayer. Tienes que ayudarnos a buscar a Ayame. Zetsuo, por favor. —Se dirigió hacia el médico—. ¿Todavía conservas el trozo de túnica?

Si Zetsuo ofreciese la tela, el perro se entretendría para olfatearla durante unos segundos, luego alzaría el morro y, despacio, empezaría a rastrear olfateando el suelo.

¡Por aquí! ¡Seguidme, de momento tengo el rastro claro! ¡Ha pasado por aquí!

¿Por en medio de la arbolada? Los captores estaban de incógnito, así que dudo que haya tenido nada que ver con el señor feudal de este país, mamá, como tú sugeriste.

Sí, porque... nos estamos adentrando en la isla.

El grupo siguió avanzando. Los árboles cada vez dejaban un respiro menor, entre tronco y tronco. Y la niebla se hacía más espesa...
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La prueba más fehaciente de que la cocina puede cambiar el mundo es el puto quilombo que se ha montado por una salsa carbonara. La cebolla que amenazó la estabilidad en Oonindo. ¡Los ESPAGUETIS DEL DESTINO!

Subtextualízame en mediumseagreen. E imagínate el susurro de un bosque de pinos en mi suave y dulce voz.

Marcas de Chishio Kuchiyose dibujadas:
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#62
—Ahora lo comprobaremos, Zetsuo —dijo—. Pero tendremos que salir de la capital y alejarnos un poco de la civilización. No puedo invocar a los perros aquí.

Zetsuo asintió en silencio, y todos juntos se abrieron paso entre todas las personas que abarrotaban las calles, que parecían haberse puesto de acuerdo para salir todos a la vez a realizar sus compras o, simplemente, pasear. ¿Pero quién podía pasear a gusto por unas calles atestadas en las que casi no se podía respirar? Caminando a contracorriente, con gran esfuerzo, y con ayuda de varios codazos y golpes de hombro, el grupo atravesó las numerosas avenidas y callejones que conformaban la capital del Puerto Kasukami y terminó saliendo de la urbe al cabo de un buen rato. Asfalto y torres de hormigón y cristal fueron sustituidos por un camino terroso y pinos. Algo jadeantes por el esfuerzo y por la angustia de haber estado encerrados en una muchedumbre así, caminaron por la calzada durante varios centenares de metros y después se refugiaron entre los árboles. La niebla volvía a rodearlos, pero a nadie pareció importarle por el momento. Y entonces Kiroe hizo su magia: invocó un perro labrador de color negro como el tizón y cierta cara de bobalicón.

—¡Wof! Kiroe-sama, a su servicio —ladró el cánido, con un ridículo saludo militar que hizo torcer el gesto a Zetsuo.

—Akatosu. Ya sabes lo que hablamos ayer. Tienes que ayudarnos a buscar a Ayame. Zetsuo, por favor. —Intervino Kiroe, volviéndose hacia el médico—. ¿Todavía conservas el trozo de túnica?

—Sí, y no sólo eso —respondió él, descolgándose la mochila de los hombros para rebuscar en ella y terminar sacando el deteriorado trozo de tela en el que se había convertido la túnica de Ayame y que habían estado persiguiendo durante todo aquel trayecto—. También tengo su ropa, de cuando se la... cambiaron... —añadió, apretando las mandíbulas—. Si en algún momento tenemos que separarnos, no hay riesgo de perder el rastro.

Akatosu olfateó la prenda durante varios largos segundos. Después olisqueó el aire, y empezó a rastrear olfateando el suelo.

—¡Por aquí! ¡Seguidme, de momento tengo el rastro claro! ¡Ha pasado por aquí!

—¿Cómo que "de momento"...? —masculló el médico entre dientes. Sin embargo, siguió al animal, que los conducía a través de los árboles.

—¿Por en medio de la arbolada? Los captores estaban de incógnito, así que dudo que haya tenido nada que ver con el señor feudal de este país, mamá, como tú sugeriste.

—Sí, porque... nos estamos adentrando en la isla.

—¿Y nadie los habrá visto pasar por aquí? —cuestionó Kōri, algo escéptico ante las circunstancias, pues un grupo cargando con el cuerpo de una muchacha (inconsciente o no) debería haber levantado las alarmas. La otra alternativa era que Ayame estuviera andando por su propio pie; pero, conociendo lo terca que podía llegar a ser su hermana pequeña, realmente lo dudaba. Al menos, sin dar señales de algo no andaba nada bien—. ¿Adónde se la pueden llevar desde aquí?
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No respondo dudas por MP.
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#63
Puede ser que sí que la hayan visto pasar por aquí, pero lo mismo se puede decir de todo el camino que han recorrido, ¿no? —opinó Kiroe—. Nos daría igual. No pudimos preguntar en Yamiria por no revelarnos, y no podemls hacerlo aquí. Sólo nos queda seguir el rastro sin levantar más sospechas.

Y así, el grupo siguió el rastro detectado por Akatosu. No fue un camino fácil. El bosque cada vez era más empinado, y pronto empezaron a zigzaguear por las laderas de un complejo montañoso.

El rastreo paró cuando llegaron a un cruce de caminos.

Esto es un problema —declaró Akatosu.

¿Qué ocurre, Akatosu? —preguntó Daruu.

La niebla es demasiado densa. Tanta humedad me afecta al olfato. No puedo encontrarla con precisión, pero siento que nos estamos acercando.

Bien. Entonces ha llegado el momento del que hablamos. Tenemos que separarnos. Daruu, márcanos con sangre a todos. Akatosu, utiliza la técnica.

Daruu asintió y procedió a marcar a cada uno de ellos en la espalda con su propia sangre. Por si acaso, también marcó su propia capa de viaje.

Entre tanto, Akatosu había juntado las almohadillas delanteras.

Inupō: Senjutsu Bunshin. —Tal y como lo haría la técnica del Kage Bunshin no Jutsu, tres nubes de humo revelaron a tres canes iguales a Akatosu—. Bien. Cada uno de nosotros irá con uno de vosotros. Estos clones no son como los vuestros, pero todos podemos encontrarnos mediante el olfato desde cualquier parte de Oonindo. Incluso con esta niebla, deberíamos ser capaces de hacerlo. Si alguno encuentra algo relevante, podéis enviar a un clon a avisar a los demás.

Y el miembro del grupo deberá permanecer escondido o seguir al enemigo desde una distancia prudencial. ¿Queda claro? —Aunque las palabras las podrían haber firmado tanto Zetsuo como Kōri, estaba claro que el mensaje iba para Daruu, a juzgar de que fue a él a quien Kiroe clavó la mirada.

No os preocupéis —dijo quien solía ser fuente de bastantes preocupaciones.

Daruu se adelantó, tomando el camino que seguía hacia el centro de la isla. Aquellas montañas le transmitían un sentimiento... nostálgico. ¿O tal vez era sólo una corazonada?
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La prueba más fehaciente de que la cocina puede cambiar el mundo es el puto quilombo que se ha montado por una salsa carbonara. La cebolla que amenazó la estabilidad en Oonindo. ¡Los ESPAGUETIS DEL DESTINO!

Subtextualízame en mediumseagreen. E imagínate el susurro de un bosque de pinos en mi suave y dulce voz.

Marcas de Chishio Kuchiyose dibujadas:
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