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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Un! dos! tres! un pasito palante, Yasúo! un! dos! tres! un pasito patrás!
#1
El tiempo había pasado, mucho tiempo a decir verdad. El examen de chunin había marcado un antes y un después. Para bien o para mal, y en Etsu y Akane había hecho mella. La sensación que Etsu se llevó del evento no había sido para nada positiva, si no mas bien lo contrario. Y no solo por cosa de cómo había actuado, si no que también había podido observar que la actual paz pendía de un hilo. Igual de fácil estaban en armonía, como podía estallar un conflicto. Chica broma.

Por ello, y por él mismo, el Inuzuka comenzó un arduo régimen de entrenamiento. Aún mas intenso que el habitual, cosa que ya de por sí no era moco de pavo. Podía pasar días entrenando sin descanso mas que para recuperar el aliento. El descanso ya apenas estaba enmarcado en su vocabulario. Tanto era así, que ya no tenía relación alguna con otra persona, salvo con Akane. Casi se podría decir que se había vuelto un antisocial de cuidado...

Pero, en realidad no era cosa de que el chico no quisiese relacionarse con nadie mas. Lo único que le faltaba era tiempo. Una pena, pero no podía depender de sus habilidades sociales a la hora de lograr sus objetivos, debía ser el mejor shinobi, y eso requiere de una habilidad espléndida, y una implicación completa. De ninguna manera llegaría a cumplir sus propias expectativas si no trabajaba duro. El Inuzuka no pensaba decepcionar al abuelo, y mucho menos decepcionarse a sí mismo. Tenía un futuro brillante por delante, y eso lo tenía bien claro.

¡Vamos, Akane! —inquirió en última instancia —ya solo quedan cien mas...

El sudor resbalaba por su rostro hasta su barbilla, donde terminaba por caer al vacío. No demasiado dramático, de ahí llegaban con tremenda rapidez al tatami, que apenas a cinco centímetros esperaba a que el chico golpease con su nariz su superficie. En ocasiones eran 5 centímetros, en otra algo mas. Los sobrecargados músculos del chico temblaban como flanes en la mesa de un buen gourmet. Aun así, no desistía. Una mas, otra, otra, otra... ya no las hacía tan veloces como al inicio, pero sin duda no se rendía. Continuaba con recelo, con paso firme, con determinación.

Frente a él, su enorme can imitaba el ejercicio.

Un nuevo golpeo leve de su respingona nariz contra el tatami anunció una nueva flexión. Poco mas tarde, una mas. Y así continuaba, como si su vida dependiese de ello. No había nada mas en el universo que él y su objetivo actual. Apenas le podía siquiera prestar atención al huskie, todo a su alrededor se había vuelto realmente oscuro y efímero. Nada tenía en éstos instantes tanto valor como ese record personal de flexiones diarias... y eso que apenas era mediodía.

Una... más...

Temblando cual volcán en erupción, el Inuzuka terminó por caer al suelo, agotado. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Aunque estaba abatido, lo había logrado. Por el momento iba a superar el número de flexiones del anterior día, lo cuál era genial. Pero por otro lado, apenas tenía fuerzas para levantarse.

A su alrededor, la vida seguía. Un gran número de personas iban y venían. Bueno, quizás no tantas, ya que el frío de una tarde invernal hacía que muchos hogareños prefiriesen refugiarse en casa a entrenar.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#2
Ranko caminaba por el lado derecho de los pasillos. La gente que entraba y salía de los dojos pasaba por su lado, a veces obligándole a pegarse incluso más a la pared para evitar el contacto físico. Bajaba la mirada para permitirles ignorarla en paz. Aguantaba la respiración cada que un grupo suficientemente grande de ninjas pasaba cerca.

"Tienes que ir a entrenar por tu cuenta, especialmente los días que yo esté fuera" le había dicho su madre. La niña aceptó sin rechistar, aunque le diesen retortijones en el estómago. Le hacía muy mal practicar frente a otros.

Desafortunadamente para la kunoichi, ese día era uno muy ocupado en los Dojos de instrucción, y se le estaba dificultando ubicar una estancia desocupada. Aunque si se fijaba, la cantidad de personas no era tan grande, pero sí lo suficiente para incomodar a Ranko (y para ocupar egoístamente todos los dojos. ¡¿Qué se creen?!). Claro que podría preguntarle al encargado si podría guiarla a uno vacío. La desventaja de ello sería eso: tendría que preguntarle algo a alguien, lo cual era igual de malo. Recorrió varios pasillos buscando, pero en casi todos se escuchaba al menos una voz detrás de las puertas.

"Debí de haberme quedado en casa. Podría haber entrenado sola con mi soledad, pero nooo~ Mi madre tenía que decirme que viniera aquí precisamente" se dijo.

Después de un buen rato de buscar, se topó con una puerta detrás de la cual no parecía sonar ser alguno. Respiró profundamente. Tenía que ser allí. Si no, tendría que esperar por horas, tal vez. O entrar a entrenar con otras personas. ¡Qué miedo! Ligeramente abrigada con una blusa gruesa de mangas largas y pantalones que esta vez sí le llegaban a los tobillos, llevó su mano a la puerta. Tragó saliva.

"Por favor, que esté vacío, que esté vacío, que esté vacío, que esté vacío, que esté..."

Pero al deslizarla, no solo vio a un chico musculoso de rastas, sino a lo que parecía ser un lobo. Ambos entrenaban con ejercicios básicos, mas parecían llevar mucho tiempo haciéndolos. Ranko, con el corazón acelerado, dio un pequeñísimo paso hacia dentro del dojo, y se dispuso a caminar por todo el borde, yendo hacia la parte más alejada del chico.

"Se ve muy agitado y sudado. Debe de estar por irse. Por favor, que esté por irse, que esté por irse, que esté..."

Se sentó, intentando controlar la respiración, y desenfundó su wakizashi, Higanbana. La colocó sobre sus piernas cruzadas y se concentró en su reflejo sobre la hoja. Tal vez podría tener un aire reflexivo, mas Ranko en realidad no sabía qué hacer. Se dijo que no se levantaría a entrenar hasta que el ninja de las rastas se fuera.

"Sí... Sí, eso es lo mejor. Posiblemente lo molestaré si entreno ahorita. No seré un obstáculo ni nada... Además, ¿qué hace un lobo aquí? ¿Es una mascota ninja? No quiero molestarla a ella tampoco..."

Tragó saliva de nuevo y comenzó a respirar profundamente.
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#3
Como el susurro de una monja a mitad de misa, una chica se infiltró en la instancia sin apenas causar ruido. Apenas fue posible para el can y su hermano escuchar el deslizamiento de la puerta de papel de arroz viajando por el carril de madera. Mucho menos audible fue la entrada y posicionamiento de la chica. Quizás si fue audible, pero sendos Inuzuka estaban tan agotados, que apenas pudieron hacer caso a esos detalles tan insignificantes...

La chica no era ni la primera, ni la última que entraba en esa misma sala a lo largo del día. Eso sí, era de las pocas que parecía haberse decidido a quedarse allí. Con apenas presencia, y ausencia total de voz, se plantó en la parte mas alejada del tatami. La chica de cabellera de color oscuro y brillos de tonalidad bronce se sentó, sacó de su vaina la espada, y quedó mirando su reflejo como si estuviese meditando. Tétrica y funesta, como una obra de teatro de shakespeare interpretada por Jack el destripador.

El chico alcanzó a girar sobre si mismo, quedando boca arriba en el tatami. Su corazón aún latía con entusiasmo, y su respiración bailaba un vals acelerado.

Un minuto de descanso... ¿va? ni un segundo más...

Intentó controlar la respiración, conteniéndola y soltando lentamente el aire tras ello. Pero poco le faltaba para el colapso, intentar disimularlo era absurdo. Cerró los ojos por un instante. Tomó de nuevo aire, en una bocanada profunda y exagerada. Lo contuvo por unos segundos de nuevo. Abrió los ojos, y al fin lo dejó escapar. El aire, fugitivo, escapó de entre sus labios como si no hubiese un mañana.

¡PLAK!

Con un golpe propinado con ambas manos sobre el tatami, el chico se levantó de manera tosca y enérgica. Estaba agotado, pero quien no sufre, no mejora. Llevó su mira fugazmente hacia su can, el cuál observaba aún tirado en el suelo, y gesticuló con fuerza alzando el puño.

¡Vamos a —su mirada volvió hacia un detalle que no pudo evitar cuando su mirada había recorrido el tatami en busca de su can. Y allí estaba, una chica verdaderamente alta y aparentemente fuerte, observando con tétrica penumbra su reflejo en el filo de una espada.

«¿¡LA HOSTIA!?»

El Inuzuka no pudo evitar el susto. No era para menos. Incluso cedió un par de pasos hacia el flanco contrario, con una mueca que oscilaba entre miedo y sorpresa.

H-hola... —alcanzó a saludar a la chica, mientras que por su sien deslizaba una gota de sudor bien fría.
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#4
El golpe que el chico de las rastas había usado para levantarse asustó un poco a Ranko, haciéndole encogerse de hombros por un instante. Quiso voltear a verlo, pues pensaba que tal vez se había caído. Pero a falta de quejidos le hizo creer lo contrario. Rogó a todos los dioses que el chico, aparentemente dispuesto a descansar por un momento, decidiera pasarla por alto. Cerró los ojos con fuerza.

"Por favor, su entrenamiento ya terminó, señorito, por favor vaya a descansar..."

Pero el chico no se fue. La saludó con un confundido “hola”. Ranko se encogió de hombros de nuevo, y un escalofrío recorrió su espalda.

”¿Quéhagoquéhagoquéhagoquéhagoquéhago?” pensó frenéticamente.

Viró entonces lentamente la cabeza hacia un lado, como si fuese un robot o una marioneta, en dirección al chico, con un intento extraño de sonrisa, y abrió la boca.

Ah-aaaaaaaaaaah

Regresó la mirada a la espada. Podía imaginarse rezumando litros y litros de sudor. ¿Qué pensaría el chico?

”Tal vez ahora sí me ignore… Tal vez crea que soy una niña rara y se vaya… Sí, se irá. Se irá…”

Ranko ahora temblaba de los nervios, aunque no se daba cuenta. Mucho menos se dio cuenta del rubor que cubría su rostro, como una alta planta con un único y enorme tomate.
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#5
La chica de tenebrosa apariencia viró lentamente su rostro hasta encontrar con sus orbes los del chico. Robótica, como una especie de muñeco sin vida, y en completo silencio. Su sonrisa no ayudaba en absoluto, pues la hacía ver entre loca y muy loca, casi al punto de lanzar gatos a otras personas. El silencio fue rey por unos segundos, unos tensos e interminables segundos.

¡PUM!¡PUM! ¡PUM!¡PUM! ¡PUM!¡PUM!

El corazón del chico latía con fuerza. A punto estaba de salirse del pecho. Y eso que el chico no era un miedíca...

Tragó saliva, aguantando firme ante la batida. Y por fin, abrió la chica la boca en pos de pronunciar algo. El Inuzuka podría haber esperado un grito de amenaza, firme y turbulento; una advertencia de que la dejasen sola, con serenidad y pericia parlamentaria; incluso podría haber apostado por un saludo de iguales dimensiones al propio, tímido y apacible.

Pero no.

La chica apenas gritó, y volvió rápidamente la mirada hacia su espada.Temblaba, y claramente se notaba nerviosa. A saber qué tipo de crueldades y demencias pasaban en ese instante por la mente de aquella sádica de la katana...

El Inuzuka retrocedió un paso incluso ante la situación. Las gotas de sudor, un sudor frío como la misma nieve, recorría su sien. Pero lejos de huir, o de lanzarse a lo loco a pelear, como bien habría hecho en lejanas ocasiones, cerró el puño e intentó serenarse. Tomó aire, y lo expelió poco a poco, buscando al menos en su respiración el equilibrio entre miedo y confusión.

Un paso —perdón si molestaba tu meditación... —aseguró mientras luchaba contra sí mismo, recortando de poco a poco la distancia —no te había visto antes.

»Estaba entrenando un poco, y seguramente hago algo de ruido... pero podemos compartir el tatami, nosotros ocupamos poco.

El chico se llevó las manos tras la nuca, en un gesto que intentaba reflejarlo relajado. Al menos su sonrisa si que parecía un poco mas auténtica.
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#6
Genial. Ahora el joven de las rastas estaba asustado. Ranko sintió que sudaba a chorros y enrojecía más allá de la sangre misma. Sin embargo, el chico no dejó de lado un trato amable, y se dirigió a ella con toda propiedad. La kunoichi tragó saliva, se mordió los labios e intentó hablar de nuevo.

L-l-lo siento —Hablaba de manera muy pausada y voz apenas audible, casi sin quitar la mirada de su wakizashi. Temió aburrir o cansar al chico —. F-fui yo quien... quien interrumpió —Hizo otra pausa, durante la cual tragó saliva de nuevo —. Debí... debí de haber-haberme fijado mejor.

Casi sin querer, movió un poco su cabeza y miró con el rabillo del ojo al joven. Él también se notaba bastante sudado y agitado.

"Eso es porque estuvo entrenando, y no porque le da cosa hablar con otras personas..." pensó, burlándose de sí misma.

Ranko se imaginó envainando su espada, virándose hacia el chico y poniendo la frente contra el suelo diciendo "¡Discúlpeme, por favor!" repetidamente. Pero no hizo mucho más que sonreírle tímidamente mientras sus cejas se alzaban, mostrando una rara incomodidad.

"Creo que es mejor que le deje de hacer caras... Si no se espanta más, hasta podríamos entrenar con él. Y su... ¿lobo? Ah, cómo crees... De seguro tiene mejores cosas qué hacer. O tal vez quiere entrenar algo secreto y privado... Sería de muy mala educación interrumpirlo. INTERRUMPIRLO MÁS" Ranko suspiró para sí misma.
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#7
La cabellera oscura de brillos cobrizos de la chica giró de nuevo. La chica buscaba con su mirada, tímida y escasa, el rostro del Inuzuka. De nuevo habló, temblorosa y casi sin atinar dos silabas seguidas. Pero por suerte, pareció pillar un poco de ritmo entre titubeos, lo cuál hizo algo mas fácil de entender lo que quería decir.

O no.

«¿Tan solo era tímida? no parece una loca con ganas de sangre, aunque no pare de mirar su espada...»

Observó el gesto de su can, y tras ello Etsu volvió la mirada sobre la kunoichi. Por lo que había podido entender, se estaba disculpando por no haberle visto, e interrumpido como consecuencia. A esperas de una posible respuesta del joven o de su huskie, la joven no paraba de hacer disimuladas muecas. Los nervios le estaban jugando sin duda una mala pasada, o simplemente era rara como ella sola.

Fuese como fuese, Etsu terminó riendo.

No pasa nada... jajajaja.

»Por cierto, mi nombre es Inuzuka Etsu, y no muerdo. —A todo ésto, hizo un gesto para presentar a su hermano —y éste es Inuzuka Akane, y no para de hablar.

Akane no pudo evitar una mueca de confusión mirando al rastas, pues era todo lo contrario. Etsu no paraba de hablar, aunque no le hiciesen caso, aunque estuviese ahogándose, aunque hubiese de por medio una elevada apuesta, aunque la vida le pendiese en ello; mientras que era Akane quien normalmente no mordía.

¿Entendería la chica el juego de palabras?
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#8
El chico rió. No se burlaba, simplemente estaba de buen humor. Ranko sonrió ante esto, sintiéndose aliviada de que no estuviera molesto. Sin embargo, el rojo no dejaba de todo su rostro. El joven se llamaba Inuzuka Etsu y su can era Akane. La chica cubrió una risita con su puño.

”¿Inuzuka también? Qué raro que la gente le ponga apellido a sus perros… ¡Ooh! ¿O es que su perro es una persona y por eso no para de hablar? Eso sí sería gracioso…”

Ranko envainó la espada mientras se levantaba. Se irguió y aclaró la garganta. Aspiró profundamente, como quien está a punto de saltar hacia un mar embravecido. Después de varios segundos, habló.

Mu… Mucho gusto, I-Inuzuka-san. E Inuzuka-san —se dirigió al perro por su apellido también. No quería ser maleducada con seres enormes de grandes colmillos. Les dedicó una reverencia de casi noventa grados —. Mi… Mi… Yo… Yo soy… ahm… Mi nombre... es… es ¡Ranko! —gritó su nombre por temor a quedarse trabada sin saber qué decir. Temía que los gusanos de la pena que se retorcían en su estómago le hicieran decir alguna (otra) estupidez. Luego bajó la voz a un volumen apenas audible —Ranko. Sagisō Ranko.

Por varios segundos permaneció inclinada, con la mente en blanco, sin saber cómo proceder.

”Ahm… Se supone que te pongas recta de nuevo, ¿No? ¿O hay que esperar a que responda? ¡Ah, pero si ya te dijo su nombre! Vamos, Ranko, arriba. ¡Ariba! ¡Tienes que erguirte!”

Lentamente, como si de un desgastado pistón dependiese, Ranko se irguió hasta quedar con la espalda recta. Sus cejas seguían alzadas en un gesto de incomodidad, pero su sonrisa se notaba más natural y calmada.

”Pregúntale algo, vamos. Dile… ¿Qué haces aquí?. No, obvio no. Está claro que viene a entrenar. Ahm… pregúntale ¿Son hermanos?. ¡Ay, qué tonta pregunta! ¿Qué tal…? ¿Te gusta el mitarashi dango? No, no tiene nada qué ver…

Ranko pasó varios segundos apretando su espada, temblando ligeramente, como si en cualquier momento fuese a echar vapor por los oídos y a estallar. Y estalló de los nervios.

¿Qué... ? ¡¿QUÉ HERMANO TE GUSTA?!

Se llevó la mano libre a la boca (pues la otra sostenía a Higanbana), y quedó petrificada.

”Bueno, fue un placer, yo me voy. Adiós, cuerpo de Ranko, mente de Ranko se va a echarse de un precipicio.”
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#9
Aunque la chica no era una tostadora, sus mejillas denotaban un color similar al que éstas toman poco antes de tostar una rebanada de pan. De hecho, quizás hasta la temperatura era similar en sus mejillas. Pero sí que sería excederse el hecho de intentar hacer una prueba... por mucho que luego llorases a los guardias del calabozo argumentando que era por el bien de la ciencia.

Apenas cedía nerviosismo, y a cada palabra que el chico soltaba casi resultaba peor. Llegó a guardar la espada —lo cual era un alivio— mientras se levantaba, y tras ello puntualizó su placer de conocerlos, lo cuál fue acompañado de una reverencia de lo mas formal. Etsu se sorprendió un poco, la chica soltó unas palabras para ello casi seguidas, sin apenas tartamudear.

Su júbilo se vio eclipsado de forma estrépita, pues la kunoichi trató de dar a conocer su nombre. Y casi se le olvida.

Obviamente, a su claro intento de establecer el cordial saludo típico, no le faltó trabalenguas y medias palabras. Se podría decir que tenía mas nervios que un mono con una bomba...

«Y yo pensaba que se me daba fatal hablar con otras personas... ésta Ranko me gana...»

Etsu se llevó las manos tras la cabeza, mostrando una intranquila sonrisa que trataba de quitar un poco de tensión a la situación. Lo cuál era altamente dificultoso. El chico pensó por un instante qué mas podía decir en pos de que la chica se relajase un poco, pero entre que no acostumbraba a tratar demasiado con personas, y que aún menos con chicas, el asunto se iba de madre. No pudo hacer mas que buscar esas palabras, en silencio, un silencio que pareció durar años.

Akane lanzó un ladrido, pero eso no hizo mas que empeorar las cosas. A saber si fue eso, que asustó a la chica, o simplemente la presión de tener a desconocidos frente a ella. Pero fuese una u otra, el resultado no fue otro que una pregunta absurda y disparatada por parte de la kunoichi.

La madre que me trajo... —Etsu era incapaz de creerlo. Miró a su can, y entrecerró los ojos —la vas a matar del susto, tío.

Tomó aire, y lo dejó escapar de forma brusca mientras se sentaba con las piernas cruzadas.

Oye Ranko... tómalo con calma, somos compañeros de aldea. No... yo no soy el mejor para aconsejarte en cómo hablar con otras personas, principalmente porque yo soy un desastre para ello... pero, chica. Me llevas la delantera... ¿sabes qué hago yo? —y lejos de soltar algo con dos dedos de frente... —pienso que son perros en vez de personas. Es más fácil hablar con un can que con una persona... al menos para mi.
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#10
El chico de las rastas no parecía comprender el todo a Ranko. Pasaba ante sus ojos de psicópata a chica formal, y luego a rarita. Por su lado, Ranko no comprendía del todo lo que Etsu decía. Parecía bromear con el perro que le acompañaba como si de un parlanchín amigo se tratase, aunque Akane mantuviera su semblante serio. Es más: el que el perro estuviese tan quieto como un adulto le dio mucha más impresión a la kunoichi de que se trataba de un ser humano disfrazado.

”Tal vez es un Henge no jutsu, o tal vez está maldito… ¡Quisiera tanto preguntarle, y que me contara historias al respecto!” pensó, tirando mentalmente del suave hilo de la curiosidad.

Ranko soltó un leve suspiro cuando Etsu se sentó de piernas cruzadas, respingando. Lo que dijo le provocó un rápido pero poderoso estallido de emociones. Le daba suma pena que le tuviesen que aconsejar cómo hacer algo tan teóricamente sencillo como hablarle a otra persona. Le alegraba que Etsu fuese una persona lo suficientemente amable como para tomarse la molestia de aconsejarla. Le confundió el que alguien que bromeaba en voz alta con un perro tuviese problemas para hablar con otros. Le hizo gracia que el chico tuviese que imaginarse a otros en forma de perro.

Tosió. Pensó si en algún momento su garganta sufriría de tanto falso toser.

Ehm… Gra-gracias. Lo… Lo intentaré.

Cerró los ojos y se concentró un momento. Cuando los volvió a abrir, en lugar de Etsu había un perro sentado. Mas no era un perro común, era un ser humanoide, con la misma complexión y estatura que el ninja, con al diferencia de que sus manos y pies eran ahora almohadillas caninas. El rostro de Etsu era la mezcla del de un cánido y un humano, con rastas y marcas en las mejillas incluidas. Pero seguía habiendo una persona allí.

Cerró los ojos de nuevo. ”No, eso no funcionará… Lo sigo viendo. Sigue habiendo alguien a quien no conozco. ¡Eso es! ¡Pensaré en alguien en quien sí conozca!” Cuando los volvió a abrir, las cabezas de los Inuzuka eran lo único diferente: eran cabezas pequeñas, de cortos cabellos de un rojo intenso. Al contrario de calmarla, ver el rostro de su hermana Kuumi sobre el sudoroso y musculoso cuerpo de un chico era traumatizante.

Cerró los ojos de nuevo. ”¡No! ¡No así! Tal vez… ¡tal vez un animal ayude! ¿Cuál es el animal favorito de Kuumi?” Cuando los volvió a abrir, divisó algo similar a la primera ilusión: esta vez eran dos tigres, uno de forma normal y otro humanoide, quienes estaban frente a ella.

Cerró los ojos al instante. ”¡No, esto no sirve, no sirve! Su consejo fue muy bien intencionado, estoy segura, pero no me ayuda en nada. No puedo. No puedo. Tengo que irme.”

Yo… —Al abrir los ojos, se sintió calmada. Su mente había transformado a Etsu en un musculoso conejo marrón gigante. Su rostro no era antropomórfico, como el perro o el tigre, sino que era… un rostro de conejo. Normal. Tierno, callado, suavecito. Contrastaba hilarantemente con el cuerpo del ninja. Ranko soltó una risita. Se sentó de nuevo, quedando frente a su compañero de aldea. Respiró profundamente y, por primera vez, habló con un tono casi natural —. Quería un lugar para entrenar hoy. Y éste fue… Entré aquí. Disculpa. Gracias por compartir este tatami conmigo. ¿Estabas entrenando con tu amigo, Inuzuka-san?

Poco a poco, la forma del rostro real de Etsu sustituyó al del Conejetsu. Cuando la imagen del lepórido se desvaneció por completo de los ojos de Ranko, ésta bajó la mirada lentamente, pero no perdió la sonrisa que ver a un conejo gigante le había causado. Su corazón seguía muy nervioso, pero ya no lo sentía fuera de control. Al menos por el momento. Se sorprendió de que no hubiese pensado en imaginar eso antes.
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#11
Tras el disparatado —aunque quizás no demasiado— y absurdo consejo del Inuzuka hacia la chica, ésta pareció tomárselo en serio. Se lo agradeció, y tras unos segundos de meditación, cerró los ojos y se concentró aún mas. La chica pareció decidirse, y abrió los ojos, quizás visionando al Inuzuka como un can mas. Pero rápidamente tuvo que volver a cerrar los ojos, al parecer el truco no le había funcionado.

El rasta torció el gesto, casi a la par que Akane. Ambos estaban expectantes, mirando si la chica solucionaba ese pequeño problema de timidez. De nuevo, la chica abrió los ojos, pero ésta vez tardó incluso menos en volver a cerrarlos. La chica parecía ponerse mas nerviosa por segundo que pasaba, lo cuál parecía que el Inuzuka había empeorado la situación...

Una tercera vez la chica abrió los ojos, pero de nuevo recurrió a cerrarlos. Akane y Etsu se miraron, y tras ello volvieron a la vista a la genin. Ésta pareció decidirse porque no funcionaba el truco propuesto, al menos eso pareció cuando comenzó a hablar sin siquiera abrir los ojos. Pero para sorpresa de ambos Inuzuka, la chica abrió en ésta ocasión los ojos y no volvió a cerrarlos, si no que terminó por explicar el motivo por el cuál estaba allí, agradeció a Etsu que compartiese el tatami, y se atrevió a preguntar si estaba entrenando con su amigo.

Etsu se levantó, contento como un conejo cuando termina la pascua.

¡Ha funcionado! —no se lo creía ni él —no tienes porqué agradecerme compartir el tatami, éstas instalaciones son por y para todos los shinobis. Por otro lado, sí, andaba entrenando con Akane, como siempre a ésta hora nos toca sesión de ejercicio físico, y hoy decidimos pasarnos por aquí...
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#12
El comentario de Etsu acerca de compartir el tatami le dio un poco de vergüenza, pues hacía sonar bobo el agradecimiento de Ranko. Mas la chica no tuvo tiempo de sentirse mal, pues el que el chico se levantase de nuevo, emocionado porque su consejo fuese útil, le sorprendió un poco, dando un pequeño saltito. Ranko se apresuró a levantarse de nuevo, pues no quería estar en desnivel con Etsu.

”Parece que estamos en ese juego… ¿Cómo se llama? Uno donde siempre debe de haber una persona sentada, otra parada y otra acostada. Sería gracioso que eligiera sentarse una vez más ahora…”

La alegría de Etsu le contagió un poco, realajándola.

Yo… —Tosió una vez, interrumpiéndose, intentando recordar al Conejetsu y riendo un poco —. Yo suelo entrenar en casa. Con… con mi hermana Kuumi. Pero… Pero hoy mi madre quería… —Se llevó los nudillos a los labios, callándose tímidamente. “Entrenar por tu cuenta” había dicho ella, pero en realidad había querido decir, “entrenar en compañía de otros”, al menos para la kunoichi. E inclusive podría añadir un “para que se te quite esa pena y madures”. Bajó la voz un poco —. Mi madre quería que practicara con otros… otros ninja. Cree… Cree que… me hará mejor.

Bajó la mirada hacia las patas de Akane. Sintió que había compartido algo un poco personal con Etsu, y no sabía cómo lo tomaría él. Ya había sido demasiado agradable y positivo para con ella, y Ranko no quería agobiarlo con problemas.

”Debería de sugerir entrenar con él, ¿verdad? Ya estamos aquí. ¡A practicar! Díselo. Díselo. Vamos, dilo con tu boca. ¡Dilo!"

Ranko abrió la boca levemente, pero la volvió a cerrar casi al instante. Sería solo un entrenamiento conjunto, y aun así le costaba sugerirlo.
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#13
La emoción de Etsu hizo inconscientemente que la chica también tuviese que ponerse en pié. Realmente era incómodo hablar con alguien que está de pie mientras se está sentado. Así pues, en misma condición bípeda, la chica terminó por delatar lo que la había llevado a ir hasta el tatami. Normalmente siempre entrenaba con su hermana, y en ésta ocasión su madre le había inquirido que fuese fuera de casa, en busca de que entrenase con otros chicos o chicas de la aldea. Obviamente, lo hacía por su bien, aunque la chica no pensase ahora mismo de igual manera.

Por un momento pareció que fuese a pedirle a Etsu que le ayudase en su tarea, pero a pesar de que intentó decirlo, no fue capaz de soltar prenda. De nuevo, su timidez o falta de confianza hizo mella, impidiéndole dar un paso hacia lo que su madre le había solicitado. En parte, Etsu comprendía su posición, pero por otro lado pensaba en si fuese su caso... el abuelo le daría una tunda de cuidado de no cumplir con lo que éste le pedía, casi seguro... 99% seguro.

Pues... me tocaba entrenar resistencia física, pero todo entrenamiento es válido para mejorar. Si te parece, podríamos entrenar juntos. Así Akane descansa un poco, que seguro que está hasta la coronilla de entrenar... —dejó caer el rastas.

Warawouf

Akane dejó caer un suspiro de alivio, y se tumbó en el tatami, aliviado. El pobre seguía tanto como podía y mas a Etsu, pero el de rastas casi parecía un maldito chico hiperactivo con sobredosis de azúcar y bebidas energéticas. Las pilas parecían no tener límite en el Inuzuka.

La verdad es que no soy nada bueno en el uso de la espada, pero si quieres podemos probar con los boken esos... —señaló con las mismas la pared del habitáculo, en la cuál había un buen listado de armamento de entrenamiento, casi todos hechos de madera. —Otra opción sería combate cuerpo a cuerpo, pero creo que tendría demasiada ventaja... o no sé, quizás algún otro tipo de entrenamiento, ¿alguna propuesta?
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#14
El chico pareció leer su mente (o sus gestos) y le sugirió entrenar juntos, dándole así tiempo de descansar a Akane, quien no perdió tiempo y se echó en el suelo. Ranko asintió casi al instante, tal vez un poco efusivamente. Etsu afirmó que no era muy bueno con la espada, pero que podrían intentar entrenar con bokken. Sin embargo, algo que el de las rastas dijo le picó muy en el alma a la chica.

Ranko bajó la mirada al escuchar que él tendría demasiada ventaja en un combate cuerpo a cuerpo.

"Es... Es como Kuumi..." pensó con un suspiro mental. Parecía que casi cualquier situación donde se encontrase con alguien le recordase a su hermanita pelirroja. Mas, casi al siguiente momento, alzó la vista de nuevo. "¡Así es! ¡Es como Kuumi! ¡Y por eso debo de enfrentar el reto!"

Se alejó unos pasos de Etsu y se acercó a donde estaban las bokken. Desató su espada y desabrochó su portaobjetos, y los colocó en el suelo, cerca de las armas de madera. Luego regresó ante el Inuzuka y le dedicó una reverencia.

Mu-muchas gracias por su... su... preocupación... Inuzuka-san. Pe-pe-pero creo que... No, sé que... ahm... lo mejor... es mejor para... Creo que lo mejor es entrenar. Así. Cu-cuerpo a cuerpo.

Esperó que Etsu entendiera su deseo, y no insistiera en su desventaja. Ranko quería superarse a sí misma, y sería imposible hacerlo si no enfrentase retos que estuviesen por encima de ella. La idea inicial de la kunoichi había sido también entrenar resistencia, y había sacado a Higanbana, su wakizashi, solamente para intentar pasar desapercibida por él.
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#15
Ranko afirmó efusivamente a la proposición del rastas. Parecía querer de veras el entrenamiento, tal y como había podido deducir. Tampoco es que deducirlo hubiese costado demasiado, era casi obvio. Pero, conforme el genin comentó la jugada de entrenar con bokens la chica pareció perder las ganas por un instante. Miró al suelo, casi suspirando, tristona.

«¿Y esto?»

El chico no lo comprendió, pero tampoco hizo falta mucho tiempo para que la kunoichi retomase algo de autoconfianza. Ranko se dirigió hacia las armas de entrenamiento, pero lejos de tomar una, dejó las propias. La chica se deshizo de la katana y su portaobjetos, y regresó hasta su anterior posición. Sin mas, realizó una reverencia, y aclaró que sus intenciones eran aceptar el desafío del combate cuerpo a cuerpo.

Etsu no pudo evitar un pequeño sobresalto, para nada se podía esperar algo así. Ya había avisado a la chica de que él era bueno en combates de cortas distancias, y aún así, insistía en combatir en el campo del Inuzuka. El chico de orbes verdes como un pasto recién bendecido por la lluvia sonrió, la chica le pareció valiente. Demasiado valiente.

Está bien, combatiremos entonces cuerpo a cuerpo —sentenció, conforme a la petición de Ranko —no usaremos ningún tipo de ninjutsu que sirva para atacar o defender a distancia, ni armas, ni nada que no sean mas que nuestros propios cuerpos. Si alguno falta a la palabra, Akane le morderá el culo.

Obviamente bromeaba, e hizo una mueca sacando la lengua en pos de confirmarlo, por si no lo había entendido por su tono de voz.

¿Te parece?

Sin perder mucho mas tiempo, el Inuzuka alzaría las manos casi a la misma altura frente a su estómago. Posicionó los pies casi a la misma distancia y apertura, quedando levemente flexionadas sus rodillas. Una posición firme y segura, que para nada parecía la base del taijutsu de la academia.



Estado de Etsu


Vida

200/200



Chakra

180/180




—Objetos:
  • Bandana ninja [Brazo derecho]


* Ninguna AO *


  • Fuerza: 50
  • Resistencia: 30
  • Aguante: 30
  • Agilidad: 50
  • Destreza: 60
  • Poder: 30
  • Inteligencia: 30
  • Carisma: 25
  • Voluntad: 35
  • Percepción: 40

¤ Tekken
- Requisitos: Taijutsu 20
El llamado puño de hierro, estilo de combate cuerpo a cuerpo desarrollado por Konotetsu, que destaca por movimientos firmes y certeros, que buscan no retroceder nunca. La guardia se cierne con ambas manos hacia delante a la altura del estómago, con las palmas hacia afuera; mientras que ambas piernas semiflexionadas en paralelo establecen un equilibrio firme. En determinadas situaciones, la guardia cambia en la parte superior, recogiendo ambas manos hacia los flancos con los puños cerrados. El ataque se caracteriza por ser rápido y certero, aunque un poco rígido. Además del estilo base, consta de 4 pilares, que diferencian un simple usuario del tekken de un maestro.

· Puñetazo: 9 PV + (Fue/10 + Des/10)
· Cabezazo: 9 PV + (Fue/10 + Des/10)
· Patada: 9 PV + (Fue/10 + Des/10)
· Puñetazo doble: 12 PV + (Fue/10 + Des/10)

· Resto de golpes físicos: 5 PV
· Llave (agarrar a alguien y arrojarlo al suelo o pared con fuerza): 6 PV + (Fue/10 + Des/10)

· Bloquear: Reduce 1/2 del daño a recibir, antes de aplicar el bono de Resistencia.


Alterador (Akane no Tekken): Siendo parte de la familia, no era de extrañar que en cierto momento, el estilo de pelea familiar se le ensañase a Akane. El can puede imitar a la perfección el estilo Tekken, incluyendo las técnicas base del mismo. Obviamente, ésto no permite a Akane usar otras variantes de Taijutsu que no tengan que ver con el Tekken. Para poder usar el estilo Tekken, Akane deberá estar en forma humana, con el uso de Gijū Ninpō: Jūjin Bunshin.

  • Daño recibido: --
  • Posible daño causado: --

~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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