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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Una de los nuestros
#1
Aliento Nevado, Invierno del año 218.


¡¡Al ataque, muchachos!! ¡No dejéis a nadie con vida!

El grito emergió de algún punto entre los árboles, en el lado Este del sendero por el que transitaba la caravana, y fue secundado casi al instante por un coro de vítores, alaridos de guerra y blasfemias que retumbó entre la foresta. Del follaje a ambos lados del camino surgieron al menos dos docenas de figuras que se abalanzaron sobre los cuatro carros del convoy, y la Luna llena arrancó destellos plateados al acero que empuñaban en sus manos. El silbido de algunas saetas precedió al relincho de varios caballos al ser alcanzados por los proyectiles, que se encabritaron, entrando en pánico y luchando por soltarse de las amarras. Uno de ellos, el que iba en segundo lugar de la caravana, lo consiguió; y entre bufidos de dolor, huyó al galope hasta perderse más adelante en el sendero.

Dentro de las diligencias, los pasajeros entraban en pánico, rezaban, o empuñaban sus propias armas para defender sus vidas, según la condición de cada uno. Cuando los bandidos hubieron rodeado a toda la comitiva, varios de los transeútes ya habían bajado de sus respectivos carros, acero en mano, para dar pelea por sus vidas... O tratar de huir. En el segundo coche, que había volcado tras desbocarse el caballo de tiro y ahora yacía boca abajo a un lado del sendero, una figura delgaducha envuelta en una capa de viaje marrón lamentaba su suerte.

«¡Por las tetas de Amaterasu! ¡Esto me pasa por racanear con el dinero del pasaje y no comprarme billete para la caravana de la tarde!»

Uchiha Akame salió a gatas de su accidentado carro tras conseguir abrir la puerta que tenía a mano izquierda. El resto de los pasajeros de su coche eran un padre de familia con dos niñas, una mujer muy joven y un anciano con su perro, por lo que el jōnin dudaba de que alguno tuviera disposición o condiciones de presentar batalla. Así pues, bufó con desagrado, apretó los dientes y se puso en pie con el tiempo justo para esquivar la cuchillada que le tiraba un hombre alto y fornido que se les había echado encima. Los ojos del Uchiha brillaron en la oscuridad, convertidos en dos luceros de color sangre.

No sé quién ha tenido peor suerte, si vosotros o yo... —murmuró, colocándose en posición marcial.

Lo que no sabía Akame era que, en el coche de al lado...
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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#2
El carromato en el que viajaba pegó una pequeña sacudida cuando las ruedas dieron con un accidente en el terreno, y los viajeros que la acompañaron demostraron su malestar entre bufidos y alguna que otra maldición. No fue el caso de la figura encapuchada y que ocultaba la parte superior de su rostro con un antifaz blanquecino. Sumida en la penumbra y amparada por las sombras, la muchacha no podía dejar de sonreír, con sus iris castaños fijos en la enorme luna llena que alumbraba la noche.

Había salido de Tanzaku Gai entrada la tarde, después de su fortuito encuentro con Uzumaki Eri. A sabiendas de que no podía perder el tiempo y que la noche la alcanzaría en mitad del camino, había optado por tomar aquel carromato para que la acercara al País de la Tormenta. En todo momento fue consciente de aquellos no eran precisamente los mejores carruajes del País del Fuego, que los caminos a través del bosque estaban en un estado más bien precario y que aquellas intempestivas horas no eran las mejores para viajar. Pero no le importaba. Nada lo hacía.

Porque todo iba bien. Todo iba a salir bien. Parecía que la suerte había comenzado a sonreirle por fin. Y nada podría estropearlo de nue...

—¡¡Al ataque, muchachos!! ¡No dejéis a nadie con vida!

Ayame se sobresaltó. Aquel repentino alarido había salido de algún punto entre los árboles, en dirección este, y de manera inmediata fue coreado por una horda de gritos bélicos, vítores y obscenidades de todo tipo. Antes de que pudiera reaccionar siquiera, las sombras surgieron de la oscuridad con el brillo del acero destellando bajo la luz de la luna y se abalanzaron sobre los dos primeros carros de la comitiva. Un inconfundible silbido rasgó el aire y los relinchos de los caballos, asustados y heridos, laceró los oídos de Ayame, que trataba por todos los medios mantenerse bien sujeta en su sitio. Golpes, coces, más relinchos... Los animales luchaban por soltarse de sus amarres y el carromato dio una peligrosa y violenta sacudida. Afortunamente, no llegó a caer; pero su compañero no tuvo la misma suerte, y terminó por volcar.

—¡Maldita sea! —masculló Ayame, levantándose al fin y abriendo la puerta que tenía más cerca. Después de asegurarse de que no corría peligro, ayudó a una mujer con un niño a bajar del carromato, un hombre ya entrado en edad, y un joven que, pese a ir armados con más de una katana a la cintura, no dudó ni un instante en salir corriendo entre gritos despavoridos de terror.

Ella fue la última en salir, y cuando lo hizo ya llevaba una flecha en la mano diestra y otra sujeta entre los labios. Acumulando el chakra en la planta de los pies, se apoyó en la pared del carro y saltó sobre el tejado, donde se quedó acuclillada. No se fijó en el carro que yacía volcado con una rueda girando de forma alocada sin un suelo en el que apoyarse, ni en el caballo desaparecido que había corrido a ponerse a salvo, ni tampoco en la silueta cubierta en una capa marrón que, en el suelo, plantaba frente a varios bandidos. Simplemente volteó la muñeca izquierda y desde debajo de la manga de su túnica se desplegó un arco que cargó con la primera flecha a toda velocidad y disparó contra el primer bandido que quedó a tiro.
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#3
Aquel estrecho camino, que normalmente era poco transitado y se utilizaba más que nada para llegar rápido y barato a algún punto del otro lado de los bosques, se convirtió en cuestión de instantes en un campo de batalla improvisado. La refriega, carente de disciplina militar por parte de la mayoría de sus integrantes, se tornó en combate cerrado, huídas desesperadas, saqueo y pillaje. De los más de veinte bandidos que habían asaltado la caravana, la mayoría se concentraban en los dos carros centrales. Un grupo reducido, que había atacado por detrás cogiendo por sorpresa a los ocupantes del último coche, se ponía las botas robando cuanto había de valor en el equipaje de los pasajeros, que yacían tirados en el suelo presa de los rufianes. Los otros, en la delantera, se batían con un par de mujeres. Iban vestidas con atuendo de mercenarias —armadura de cuero y espada corta—, y peleaban con fiereza haciendo frente a un cuarteto de enemigos.

El grueso de los asaltantes se había concentrado, por puro instinto, en el segundo y tercer carro.

Akame giraba sobre sí mismo mientras esquivaba puñaladas, cuchilladas y golpes de garrote que le venían por el frente. Se había asegurado de colocarse con la espalda pegada al carro volcado, de forma que ninguno de sus enemigos pudiera ganarle la retaguardia fácilmente, y se deshacía en tajos de su confiable espada azabache. Pese a que los rufianes no parecían especialmente diestros, sí que eran muchos y la pura superioridad numérica le hacía difícil al Uchiha el realizar una acometida profunda con la que clavar su espada en algún enemigo, o seccionar su garganta.

Por su parte, la misteriosa figura en lo alto del carro cargó una flecha en su arma y disparó. El proyectil voló raudo y se clavó en el pecho de uno de los bandidos, que cayó de espaldas debido a la fuerza del impacto. Esto atrajo la atención de los demás, que rodearon el carromato y cargaron hacia él. Dos de ellos, sin embargo, advirtieron que los pasajeros a los que la misteriosa luchadora había ayudado a salir intentaban huir hacia los árboles, y echaron a correr tras de ellos profiriendo amenazas.

Fiiiiu.

Una flecha pasó volando justo por encima de la cabeza de la encapuchada. Pese a la oscuridad, ella pudo ver claramente a un par de ballesteros que, parapetados tras sendos árboles, recargaban ahora sus armas para volver a dispararle. Al subirse al carro se había convertido en un objetivo prioritario.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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#4
La saeta rasgó el aire con su inconfundible silbido y acertó en el centro de la diana, el pecho del bandido, que cayó de espaldas tras un último suspiro ahogado. Ayame no se detuvo ahí, tomó la flecha que sujetaba entre sus labios y volvió a cargar el arco. Pero cuando sus ojos estaban decidiendo la próxima víctima de su arco, escuchó un zumbido por encima de la cabeza que le puso la piel de gallina. Presta, giró el cuello mientras sus ojos buscaban a toda velocidad el origen de aquel proyectil. No tardó en encontrarlo; o, mejor dicho, en encontrarlos. Dos ballesteros, ambos escudados tras los árboles.

«Flechas a mí...» Pensó, con una confiada sonrisa.

Cargó el arco de nuevo, apuntó al primer ballestero que se encontraba preparando su arma y disparó. Sabía que el tiempo jugaba en su contra, pero aún así tomó otra flecha y la disparó contra el segundo. No le preocupaban las flechas, y no le preocupaba demostrar esa confianza, pues confiaba en que su técnica estrella la protegería de prácticamente cualquier daño que podría recibir.

Sin embargo, había algo que sí le preocupaba. Y era la seguridad de los civiles que habían viajado con ella. Pero se habían sumido en un escenario caótico, en el que el cantar de los aceros, los silbidos y los alaridos dominaba el ambiente; y los bandidos los superaban con creces en número. Por ello, hubiera acertado sus disparos o no, Ayame volvió a plegar el arco sobre su muñeca y entrelazó las manos en una secuencia de sellos que culminó con una sonora palmada.

—Kasumi Jūsha no Jutsu —murmuró.

Y entonces las sombras de la noche se alzaron.

Desde el suelo, desde la pared o del techo de los carromatos, de entre la vegetación, de entre los árboles, sobre las ramas... Las sombras se alzaron por doquier, siluetas encapuchadas de negro y rostro irreconocible en la penumbra. Todas ellas iban armadas con kunais, y todas ellas se encararon a los bandidos con postura fiera y amenazadora.

—¡MaRcHaOs! ¡MARCHAOS! ¡MARCHAOS! —corearon, voces entrelazadas y fantasmales que cantaban un mismo mensaje.



¤ Kasumi Jūsha no Jutsu
¤ Técnica de los Sirvientes de la Niebla
- Tipo: Apoyo (Genjutsu ambiental)
- Rango: D
- Requisitos: Genjutsu 20
- Gastos: 25 CK (impide regeneración de chakra)
- Daños: -
- Efectos adicionales: (ver descripción)
- Sellos: Buey → Jabalí → Caballo → Rata → Palmada
- Velocidad: Instantánea
- Alcance y dimensiones: 30 metros
Este genjutsu crea una serie de réplicas ilusorias del usuario, vestidas completamente de negro y armadas con kunais también ilusorios, que aparecen uno por uno desde los árboles, las rocas u otros obstáculos del entorno (incluso del suelo) para arrinconar al enemigo. Sus movimientos son más lentos de lo normal, pero cuando son atacados se multiplican, por lo que en este sentido parecen fantasmas que habitan en la niebla.
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#5
La misteriosa encapuchada se movió con destreza muy superior a la de los bandidos, y sin perder un segundo disparó de vuelta a los dos tiradores que habían intentado ensartarla con sus virotes. La flecha silbó por el aire, imperceptible entre los diversos ruidos en el fragor de la batalla, hasta llegar a su objetivo, clavándose en el hombro derecho del bandido; éste dejó escapar un bufido de dolor, y apretando los dientes soltó su ballesta y se parapetó tras el árbol que le servía de cobertura. El otro, sin embargo, volvió a disparar en lo que la encapuchada cargaba de nuevo su arco.

Dos proyectiles se cruzaron en el campo de batalla casi al unísono. El virote del bandido —quien no tenía mala puntería— voló raudo hacia el pecho de la figura encapuchada; y el de ella le impactó en la cabeza al tirador. Su cuerpo, inerte, se desplomó entre la vegetación, perdiéndose de la vista de la arquera.

Akame, por su parte, esquivó un garrotazo a bocajarro y contraatacó hundiendo su hoja en la barriga del asaltante. Éste escupió un esputo sanguioliento con un gorjeo asqueroso y se desplomó en el suelo, junto al carro volcado cuyos ocupantes —a excepción del propio Akame— todavía seguían dentro, presas del terror. «¡Mierda, mi espada!» El arma del Uchiha había quedado enterrada en el vientre de su enemigo, y muerto este, atrapada bajo su cadáver. Viendo al jōnin con las manos vacías, los bandidos que le acosaban se envalentonaron y cargaron con todo, entre gritos de guerra.

«¡No hay tiempo...!»

Las manos del uzujin se entrelazaron en una veloz serie de sellos.

¡Fūton, Shinkū Taigyoku!

Akame expulsó un proyectil de aire comprimido que impactó contra el grueso de los enemigos que le asaltaban, explotando con violencia y derribando también a los bandidos adyacentes. Fue después cuando lo vió. Una miríada de figuras que en la noche parecían más terroríficas todavía, con los ojos vendados y kunais en las manos, que surgían de todas partes. Del suelo, de entre los árboles, de los propios coches de caballos. Pronunciaban una lastimera letanía que le daba un toque todavía más siniestro a su aparición... Y desataron el caos.

Algunos de los asaltadores de caminos tiraron sus armas y echaron a correr, perdiéndose entre las sombras del bosque —los que más—. Otros, más valientes, más diestros o tal vez simplemente más estúpidos, abandonaron el pillaje y se voltearon, hierro en mano, para atacar a los recién aparecidos fantasmas. No tardarían mucho en darse cuenta de que por cada uno que mataban, surgían dos, y entonces tal vez la locura pudiera a la bravura. Por su parte, los pasajeros también habían contemplado con horror la escena, y la mayoría intentaba ahora huir desesperadamente. Las dos mercenarias que peleaban en el frente de la caravana aprovecharon la confusión para matar a un par de los enemigos, pero luego también acabaron por volverse a pelear contra las apariciones.

Pero Akame, Uchiha Akame, ya no estaba prestando atención al asunto. Su Sharingan había sido capaz de ver a través de aquel Genjutsu sin problema, y al buscar a su emisor, lo había hallado.

«Un ninja...»

Con un salto, el Uchiha se colocó sobre su carro. Otro más, un par de rápidos pasos, acumuló chakra en la planta de sus pies y subió al coche sobre el que estaba el ninja.

¡Shinobi-san! —le interpeló, a cara descubierta—. ¡Debemos acabar con todos los bandidos ahora, tu técnica está provocando que los civiles huyan hacia el bosque!


¤ Fūton: Shinkū Taigyoku
¤ Elemento Viento: Gran Esfera de Vacío
- Tipo: Ofensivo
- Rango: A
- Requisitos: Fūton 65
- Gastos: 78 CK
- Daños: 130 PV
- Efectos adicionales: -
- Sellos: Tigre → Perro
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: La esfera abarca 1'5 metros de diámetro, y avanza 20 metros antes de estallar, la onda expansiva es de 4 metros y causa el daño completo
Una versión mucho más fuerte de Fūton: Shinkūgyoku, donde el usuario, en lugar de disparar pequeñas balas de viento, concentra todo su potencial en un único y enorme proyectil de aire concentrado y visible que lanza hacia su adversario con toda su potencia. Cuando impacta sobre él, libera una gran cantidad de aire comprimido de golpe, lo que afecta al área de sus alrededores.
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Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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#6
Las saetas se cruzaron en el camino. Al ballestero le impactó de lleno en la cabeza y desapareció entre el follaje, muerto sin duda, y Ayame le atravesó el pecho de parte a parte y terminó por clavarse en el techo del carromato, pero la muchacha apenas esbozó una ligera mueca de dolor mientras su torso volvía a recomponer su forma física rápidamente.

Un súbito estruendo combinado con más gritos la sobresaltó. Abajo, junto al otro carromato, donde la figura de la capa se enfrentaba con furia a sus enemigos, un grueso grupo de enemigos había saltado por los aires casi literalmente. Ayame decidió pensar sobre aquel hecho después y llevó a cabo su técnica ilusoria. Y el resultado fue, precisamente, el que había esperado. Aunque quizás demasiado exagerado.

El caos alimentó las mentes de todos los presentes, y el pánico se desató por igual entre bandidos y civiles. Algunos tiraron sus armas y se perdieron entre las sombras de la noche, otros se dedicaron a atacar a los fantasmas para descubrir, con horror, que, como una hidra, por cada enemigo caído surgían otros dos. Incluso dos mercenarias que se encontraban al frente de la comitiva y que habían estado combatiendo valientemente a los bandidos ahora se encaraba a las figuras encapuchadas.

«Esto se va de las manos...» Pensó Ayame, chasqueando la lengua con cierta irritación.

Alguien saltó de repente sobre el tejado de su carro, invadiendo su parapeto. Ayame, rápida como una serpiente de cascabel, se volvió hacia el recién llegado con un kunai destellando peligrosamente en su mano diestra. Pero se detuvo en seco, con la sangre congelada en las venas, cuando la luz de la luna se reflejó en dos ojos del color de la sangre con tres aspas orbitando alrededor de su pupila que la atravesaban de parte a parte. Unos ojos que no había olvidado desde la primera vez que los vio y aún poblaban algunas de sus pesadillas.

«Uchiha... Akame...»

Aquel Uchiha. Precisamente aquel Uchiha tan peligroso. El mismo Uchiha que la había apalizado en el torneo sin posibilidad alguna de defenderse. El mismo Uchiha que había ordenado que esposaran a Daruu. El mismo Uchiha...

El mismo Uchiha...

—¡Shinobi-san! —le llamó—. ¡Debemos acabar con todos los bandidos ahora, tu técnica está provocando que los civiles huyan hacia el bosque!

Ayame tardó algunos segundos en reaccionar. Akame no parecía haberla reconocido, pero todos sus instintos estaban chillándole que escapara, que echara a correr tan rápido como le permitieran las piernas y no se volviese para mirar atrás hasta que llegara a Amegakure. Sin embargo, otra parte de su ser, la parte que siempre la condenaba, se negaba a abandonar a todos aquellos civiles.

Terminó por asentir en completo silencio y entrelazó las manos en dos sellos. Tomó aire, y expelió un chorro de agua hacia el suelo, en dirección hacia el mayor grueso de bandidos que encontró. El agua corrió bajo sus pies, atrapándolos en una trampa pegajosa que les dificultaría el movimiento y su defensa.

Una oportunidad perfecta para el ataque.



¤ Suiton: Mizuame Nabara
¤ Elemento Agua: Campo de Captura del Sirope Escarchado
- Tipo: Apoyo
- Rango: C
- Requisitos: Suiton 20
- Gastos: 18 CK
- Daños: -
- Efectos adicionales: Atrapa los pies del enemigo durante 2 turnos
- Sellos: Carnero → Tigre
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: El chorro se expande sobre el suelo con una extensión de 3'5 metros de ancho y 6 de largo
El usuario escupe una masa de agua muy densa y viscosa, imbuida con chakra Suiton, y la esparce en un amplio área sobre el suelo. Se trata de una corriente de agua pegajosa que puede utilizarse para formar una trampa adhesiva que inhibe el movimiento de una o varias personas. Si el enemigo conoce de antemano los efectos de la técnica, o la ha sufrido con anterioridad, resulta fácil de evadir simplemente canalizando el chakra a través de los pies para andar sobre el campo de agua sin tocarla realmente, aunque esto sólo es posible si consigue hacerlo a tiempo.
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#7
El ninja encapuchado pareció entender a la perfección lo que Akame quería decirle, y con unos rápidos sellos de manos se dispuso a brindarle al Uchiha la oportunidad de inclinar definitivamente la balanza del enfrentamiento a su favor. El jōnin observó con atención cómo aquel tipo dirigía un chorro de agua pegajosa hacia media docena de bandidos que se encontraban acorralados por las figuras ilusorias, atrapando sus pies contra el suelo.

«¡Ahora!»

Akame realizó de nuevo los sellos del Tigre y el Perro, y volvió a expulsar una bala de chakra Fuuton presurizado y altamente inestable. Los rufianes recibieron de lleno tanto el impacto directo como la onda expansiva; el efecto de la técnica fue tan destructivo que el campo de sirope escarchado del ninja misterioso se deshizo y los bandidos salieron volando en distintas direcciones. A aquellas alturas de la refriega la mayoría de los asaltadores ya se habían dado cuenta de que en aquella comitiva viajaban, al menos, dos ninjas bien entrenados. Y que, por consiguiente, no iba a ser una presa fácil. La duda se dibujaba ya en el rostro de muchos, otros estaban malheridos o muertos...

¡Retirada! ¡Retirada, joder, retirada! —vociferó el que parecía ser el líder de todos ellos, un tipo considerablemente más alto y musculado que los demás que había estado luchando contra las mercenarias del primer carromato con ayuda de un gigantesco tetsubō de hierro negro—. ¡A los bosques!

Los bandidos que estaban en condiciones de huir —algo más de la mitad— no dudaron al escuchar los gritos de su jefe. Abandonaron la batalla a todo correr, tratando de perderse entre el follaje, e incluso algunos afortunados llevaban consigo los objetos de valor que habían podido robar.

Mientras Akame veía a los rufianes retirarse, buscó con la mirada al líder, como un ave rapaz tratando de avistar a su presa. Sin embargo, también era consciente de que algunos de los civiles que habían huído durante la refriega todavía estaban perdidos en el bosque, y podrían caer presa de los bandidos una vez estos se hubiesen retirado.

La cuestión era entonces, ¿qué hacer? ¿Perseguir a la cabeza de la serpiente, o salvar a los corderos inocentes?
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Ceniza, Verano de 218
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#8
El ataque se produjo con una coordinación perfecta. Los bandidos quedaron atrapados bajo la pegajosa trampa de Ayame y el Uchiha lanzó una potente técnica de Fūton. Tan potente, que el viento arrancó la trampa y sacudió a los bandidos con la fuerza de mil mazas. Pese a la superioridad numérica, habían conseguido inclinar la balanza hacia su favor. La incertidumbre asaltaba ahora a los malhechores, ¿debían continuar con un asalto que estaba destinado a la perdición y seguir arriesgando más vidas? ¿O sería más conveniente perderse entre las sombras de la noche?

El que parecía ser el líder, armado con un enorme bate de hierro negro lleno de clavos, pareció optar por la segunda opción:

—¡Retirada! ¡Retirada, joder, retirada! ¡A los bosques!

«¡Mierda, no!» Maldijo Ayame para sus adentros, chasqueando la lengua con fastidio.

Precisamente era en los bosques donde se habían refugiado los aterrorizados civiles. ¡No podían permitir que fueran tras ellos! Y no le hacía ninguna gracia exponerse tanto delante del Uchiha, pero no le estaban quedando demasiadas opciones. Y dado que eran demasiados para que pudiera alcanzarlos a todos con su canto...

Bajó del carro de un salto, y apenas sus pies se apoyaron en el suelo, la figura de la encapuchada se desvaneció en un parpadeo. Apareció de repente frente a los rufianes y el líder con el tetsubō, con las manos entrelazadas en un sello. Y chilló. Chilló hasta desgañitarse la garganta, como si le fuera la vida en ello. Su voz, amplificada por la fuerza de su chakra, no sólo actuaría como un rechazo para desestabilizarlos, también afectaría a su oído interno, dejándolos prácticamente incapacitados para el movimiento durante varios valiosos segundos.



¤ Sunshin no Jutsu
¤ Técnica del Parpadeo Corporal
- Tipo: Apoyo
- Rango: D
- Requisitos: Ninjutsu 40
- Gastos:
  • 14 CK/20 metros
  • 52 CK para huir de un combate
- Daños: -
- Efectos adicionales: Cada uso restará 10 puntos de aguante durante los próximos 5 turnos
- Sellos: Carnero/una mano
- Velocidad: Instantánea
El Sunshin no Jutsu es una técnica basada en un movimiento ultrarrápido, permitiendo a un ninja moverse de cortas a largas distancias a unas velocidades casi imperceptibles. Para un observador cualquiera, resulta como si el usuario se hubiera teletransportado. En ocasiones, se utiliza una pequeña señal para camuflar los movimientos iniciales del usuario. Esta técnica se basa en el uso del chakra para vitalizar temporalmente el cuerpo y moverlo a velocidades extremas. La cantidad de chakra requerida depende en la distancia total y la elevación entre el usuario y el destino. La técnica puede usarse, además, para escapar del campo de batalla. Las diferentes villas tienen variaciones de esta técnica, e incluyen un elemento extra para distraer al oponente. En Konoha, se utiliza un rastro de hojas.

¤ Seidō: Ningyo no Umeki
¤ Camino de la Voz: Lamento de la Sirena
- Tipo: Apoyo
- Rango: D
- Requisitos: Ninjutsu 20
- Gastos: 20 CK
- Daños: -
- Efectos adicionales: Expulsión, y ensordecimiento y pérdida del equilibrio momentáneo
- Sellos: Pájaro (mantenido)
- Velocidad: Muy rápida
- Alcance y dimensiones: La voz se extiende en forma de cono desde la posición del usuario hasta los dos metros y medio de largo y un máximo de un metro y medio de ancho antes de perder sus propiedades y disiparse.
La primera de las técnicas de voz desarrollada por Ayame.

Tras realizar el sello correspondiente y acumular y moldear el chakra en sus cuerdas vocales, Ayame exhala un potente chillido contra su objetivo. La voz, potenciada con su chakra, crea una onda de choque de tal magnitud que es capaz de rechazar a su adversario y lanzarlo varios metros en dirección contraria. La potencia del sonido también afecta a la estructura de su oído interno, por lo que se ensordecido y perderá el equilibrio durante unos segundos.

La debilidad de esta técnica radica en que se trata también de un arma de doble filo. Forzar de esa manera las cuerdas vocales también afecta a la garganta de Ayame, que deberá esperar un periodo de tiempo (dos turnos) para volver a utilizarla. Si por cualquier necesidad, Ayame se fuerza a utilizar esta técnica hasta tres veces sin dejar pasar al menos tres turnos de descanso, su garganta quedará tan dañada que se quedará sin voz hasta el día siguiente.

«¿Que lo más aterrador de una sirena es su canto? Eso es porque aún no las has escuchado llorar.» — Conversación entre dos marineros del País de la Tormenta.
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