3/10/2017, 11:39
La lluvia caía, inclemente, sobre las calles de Amegakure no Sato. En el Distrito Residencial, la dueña de un establecimiento bastante conocido miró a través de las ventanas de su cuarto, en el primer piso, y decidió que ese día abriría la Pastelería de Kiroe-chan un poco más tarde. Al fin y al cabo, no parecía que, con aquél chaparrón, fuese a haber mucha clientela. Pese a todo, en algún momento tendría que abrir, se dijo. La gente de Amegakure estaba acostumbrada a la lluvia. Aquella tormenta sólo era un poco más fuerte de lo que estaban acostumbrados. Alguno vendría. Más tarde.
Por eso, después de tomarse el desayuno, Kiroe se vistió y bajó al piso de abajo, para bajar las sillas, para comenzar a calentar los hornos y preparar las masas, para colocar las cartas en las mesas, con delicadeza, en una posición determinada. Era un ritual matutino que siempre la ayudaba a terminar de despertar, y ver su negocio en marcha siempre le arrancaba una sonrisa.
Pero cuando terminó de bajar la última silla y se limpió el sudor de la frente, alguien aporreó la puerta, dispuesto a interrumpir el silencio ruidoso de la lluvia y su tranquilidad.
—¡AMEDAMA, ABRE LA PUERTA! —La inconfundible voz de Zetsuo inundó la sala. Kiroe suspiró, y se dirigió a la puerta de la cafetería.
«¿Qué querrá ahora este...?»
Kiroe abrió la puerta, y también los ojos con sorpresa. En cuanto a Zetsuo, tenía un aspecto aterrador. No por lo enfadado que pudiera estar, no, sino por su rostro asustado. En cuanto a Kori...
...si se conocía a Kori mucho tiempo, se podía saber a ciencia cierta cuando algo iba muy mal.
—¿Qué ha pasado, Zetsuo? —espetó la pastelera de inmediato. El rostro de Kiroe se volvió pálido como la cera de una vela.
Por eso, después de tomarse el desayuno, Kiroe se vistió y bajó al piso de abajo, para bajar las sillas, para comenzar a calentar los hornos y preparar las masas, para colocar las cartas en las mesas, con delicadeza, en una posición determinada. Era un ritual matutino que siempre la ayudaba a terminar de despertar, y ver su negocio en marcha siempre le arrancaba una sonrisa.
Pero cuando terminó de bajar la última silla y se limpió el sudor de la frente, alguien aporreó la puerta, dispuesto a interrumpir el silencio ruidoso de la lluvia y su tranquilidad.
¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
—¡AMEDAMA, ABRE LA PUERTA! —La inconfundible voz de Zetsuo inundó la sala. Kiroe suspiró, y se dirigió a la puerta de la cafetería.
«¿Qué querrá ahora este...?»
Kiroe abrió la puerta, y también los ojos con sorpresa. En cuanto a Zetsuo, tenía un aspecto aterrador. No por lo enfadado que pudiera estar, no, sino por su rostro asustado. En cuanto a Kori...
...si se conocía a Kori mucho tiempo, se podía saber a ciencia cierta cuando algo iba muy mal.
—¿Qué ha pasado, Zetsuo? —espetó la pastelera de inmediato. El rostro de Kiroe se volvió pálido como la cera de una vela.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)