14/10/2017, 18:58
Con un simple aleteo, la imponente ave rapaz movió todo el aire a su alrededor y lo obligó, técnicamente, a arremolinarse por debajo de sus blanquecinas plumas invernales. Una fuerte ráfaga envolvió a todos los presentes y más pronto que tarde, Yukyō se alzó por sobre los cielos. Y así lo hicieron también las dos aves de caramelo.
En cuestión de minutos, el grupo improvisado para la misión "Salvando a la Kunoichi Ayame" ya se encontraba zurcando los lúgubres cielos de Amegakure, dejando atrás, a paso acelerado; lo que desde abajo suponían ser una de las ciudade más avanzadas y estructurales de todo Oonindo, pero que desde ahí arriba; parecían sólo pequeños trozos de juguete. Diminutos a la vista, para como lucían en tierra firme.
Entonces, el silencio. Un silencio sólo interrumpido por las gotas de lluvia golpéandoles el cuerpo, y alguna centella ocasional divisándose en el horizonte. Hasta que, como buen líder, Koori se acercó hasta los linderos de Kaido y Mogura, para ahondar más en la información que tenía acerca de Ayame, y de sus opresores.
Creemos que han sido los Kajitsu Hōzuki. No sé si habréis oído hablar de ellos, pero son un grupo de supremacistas del clan que han estado persiguiendo a Ayame desde que era pequeña —en cuanto escuchó aquello, el gyojin sintió como si Ame no Kami presionara los cielos por sobre su espalda, y un deje de incertidumbre le gobernó la cabeza. Trató de esconder la mirada, pero de pronto se supo incapaz de rehuir de los gélidos orbes de Koori que le observaban con inclemencia. Entonces, creyó más conveniente plantar cara a lo revelado como bien pudiera, o de lo contrario; podría parecer sospechoso. Después de todo, él también era un... —. No soportan la idea de que haya una Hōzuki que no esté con familiares de su mismo... clan. Por eso se empeñaron en arrancarla de nuestro lado, ya que no sabían que no podríamos desarrollar todo su potencial como Hōzuki.
—Y por esa razón, les ha parecido buena idea traer a un ninja que ¡casualmente! también es un miembro del clan Hōzuki, ¿no? Vamos, dejémonos de patrañas. ¿Por qué estoy aquí? ¿acaso soy sospechoso, o quizás creéis que sé algo de estos Kajitsu? porque no, no sé una puta mierda. Tampoco sabía que Ayame era uno de los nuestros sino hasta la final del torneo, si eso les sirve de algo.
Al final de su pequeño discurso, el gyojin no pudo sino sentirse ligeramente identificado con Ayame. Porque, aunque quizás no era la misma situación —realmente no entendía el hecho de que estos Kajitsu Hōzuki llegaran a tal punto de secuestrar a alguien sólo por no subordinarse a sus enseñanzas— sí que compartían directrices similares. Dos reductos diferentes de un mismo clan, quizás no relacionados entre sí, pero que a fin de cuentas buscaban controlar a sus jóvenes promesas. Con Kaido lo habían logrado, a tal punto de convencerlo de que ser el arma para sus fines era la mejor opción. Con Ayame, no obstante, no habría podido ser tan fácil.
Ella tenía a tanta gente para defenderla. Su padre, Daruu, Koori. Incluso la mismísima Yui, quien no había escatimado en su respuesta para armar a un equipo efectivo, que pudiera ser capaz de encontrarla.
Pero con él, nadie se había atrevido a mover un sólo dedo. Quizás porque nadie sabía de su situación, o porque quizás no necesitaba que le ayudasen. Se sentía parte de ellos, de los Hōzuki, a pesar de que no fuese sino un as bajo la manga para sus objetivos. Pero eso le bastó, y le seguía bastando.
A fin de cuentas, era la única familia que tenía. O, bueno... lo más cercano a una.
En cuestión de minutos, el grupo improvisado para la misión "Salvando a la Kunoichi Ayame" ya se encontraba zurcando los lúgubres cielos de Amegakure, dejando atrás, a paso acelerado; lo que desde abajo suponían ser una de las ciudade más avanzadas y estructurales de todo Oonindo, pero que desde ahí arriba; parecían sólo pequeños trozos de juguete. Diminutos a la vista, para como lucían en tierra firme.
Entonces, el silencio. Un silencio sólo interrumpido por las gotas de lluvia golpéandoles el cuerpo, y alguna centella ocasional divisándose en el horizonte. Hasta que, como buen líder, Koori se acercó hasta los linderos de Kaido y Mogura, para ahondar más en la información que tenía acerca de Ayame, y de sus opresores.
Creemos que han sido los Kajitsu Hōzuki. No sé si habréis oído hablar de ellos, pero son un grupo de supremacistas del clan que han estado persiguiendo a Ayame desde que era pequeña —en cuanto escuchó aquello, el gyojin sintió como si Ame no Kami presionara los cielos por sobre su espalda, y un deje de incertidumbre le gobernó la cabeza. Trató de esconder la mirada, pero de pronto se supo incapaz de rehuir de los gélidos orbes de Koori que le observaban con inclemencia. Entonces, creyó más conveniente plantar cara a lo revelado como bien pudiera, o de lo contrario; podría parecer sospechoso. Después de todo, él también era un... —. No soportan la idea de que haya una Hōzuki que no esté con familiares de su mismo... clan. Por eso se empeñaron en arrancarla de nuestro lado, ya que no sabían que no podríamos desarrollar todo su potencial como Hōzuki.
—Y por esa razón, les ha parecido buena idea traer a un ninja que ¡casualmente! también es un miembro del clan Hōzuki, ¿no? Vamos, dejémonos de patrañas. ¿Por qué estoy aquí? ¿acaso soy sospechoso, o quizás creéis que sé algo de estos Kajitsu? porque no, no sé una puta mierda. Tampoco sabía que Ayame era uno de los nuestros sino hasta la final del torneo, si eso les sirve de algo.
Al final de su pequeño discurso, el gyojin no pudo sino sentirse ligeramente identificado con Ayame. Porque, aunque quizás no era la misma situación —realmente no entendía el hecho de que estos Kajitsu Hōzuki llegaran a tal punto de secuestrar a alguien sólo por no subordinarse a sus enseñanzas— sí que compartían directrices similares. Dos reductos diferentes de un mismo clan, quizás no relacionados entre sí, pero que a fin de cuentas buscaban controlar a sus jóvenes promesas. Con Kaido lo habían logrado, a tal punto de convencerlo de que ser el arma para sus fines era la mejor opción. Con Ayame, no obstante, no habría podido ser tan fácil.
Ella tenía a tanta gente para defenderla. Su padre, Daruu, Koori. Incluso la mismísima Yui, quien no había escatimado en su respuesta para armar a un equipo efectivo, que pudiera ser capaz de encontrarla.
Pero con él, nadie se había atrevido a mover un sólo dedo. Quizás porque nadie sabía de su situación, o porque quizás no necesitaba que le ayudasen. Se sentía parte de ellos, de los Hōzuki, a pesar de que no fuese sino un as bajo la manga para sus objetivos. Pero eso le bastó, y le seguía bastando.
A fin de cuentas, era la única familia que tenía. O, bueno... lo más cercano a una.
