28/10/2017, 05:57
«Joder, nada como estar en casa»
...
«¡Pero en la casa de Amegakure, claro, con la chimenea quemando madera a millón! ¡¿y este maldito frío qué, ah!?» —pensó, mientras su cuerpo se entumecía más que un gélido carámbano de caverna. Y esa vez no tenía a un Hibagon que le sirviese como manta, como aquella vez en los altos páramos de los Dojos.
Pero además del irreverente frío invernal que se calaba hasta sus huesos, el grupo contaba con adversidades como la poca iluminación y con corrientes muy turbias que obligaban al grupo a tener que mantenerse lo más juntos posible a fin de no perderse todos de vista. Además, ralentizaba el paso de nado y obligaba al escualo a tener que contenerse, pues si decidía aletear de más, probablemente iba a dejarlos atrás, muy atrás.
Pero el perderse de vista los unos a los otros iba a ser el menor de sus problemas, teniendo en cuenta que la inacción de los Kajitsu no iba a durar para siempre. No, ahora que el grupo de retaliación se encontraba en el patio de casa ajena, sería incluso hasta insultante no pensar en que ellos intentarían detener el avance de tan numeroso equipo de rescate, y más aún estando tan cerca de su refugio. Pero a fin de cuentas actuaron, sí, y de la manera más adecuada posible:
Camuflándose con el agua y apareciendo ahí, frente al que ellos consideraban al eslabón más débil.
Una sonrisa, un manojo filoso de dientes. Un simple movimiento de mano, y.... Mogura de pronto se encontró sin respirador, y por tanto, sin oxígeno.
«¡Mierda, no!»
Estaban jodidos, realmente jodidos. ¿Cómo iban a salvar a Mogura ahora? si aunque recuperasen el respirador, ponérselo de vuelta no era una opción, no al menos mientras siguiesen sumergidos.
La única respuesta que tuvo el gyojin en ese momento fue la de patalear. Patalear tan duro como se lo permitieron sus piernas, rompiendo el agua delante suyo y avanzando como un torpedo hasta los linderos del enemigo a una velocidad envidiable. Con su brazo por delante, ahora sosteniendo un kunai; asemejando aquel apéndice al pico larguirucho y letal de un pez espada.
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«¡Pero en la casa de Amegakure, claro, con la chimenea quemando madera a millón! ¡¿y este maldito frío qué, ah!?» —pensó, mientras su cuerpo se entumecía más que un gélido carámbano de caverna. Y esa vez no tenía a un Hibagon que le sirviese como manta, como aquella vez en los altos páramos de los Dojos.
Pero además del irreverente frío invernal que se calaba hasta sus huesos, el grupo contaba con adversidades como la poca iluminación y con corrientes muy turbias que obligaban al grupo a tener que mantenerse lo más juntos posible a fin de no perderse todos de vista. Además, ralentizaba el paso de nado y obligaba al escualo a tener que contenerse, pues si decidía aletear de más, probablemente iba a dejarlos atrás, muy atrás.
Pero el perderse de vista los unos a los otros iba a ser el menor de sus problemas, teniendo en cuenta que la inacción de los Kajitsu no iba a durar para siempre. No, ahora que el grupo de retaliación se encontraba en el patio de casa ajena, sería incluso hasta insultante no pensar en que ellos intentarían detener el avance de tan numeroso equipo de rescate, y más aún estando tan cerca de su refugio. Pero a fin de cuentas actuaron, sí, y de la manera más adecuada posible:
Camuflándose con el agua y apareciendo ahí, frente al que ellos consideraban al eslabón más débil.
Una sonrisa, un manojo filoso de dientes. Un simple movimiento de mano, y.... Mogura de pronto se encontró sin respirador, y por tanto, sin oxígeno.
«¡Mierda, no!»
Estaban jodidos, realmente jodidos. ¿Cómo iban a salvar a Mogura ahora? si aunque recuperasen el respirador, ponérselo de vuelta no era una opción, no al menos mientras siguiesen sumergidos.
La única respuesta que tuvo el gyojin en ese momento fue la de patalear. Patalear tan duro como se lo permitieron sus piernas, rompiendo el agua delante suyo y avanzando como un torpedo hasta los linderos del enemigo a una velocidad envidiable. Con su brazo por delante, ahora sosteniendo un kunai; asemejando aquel apéndice al pico larguirucho y letal de un pez espada.
