2/11/2017, 11:03
Kōri percibió por el rabillo del ojo los movimientos de Kaido. Se giró hacia él, y entonces el Tiburón se señaló a sí mismo y después a uno de ellos. El jonin no pudo menos que ladear la cabeza, entrecerrando ligeramente los ojos. Los gestos no eran claros, y no conseguía comprenderle.
Afortunadamente, Zetsuo llegó en ese preciso momento, seguido de cerca por Mogura. El jonin tampoco había entendido sus gestos, pero le bastó con clavar sus ojos aguamarina en los de él para comprender qué era lo que les estaba intentando decir. Negó con la cabeza, y lanzó el puño hacia delante con suavidad, como si le estuviera asestando un puñetazo al agua. Después juntó los dedos índice de ambas manos y, por último, cerró el puño derecho y dirigió el pulgar hacia abajo.
Kōri asintió junto a él. Pero, desafortunadamente, ni Kaido ni Mogura llegaban a dominar la lengua de signos, y mientras uno no era capaz de seguir las señas a tiempo de entenderlas, el otro no sabía cómo responder. Sólo Daruu era capaz de hacer ambas cosas:
Zetsuo giró sobre sí mismo para dirigirse hacia Daruu, para indicarle que vigilara con sus ojos los alrededores por si se acercaban más Hōzuki, pero no pudo más que entrecerrar los ojos con el ceño fruncido cuando le vio allí, acuclillado en su burbuja de protección y tapándose el rostro con ambas manos. Su cuerpo temblaba, y al médico no le hacía falta meterse en su mente para saber lo que estaba pasando por su cerebro. No estaba en condiciones de usar el Byakugan, pero no era eso lo que le irritaba tanto. Una nube de burbujas surgió de su respirador ante una maldición silenciosa, y Zetsuo pataleó con rabia para acercarse a la posición del Hyūga. Y, sin ningún tipo de delicadeza, asestó un fuerte golpe en la pared de la burbuja con el canto de su puño cerrado que hizo que el sonido se propagara como un cañonazo. Sabía que la prisión de agua lo resistiría, tan sólo pretendía llamar la atención del chico. Y cuando el chico levantara la mirada, se encontraría con el furibundo gesto del médico, que con gestos vehementes le instaba a levantarse y a prestar atención.
Aquel era el peor momento para mostrar debilidad.
Se volvió de nuevo hacia todos, y volvió a dirigir el puño hacia delante para después mostrar el dedo pulgar hacia abajo antes de arquear el cuerpo y seguir con la inmersión.
Y Kōri asintió y siguió la estela de su padre.
No contaban con el Byakugan de momento, por lo que tendrían que confiar en su buena suerte y no bajar la guardia en ningún momento.
Así pues, siguieron avanzando y descendiendo con sumo cuidado. Tanto Zetsuo como Kōri intentaban en todo momento mantenerse cerca del resto del grupo. Aunque de esa manera eran más visibles, la protección del grupo siempre resultaba más efectiva. Varios pares de ojos siempre verían más que uno solo, y de esa manera reducían las posibilidades de que uno de los miembros del equipo fuera atacado. Afortunadamente, si es que podían llamar a aquello buena suerte, ningún Hōzuki volvió a atacarlos, y de esa manera pronto llegaron al pie del acantilado. Tuvieron que detenerse momentáneamente, pero enseguida los tres adultos repararon en la pequeña oquedad a la que se había referido Daruu en la playa. Era un agujero excavado en la roca, de apenas un metro de diámetro que quedaba sumergido en la más absoluta oscuridad.
Zetsuo se volvió, con cierta preocupación, hacia los Amedama. Ambos se sostenían de pie sobre sus burbujas, por lo que era evidente que aquellas esferas no cabrían a través de una oquedad tan angosta como aquella.
Afortunadamente, Zetsuo llegó en ese preciso momento, seguido de cerca por Mogura. El jonin tampoco había entendido sus gestos, pero le bastó con clavar sus ojos aguamarina en los de él para comprender qué era lo que les estaba intentando decir. Negó con la cabeza, y lanzó el puño hacia delante con suavidad, como si le estuviera asestando un puñetazo al agua. Después juntó los dedos índice de ambas manos y, por último, cerró el puño derecho y dirigió el pulgar hacia abajo.
Kōri asintió junto a él. Pero, desafortunadamente, ni Kaido ni Mogura llegaban a dominar la lengua de signos, y mientras uno no era capaz de seguir las señas a tiempo de entenderlas, el otro no sabía cómo responder. Sólo Daruu era capaz de hacer ambas cosas:
"No. Peligroso. Descendamos juntos."
Zetsuo giró sobre sí mismo para dirigirse hacia Daruu, para indicarle que vigilara con sus ojos los alrededores por si se acercaban más Hōzuki, pero no pudo más que entrecerrar los ojos con el ceño fruncido cuando le vio allí, acuclillado en su burbuja de protección y tapándose el rostro con ambas manos. Su cuerpo temblaba, y al médico no le hacía falta meterse en su mente para saber lo que estaba pasando por su cerebro. No estaba en condiciones de usar el Byakugan, pero no era eso lo que le irritaba tanto. Una nube de burbujas surgió de su respirador ante una maldición silenciosa, y Zetsuo pataleó con rabia para acercarse a la posición del Hyūga. Y, sin ningún tipo de delicadeza, asestó un fuerte golpe en la pared de la burbuja con el canto de su puño cerrado que hizo que el sonido se propagara como un cañonazo. Sabía que la prisión de agua lo resistiría, tan sólo pretendía llamar la atención del chico. Y cuando el chico levantara la mirada, se encontraría con el furibundo gesto del médico, que con gestos vehementes le instaba a levantarse y a prestar atención.
Aquel era el peor momento para mostrar debilidad.
Se volvió de nuevo hacia todos, y volvió a dirigir el puño hacia delante para después mostrar el dedo pulgar hacia abajo antes de arquear el cuerpo y seguir con la inmersión.
"Cuidado. Descendamos."
Y Kōri asintió y siguió la estela de su padre.
No contaban con el Byakugan de momento, por lo que tendrían que confiar en su buena suerte y no bajar la guardia en ningún momento.
Así pues, siguieron avanzando y descendiendo con sumo cuidado. Tanto Zetsuo como Kōri intentaban en todo momento mantenerse cerca del resto del grupo. Aunque de esa manera eran más visibles, la protección del grupo siempre resultaba más efectiva. Varios pares de ojos siempre verían más que uno solo, y de esa manera reducían las posibilidades de que uno de los miembros del equipo fuera atacado. Afortunadamente, si es que podían llamar a aquello buena suerte, ningún Hōzuki volvió a atacarlos, y de esa manera pronto llegaron al pie del acantilado. Tuvieron que detenerse momentáneamente, pero enseguida los tres adultos repararon en la pequeña oquedad a la que se había referido Daruu en la playa. Era un agujero excavado en la roca, de apenas un metro de diámetro que quedaba sumergido en la más absoluta oscuridad.
Zetsuo se volvió, con cierta preocupación, hacia los Amedama. Ambos se sostenían de pie sobre sus burbujas, por lo que era evidente que aquellas esferas no cabrían a través de una oquedad tan angosta como aquella.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)