24/11/2017, 12:43
(Última modificación: 2/12/2017, 18:32 por Amedama Daruu.)
Tal y como les había indicado Kōri, dos días después de haber finalizado el encargo que les hizo Kiroe, Ayame aguardaba en silencio frente a la pastelería.
La lluvia arreciaba con fuerza aquella mañana y Ayame, distraída, hacía girar el paraguas de color azul por encima de su cabeza. En realidad no lo llevaba porque le molestara el agua, más bien al contrario, pero se había dado cuenta de que no podía llegar empapada de los pies a la cabeza a cada cliente que les solicitaba una tarea. Suspiró, y el vaho aleteó entre sus labios cuando se arrebujó en la gruesa capa que llevaba puesta. Para ser otoño, aquel día era inusualmente frío.
«¿Qué tipo de misión nos mandarán esta vez?» Meditaba, intercambiando el peso de una pierna a otra. «Ojalá sea algo interesante, comienzo a aburrirme de estos encargos que podría hacer cualquier otra persona...» Pensativa, dejó caer la mirada hacia el suelo torciendo ligeramente el gesto. «¿Para esto están los ninjas? ¿Para recoger gatos de tejados y ayudar a vender muestras de bollitos por las calles...?»
No podía evitarlo. Aquellos últimos días el desánimo había caído sobre sus hombros con todo su peso. Y aquel abatimiento sólo traía dudas y un negativismo que se mordía la cola y se retroalimentaba a sí mismo. ¿Se había convertido en ninja para hacer aquellas misiones? ¿Qué diferencia había con un jardinero o una pastelera? ¿Acaso estarían haciendo aquellas misiones sin importancia durante toda su vida como kunoichi? ¿Cómo conseguiría mejorar sus capacidades si no encontraba ningún reto que saltar?
Y por si no fuera suficiente con aquella sensación, la situación en su casa no mejoraba. El silencio reinaba en el hogar, un silencio tenso y doloroso que le apuñalaba en el pecho cada vez que se cruzaba cara a cara con Zetsuo.
La lluvia arreciaba con fuerza aquella mañana y Ayame, distraída, hacía girar el paraguas de color azul por encima de su cabeza. En realidad no lo llevaba porque le molestara el agua, más bien al contrario, pero se había dado cuenta de que no podía llegar empapada de los pies a la cabeza a cada cliente que les solicitaba una tarea. Suspiró, y el vaho aleteó entre sus labios cuando se arrebujó en la gruesa capa que llevaba puesta. Para ser otoño, aquel día era inusualmente frío.
«¿Qué tipo de misión nos mandarán esta vez?» Meditaba, intercambiando el peso de una pierna a otra. «Ojalá sea algo interesante, comienzo a aburrirme de estos encargos que podría hacer cualquier otra persona...» Pensativa, dejó caer la mirada hacia el suelo torciendo ligeramente el gesto. «¿Para esto están los ninjas? ¿Para recoger gatos de tejados y ayudar a vender muestras de bollitos por las calles...?»
No podía evitarlo. Aquellos últimos días el desánimo había caído sobre sus hombros con todo su peso. Y aquel abatimiento sólo traía dudas y un negativismo que se mordía la cola y se retroalimentaba a sí mismo. ¿Se había convertido en ninja para hacer aquellas misiones? ¿Qué diferencia había con un jardinero o una pastelera? ¿Acaso estarían haciendo aquellas misiones sin importancia durante toda su vida como kunoichi? ¿Cómo conseguiría mejorar sus capacidades si no encontraba ningún reto que saltar?
Y por si no fuera suficiente con aquella sensación, la situación en su casa no mejoraba. El silencio reinaba en el hogar, un silencio tenso y doloroso que le apuñalaba en el pecho cada vez que se cruzaba cara a cara con Zetsuo.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)