27/11/2017, 13:02
—¿Qué opino...? —respondió Mogura, mirando directamente a los ojos de Marun. Todo su cuerpo se tensó en cuestión de segundos, sin duda preparándose para lo que se venía encima—. Opino que Reigetsu debe ser idiota si planea sellar un bijū en semejante pelotudo...
La confiada sonrisa del Hōzuki desapareció de su gesto.
—Vaya una manera de joder tus últimas palabras —sentenció, con ojos sombríos—. ¡MUERE!
Marun descargó toda la potencia de su brazo hipertrofiado contra el torso del médico. Un auténtico martillo hidráulico que había triplicado su tamaño natural.
—Y somos tres jōnin, pero... —intervino Kiroe.
—...pero casi no salimos con vida de la entrada, y no creo que los que se hayan llevado a Ayame sean más débiles que los que estaban aquí custodiando la puerta —completó Daruu—. Zetsuo-san casi muere allá abajo en el agua...
—Casi, sí —le interrumpió Kaido, inflando el pecho como un orgulloso pavo.
—...A nosotros dos nos hirieron de gravedad, y es la primera vez que veo a Kōri-sensei pasarlo tan mal. Creo que deberíamos permanecer juntos, de modo que dejadme intentarlo de nuevo...
—Vale, pero no vayas a quedarte ciego otra vez, por Ame no Kami —añadió el Tiburón de nuevo.
—Cierto. No nos podemos permitir que te quedes ciego de nuevo justamente ahora. Así que no te fuerces —asintió Zetsuo, frunciendo ligeramente el ceño.
Daruu se adelantó unos pasos, y volvió a activar el Byakugan. De nuevo, el mundo volvió a abrirse ante él.
—¿Qué estás viendo, Daruu? —cuestionó Zetsuo, impaciente.
La confiada sonrisa del Hōzuki desapareció de su gesto.
—Vaya una manera de joder tus últimas palabras —sentenció, con ojos sombríos—. ¡MUERE!
Marun descargó toda la potencia de su brazo hipertrofiado contra el torso del médico. Un auténtico martillo hidráulico que había triplicado su tamaño natural.
. . .
—Y somos tres jōnin, pero... —intervino Kiroe.
—...pero casi no salimos con vida de la entrada, y no creo que los que se hayan llevado a Ayame sean más débiles que los que estaban aquí custodiando la puerta —completó Daruu—. Zetsuo-san casi muere allá abajo en el agua...
—Casi, sí —le interrumpió Kaido, inflando el pecho como un orgulloso pavo.
—...A nosotros dos nos hirieron de gravedad, y es la primera vez que veo a Kōri-sensei pasarlo tan mal. Creo que deberíamos permanecer juntos, de modo que dejadme intentarlo de nuevo...
—Vale, pero no vayas a quedarte ciego otra vez, por Ame no Kami —añadió el Tiburón de nuevo.
—Cierto. No nos podemos permitir que te quedes ciego de nuevo justamente ahora. Así que no te fuerces —asintió Zetsuo, frunciendo ligeramente el ceño.
Daruu se adelantó unos pasos, y volvió a activar el Byakugan. De nuevo, el mundo volvió a abrirse ante él.
En aquella ocasión pudo utilizar su visión en su máximo potencial.
Los tres caminos se adentraban en el interior de la caverna hasta donde le alcanzaba la vista, iluminados en todo momento por lámparas de aceite que colgaban de las mismas paredes.
El camino de la izquierda se arqueaba hacia ese mismo lado y tenía múltiples puertas que accedían a diversas habitaciones donde debían residir los Hōzuki. Camas y diversos muebles de diferente índole eran su único inmobiliario, con alguna que otra decoración adicional pero nada destacable.
El camino del centro seguía en línea recta. No existía ninguna puerta ni habitación adicional; sin embargo, hacia el final de su rango de visión, Daruu podría ver que el camino se abría en una amplia sala circular en cuyo centro caía desde el techo, a cielo abierto, una enorme cascada que se hundía en el suelo hasta el piso inferior que había visto con anterioridad. El rumor que escuchaban parecía provenir, precisamente, de aquella caída de agua. En dicho piso inferior, una silueta bastante alta y corpulenta cuyo chakra, extrañamente, brillaba de un color oscuro, había tomado a otra figura de la mano y la conducía con suavidad pero cierta prisa hacia el fondo de la caverna y que el Byakugan no alcanzaba a ver. La segunda silueta, inconfundible para los ojos de Daruu, era precisamente Ayame, con su chakra de color azul destellando un zafiro en aquella tenue luminosidad.
El camino de la derecha era similar al de la izquierda. Se arqueaba hacia ese lado y estaba siempre iluminado por lámparas de aceite. Numerosas puertas en la pared daban acceso a nuevas salas, pero aquellas no eran simples habitaciones. En una de las más cercanas, Daruu pudo ver a una persona de chakra de color violáceo, sumamente concentrado en la lectura de un libro que tenía sobre el escritorio y que no parecía haberse enterado de la invasión de los ninjas de Amegakure. En esa misma mesa había numerosos tomos, todos ellos dedicados a la misma temática: Artes del Fūinjutsu, Fūinjutsu Avanzado, Los Secretos de las Artes de Sellado, Fūinjutsu y Bestias con Colas... En la misma sala, cerca de aquella persona, había lo que parecía ser una camilla con correas de cuero y diferentes utensilios que escapaban a su imaginación. Siguiendo por aquel pasillo se encontraría con más salas del mismo estilo entre las que destacaban bibliotecas y prisiones, y, casi al final de su rango de misión, otra sala que llamaría la atención de cualquiera. Esta estaba inundada por un palmo de agua y en su interior forcejeaban dos personas: una cuyo chakra era de color marrón y la otra... Mogura.
Los tres caminos se adentraban en el interior de la caverna hasta donde le alcanzaba la vista, iluminados en todo momento por lámparas de aceite que colgaban de las mismas paredes.
El camino de la izquierda se arqueaba hacia ese mismo lado y tenía múltiples puertas que accedían a diversas habitaciones donde debían residir los Hōzuki. Camas y diversos muebles de diferente índole eran su único inmobiliario, con alguna que otra decoración adicional pero nada destacable.
El camino del centro seguía en línea recta. No existía ninguna puerta ni habitación adicional; sin embargo, hacia el final de su rango de visión, Daruu podría ver que el camino se abría en una amplia sala circular en cuyo centro caía desde el techo, a cielo abierto, una enorme cascada que se hundía en el suelo hasta el piso inferior que había visto con anterioridad. El rumor que escuchaban parecía provenir, precisamente, de aquella caída de agua. En dicho piso inferior, una silueta bastante alta y corpulenta cuyo chakra, extrañamente, brillaba de un color oscuro, había tomado a otra figura de la mano y la conducía con suavidad pero cierta prisa hacia el fondo de la caverna y que el Byakugan no alcanzaba a ver. La segunda silueta, inconfundible para los ojos de Daruu, era precisamente Ayame, con su chakra de color azul destellando un zafiro en aquella tenue luminosidad.
El camino de la derecha era similar al de la izquierda. Se arqueaba hacia ese lado y estaba siempre iluminado por lámparas de aceite. Numerosas puertas en la pared daban acceso a nuevas salas, pero aquellas no eran simples habitaciones. En una de las más cercanas, Daruu pudo ver a una persona de chakra de color violáceo, sumamente concentrado en la lectura de un libro que tenía sobre el escritorio y que no parecía haberse enterado de la invasión de los ninjas de Amegakure. En esa misma mesa había numerosos tomos, todos ellos dedicados a la misma temática: Artes del Fūinjutsu, Fūinjutsu Avanzado, Los Secretos de las Artes de Sellado, Fūinjutsu y Bestias con Colas... En la misma sala, cerca de aquella persona, había lo que parecía ser una camilla con correas de cuero y diferentes utensilios que escapaban a su imaginación. Siguiendo por aquel pasillo se encontraría con más salas del mismo estilo entre las que destacaban bibliotecas y prisiones, y, casi al final de su rango de misión, otra sala que llamaría la atención de cualquiera. Esta estaba inundada por un palmo de agua y en su interior forcejeaban dos personas: una cuyo chakra era de color marrón y la otra... Mogura.
—¿Qué estás viendo, Daruu? —cuestionó Zetsuo, impaciente.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)