2/12/2017, 18:00
(Última modificación: 2/12/2017, 19:32 por Umikiba Kaido.)
—¿Chan? —Kiroe soltó una risilla peligrosa—. Sigue tratándome así, pequeño boquerón, y pronto acabarás dentro de un bote en conserva. —Le guiñó un ojo a Kaido, bromista—. Sígueme, Kaido-chan.
«Dentro de un bote en conserva, o, quizás; en tu corazón» —él le devolvió el guiño, tan pícaro y risueño como sólo él podía serlo. Luego, la siguió hasta la entrada de aquella bifurcación, en la que tendrían que introducirse para encontrar a Manase Mogura, y derrotar a los Kajitsu que aún se encontraban a lo largo de aquel pasillo amenazando el cumplimiento de tan importante misión.
»Dime, ¿los Hōzuki... os convertís en agua automáticamente, o es algo que tenéis que hacer conscientemente? Si yo atacase a uno por sorpresa...
—Automáticamente no, tenemos que activarlo; usualmente al momento en el que creemos que nuestros cuerpos puedan correr algún peligro mortal. Así que, si atacas a uno por sorpresa...
La azulada mano del escualo subió hasta su garganta, y pasó su dedo horizontalmente a través de. La respuesta era obvia: Si lograba pillar por sorpresa a aquel hombre de la habitación, sería, probablemente, una muerte limpia y segura.
¿Sería ella capaz de lograrlo?
—Maldita sea, maldita sea, ¡maldita sea! —espetaba, fúrico. Aquel interminable pasillo le estaba sacando de quicio, eso era evidente.
De un momento a otro, ya hastiado de correr sin un fin aparente, el escualo se detuvo. Sintió primero la necesidad de recobrar el aliento, y también de echarle un ojo a su alrededor, aunque todo lo que veía era lo misma mierda que había estado atravesando desde que dejó a Kiroe, allá atrás.
Escupió al suelo, y volvió a maldecir. Pero ésta vez, su perjura tendría que tener un fin.
Porque, había que ser un poco idiota como para no darse cuenta de que, al paso en el que había estado corriendo y según el bosquejo que le había hecho Daruu con su Byakugan; él tendría que haber dado ya con el lugar en el que se encontraba Mogura. Sencillamente, los tiempos no daban. Y para dar explicación a eso, habían varias opciones. La cuestión era si el Hozuki podría ser capaz de darse cuenta de ello.
Entonces, el kyojin apaciguó su ritmo e intentó pensar. Pensar, como pocas veces se detenía a hacerlo. ¿Sería él capaz de discernir, con los cabos sin atar a su disposición, qué era lo que estaba sucediendo?
«Dentro de un bote en conserva, o, quizás; en tu corazón» —él le devolvió el guiño, tan pícaro y risueño como sólo él podía serlo. Luego, la siguió hasta la entrada de aquella bifurcación, en la que tendrían que introducirse para encontrar a Manase Mogura, y derrotar a los Kajitsu que aún se encontraban a lo largo de aquel pasillo amenazando el cumplimiento de tan importante misión.
»Dime, ¿los Hōzuki... os convertís en agua automáticamente, o es algo que tenéis que hacer conscientemente? Si yo atacase a uno por sorpresa...
—Automáticamente no, tenemos que activarlo; usualmente al momento en el que creemos que nuestros cuerpos puedan correr algún peligro mortal. Así que, si atacas a uno por sorpresa...
La azulada mano del escualo subió hasta su garganta, y pasó su dedo horizontalmente a través de. La respuesta era obvia: Si lograba pillar por sorpresa a aquel hombre de la habitación, sería, probablemente, una muerte limpia y segura.
¿Sería ella capaz de lograrlo?
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—Maldita sea, maldita sea, ¡maldita sea! —espetaba, fúrico. Aquel interminable pasillo le estaba sacando de quicio, eso era evidente.
De un momento a otro, ya hastiado de correr sin un fin aparente, el escualo se detuvo. Sintió primero la necesidad de recobrar el aliento, y también de echarle un ojo a su alrededor, aunque todo lo que veía era lo misma mierda que había estado atravesando desde que dejó a Kiroe, allá atrás.
Escupió al suelo, y volvió a maldecir. Pero ésta vez, su perjura tendría que tener un fin.
Porque, había que ser un poco idiota como para no darse cuenta de que, al paso en el que había estado corriendo y según el bosquejo que le había hecho Daruu con su Byakugan; él tendría que haber dado ya con el lugar en el que se encontraba Mogura. Sencillamente, los tiempos no daban. Y para dar explicación a eso, habían varias opciones. La cuestión era si el Hozuki podría ser capaz de darse cuenta de ello.
Entonces, el kyojin apaciguó su ritmo e intentó pensar. Pensar, como pocas veces se detenía a hacerlo. ¿Sería él capaz de discernir, con los cabos sin atar a su disposición, qué era lo que estaba sucediendo?
Kaido tiene una revelación y aprende a usar ¡Inteligencia!, para intentar encontrar una respuesta apropiada a su fallido intento de dar con su la habitación en la que se encuentra Mogura.
