4/12/2017, 13:12
Bajar.
Esa era la sencilla orden que había emitido Zetsuo. Nada de estrategias complicadas. Daruu alzó una ceja, sorprendido, preocupado, y a la vez, admirado por la simplicidad de las directrices del padre de Ayame. Por un lado, resultaba admirable, sí, que tuviera el valor para arrojarse a las garras del enemigo directamente. Por otro lado, resultaba preocupante. ¿Eran sus órdenes fruto de la confianza en sus habilidades o en la desesperación por encontrar a su hija? Él también estaba desesperado, por supuesto, pero tenía miedo de lo que pudiera...
...pero el Hielo, quien se suponía el más frío —figurada y realmente— del grupo, no puso ninguna objección al curso de acción del médico. De modo que, tras pensar una décima de segundo cómo caer para no hacerse daño, Daruu saltó tras ellos, y cayó con un estrépito un momento después que Kōri.
Él también surgió de las profundidades hecho toda una masa de ira. El que se llamaba Reigetsu había saludado con afable mentira a Zetsuo, quien le había reprendido. Ayame parecía asustada. Asustada y algo más.
Daruu tiró de la manga de Zetsuo.
—Están manipulando su cerebro con una especie de aguja de chakra. —El tono de la voz de Daruu estaba cargado de odio. Miró a Reigetsu y pronunció las palabras—: Vas a morir.
1 AO
Kiroe seguía corriendo junto a Kaido por aquél largo pasillo. Pronto divisaron una puerta bajo la que se escurría un charco de agua.
—Dime, Kaido, ¿cuál es la probabilidad de que ese charco sea otro de esos endemoniados Kajitsu Hōzuki? —rio Kiroe—. Esta debe de ser la puerta. Pero en serio, tengamos cuidado. Cúbreme las espaldas.
Kiroe abrió la puerta y se metió adentro con la agilidad de una gacela. Sus ojos recorrieron primero el cuerpo sin vida de Marun, quemado, y luego a Mogura, que...
—¡Mierda! —Kiroe corrió hasta él y se agachó. Vio los recipientes del dardo envenenado y del antídoto que había ingerido ahora mismo, y chasqueó la lengua contra el paladar. Rebuscó en su portaobjetos e inyectó su propio antídoto en el cuello de Mogura, donde una pequeña herida minúscula señalaba el lugar donde el dardo había penetrado.
Esa era la sencilla orden que había emitido Zetsuo. Nada de estrategias complicadas. Daruu alzó una ceja, sorprendido, preocupado, y a la vez, admirado por la simplicidad de las directrices del padre de Ayame. Por un lado, resultaba admirable, sí, que tuviera el valor para arrojarse a las garras del enemigo directamente. Por otro lado, resultaba preocupante. ¿Eran sus órdenes fruto de la confianza en sus habilidades o en la desesperación por encontrar a su hija? Él también estaba desesperado, por supuesto, pero tenía miedo de lo que pudiera...
...pero el Hielo, quien se suponía el más frío —figurada y realmente— del grupo, no puso ninguna objección al curso de acción del médico. De modo que, tras pensar una décima de segundo cómo caer para no hacerse daño, Daruu saltó tras ellos, y cayó con un estrépito un momento después que Kōri.
Él también surgió de las profundidades hecho toda una masa de ira. El que se llamaba Reigetsu había saludado con afable mentira a Zetsuo, quien le había reprendido. Ayame parecía asustada. Asustada y algo más.
Daruu tiró de la manga de Zetsuo.
—Están manipulando su cerebro con una especie de aguja de chakra. —El tono de la voz de Daruu estaba cargado de odio. Miró a Reigetsu y pronunció las palabras—: Vas a morir.
1 AO
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Kiroe seguía corriendo junto a Kaido por aquél largo pasillo. Pronto divisaron una puerta bajo la que se escurría un charco de agua.
—Dime, Kaido, ¿cuál es la probabilidad de que ese charco sea otro de esos endemoniados Kajitsu Hōzuki? —rio Kiroe—. Esta debe de ser la puerta. Pero en serio, tengamos cuidado. Cúbreme las espaldas.
Kiroe abrió la puerta y se metió adentro con la agilidad de una gacela. Sus ojos recorrieron primero el cuerpo sin vida de Marun, quemado, y luego a Mogura, que...
—¡Mierda! —Kiroe corrió hasta él y se agachó. Vio los recipientes del dardo envenenado y del antídoto que había ingerido ahora mismo, y chasqueó la lengua contra el paladar. Rebuscó en su portaobjetos e inyectó su propio antídoto en el cuello de Mogura, donde una pequeña herida minúscula señalaba el lugar donde el dardo había penetrado.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)