5/12/2017, 12:21
«No puedo creer que esté pasando esto...» Daruu apretó los puños y clavó su alba mirada en Reigetsu, y luego en Ayame. Sobretodo en Ayame. «Tú no. Ahora no. Después de todo lo que ha pasado, no.» Avanzó un paso, y bramó:
—¿¡Pero qué dices!? —Dio un paso más—. ¡Tu padre, tu hermano y yo hemos estado preocupadísimos por ti! —Era consciente de que algo estaba manipulando a Ayame, pero no tenía ciencia cierta de hasta qué punto y de qué manera. Y aún así, se sentía con ganas de decir algo. Tenía que decirlo—. Los Kajitsu tienen preparado un instrumental completo para sacarte el bijū. Sólo te quieren por el monstruo. Sólo quieren ese poder. ¡No eres más que un jarrón para ellos, y yo... yo te...!
—¡YO TE QUIERO, MALDITA SEA! ¡TODAS LAS MISIONES CON KŌRI-SENSEI...! ¡TODO...!
Y Daruu echó a correr, no hacia Ayame, sino hacia Reigetsu, enarbolando la palma de su mano como si fuera una espada.
—¡DÉJALA EN PAZ, HIJO DE PUTA!
—¡No, Daruu, espe...! —gruñó Zetsuo, y entonces... tuvo que moverse.
1 AO
Kiroe sostenía el cuerpo inmóvil de Mogura. Chasqueó la lengua. Estaba recuperando color, pero sin duda tardaría un tiempo en recuperarse. Un tiempo muy preciado.
—Está bien, Kaido-kun —tranquilizó Kiroe—. Pero no sé si va a poder moverse en un rato.
Escucharon unos pasos corriendo por el pasillo. Los pasos de alguein apresurado que no se molestaba en ocultarse. Algo raro para un Kajitsu, a no ser que dicho Kajitsu fuera alguien muy diestro en combate que viniese a matar. Kiroe depositó con delicadeza a Mogura en el suelo y sacó un kunai. Instó a Kaido a apartarse con un gesto y se propuso a saltar al techo, tal y como había hecho para eliminar al anterior ninja, pero el hombre llegó antes de que pudiera hacerlo.
Y menos mal que lo hizo, porque podría haber cometido un error muy grande.
Kiroe soltó el kunai.
—¡Karoi! —exclamó Kiroe con una sonrisa—. No te preocupes, Kaido-kun, es amigo.
»¡Rápido, Karoi! Mi hijo me ha dicho que están en el pasillo central. Tú conoces este sitio mejor que nadie, así que sabes donde está, no lo dudo. ¡Vamos, ve con ellos! Kaido, tú también deberías de ir.
Kiroe se dio la vuelta y observó a Mogura, que luchaba contra el veneno.
—Yo... no soy muy buena en enfrentamientos directos, y alguien tiene que cuidar de Mogura-kun —dijo—. No me gustaría perder un cliente tan importante como él. —Se agachó, y le acarició el cabello—. Vamos, Mogura-kun. Resiste un poco más. Te invitaré a pastel de fresa cuando todo esto acabe.
—¿¡Pero qué dices!? —Dio un paso más—. ¡Tu padre, tu hermano y yo hemos estado preocupadísimos por ti! —Era consciente de que algo estaba manipulando a Ayame, pero no tenía ciencia cierta de hasta qué punto y de qué manera. Y aún así, se sentía con ganas de decir algo. Tenía que decirlo—. Los Kajitsu tienen preparado un instrumental completo para sacarte el bijū. Sólo te quieren por el monstruo. Sólo quieren ese poder. ¡No eres más que un jarrón para ellos, y yo... yo te...!
—¡YO TE QUIERO, MALDITA SEA! ¡TODAS LAS MISIONES CON KŌRI-SENSEI...! ¡TODO...!
Y Daruu echó a correr, no hacia Ayame, sino hacia Reigetsu, enarbolando la palma de su mano como si fuera una espada.
—¡DÉJALA EN PAZ, HIJO DE PUTA!
—¡No, Daruu, espe...! —gruñó Zetsuo, y entonces... tuvo que moverse.
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Kiroe sostenía el cuerpo inmóvil de Mogura. Chasqueó la lengua. Estaba recuperando color, pero sin duda tardaría un tiempo en recuperarse. Un tiempo muy preciado.
—Está bien, Kaido-kun —tranquilizó Kiroe—. Pero no sé si va a poder moverse en un rato.
Escucharon unos pasos corriendo por el pasillo. Los pasos de alguein apresurado que no se molestaba en ocultarse. Algo raro para un Kajitsu, a no ser que dicho Kajitsu fuera alguien muy diestro en combate que viniese a matar. Kiroe depositó con delicadeza a Mogura en el suelo y sacó un kunai. Instó a Kaido a apartarse con un gesto y se propuso a saltar al techo, tal y como había hecho para eliminar al anterior ninja, pero el hombre llegó antes de que pudiera hacerlo.
Y menos mal que lo hizo, porque podría haber cometido un error muy grande.
Kiroe soltó el kunai.
—¡Karoi! —exclamó Kiroe con una sonrisa—. No te preocupes, Kaido-kun, es amigo.
»¡Rápido, Karoi! Mi hijo me ha dicho que están en el pasillo central. Tú conoces este sitio mejor que nadie, así que sabes donde está, no lo dudo. ¡Vamos, ve con ellos! Kaido, tú también deberías de ir.
Kiroe se dio la vuelta y observó a Mogura, que luchaba contra el veneno.
—Yo... no soy muy buena en enfrentamientos directos, y alguien tiene que cuidar de Mogura-kun —dijo—. No me gustaría perder un cliente tan importante como él. —Se agachó, y le acarició el cabello—. Vamos, Mogura-kun. Resiste un poco más. Te invitaré a pastel de fresa cuando todo esto acabe.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)