6/12/2017, 02:37
Temer lo peor, no obstante; no fue suficiente.
Mogura seguía, ¡Lamentablemente! vivo y coleando. Kaido tendría que lootearle el chaleco, y aquella bonita espada —que yacía a su lado como amante fiel—, luego. El escualo sonrió, nervioso, riéndose de su propio chiste. En realidad era su forma de sacarse aquel peso de encima que le suponía que Mogura pudiera estar muerto. Porque, además de ser un buen compañero, que hubiesen perdido a alguien probablemente haría que la misión no se completase con éxito.
«Te estás ablandando, Tiburón»
Pero no hubo tiempo de relajarse, sin embargo. Del pasillo por el que habían venido se escucharon unos pasos poco disimulados que se acercaban agigantados hacia su locación. Kiroe volvió a asumir el mando por sobre el gyojin y le pidió moverse para ejecutar ella su estrategia. Kaido, no obstante, se mantuvo firme, y apretó aquel kunai que yacía sobre su azulada mano como nunca antes lo había hecho.
Estaba listo para la batalla. Estaba listo para demostrar el por qué le habían llamado para rescatar a Ayame.
—¿¡Qué ocurre aquí!? ¡¿Dónde están?!
—¡Karoi! —exclamó Kiroe, mientras Kaido veía con cara de pocos amigos a su nuevo interlocutor—. No te preocupes, Kaido-kun, es amigo.
El gyojin volteó los ojos, poniéndolos blancos. ¡¿Qué era lo que tenía que hacer para tener que pelear, ah?!
... Kaido, tú también deberías de ir.
—¿Segura? —indagó.
Lo estaba, sí. Se excusó en que el combate directo no era lo suyo —a pesar de haberse cargado a un Kajitsu en apenas un parpadeo— y que alguien tenía que quedarse con el lisiado de Mogu. Kaido buscó a Karoi con la mirada, y le habló.
—Bien, amigo; llévanos —le dijo, y luego se dirigió a Kiroe, señalándola con el dedo—. y yo también voy a querer un poco de ese pastel, Kiroe-chan.
Su kunai volvió hasta el bolso de utensilios, y avanzó decidido. Era hora de terminar con aquello, por el honor de su clan.
Mogura seguía, ¡Lamentablemente! vivo y coleando. Kaido tendría que lootearle el chaleco, y aquella bonita espada —que yacía a su lado como amante fiel—, luego. El escualo sonrió, nervioso, riéndose de su propio chiste. En realidad era su forma de sacarse aquel peso de encima que le suponía que Mogura pudiera estar muerto. Porque, además de ser un buen compañero, que hubiesen perdido a alguien probablemente haría que la misión no se completase con éxito.
«Te estás ablandando, Tiburón»
Pero no hubo tiempo de relajarse, sin embargo. Del pasillo por el que habían venido se escucharon unos pasos poco disimulados que se acercaban agigantados hacia su locación. Kiroe volvió a asumir el mando por sobre el gyojin y le pidió moverse para ejecutar ella su estrategia. Kaido, no obstante, se mantuvo firme, y apretó aquel kunai que yacía sobre su azulada mano como nunca antes lo había hecho.
Estaba listo para la batalla. Estaba listo para demostrar el por qué le habían llamado para rescatar a Ayame.
—¿¡Qué ocurre aquí!? ¡¿Dónde están?!
—¡Karoi! —exclamó Kiroe, mientras Kaido veía con cara de pocos amigos a su nuevo interlocutor—. No te preocupes, Kaido-kun, es amigo.
El gyojin volteó los ojos, poniéndolos blancos. ¡¿Qué era lo que tenía que hacer para tener que pelear, ah?!
... Kaido, tú también deberías de ir.
—¿Segura? —indagó.
Lo estaba, sí. Se excusó en que el combate directo no era lo suyo —a pesar de haberse cargado a un Kajitsu en apenas un parpadeo— y que alguien tenía que quedarse con el lisiado de Mogu. Kaido buscó a Karoi con la mirada, y le habló.
—Bien, amigo; llévanos —le dijo, y luego se dirigió a Kiroe, señalándola con el dedo—. y yo también voy a querer un poco de ese pastel, Kiroe-chan.
Su kunai volvió hasta el bolso de utensilios, y avanzó decidido. Era hora de terminar con aquello, por el honor de su clan.
