13/12/2017, 00:27
—K... ¿Koido-san? ¿Qué hace aquí? ¿También es un Kajitsu? —como no podía ser, Ayame, una vez más, decía mal su nombre. Como aquella vez, en el país del Viento. Y no sólo eso, sino que también se ¡atrevía! a meterle dentro de aquel difunto paquete de Kajitsu, pero él estaba ahí, vivo y victorioso. Cansado, y ligeramente maltrecho, pero sano y salvo, como todos sus compañeros.
Pudo haber dicho algo mordaz, como siempre; mas Kori se le adelantó. Previendo probablemente que el Tiburón soltara algo que pudiera herir a Ayame en aquel momento tan delicado, como no podía ser menos.
—Ha venido también con nosotros para salvarte, Ayame.
—D... ¿De verd...?
El escualo alzó los hombros, sonriendo. Sí, él también podía ser una buena persona, ¿por qué no?
Y con el mismo silencio, recibió la posterior conversación entre ella y Karoi, quien la abrazaba como si se tratase de su propia hija. Ahora tenía más sentido que aquel hombre con el que luchó brevemente estuviese ahí, y de por qué Kiroe se tomó la libertad de llamarle amigo. Finalizado aquel abrazo, una realidad les golpeó a todos en súbito, y es que según Ayame —que bien podría tener mayor conocimiento acerca de la cueva, dado que estuvo ahí más tiempo que todos ellos— no existía la posibilidad de subir por la cascada.
Exceptuando que Daruu siempre estaba ahí para salvar el día. Y la tarde. Y la noche. Daruu, siempre Daruu.
—No te vayas a quedar ciego, por favor —dijo él, como anécdota graciosa. Luego, le dejó continuar.
Entonces, el versado ninja mostró una nueva carta de su mazo de habilidades. Con tan sólo girar su cuerpo, una masa constante de chakra le abrazó en súbito y con las vueltas consecuentes, una capa de energía de fuerzas inconmensurables apartó el caudal de agua como si se tratase de apenas un par de gotas. Kori se le adelantó luego y con su gélida habilidad de hielo congeló parte y parte, dejando ahí un agujero fibroso y helado por el que podrían avanzar.
—Bien, salgamos de esta pocilga —sentenció, y después de Daruu; subiría él.
Pudo haber dicho algo mordaz, como siempre; mas Kori se le adelantó. Previendo probablemente que el Tiburón soltara algo que pudiera herir a Ayame en aquel momento tan delicado, como no podía ser menos.
—Ha venido también con nosotros para salvarte, Ayame.
—D... ¿De verd...?
El escualo alzó los hombros, sonriendo. Sí, él también podía ser una buena persona, ¿por qué no?
Y con el mismo silencio, recibió la posterior conversación entre ella y Karoi, quien la abrazaba como si se tratase de su propia hija. Ahora tenía más sentido que aquel hombre con el que luchó brevemente estuviese ahí, y de por qué Kiroe se tomó la libertad de llamarle amigo. Finalizado aquel abrazo, una realidad les golpeó a todos en súbito, y es que según Ayame —que bien podría tener mayor conocimiento acerca de la cueva, dado que estuvo ahí más tiempo que todos ellos— no existía la posibilidad de subir por la cascada.
Exceptuando que Daruu siempre estaba ahí para salvar el día. Y la tarde. Y la noche. Daruu, siempre Daruu.
—No te vayas a quedar ciego, por favor —dijo él, como anécdota graciosa. Luego, le dejó continuar.
Entonces, el versado ninja mostró una nueva carta de su mazo de habilidades. Con tan sólo girar su cuerpo, una masa constante de chakra le abrazó en súbito y con las vueltas consecuentes, una capa de energía de fuerzas inconmensurables apartó el caudal de agua como si se tratase de apenas un par de gotas. Kori se le adelantó luego y con su gélida habilidad de hielo congeló parte y parte, dejando ahí un agujero fibroso y helado por el que podrían avanzar.
—Bien, salgamos de esta pocilga —sentenció, y después de Daruu; subiría él.
