17/12/2017, 16:35
Un tanto ajeno de lo que sucedía detrás suyo, Kaido continuó conversando con Mogura. Y éste le respondió de la manera que ya el escualo prevenía, tan educadamente que hasta resultaba un tanto insultante. Esa era una de las mayores virtudes de Manase-san, las de cagarte la cara sin que puedas molestarte por ello.
—Me temo que no tuve oportunidad de degustarlo, Umikiba-san. Pero en Amegakure debo tener una muestra de él, por si te interesa probar su sabor.
El gyojin bajó la mano, dado que Mogura tampoco se la estrechó, sino que por el contrario; le saludó con una reverencia formal. Quizás, por eso, no le prestó tanta atención.
—No, no, está bien. Yooo paso, ¿sabes? ya he visto lo que hace y estoy seguro de que no es la clase de fiesta en la que me quiero meter —sentenció, en seco.
Pero antes de que pudiera seguir molestando a Mogura, la decaída aunque renovada voz de Ayame se alzó de entre sus propias penurias, expresándose ante todos y cada uno de los que conformaron el equipo de rescate que logró salvarla de las garras de los Kajitsu. Decidida, bajó su torso en una reverencia significativa tanto para ella como para el resto, y sumida en aquel evidente gesto de profundo agradecimiento, expresó:
—Lo siento... —Kaido torció el gesto y alzó las cejas, sorprendido—. Os debo una disculpa a todos... He sido una estúpida... He dicho y hecho cosas terribles... Y he estado a punto de tirarlo todo por la borda. Lo siento... —el escualo aprovechó aquel súbito silencio para echarle un ojo los demás y ver cómo habían reaccionado. No quería ser él el único que luciera atónito, ni mucho menos—. Y también... gracias... Gracias por salvarme la vida. Nunca encontraré la manera de agradeceros lo que habéis hecho por mí hoy...
Kaido se aclaró la garganta.
—Para empezar, podrías tratar de decir bien mi nombre. Es Kaaaido no Koido —sonrió luego, socarrón y divertido. Finalmente movió el brazo hacia adelante, azotándolo en aquel gesto típico que usa la gente para restarle importancia a un asunto—. En fin, bienvenida a tu casa, uhmm ¿prima?
—Me temo que no tuve oportunidad de degustarlo, Umikiba-san. Pero en Amegakure debo tener una muestra de él, por si te interesa probar su sabor.
El gyojin bajó la mano, dado que Mogura tampoco se la estrechó, sino que por el contrario; le saludó con una reverencia formal. Quizás, por eso, no le prestó tanta atención.
—No, no, está bien. Yooo paso, ¿sabes? ya he visto lo que hace y estoy seguro de que no es la clase de fiesta en la que me quiero meter —sentenció, en seco.
Pero antes de que pudiera seguir molestando a Mogura, la decaída aunque renovada voz de Ayame se alzó de entre sus propias penurias, expresándose ante todos y cada uno de los que conformaron el equipo de rescate que logró salvarla de las garras de los Kajitsu. Decidida, bajó su torso en una reverencia significativa tanto para ella como para el resto, y sumida en aquel evidente gesto de profundo agradecimiento, expresó:
—Lo siento... —Kaido torció el gesto y alzó las cejas, sorprendido—. Os debo una disculpa a todos... He sido una estúpida... He dicho y hecho cosas terribles... Y he estado a punto de tirarlo todo por la borda. Lo siento... —el escualo aprovechó aquel súbito silencio para echarle un ojo los demás y ver cómo habían reaccionado. No quería ser él el único que luciera atónito, ni mucho menos—. Y también... gracias... Gracias por salvarme la vida. Nunca encontraré la manera de agradeceros lo que habéis hecho por mí hoy...
Kaido se aclaró la garganta.
—Para empezar, podrías tratar de decir bien mi nombre. Es Kaaaido no Koido —sonrió luego, socarrón y divertido. Finalmente movió el brazo hacia adelante, azotándolo en aquel gesto típico que usa la gente para restarle importancia a un asunto—. En fin, bienvenida a tu casa, uhmm ¿prima?
