22/12/2017, 02:59
(Última modificación: 22/12/2017, 03:10 por Umikiba Kaido.)
Abrió los ojos, finalmente. Y ahí, se encontró con que sus compañeros discutían el desafortunado inconveniente de tener que viajar de regreso, a pie. Como los mortales. Kaido se chupó los dientes y demostró su descontento con semejante noticia, no le apetecía nada tener que caminar.
¡¿Cómo es que el maldito Hielo no iba a tener más chakra, ah?! inaceptable.
Kiroe, por suerte, llegó poco después y les dio una buena noticia. O bueno, a medias, porque primero quería esperar a que estuviesen todos en tierra firme. Así que el grupo descendió tras la comanda de la madre de Daruu, con la intriga de saber a qué se estaba refiriendo la mujer.
—Tratadlos bien. Son obedientes, pero seguro que vosotros también trabajáis mejor si no os tratan como a un vulgar... perro.
—Yo también trabajo mejor si no se me trata como a un vulgar pez, pero aún así se me llama boquerón. ¡Igualdad, coño, igualdad! —le increpó, con gracia—. venga, va. Que es broma. No me mates, por favor.
Y así fue. Del intrincado criptograma de sellos dibujados en la tierra, Kiroe depositó la mano e logró invocar a cuatro canes, uno más mastodóntico que el otro. Kaido desconocía qué tipo de perros eran, o qué raza, así que se sintió bastante sorprendido por el tamaño de las bestias. Les miró con recelo desde la distancia, y decidió no interactuar demasiado con ellos, sobre todo con aquel chucho negro que lucía aquella tupida cabellera azabache, tan o más negra que la mismísima noche. El Cancerbero; le llamó el gyojin, con recelo.
La cabeza del escualo le entraba en la jodida mandíbula, así que... lo mejor era mantenerse al margen.
Finalmente, a comandas de Kiroe, cada quién tomó su lugar en los perros respectivos. El escualo tuvo que compartir con Mogura el lomo del animal, así que se apresuró a tomar la parte delantera y poder sostenerse mejor por sobre el cuello de aquel enorme perro. No iba a ser el único que se cayese cuando el can comenzase a... ¡correr
A trote, y a trote; su perro corrió detrás de la camada comandada por Kuro.
Tras diez minutos...
A Kaido le dolía un poco el culo.
¡¿Cómo es que el maldito Hielo no iba a tener más chakra, ah?! inaceptable.
Kiroe, por suerte, llegó poco después y les dio una buena noticia. O bueno, a medias, porque primero quería esperar a que estuviesen todos en tierra firme. Así que el grupo descendió tras la comanda de la madre de Daruu, con la intriga de saber a qué se estaba refiriendo la mujer.
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—Tratadlos bien. Son obedientes, pero seguro que vosotros también trabajáis mejor si no os tratan como a un vulgar... perro.
—Yo también trabajo mejor si no se me trata como a un vulgar pez, pero aún así se me llama boquerón. ¡Igualdad, coño, igualdad! —le increpó, con gracia—. venga, va. Que es broma. No me mates, por favor.
Y así fue. Del intrincado criptograma de sellos dibujados en la tierra, Kiroe depositó la mano e logró invocar a cuatro canes, uno más mastodóntico que el otro. Kaido desconocía qué tipo de perros eran, o qué raza, así que se sintió bastante sorprendido por el tamaño de las bestias. Les miró con recelo desde la distancia, y decidió no interactuar demasiado con ellos, sobre todo con aquel chucho negro que lucía aquella tupida cabellera azabache, tan o más negra que la mismísima noche. El Cancerbero; le llamó el gyojin, con recelo.
La cabeza del escualo le entraba en la jodida mandíbula, así que... lo mejor era mantenerse al margen.
Finalmente, a comandas de Kiroe, cada quién tomó su lugar en los perros respectivos. El escualo tuvo que compartir con Mogura el lomo del animal, así que se apresuró a tomar la parte delantera y poder sostenerse mejor por sobre el cuello de aquel enorme perro. No iba a ser el único que se cayese cuando el can comenzase a... ¡correr
A trote, y a trote; su perro corrió detrás de la camada comandada por Kuro.
Tras diez minutos...
A Kaido le dolía un poco el culo.
