8/01/2018, 14:18
A Daruu se le estaban entrecerrando los párpados de puro cansancio cuando, aliviado, distinguió las inconfundibles siluestas de las torres y los rascacielos de Amegakure. Sonrió inconscientemente, y el buen y súbito ánimo que le había venido le bastó para mantenerse despierto hasta que llegaron al borde del lago.
Cruzaron el puente. Se vieron obligados a describir con cierto detalle lo que habían estado haciendo. Al fin y al cabo, habían abandonado la aldea sin avisar. Bueno, habían avisado a la Arashikage, pero no a los guardias de la entrada.
Galoparon con los perros de Kiroe unos minutos más, cruzando las calles de la aldea como un torbellino. La gente se quedaba mirándoles con curiosidad cuando pasaban a toda velocidad a su lado. Pese a todo lo que ocurría diariamente en una villa de ninjas, nunca se estaba demasiado acostumbrado a ver pasar a una manada entera de perros gigantes con jinetes incluídos y todo. Daruu no les pudo culpar.
Finalmente, frenaron derrapando justo a la entrada de la Torre de la Arashikage. Descabalgaron de los animales. Daruu acarició el lomo de Kuro-chan unos segundos antes de que Kiroe les felicitase por el trabajo bien hecho y deshiciera el contrato de invocación.
—Kiroe, Ayame y yo debemos informar a Yui-sama sobre lo sucedido.
«¿Qué? ¡No! Yo también quiero ir...»
Daruu se adelantó un paso, pero se encontró con el hombro izquierdo y la pierna de Kōri, que sin decir ni una palabra le invitaba a pensar que quizás no era el mejor momento para volver a ponerse rebelde. Daruu chasqueó la lengua por lo bajo y dio un paso atrás. Se cruzó de brazos.
Zetsuo insistió en que debían de ir al hospital, y justo cuando pronunció esa palabra mágica, Daruu recibió un pinchazo en el hombro. Se sujetó la herida, no curada completamente, y masculló una maldición entre dientes.
Luego sucedió. Zetsuo les agradeció, inclinándose. Un gesto que, Daruu estaba seguro, tardaría en volver a ver en muchos, muchos años.
Los ojos de Daruu se cruzaron con los de Ayame, y se quedaron allí hasta que ella tuvo que cortar el vínculo visual. Le hubiese gustado poder decirle que todo iba a salir bien, que no creía que Zetsuo ni Kiroe incluyesen detalles relacionados con su supuesta traición temporal, que dirían que había estado manipulada —cosa que, por otro lado, era totalmente cierta—. Pero no pudo. Quizás por la presencia de todos los demás. Pero también quizás porque las palabras, simplemente, no salieron de su boca.
—Y bien, pequeñajos, ¿qué vais a hacer ahora?
La voz de Karoi le sobresaltó.
—¿Ir... al hospital? —mintió Daruu, y comenzó a caminar en dirección contraria a la torre—. Sí. Será mejor que me traten la herida. Ya va doliendo...
Tenía el Byakugan activado.
Cruzaron el puente. Se vieron obligados a describir con cierto detalle lo que habían estado haciendo. Al fin y al cabo, habían abandonado la aldea sin avisar. Bueno, habían avisado a la Arashikage, pero no a los guardias de la entrada.
Galoparon con los perros de Kiroe unos minutos más, cruzando las calles de la aldea como un torbellino. La gente se quedaba mirándoles con curiosidad cuando pasaban a toda velocidad a su lado. Pese a todo lo que ocurría diariamente en una villa de ninjas, nunca se estaba demasiado acostumbrado a ver pasar a una manada entera de perros gigantes con jinetes incluídos y todo. Daruu no les pudo culpar.
Finalmente, frenaron derrapando justo a la entrada de la Torre de la Arashikage. Descabalgaron de los animales. Daruu acarició el lomo de Kuro-chan unos segundos antes de que Kiroe les felicitase por el trabajo bien hecho y deshiciera el contrato de invocación.
—Kiroe, Ayame y yo debemos informar a Yui-sama sobre lo sucedido.
«¿Qué? ¡No! Yo también quiero ir...»
Daruu se adelantó un paso, pero se encontró con el hombro izquierdo y la pierna de Kōri, que sin decir ni una palabra le invitaba a pensar que quizás no era el mejor momento para volver a ponerse rebelde. Daruu chasqueó la lengua por lo bajo y dio un paso atrás. Se cruzó de brazos.
Zetsuo insistió en que debían de ir al hospital, y justo cuando pronunció esa palabra mágica, Daruu recibió un pinchazo en el hombro. Se sujetó la herida, no curada completamente, y masculló una maldición entre dientes.
Luego sucedió. Zetsuo les agradeció, inclinándose. Un gesto que, Daruu estaba seguro, tardaría en volver a ver en muchos, muchos años.
Los ojos de Daruu se cruzaron con los de Ayame, y se quedaron allí hasta que ella tuvo que cortar el vínculo visual. Le hubiese gustado poder decirle que todo iba a salir bien, que no creía que Zetsuo ni Kiroe incluyesen detalles relacionados con su supuesta traición temporal, que dirían que había estado manipulada —cosa que, por otro lado, era totalmente cierta—. Pero no pudo. Quizás por la presencia de todos los demás. Pero también quizás porque las palabras, simplemente, no salieron de su boca.
—Y bien, pequeñajos, ¿qué vais a hacer ahora?
La voz de Karoi le sobresaltó.
—¿Ir... al hospital? —mintió Daruu, y comenzó a caminar en dirección contraria a la torre—. Sí. Será mejor que me traten la herida. Ya va doliendo...
Tenía el Byakugan activado.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)