25/10/2020, 22:10
(Última modificación: 25/10/2020, 23:54 por Sagiso Ranko. Editado 1 vez en total.)
Nunca era demasiado temprano para Ranko. Acostumbrada desde siempre a recibir el día de pie antes de la primera luz, no tuvo problema en atender al llamado del ANBU que le invocaba. El que fuese requerida por Aburame Kintsugi le dio una inyección de adrenalina. Alistó su equipo tan rápido como pudo y se empacó algunos bocadillos también.
—Lista para partir. —Le diría al shinobi, junto a una breve reverencia, y le seguiría.
Otrora habría estado abrumada por la emoción, pero Ranko había crecido. Había vivido mucho, aunque no tanto como otros, y estaba cada día más consciente de su poder como ninja de Kusagakure. Si era un poder usado para proteger, como la Morikage, o para destruir, como el exiliado, lo decidiría la misma Ranko. Y ella ya había escogido el camino a seguir hacía años. Por ello mismo lamentaba el estado de las relaciones con las otras aldeas. No podía siquiera intentar acercarse a donde sus amigo Rōga, ni donde la chica flautista Eri. Por toda la conmoción no había faltado a la “no cita” con Ayame, y se la imaginaba molesta o triste con ella. Si tan solo todos pudiesen llevarse tan bien como ella con sus amigos…
”Pero el mundo no funciona así, Ranko. Nada es tan sencillo, ni lo será nunca” suspiró mientras andaba tras el ANBU.
Al ser invierno, Ranko había cambiado sus pantaloncillos verdes por unos pantalones deportivos largos color vino, y su típica blusa larga sin mangas era ahora de ajustadas mangas largas, color gris. Encima vestía un chaleco negro con pelusa en el cuello. Y, por supuesto, su gargantilla, una negra y ancha, esta vez con un pequeño dije de flor en el centro. Ya aceptaba de buena gana el estilo que su hermana le había sugerido.
”Cuarta Morikage, su Excelencia… Espero cumplir con sus expectativas…” pensó la kunoichi, nerviosa, mientras se acercaban a su destino.
—Lista para partir. —Le diría al shinobi, junto a una breve reverencia, y le seguiría.
Otrora habría estado abrumada por la emoción, pero Ranko había crecido. Había vivido mucho, aunque no tanto como otros, y estaba cada día más consciente de su poder como ninja de Kusagakure. Si era un poder usado para proteger, como la Morikage, o para destruir, como el exiliado, lo decidiría la misma Ranko. Y ella ya había escogido el camino a seguir hacía años. Por ello mismo lamentaba el estado de las relaciones con las otras aldeas. No podía siquiera intentar acercarse a donde sus amigo Rōga, ni donde la chica flautista Eri. Por toda la conmoción no había faltado a la “no cita” con Ayame, y se la imaginaba molesta o triste con ella. Si tan solo todos pudiesen llevarse tan bien como ella con sus amigos…
”Pero el mundo no funciona así, Ranko. Nada es tan sencillo, ni lo será nunca” suspiró mientras andaba tras el ANBU.
Al ser invierno, Ranko había cambiado sus pantaloncillos verdes por unos pantalones deportivos largos color vino, y su típica blusa larga sin mangas era ahora de ajustadas mangas largas, color gris. Encima vestía un chaleco negro con pelusa en el cuello. Y, por supuesto, su gargantilla, una negra y ancha, esta vez con un pequeño dije de flor en el centro. Ya aceptaba de buena gana el estilo que su hermana le había sugerido.
”Cuarta Morikage, su Excelencia… Espero cumplir con sus expectativas…” pensó la kunoichi, nerviosa, mientras se acercaban a su destino.
Pensamientos (Plum) ✧ Diálogos (PaleVioletRed)