19/04/2021, 23:03
El imbécil que la despertó no debería estar muy lejos, así que al menos por haber interrumpido el sueño de una ogra, debería pagar por el mal despertar que había tenido Lyndis.
Lo perseguiría hasta alcanzarlo, con suerte en un lugar apartado y lo aplacaría con la necesidad de soltarle un puñetazo en la cara antes de hablar.
— ¡Eh, capullo! Si queréis tomar la aldea haced lo que queráis, mientras mi madre este bien, me da igual. Pero quiero ver si de verdad tengo que procesar algo de lealtad a una panda de revolucionarios con aires de grandeza. ¿Los fuertes mandan, no? ¡Pues demuéstrame que estáis por encima en la escala de poder!
El contraste era tan claro que a la vez resultaba desagradable y dantesco. En las mismas calles se podría encontrar a gente, que intentaba hacer vida normal, negocios en los que el dependiente estaba en la puerta observando el caos pero que a su vez atendía a la gente como si aquello fuera lo más normal del mundo. Y por otro lado, gente que intentaba defender su lealtad no a la villa, sino a Kintsugi y su gobierno.
Las ganas de cruzarle la cara a más de un enmascarado que se le cruzaba era lo único en lo que pensaba. Si tan orgullosos estaban de ese golpe de estado, de implantar un nuevo régimen y volver a hacer Kusagakure grande otra vez. ¿Para qué coño entonces usar unas máscaras? ¿Tanta vergüenza les producía los desastres que estaban haciendo?
Varios civiles parecían transportar en un principio recursos como si el humo de un par de calles más abajo no fuera con ellos. Como si las explosiones que podían distinguirse en la distancia o los flashes de luces no existieran.
Eran demasiados, y ni siquiera sabía si podría con uno de ellos. Tanto civiles como guerrilleros rumoreaban que Kintsugi estaba muerta. Si habían derrocado con tanta facilidad al emblema de la villa ¿qué podría hacer ella? Los Kages realmente parecía ser tan solo un titulo y poco más, una persona algo poderosa y ya. Kenzou en su momento hizo algo casi más propio de... Oh... Ser una Diosa suena bien.
¿Pelear por la lealtad o dejar que todo ocurriera? ¿Hacer caso a sus instintos o quedarse de brazos cruzados?
Debía quedarse quieta, solo se trataba de cambiar la persona que daba las órdenes, no tenía por qué haber más derramamiento de sangre. Pero si no lo intentaba antes con uno de aquellos tipos ¿entonces como sabía que eran de verdad más fuertes y no que simplemente estaban tomando un momento de oportunidad?
Lo perseguiría hasta alcanzarlo, con suerte en un lugar apartado y lo aplacaría con la necesidad de soltarle un puñetazo en la cara antes de hablar.
— ¡Eh, capullo! Si queréis tomar la aldea haced lo que queráis, mientras mi madre este bien, me da igual. Pero quiero ver si de verdad tengo que procesar algo de lealtad a una panda de revolucionarios con aires de grandeza. ¿Los fuertes mandan, no? ¡Pues demuéstrame que estáis por encima en la escala de poder!
El contraste era tan claro que a la vez resultaba desagradable y dantesco. En las mismas calles se podría encontrar a gente, que intentaba hacer vida normal, negocios en los que el dependiente estaba en la puerta observando el caos pero que a su vez atendía a la gente como si aquello fuera lo más normal del mundo. Y por otro lado, gente que intentaba defender su lealtad no a la villa, sino a Kintsugi y su gobierno.
Las ganas de cruzarle la cara a más de un enmascarado que se le cruzaba era lo único en lo que pensaba. Si tan orgullosos estaban de ese golpe de estado, de implantar un nuevo régimen y volver a hacer Kusagakure grande otra vez. ¿Para qué coño entonces usar unas máscaras? ¿Tanta vergüenza les producía los desastres que estaban haciendo?
Varios civiles parecían transportar en un principio recursos como si el humo de un par de calles más abajo no fuera con ellos. Como si las explosiones que podían distinguirse en la distancia o los flashes de luces no existieran.
Eran demasiados, y ni siquiera sabía si podría con uno de ellos. Tanto civiles como guerrilleros rumoreaban que Kintsugi estaba muerta. Si habían derrocado con tanta facilidad al emblema de la villa ¿qué podría hacer ella? Los Kages realmente parecía ser tan solo un titulo y poco más, una persona algo poderosa y ya. Kenzou en su momento hizo algo casi más propio de... Oh... Ser una Diosa suena bien.
¿Pelear por la lealtad o dejar que todo ocurriera? ¿Hacer caso a sus instintos o quedarse de brazos cruzados?
Debía quedarse quieta, solo se trataba de cambiar la persona que daba las órdenes, no tenía por qué haber más derramamiento de sangre. Pero si no lo intentaba antes con uno de aquellos tipos ¿entonces como sabía que eran de verdad más fuertes y no que simplemente estaban tomando un momento de oportunidad?