Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#66
¿Sabes? —le interpeló, captando de nuevo la atención de Suzaku—. Hanabi me dijo una vez: Datsue, tú tienes que estar para la villa; y la villa tiene que estar para ti.

«Hanabi-sama...» Suzaku no había tenido la oportunidad de conocer al anterior Uzukage, o de tener una conversación como la estaba teniendo con Uchiha Datsue; pero, como anterior líder de la aldea, le guardaba una adoración similar a la que le estaba dedicando al Uchiha. Además, ¡había librado a Uzushiogakure de la tiranía de Uchiha Zoku!

Suzaku, tú eres mi ninja. Mi kunoichi. Mi espada. Pero yo también soy tu escudo. Tu Uzukage. No puedo pedirte que luches por mí, por esta villa, contra la mayor amenaza de Ōnindo y después no estar para ti en algo tan importante para ti. No se hable más al respecto. Volveremos a vernos y hablar del asunto. Te lo prometo.

Suzaku se vio enmudecida por las palabras del Uzukage. Ella no era más que una genin recién graduada, y el mismísimo Líder de la Aldea se empeñaba en ayudarla con un tema que, para él, debería haber sido trivial. Con las mejillas del mismo color que su pelo, Suzaku le dedicó una nueva reverencia.

¡Muchas gracias, Uzukage-sama! —farfulló.

Durante un instante, sus ganas y su fervor por servir a aquel hombre que ni siquiera debía tener más años que su hermana, explotaron en su pecho. ¿Por qué demonios Umi le tenía tanta tirria? ¿De dónde salía su mala fama?
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Mensajes en este tema
RE: El escudo, las espadas y los cerezos silvestres - por Uchiha Suzaku - 21/04/2022, 13:47


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