Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#69
Un rato más tarde, el breve eco de unos alterados gritos vibró a través de la puerta doble del despacho de Uchiha Datsue.

«¡Que me sueltes, joder!» —pudo oír el Uzukage—. «¡Que me sueltes ya, que ya te he dicho que no voy a volver a largarme, hostia!»

El jōnin abrió las dobles puertas de una patada, disculpándose inmediatamente por la osadía, e informando a su kage que aquella kunoichi en particular se había resistido con uñas, dientes y algún que otro Katon a su requerimiento. Habría sido difícil no abrir la puerta de una patada, considerando que el hombretón llevaba a Umi en brazos, pataleando, dando puñetados y mordiendo todo el trozo de piel desnuda que era capaz de encontrar. Tras arrojarla al suelo, cerró la puerta y se marchó corriendo.

Naturalmente, Umi había creído que el jōnin venía a arrestarla, aunque él había asegurado en múltiples ocasiones que Datsue sólo estaba citando a todos los genin para hablar. Pero después de lo sucedido en la plaza, y conociendo el modus operandi de Hanabi y sus allegados, ella había entrado en pánico. Y luego, como es lógico, la única salida fue una pequeña retribución al estilo de superior muy cansado de la vida.

Así, cuando se levantó y dio dos pasos adelante, cruzándose de brazos y alzando la barbilla para encarar a aquél mocoso al que habían convertido en Uzukage, Umi tenía un ojo morado, y un hilillo de sangre seca que le deslizaba por la comisura de los labios. No era la única, al parecer, que sabía lanzar jutsus de elemento fuego, y seguramente tendría que hacerse con un vestido nuevo, a juzgar por el desgarramiento por debajo de la parte izquierda de la cintura.

Bueno, ya me has arrestado. Qué quieres.
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Mensajes en este tema
RE: El escudo, las espadas y los cerezos silvestres - por Uchiha Umi - 27/04/2022, 17:42


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