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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(A) Las Náyades
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Si desapareció una vez dentro, podemos estar seguro de que ése es el lugar correcto —respondió Shanise a los testimonios de Ayame.

La anciana que había detrás de la barra detectó que no éramos de por allí, pero nos avisó de que no nos la jugásemos con Nioka —añadió Daruu—. No la consideraría posible confidente, pero tampoco una enemiga. Quizás la fuercen, o quizás la ayuden monetariamente. Era ciega. Volviendo a lo de antes, he pensado que la opción más deseable sería traernos a esos cabrones vivos a Amegakure, si me dejáis preparar un sitio para deshacerme de cadáveres y almacenar presos con el Chishio.

Un escalofrío recorrió la espalda de Ayame. Aún le costaba enormemente asimilar que estaban hablando de preparar celdas y transportar cadáveres como quien habla sobre algo tan trivial como repartir pizzas a domicilio. Le costaba. Le costaba enormemente. Pero intentó por todos los medios que aquellos sentimientos no se reflejaran en su rostro.

Shanise-senpai —continuaba hablando Daruu—, podría usted tal vez quitarles ese Fuuinjutsu y averiguaríamos información valiosa. Claro que, para eso, tienen que dejarse capturar. No sé si en un combate contra ellos podremos limitar nuestras fuerzas. Por cierto, podemos volver a nuestro piso franco con el Chishio también, no hay problema. Se lo enseñé a Ayame. Consideré que ella podría necesitarlo si salía a solas de la aldea.

Podemos, Daruu, podemos. Podemos prepararte unas cuántas celdas que puedas marcar con tu sangre. Puedo descifrar la clave del Fuuinjutsu, aunque puede llevar algo de tiempo. Sin embargo, quiero que medites en algo muy importante. Esa técnica tuya. Probablemente, una de las habilidades más versátiles de todo Oonindo. Tu as en la manga. Lo has estado usando a diestra y siniestra. ¿No crees que sería prudente reservarte la carta para Naia?

Ayame miró de reojo a su compañero. Algo de razón tenía, aunque de momento nadie le había visto utilizarla, por lo que no debería haber demasiados problemas.

De todas formas, es tu decisión. Vuestra decisión. Todo paso que den conllevará una gran cantidad de riesgo. En esta clase de misiones siempre es así. ¿Qué haréis con la reunión?

Ayame se removió en el sitio y, tras unos breves segundos de vacilación, se atrevió a adelantarse a Daruu.

Tenemos que ir. Por lo que sabemos, y si las Náyades no se han enterado de la desaparición de Watanabe, estarán esperando a que él acuda para llevar a cabo ese "intercambio de mercancía". Pero está claro que no va a poder hacerlo... —dijo, sombría. Entonces alzó una de sus manos y levantó un dedo al aire—. Contamos con esa ventaja, por lo que tenemos varias opciones: la primera es presentarnos en la reunión transformados en Watanabe y uno de sus mozos de obra. Daruu y yo vimos a uno de ellos en su negocio, por lo que tenemos su apariencia para imitarla. Pero, tal y como hemos hablado hasta ahora, no sabemos bien cómo se va a desarrollar esa reunión, ni sabemos si deberíamos desempeñar los papeles de los vendedores... o de los despachadores. No tenemos la información de nuestra parte, y cualquier paso en falso levantaría las alarmas de las Náyades, dificultando la acción.

Levantó un segundo dedo.

Por eso creo que es mejor que pasemos al segundo plan: presentarnos en el lugar de la reunión mucho antes de que llegue nadie allí y esperar camuflados entre los campos de trigo. Ni Daruu ni yo deberíamos tener ningún problema para hacerlo, ambos conocemos el Meisaigakure y también podemos utilizar el agua como escondite. Y, una vez que las Náyades lleguen allí... tenderles una emboscada.
[Imagen: aDoDAhc.png]«Nadie nace teniendo una razón para estar aquí, yo creo que es algo que necesitas encontrar y decidir por ti mismo. Quizás... Quizás puedas encontrar la razón en un sueño, en un trabajo o en otros.» [Imagen: hd6P8qU.gif]


· En la habitación de la Bruma Negra, en Shinogi-to (Ascua, 219)
· En el kunai intercambiado con Daruu - (Ascua, 219)
· En la habitación de Daruu, en el cabezal de la cama, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)
· En las cuatro celdas del calabozo en la Torre de la Arashikage, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)

No respondo dudas por MP.
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—Si desapareció una vez dentro, podemos estar seguro de que ése es el lugar correcto —complementó, tratando de foguear el dato que les había proporcionado la guardiana—. podemos, Daruu, podemos. Podemos prepararte unas cuántas celdas que puedas marcar con tu sangre. Puedo descifrar la clave del Fuuinjutsu, aunque puede llevar algo de tiempo. Sin embargo, quiero que medites en algo muy importante.

»Esa técnica tuya. Probablemente, una de las habilidades más versátiles de todo Oonindo. Tu as en la manga. Lo has estado usando a diestra y siniestra. ¿No crees que sería prudente reservarte la carta para Naia?


Daruu balanceó la cabeza de un lado a otro, queriendo decir bueno, depende.

Nadie nos ha visto usarla, aunque estoy de acuerdo, viendo todo lo que ha pasado, que tendremos que limitar el uso a cuando estemos completamente seguros de que nadie nos está viendo. Para entrar y salir de la ciudad y viajar a Amegakure desde la habitación, sin embargo, es muy conveniente. Lo único que tenemos que procurar es no usarla demasiado seguido. No se puede ir y volver de un sitio muchas veces y a la ligera. Es una técnica que agota enseguida.

»No obstante... he aprendido de este último error. No dejar cabos sueltos. No escatimar en preparaciones.

De todas formas, es tu decisión. Vuestra decisión. Todo paso que den conllevará una gran cantidad de riesgo. En esta clase de misiones siempre es así. ¿Qué haréis con la reunión?

Ayame se removió en el sitio y, tras unos breves segundos de vacilación, se atrevió a adelantarse a Daruu.

Tenemos que ir. Por lo que sabemos, y si las Náyades no se han enterado de la desaparición de Watanabe, estarán esperando a que él acuda para llevar a cabo ese "intercambio de mercancía". Pero está claro que no va a poder hacerlo... —dijo, sombría. Entonces alzó una de sus manos y levantó un dedo al aire—. Contamos con esa ventaja, por lo que tenemos varias opciones: la primera es presentarnos en la reunión transformados en Watanabe y uno de sus mozos de obra. Daruu y yo vimos a uno de ellos en su negocio, por lo que tenemos su apariencia para imitarla. Pero, tal y como hemos hablado hasta ahora, no sabemos bien cómo se va a desarrollar esa reunión, ni sabemos si deberíamos desempeñar los papeles de los vendedores... o de los despachadores. No tenemos la información de nuestra parte, y cualquier paso en falso levantaría las alarmas de las Náyades, dificultando la acción.

Levantó un segundo dedo.

Por eso creo que es mejor que pasemos al segundo plan: presentarnos en el lugar de la reunión mucho antes de que llegue nadie allí y esperar camuflados entre los campos de trigo. Ni Daruu ni yo deberíamos tener ningún problema para hacerlo, ambos conocemos el Meisaigakure y también podemos utilizar el agua como escondite. Y, una vez que las Náyades lleguen allí... tenderles una emboscada.


Daruu, de hecho, estaba totalmente de acuerdo en que lo primero le parecía una idea descabellada. Ya se habían hecho pasar por otras personas demasiadas veces, y estaba claro que no se les daba tan bien fingir. No conocían nada sobre la relación de Watanabe y las Náyades en realidad, y mucho menos aún del socio.

El Mizugakure es mucho más práctico y seguro en nuestro País. Siempre está encharcado. En tu caso, puedes licuarte directamente —opinó Daruu—. Yo domino la técnica y puedo moverme despacio sin que me noten. Además. Como ya es evidente, de esa reunión NO deben salir. Vivos o muertos, debemos llevarlos a Amegakure. Si utilizamos ambos el Kirigakure no Jutsu, crearemos una niebla tan espesa que sólo nosotros podremos desenvolvernos con naturalidad. Estarán en total desventaja.

»Ambos tenemos antepasados que vivieron en la Aldea Oculta de la Niebla, y el legado que dejaron en Amegakure es excelente. Dentro de dos días, el espíritu de Kirigakure se cobrará dos víctimas.

»No obstante, no dejar cabos sueltos —se repitió como un mantra—. Hay que estar preparados para que lo contraataquen y tengamos que improvisar. —Miró a Shanise y clavó una pequeña reverencia—. Senpai, no quiero exigirle demasiado, ni está en mi posición. ¿Pero cree que podríamos pasar mañana a Amegakure para colocar esas marcas en las celdas? Quizás, nos convendría abastecernos de alguna herramienta en la armería también.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 218)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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Shanise sonrió con complacencia al comprobar que los chicos estaban empezando actuar como la ocasión lo pedía. Usando el raciocinio. Poniendo a carburar la cabeza. Yui sonreía, desde luego, aunque por la fúrica adrenalina que le bombeaba desde el corazón. En su cabeza rondaba la fantástica idea de que el final de esas pérfidas estaban muy pero muy cerca de tocarles a la puerta. Hida, muy al margen de todo salvo para algún comentario puntual, se mantuvo impertérrito en su posición, como el solemne guerrero pulido en cientos de batallas, quien no se haya en la necesidad de compartir su sabiduría salvo que así se lo pidiesen.

¡Bám! el escritorio, de nuevo, recibió la caricia de la Tempestad eterna.

—Que no se diga más. Vuelvan mañana, que Shanise se ocupará de prepararte un calabozo para que elabores tu técnica; y pasad por la armería a coger lo que os plazca. No más errores. No más compromisos.

—Buena suerte, chicos. Confiamos en vosotros.

—Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores.

Bien, agilicemos un poco. Tienen libertad de relatar todas las preparaciones del día siguiente con las concesiones que han recibido de la Arashikage. El lugar es el mismo calabozo donde estuvo Ayame un tiempo atrás encerrada. Lo de la armería también pueden meterlo en el paquete si quieren.

Cuando estén listos, pasamos al Tsuchiyobi.
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Daruu se sobresaltó cuando Yui golpeó el escritorio de nuevo, y dio un ridículo saltito. Tragó saliva y una gota de sudor resbaló por su sien.

—Que no se diga más. Vuelvan mañana, que Shanise se ocupará de prepararte un calabozo para que elabores tu técnica; y pasad por la armería a coger lo que os plazca. No más errores. No más compromisos.

—Buena suerte, chicos. Confiamos en vosotros.

—Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores.


Daruu sonrió, hizo un asentimiento corto y se golpeó el pecho con el puño cerrado, a la altura del corazón.

¡Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores! —repitió con energía. Y el Gentoushin no Jutsu... se acabó.

El muchacho resopló y se dejó caer de espaldas en la cama, con los brazos extendidos.

Al final echaba de menos a Shanise —dijo.
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El Mizugakure es mucho más práctico y seguro en nuestro País. Siempre está encharcado. En tu caso, puedes licuarte directamente. Yo domino la técnica y puedo moverme despacio sin que me noten —opinó Daruu, y Ayame asintió. Era precisamente a eso a lo que se había referido con utilizar el agua como escondite. Pero su compañero dio varios pasos más allá en aquel plan improvisado—. Además. Como ya es evidente, de esa reunión NO deben salir. Vivos o muertos, debemos llevarlos a Amegakure. Si utilizamos ambos el Kirigakure no Jutsu, crearemos una niebla tan espesa que sólo nosotros podremos desenvolvernos con naturalidad. Estarán en total desventaja. Ambos tenemos antepasados que vivieron en la Aldea Oculta de la Niebla, y el legado que dejaron en Amegakure es excelente. Dentro de dos días, el espíritu de Kirigakure se cobrará dos víctimas.

Un extraño escalofrío de emoción recorrió a Ayame al escuchar aquellas últimas palabras, aunque no supo bien por qué.

No obstante, no dejar cabos sueltos —continuó hablando Daruu—. Hay que estar preparados para que lo contraataquen y tengamos que improvisar. —Miró a Shanise y clavó una pequeña reverencia—. Senpai, no quiero exigirle demasiado, ni está en mi posición. ¿Pero cree que podríamos pasar mañana a Amegakure para colocar esas marcas en las celdas? Quizás, nos convendría abastecernos de alguna herramienta en la armería también.

Ajena a unas sonrisas inapreciables en aquellas irisadas siluetas que se plantaban frente a ellos, Ayame aguardó con impaciente paciencia a la respuesta por parte de los superiores. Y entonces...

¡BAM!

Aquel golpe seco le hizo dar un brinco en el sitio, y su corazón se aceleró hasta cuotas insospechadas. Aterrorizada, Ayame aguardó por la bronca que estaba a punto de caerles...

Que no se diga más —dijo la Arashikage, sin embargo—. Vuelvan mañana, que Shanise se ocupará de prepararte un calabozo para que elabores tu técnica; y pasad por la armería a coger lo que os plazca. No más errores. No más compromisos.

Buena suerte, chicos. Confiamos en vosotros —añadió Shanise.

Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores —culminó Hida.

¡Larga vida a Amegakure, y muerte a sus traidores! —repitieron los dos muchachos al unísono.

Y las tres siluetas se desvanecieron en el aire.

Y Ayame dejó escapar su alma en un último suspiro y se derrumbó en la cama con los brazos estirados sobre la cabeza.

Al final echaba de menos a Shanise —comentó Daruu.

Y Ayame dejó escapar una risilla.

Ya te dije que Shanise-senpai era la mejor del mundo —afirmó, girando la cabeza hacia Daruu. Y entonces sus ojos se ensombrecieron ligeramente. Las últimas palabras de Hida la habían marcado, y le habían traído a la mente otra clase de pensamientos—: No puedo evitar pensar en Kaido... Él también fue enviado a una misión de infiltración, similar a la nuestra... ¿Qué le hizo cambiar de bando de un día para otro? Creía que admiraba profundamente a Yui, él mismo se hizo cargo de un traidor a la aldea con sus propias manos... Y nos ayudó con los Kajitsu... No puedo creer que se haya convertido en otro traidor.
[Imagen: aDoDAhc.png]«Nadie nace teniendo una razón para estar aquí, yo creo que es algo que necesitas encontrar y decidir por ti mismo. Quizás... Quizás puedas encontrar la razón en un sueño, en un trabajo o en otros.» [Imagen: hd6P8qU.gif]


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Y Ayame dejó escapar una risilla.

Ya te dije que Shanise-senpai era la mejor del mundo.


Daruu sonrió. Hubiera sido inútil que Ayame intentase esconder su admiración por Shanise, y algo estaba empezando a entenderla, aunque él seguía viendo el lado bueno de Amekoro Yui, mientras que a Ayame le... costaba más. Desde que había vuelto de aquella misión tan importante, Ayame sentía poco más que devoción por la consejera de la Arashikage.

No puedo evitar pensar en Kaido... —La kunoichi cambió de tema—. Él también fue enviado a una misión de infiltración, similar a la nuestra... ¿Qué le hizo cambiar de bando de un día para otro? Creía que admiraba profundamente a Yui, él mismo se hizo cargo de un traidor a la aldea con sus propias manos... Y nos ayudó con los Kajitsu... No puedo creer que se haya convertido en otro traidor.

No lo sé —se limitó a contestar Daruu. El asunto le cabreaba sobremanera. Y todos aquellos ejemplos de por qué no tenía sentido que se hubiera exiliado tan sólo le ponían de más mal humor. ¿Tan fácil era tirar tu lealtad por la borda? Ya no a tu Arashikage. ¿Pero y a tus amigos?—. Pero si oficialmente es un traidor, y además está colaborando con esa rata...

Suspiró.

Será mejor que durmamos. Tenemos que descansar. Mañana vamos a usar el Chishio Kuchiyose al menos un par de veces y caminaremos bastante por Amegakure.
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No lo sé —respondió Daruu, súbitamente malhumorado—. Pero si oficialmente es un traidor, y además está colaborando con esa rata...

«Kaido y Akame trabajando juntos como enemigos de las aldeas... Como no teníamos bastante con los Generales...» Pensó Ayame, con un aterrorizado escalofrío.

No podía dejar de darle vueltas al asunto. ¿Qué le habían ofrecido a Kaido para que los abandonara de aquella manera? Después de todo lo que habían pasado juntos, después de llegar a considerarlo algo más que un amigo, ¿cómo era posible que la hubiese tratado de aquella forma tan despectiva cuando se cruzó con él? ¿Y qué le había ocurrido a Akame para afirmar con tanta rotundidad que los suyos se habían cansado y se habían deshecho de él? ¿Qué le había llevado a volver a colarse en su propia aldea y atentar contra los que una vez fueron sus compañeros? No entendía nada. Le faltaban piezas en aquel puzzle. Pero cada vez que pensaba en ello sentía un miedo atroz. Ella, mejor que nadie, sabía lo peligroso que era Uchiha Akame. Y si además se había juntado con Umikiba Kaido, el poderoso tiburón de Amegakure...

Daruu, junto a ella, suspiró.

Será mejor que durmamos. Tenemos que descansar. Mañana vamos a usar el Chishio Kuchiyose al menos un par de veces y caminaremos bastante por Amegakure.

Tienes razón... —suspiró ella, y se acurrucó en el pecho de Daruu.

Su olor siempre la reconfortaba, siempre le hacía olvidar todos los problemas de aquel mundo tan complicado...
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Ayame accedió y se recostó sobre su pecho. Él hundió la nariz en el pelo moviendo la cabeza de un lado a otro y cerró los ojos. Se regocijó en el olor dulzón de aquél champú que usaba Ayame y que tanto le gustaba, y trató de relajarse. No pareció que se hubiera relajado mucho cuando al fin, sin darse cuenta, cayó intoxicado por la luz de la luna de Tsukuyomi.


· · ·


¡P-puf!


Dos muchachos se precipitaron sobre el colchón de la cama de la habitación de Amedama Daruu. Uno cayó encima del otro, con un sonoro coscorrón. Ayame se escurrió lentamente hacia la derecha totalmente despeinada.

¿¡Qué ha sido ese rui-? —La puerta de la habitación se abrío de golpe y Amedama Kiroe, pálida como la nieve de Yukio, quedó petrificada y con la boca abierta mirándolos— ...do.

Daruu se reincorporó de golpe, se sentó en el colchón y antepuso los brazos por delante.

¡N-no, mamá, no es...!

¡NO MOLESTO NO MOLESTO!

¡Bam!

Daruu chocó la mano contra la frente.

Me quiero morir.
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¡P-puf!

Daruu y Ayame cayeron súbitamente sobre el colchón de una cama que tuvo la bondad de amortiguar su caída. Pero nada pudo amortiguar el choque de sus cabezas, una contra la otra, justo antes de que la pobre muchacha se desplomara a un lado, sus cabellos completamente despeinados y desparramados.

¿¡Qué ha sido ese rui-? —la voz de Kiroe irrumpió en la habitación de Daruu.

Pero se interrumpió a mitad de camino, petrificada como si la hubiese mirado uno de aquellos seres mitológicos con cabellos de serpientes. Y tanto Ayame como Daruu supieron de inmediato lo que estaba pasando por su cabeza.

¡N-no, mamá, no es...! —se adelantó Daruu, reincorporándose de golpe y haciendo parecer lo que precisamente no había sido.

¡NO MOLESTO NO MOLESTO!

La puerta volvió a cerrarse de golpe. Daruu se dio una palmada en la frente.

Me quiero morir.

Pero Ayame se había quedado aún más petrificada que la misma Kiroe.

Me hago el harakiri aquí mismo. Me hago el harakiri aquí mismo. Me hago el... —repetía una y otra vez, con las manos temblándole violentamente.

Kiroe acababa de verlos desplomados en la cama de Daruu. A los dos. Y a ella completamente despeinada. ¡Es que era normal! ¿Qué demonios se iba a pensar? ¿Y ahora qué iba a pasar? Lo peor no era lo que pensara Kiroe...

¿Y si se lo contaba a su padre?

Podían darse por muertos. Los dos.
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Daruu se levantó de la cama y se paseó por la habitación acariciándose el cabello nerviosamente.

Me cago en todo, me cago en todo —repetía mientras Ayame amenazaba con matarse—. Bueno, pero ahora no podemos pensar en esto, ¡tenemos que hacer cosas, Ayame! —El muchacho se dio la vuelta y colocó su marca de sangre en el cabezal de madera de la cama—. Deberías poner una tú también, por si en algún momento tenemos que volver. ¡No me mires así, me da igual que nos vea otra vez!

Ignorando deliberadamente las circunstancias tan vergonzosas, Daruu se encaminó a la puerta y recorrió el pasillo, todavía rojo con un tomate. Su madre estaba en la puerta de casa.

¿Ya?

¡Cómo que ya! ¡Vinimos con el Chishio de una misión, mamá, no estábamos haciendo nada!

Su madre abrió la puerta y comenzó a bajar las escaleras cuando Ayame llegó al umbral.

Hombre, a mí me extrañaba, porque teníais la ropa puesta y es un poco dif...

¡Mamá!

Kiroe se detuvo de golpe.

Un momento, ¿qué misión?

Hubo un tenso silencio de unos segundos. Daruu se puso serio y clavó los ojos en su madre. ¿Cómo podía...?

Secreto. Órdenes de Yui en persona.

Kiroe le mantuvo la mirada un rato, pero terminó por dedicar una sonrisa triste a la pareja y seguir descendiendo las escaleras en silencio. Sin embargo, antes de entrar en la cafetería, les dedicó unas últimas palabras que le pusieron los pelos de punta:

Tened cuidado ahí fuera. He oído que últimamente llueven hombres del cielo.


· · ·


La gruesa puerta de acero chirrió como el llanto de un muerto cuando Daruu la abrió y la penumbra de aquél familiar calabozo les envolvió. Demasiado conocido, pensó, triste, y echó una mirada de reojo a Ayame, quien había pasado mucho más tiempo que él ahí abajo. Suspiró, y bajó poco a poco los escalones hasta toparse con el grupo de celdas que les habían prometido mantener abiertas.

Daruu fue paseando de una en una, marcando la pared con su sangre.

Asegurémonos de dejar suficientes marcas. Y no vamos a volver a casa después de esto. Nos iremos directamente en cuanto terminemos todas las preparaciones. Preferiría no hacer sospechar más a mi madre.
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Me cago en todo, me cago en todo —repetía Daruu una y otra vez, paseando por la habitación con gesto nervioso y sacudiéndose el pelo—. Bueno, pero ahora no podemos pensar en esto, ¡tenemos que hacer cosas, Ayame!

Es verdad, podemos dejarnos matar por Naia y así todo será más fácil —bromeó, llena de amargura.

Por el rabillo del ojo, Ayame vio como su pareja y su compañero de misión se inclinaba sobre el cabecero de la cama y colocaba su marca de sangre.

Deberías poner una tú también, por si en algún momento tenemos que volver. ¡No me mires así, me da igual que nos vea otra vez!

No hace falta que me lo digas dos veces —resopló ella.

Aquello la había devuelta a la realidad, y al recordar que ella ni siquiera tenía una marca en su casa se apresuró a hacer lo mismo junto a la de Daruu.

Después de aquello, los dos shinobi abandonaron la habitación y recorrieron el pasillo de camino a la puerta de salida. Para sobresalto de Ayame, Kiroe los estaba esperando allí.

¿Ya?

La pobre muchacha se quiso morir allí mismo.

¡Cómo que ya! —respondió Daruu—. ¡Vinimos con el Chishio de una misión, mamá, no estábamos haciendo nada!

Hombre, a mí me extrañaba —dijo la pastelera, mientras abría la puerta—, porque teníais la ropa puesta y es un poco dif...

¡Mamá!

Pero Kiroe parecía haberse dado cuenta de algo, porque se detuvo de repente.

Un momento, ¿qué misión?

«¿Ni siquiera le habías dicho que habíamos salido de misión?» Preguntó Ayame para sí misma, ladeando la cabeza para apartar la mirada para no encontrarse con los inquisitivos ojos de Kiroe.

Secreto. Órdenes de Yui en persona —replicó su hijo.

Después de "es una orden" aquellas eran las segundas palabras mágicas más poderosas entre los shinobi. Nadie podía contradecir las órdenes de un superior, y mucho menos si se trataba de su propio Kage. Y Kiroe, como kunoichi especializada en el espionaje y leal a Yui, lo sabía muy bien. Por eso, terminó por sonreír con tristeza y siguió bajando las escaleras.

Tened cuidado ahí fuera. He oído que últimamente llueven hombres del cielo.

«Lo sabe.» Comprendió Ayame, con los pelos como escarpias.



. . .



Un terrible escalofrío sacudió su cuerpo cuando escuchó el familiar chirrido de la puerta de acero abriéndose ante ellos, y Ayame no pudo evitar abrazarse a sí misma cuando el ambiente cargado. húmedo y en penumbras de la prisión volvió a envolverla como un manto frío. Había pasado demasiado tiempo allí abajo. Demasiado. Demasiado como para devolverla a las pesadillas de aquellos interminables días sin más compañía que las fugaces visitas que recibía durante su cautiverio. Nunca sabría si se lo estaba imaginando o no, pero incluso le pareció percibir la tensión de Kokuō en su interior.

La muchacha respiró hondo y, reuniendo el escaso valor que sentía, avanzó, temblorosa y con cierta lentitud, tras Daruu hasta las cuatro celdas que llenaban los calabozos. Volvió a estremcerse sin poder evitarlo cuando entró la primera de ellas, y una vocecilla en su cabeza lloró de terror al pensar en la posibilidad de que la puerta pudiera cerrarse tras ella y dejarla encerrada de nuevo. De hecho, no pudo evitar que sus ojos viraran, nerviosos, hacia la prisión que ella misma había estado ocupando.

Asegurémonos de dejar suficientes marcas —escuchó decir a Daruu, mientras llenaban las cárceles con sus respectivas marcas: Caramelo y Luna—. Y no vamos a volver a casa después de esto. Nos iremos directamente en cuanto terminemos todas las preparaciones. Preferiría no hacer sospechar más a mi madre.

¿Eh? Ah... sí... sí... claro... —respondió ella, asintiendo de forma distraída. En aquellas circunstancias, casi fue un milagro que consiguiera recordar las palabras de Shanise—. Aunque... ¿no quieres pasar antes por la armería como sugirió Shanise-senpai?
[Imagen: aDoDAhc.png]«Nadie nace teniendo una razón para estar aquí, yo creo que es algo que necesitas encontrar y decidir por ti mismo. Quizás... Quizás puedas encontrar la razón en un sueño, en un trabajo o en otros.» [Imagen: hd6P8qU.gif]


· En la habitación de la Bruma Negra, en Shinogi-to (Ascua, 219)
· En el kunai intercambiado con Daruu - (Ascua, 219)
· En la habitación de Daruu, en el cabezal de la cama, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)
· En las cuatro celdas del calabozo en la Torre de la Arashikage, en Amegakure no Sato. (Ascua, 219)

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Claro, mujer —rio Daruu—. A eso me refería con las preparaciones. Comida en Shinogi-To tenemos, y si no la compramos. Pero equipamiento... —Daruu suspiró. La verdad es que habían sido muy poco conscientes de dónde se habían metido. Tenían un recurso a su plena disposición y no lo habían aprovechado. Por no hablar de la metedura de pata de no haber contado con un sitio para volver en retirada con la técnica de invocación inversa o para traer prisioneros.

Tendrían que tener las cosas en mucha más consideración a partir de entonces.

Ayame y Daruu salieron de la prisión por fin y se encaminaron a la armería. A medio camino, Daruu no pudo más y le preguntó a Ayame:

Oye, ¿y qué crees tú que deberíamos llevarnos? Yo había pensado en sellos explosivos, pero es que no sé si nos serán realmente tan útiles. A lo mejor para plantar una trampa, pero...
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
— En el pergamino de invocación, en casa de Daruu, Amegakure (Augurio, año 218)
— En la habitación de Daruu, Amegakure (Primavera, año 219)
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Claro, mujer —respondió Daruu, con una risotada—. A eso me refería con las preparaciones. Comida en Shinogi-To tenemos, y si no la compramos. Pero equipamiento...

Ayame asintió varias veces. Todo había que decirlo, se habían dejado llevar por la impulsividad y la emoción del momento y no habían pensado bien en las preparaciones para una misión tan importante, y peligrosa, como era aquella. Porque sí, contaban con su propio equipamiento, pero sería una necedad desdeñar un recurso tan valioso como era la armería que les proporcionaba su propia aldea.

Oye, ¿y qué crees tú que deberíamos llevarnos? —preguntó Daruu, una vez fuera del calabozo y de camino al arsenal—. Yo había pensado en sellos explosivos, pero es que no sé si nos serán realmente tan útiles. A lo mejor para plantar una trampa, pero...

«Genial, mi peor enemigo: las decisiones.» Pensó para sí Ayame. «Piensa: ¿Qué sería lo mejor para matar a esa víbora...?»

Pero se llevó una mano al mentón, pensativa.

No sé tú, pero yo tengo un sello explosivo de clase C, pero siempre nos vendría bien contar con más. Aparte de eso... podemos coger un arma de filo o contundente y una arrojadiza. Creo que voy a esperar a llegar allí y ver las que tienen disponibles. Tampoco podemos ir armados hasta las cejas y que después no podamos ni movernos —se rio.
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Una hora después, Ayame y Daruu se adentraban en un callejón algo solitario, preparados ambos con el armamento que habían ido a tomar prestado. El muchacho se había decidido por llevar un látigo, que llevaba atado al cinturón en la parte derecha, un paquete de makabishi, atado a la izquierda, y el sello explosivo más gordo que había encontrado —uno de clase B—, oculto en el portaobjetos de su espalda.

Bien. Será mejor que volvamos al hotel. Yo me he teletransportado en el viaje de ida, ¿harías los honores en el de vuelta? —Sería mejor que economizaran los gastos de chakra.
— En un poste de madera del embarcadero de las Costas del Remolino, en Uzushiogakure (Ceniza, año 218)
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Por su parte, Ayame salió de la armería con una wakizashi que ahora pendía de su costado izquierdo, un Fūma Shuriken que llevaba plegado en la parte baja de la espalda (por debajo del portaobjetos) y otro sello explosivo de clase B. Habían aprendido a las bravas que no podían escatimar en recursos, y no pensaban volver a cometer ese mismo error.

Bien —habló Daruu, una vez se adentraron en un callejón más solitario—. Será mejor que volvamos al hotel. Yo me he teletransportado en el viaje de ida, ¿harías los honores en el de vuelta?

Ayame esbozó una sonrisa de medio lado e inclinó el cuerpo en una reverencia.

Tus deseos son órdenes para mí —respondió, burlona—. Agárrate a mí.



. . .



¡FLOP! ¡PLOF!

¡Ay, ay, ay...!

Las siluetas de Daruu y Ayame se desplomaron con estrépito, de vuelta en la habitación de La Bruma Negra. Ayame se había golpeado la cabeza contra el somier al caer y ahora gimoteaba con lágrimas en los ojos mientras se frotaba la coronilla.

No termino de cogerle el truco a los aterrizajes... Ay...
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