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Estamos en Entretiempo, Otoño del año 217.
Últimos rumores: Durante el mes de Augurio la situación política de Oonindo dio una sacudida que casi causa una guerra. Uzumaki Gouna, la Cuarta Uzukage, murió durante una reunión de los tres líderes de las aldeas más importantes en Kusagakure. Ame acusó a Kusa, y Kusa acusó a Ame. Durante la mayor parte del mes, se creó un rencor entre los ninjas de ambas potencias al que finalmente puso fin la propia Uzushiogakure. Zoku, un traidor a la villa, se había hecho con el poder y asesinado a Gouna intentando inculpar a las otras dos aldeas. El orden fue restablecido por el Daimyo de la Espiral, y Uzushio emitió una disculpa pública. Circula el rumor de que Zoku selló a un bijuu en dos genin, pero sólo los uzujin conocen su identidad. Sólo se conoce que se hacen llamar los Hermanos del Desierto.

Uzushiogakure: el nuevo mandato de Sarutobi Hanabi como Quinto Uzukage legítimo ha sido recibido con los brazos abiertos, pero hay un sentimiento generalizado de temor a un nuevo cambio de líder. Sin embargo, la gestión de la aldea se está produciendo como debería, así que hay esperanza colectiva en que esta vez todo vaya bien. La relación con las demás aldeas se mantiene neutral, pero, sintiéndose debilitados, los shinobi consideran que tal vez podrían llegar a ser una amenaza, de modo que hay cierto clima de desconfianza hacia Kusagakure y Amegakure, al mismo tiempo de que todos saben que la culpa de todo la han tenido ellos mismos.

Kusagakure y Amegakure: la noticia de que la propia Uzushiogakure había sido la causante de la muerte de su propia líder fue recibida con algo de alivio, aunque inevitablemente algo de rencor, aunque sea muy ligero, ha penetrado en los shinobi de ambas aldeas para con las otras. Hacia una porque creían que habían traicionado al Pacto y hacia la otra porque la inestabilidad de su liderazgo les causa desconfianza, escépticos de que este nuevo líder no sea otro peligro.
(C) El Resplandor
Los genin no tuvieron mayores problemas para quitar los tablones —que parecían haber sido cortados con una katana extremadamente afilada— dejando un hueco de un par de metros de ancho y otros dos de alto. Suficiente, más que de sobra, para que pudieran caber los tres por allí.

Nada más retirar los últimos tablones, un hedor a pútrido y a humedad invadió la estancia, procedente de la habitación que había al otro lado de la falsa pared. Ésta, al contrario que el oscuro sótano, estaba tenuemente iluminada por una luz anaranjada cuya procedencia los ninjas no eran capaces de identificar desde su posición. Eri dejó caer un shuriken por el hueco de la pared, pero nada sucedió. Fiel a su promesa, después de que Datsue le sellara un Kawarimi no Jutsu, la kunoichi se adentró en la habitación oculta.

«Tenemos que cubrirla...»

Akame la siguió, tratando de erguirse y caminar con normalidad, hasta la siguiente estancia.

Lo que vieron allí no se parecía en nada a lo que el Uchiha hubiese esperado. La sala era tan amplia como el propio sótano —o incluso más—, casi como el salón de la casa. En la pared contraria a la entrada había numerosas estanterías repletas de volúmenes gastados y cubiertos de polvo, de cachivaches que ninguno de los genin sabía identificar y de... ¿Frascos? Había muchos, hileras de ellos, rellenos de formol y de órganos o vísceras que flotaban en el líquido verdoso.

Un par de lámparas situadas a los lados de la entrada dispersaban la penumbra de la estancia. Olía a químicos, a cadáver y a humedad. Y también a aquel hedor almizcloso que habían percibido por primera vez en casa del anciano.

Frente a los ninjas había una mesa amplia repleta de pergaminos, algunos enrollados y otros extendidos. Y en la esquina contraria a donde estaban ellos...

Vuestra determinación es de elogiar, jóvenes...

La voz retumbó en la habitación, y parecía que provienese de todas partes y de ninguna a la vez. Akame alzó la vista, con el Sharingan en los ojos, y pudo ver al emisor de aquel cumplido.

Era un... ¿hombre? Akame lo hubiese dicho por el tono grave de su voz, pero lo cierto es que aquella mole de carne cubierta por una túnica tan grande que podría usarla de sábana no tenía rasgos masculinos. Ni femeninos. Ni nada que pareciese remotamente clasificable como humano.

¿Qué es lo que queréis de mí, El Gran Maestro, Mite Iru Hito, Ooseiji, Yogo-sama?

Yogo-sama parecía, más que una persona, un amasijo de carne y huesos y parches de piel. Todo su cuerpo era obeso y reposaba sobre una extraña maquinaria con forma de silla, de la cual surgían multitud de tubos y cables que se introducían en su piel. Tapaba su grotesca figura con una túnica violeta y tenía varios atriles a su alrededor con pergaminos desplegados en ellos. Su cara era una composición que parecía formada por los rostros de muchos, con las costuras a flor de piel y dos ojos encendidos como carbones que les taladraban con la mirada. No tenía pelo, sino varias cicatrices por todo el cráneo, como si se lo hubieran ensamblado varias veces.

Pero, además, los muchachos Uchiha podrían ver el siniestro charka que le rodeaba; pegajoso, fétido, inconfundiblemente maligno. Aquel aura de putrefacción espiritual casi les dio ganas de vomitar.

Hablad.
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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Cuando Eri puso un pie en aquella estancia, supo que algo no iba bien. Quizá por el olor a putrefacción que desprendía, quizá por la escasa luz que iluminaba la estancia, o quizá los frascos llenos de órganos, vísceras y... Eri no pudo aguantar aquello, por eso se vio obligada a mirar hacia delante: una mesa, pergaminos...

«Esto lo ha estado usando alguien...»

Y no podía estar más en lo cierto.

Vuestra determinación es de elogiar, jóvenes...

La pelirroja buscó con la mirada al emisor de aquella voz, encontrándose con un ser tan difícil de describir como de ver. No podía catalogarlo como persona, pero sí como monstruo, y es que, aquel espectáculo era, sin duda, uno muy grotesco. Instintivamente la kunoichi se tapó la boca en cuanto lo vio, incapaz de procesar tal imagen en tan pocos segundos.

¿Qué es lo que queréis de mí, El Gran Maestro, Mite Iru Hito, Ooseiji, Yogo-sama?

«¿Yogo...sama?»

Ahogó un grito de espanto y sin querer dio un par de pasos hacia atrás, sin dejar de mirar aquello. ¿Esa... cosa, era el maestro del anciano? ¿Llevaba todo el tiempo allí oculto y nadie se había dado cuenta? ¿Cómo era posible aquello?

Hablad.

Pero ella era incapaz de soltar prenda, en aquel momento, en aquel lugar, Eri no supo qué decir para salir del apuro. Aquella situación era nueva, y qué decir de inverosímil, pero ella lo estaba viviendo y necesitaba buscar las palabras adecuadas. Quiso buscar con la mirada a Akame, a Datsue y sentir que no estaba sola, pero no pudo.

Simplemente observaba aquello como si ella misma fuese una tercera persona del lugar.
Hablo (Crimson)«Pienso»

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Cuál sería la sorpresa cuando, al adentrarse en la habitación oculta, hallaron una presencia al otro lado. Presencia, porque aquella masa exagerada de carne maloliente no podía tratarse de persona.

Le sobraba carne por todos lados, y su piel estaba remendada, como un viejo oso de peluche al que han cosido y parcheado demasiadas veces, dando una imagen grotesca y vomitiva. Unos tubos entraban y salían de su piel, como un enfermo en estado crítico necesitado de una máquina auxiliar para que su cuerpo siguiese funcionando. Y aquel aura… era el mismo aura vomitivo que ya había visto con anterioridad, pero quizá todavía en mayor cantidad y potencia.

A Datsue le entraron ganas de vomitar y tuvo una arcada, reprimida a duras penas, sabiéndose en peligro. Por mucho que aquel hombre —al Uchiha le dio la impresión de que, al menos, lo había sido una vez— parecía no poder moverse con facilidad, su chakra se veía demasiado peligroso como para confiarse.

N-nada en realidad, Yogo-sama —se atrevió al fin a hablar Datsue, viendo que ninguno de sus compañeros decía nada. Tenía el Sharingan activado y los músculos tensos—. N-nuestro trabajo solo era resolver el misterio de esta vivienda… Así que… ya lo dejamos tranquilo. —Poco a poco, fue retrocediendo. Primero un paso. Luego otro...
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Un Uchiha no olvida

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Posibles Aliados:

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¿Es que acaso osáis irrumpir en esta mi morada con tan sencillas y pobres pretensiones?

La voz antinatural de aquel ser sonó por un momento con un matiz de confusión. Akame, que se había mantenido callado hasta ese momento, se adelantó un paso mientras Datsue retrocedía otro. Su Sharingan examinaba aquel manto de chakra nauseabundo que envolvía al llamado Yogo-sama, "El Que Ve". La energía que le rodeaba era tan repugnante que Akame hubiera podido jurar que no sólo fue capaz de verla, sino de olerla y degustarla en el aire.

Reprimió una arcada. Tal vez no era por eso, sino por el fétido olor que despedía aquella cosa. «Parece remendado a partir de cadáveres y huele como un cadáver. Sin embargo ahí está, vivo» caviló el Uchiha. Datsue y Eri parecían demasiado aterrorizados como para hacer nada y él no es que se encontrase en el pináculo de su forma psicológica; simplemente sabía guardar mejor la calma.

De repente aquella máquina que servía de trono al grotesco Yogo-sama crujió con un chirrido metálico. Luego se pudo oír un burbujeo, y algunos de los gruesos tubos que salían del asiento para insertarse en la carne del engendro se agitaron un momento. «¿Esa cosa está... Bombeando algo dentro de él?» Akame siguió el flujo con la vista y pudo advertir que un grueso conducto partía de la base de la máquina para atravesar la pared que había justo detrás. «Por las tetas de Amaterasu... ¿Qué habrá al otro lado?»

Muchacho —llamó aquel grotesco ser—. ¿Acaso fuiste tú quien liberó a mi lacayo?

Akame se giró inconscientemente hacia Datsue.

¿Qué motivos tenías para relevarle de su servicio, y con qué potestad lo hiciste? —no había enfado en su voz, mas sí intriga. Cuando Datsue dio el segundo paso hacia la salida, el monstruo habló de nuevo—. No abandonarás esta sala. Volverás aquí una vez, y otra, y otra...
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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Mientras Akame avanzaba, Datsue retrocedía. Eran como el ying y el yang, dos polos opuestos que funcionaban, pensaban y vivían de forma totalmente distinta. Con el paso del tiempo, y tras convertirse en los Hermanos del Desierto, aquella diferencia que había entre ellos no les separaría, sino que les complementaría.

Aquel día, sin embargo…

No… Yo no… —Datsue quería negar que hubiese sido él quien había liberado al anciano del sello maldito. Quería, pero intuía que las mentiras no funcionarían con aquel ser monstruoso. Fue entonces cuando Yogo-sama dijo algo. Algo que le hizo entrar en pánico: que volvería a entrar en la sala una y otra vez, como un círculo infinito…—. No… ¡Mientes! —gritó Datsue, saltando por el hueco en la madera que entre los tres habían abierto, como queriendo demostrar con aquella acción que el ser se equivocaba.

¿Lo había conseguido? ¿Así de fácil?
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Un Uchiha no olvida

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¿Es que acaso osáis irrumpir en esta mi morada con tan sencillas y pobres pretensiones?

Aquello fue la contestación que el extraño ser había utilizado contra el argumento de Datsue. Y Eri ahogó de nuevo un grito, sin embargo, el sonido de algo metálico crujiendo la sacó de su estado de pánico absoluto e hizo que sus orbes azulados se posasen en el trono donde Yogo-sama estaba sentado. Aquello hizo que la kunoichi se fijase en los tubos que salían del mismo hasta la pared de detrás del asiento y se perdían allí.

Había algo más allá de aquella pared.

Sus piernas temblaron cuando Yogo-sama volvió a hablar, esta vez para dirigirse especialmente a Datsue. Eri no pudo evitar mirarle, contestando al maestro del anciano con un par de palabras y una muestra de, ¿valentía? O de estupidez.
Hablo (Crimson)«Pienso»

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Datsue saltó velozmente por el hueco que había entre los tablones de madera perfectamente cortados gracias al jutsu de su compañero Uchiha, ante la atenta mirada de Akame y Eri. El Intrépido levantó ambos pies del suelo y los impulsó hacia delante, cruzando el misterioso umbral que —según aquella grotesca presencia— sería intraspasable para él. Durante un momento saboreó la victoria sobre aquel monstruo, mientras su cuerpo traspasaba el hueco. Entonces sus sandalias tocaron tierra firme al otro lado y supo que lo había conseguido.

Estaba otra vez en la misma habitación. Ni Akame, ni Eri, nisiquiera él mismo sabrían decir cómo había ocurrido. Parecía que Datsue simplemente se hubiera quedado corto con el salto, o no estuviese prestando atención. Pero no; ellos mismos le habían visto cruzar el umbral por un momento, un instante efímero. Y sin embargo allí estaba, en la misma habitación de la que nunca había parecido salir.

«¿Qué... Significa esto?»

Akame estaba atónito. Su cerebro buscaba ávidamente una explicación racional a lo que acababa de suceder. «No es un Genjutsu ambiental, imposible, nuestro Sharingan nos lo habría revelado. ¡Maldita sea, le he visto, le he visto salir de la habitación! ¿Cómo es que...?»

La risa estridente y gorjeante de Yogo-sama interrumpió sus pensamientos. La criatura hizo algo parecido a carcajearse —los pedazos de carne en torno a la cabeza se le movieron, temblorosos, pues no tenía cuello— y luego aquella máquina sobre la que reposaba volvió a crujir con un sonido metálico. El grueso tubo que se insertaba en la pared de detrás volvió a hincharse y luego contraerse, dejando fluir algo dentro de aquel trono de acero y cables.

¡Insignificante! No entiendes, no eres capaz de ver —bramó después Yogo-sama—. ¡El tiempo es un círculo plano! Todos estamos condenados a repetir una y otra vez nuestros errores en esta habitación cerrada.

El charka nauseabundo de aquel ser se arremolinó, y Akame flexionó las rodillas al instante, creyendo que iba a atacar. Sin embargo, Yogo-sama debió de pensárselo mejor, porque su energía volvió a amansarse un momento después.

La muerte no es vuestro destino. Yo lo he visto, no continuaréis el ciclo sin antes haberme compensado por el daño que habéis causado a mi fiel lacayo —afirmó, con su voz antinatural que parecía provenir de todas partes y de ninguna—. ¡Traedme a ese usurero tan avaro! ¡Al que osa mancillar mi propia casa y utilizarla para sus simples propósitos! —exigió—. Él ocupará el puesto como mi sirviente, y vosotros podréis seguir recorriendo la fina línea de vuestra sencilla consciencia... ¡Esa es mi voluntad! ¡Yo, Gran Maestro, así lo he decretado!

El Uchiha apretó los dientes.
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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Y cuando saltó al exterior…

… volvía a estar dentro. «¡Imposible!». Datsue miró el hueco por el que acababa de saltar. El suelo al otro lado que acababa de pisar. ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía estar en un lado y al otro al mismo tiempo? Su Sharingan no había visto Genjutsu alguno, pero entonces, ¿cómo?

Se obligó a redirigir la mirada a Yogo, a esos tubos que entraban y salían de su cuerpo. A ese tubo, en concreto, que se inyectaba en la pared de atrás. Entonces el hombre habló, consiguiendo que se le erizase la piel por el mero hecho de oír su ponzoñosa voz. Hablaba de que el tiempo era un círculo plano. De que debían compensar la pérdida de su lacayo con otro. Concretamente, con el cliente del trío shinobi. Luego, les dejaría marchar…

¿Lo haría? Por muy optimista que Datsue quisiese ser a aquellas alturas, tenía sus dudas. ¿Por qué dejar marchar a tres shinobis que irían corriendo a chivarse a su Kage? ¿Por qué arriesgarse? ¿Por qué mostrar compasión?

Datsue era como un animalillo acorralado por su más temible depredador. No había escapatoria, no había salida. ¿Qué hacer, pues? Algunos animales quedaban paralizados por el terror. Otros, con un instinto de supervivencia más fuerte, atacaban.

Dígase una cosa de Uchiha Datsue: siempre fue un superviviente.

A-así se hará, Yogo-sama —quiso imprimir a su voz miedo y respeto. Lo cierto es que no tuvo que fingir para hacerlo. Realizó una senda reverencia, mientras sus dedos resbalaban como una serpiente hacia su portaobjetos. Un shuriken. Un hilo metálico—. Así se…

¡Zas! Como un relámpago, lanzó la estrella metálica a un lateral. Yogo no tuvo ni que esquivarlo, el tiro había fallado por medio metro. Entonces Datsue movió un dedo y…

… el disparo ya no parecía tan malo. La estrella metálica hizo un giro imposible, de noventa grados, buscando rodear a Yogo por la espalda y envolverse en él. De conseguirlo, el shuriken terminaría por clavarse en su piel grotesca mientras el Uchiha ya formaba los sellos de…

¡¡Katon: Ryūka no Jutsu!!




¤ Sōshuriken no Jutsu
¤ Técnica de la Manipulación de Shuriken
- Tipo: Apoyo
- Rango: C
- Requisitos: Shurikenjutsu 15
- Gastos: 10 CK
- Daños: -
- Efectos adicionales:
  • Redirige hasta en 90 grados la dirección de un arma.
  • (Shurikenjutsu 30) Redirige hasta en 180 grados la dirección de un arma.
- Sellos: -
- Velocidad: Muy rápida
- Alcance y dimensiones: -
Mientras que otros ninjas son capaces de hacer girar un arma atada un hilo una dirección máxima de 45 grados, y con giros graduales, los ninjas que se especializan en Shurikenjutsu, con la ayuda de una ráfaga de chakra a través de la fibra del hilo, son capaces de hacerlas girar 90 y 180 grados. Además, se trata de un auténtico giro brusco, por así decirlo (no es instantáneo pero el arma se mueve de forma antinatural) con el movimiento de sólo la punta de uno de sus dedos, no uno gradual. Es una técnica muy útil tanto para atacar en ángulos muy cerrados o a puntos ciegos como para distraer.


¤ Katon: Ryūka no Jutsu
¤ Elemento Fuego: Técnica de Fuego del Dragón
- Tipo: Ofensivo
- Rango: C
- Requisitos: Uchiha 30, enemigo inmovilizado con cables, parcial o totalmente
- Gastos: 36 CK
- Daños: 60 PV
- Efectos adicionales: Quemaduras de 5 PV por turno hasta que sean tratadas o tras 3 turnos
- Sellos: Serpiente → Dragón → Liebre → Tigre
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: La explosión generada por la técnica abarca tres metros alrededor del oponente
Tras constreñir el movimiento del enemigo utilizando cables de la manera que el ejecutor prefiera, es esencial que el susodicho mantenga en su boca el extremo de ese mismo hilo. Tras realizar los sellos correspondientes, una llamativa columna de fuego se genera y alza frente al ninja, acto seguido estas llamas circulan a toda velocidad hacia el objetivo, utilizando el cable como puente conductor. El Ryūka no Jutsu es la técnica Katon de los Uchiha más brutal, ingeniada para marcar a un solo objetivo y causarle todo el daño posible aprovechando que este, supuestamente, no puede evitarlo. La carrera de la llama es tan brutal y concentrada, que destrozará cualquier obstáculo del escenario que haya en su camino, y causará graves quemaduras a aquellos que sean capaces de soportarla.
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Un Uchiha no olvida

Objetivos:

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Posibles Aliados:

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Datsue saltó, incluso por un tiempo se halló victorioso frente a aquel ser, pero... Volvió a la habitación de antes. ¿Cómo? Eri abrió los ojos más de lo normal, sorprendida y aterrada por aquello que acababa de pasar, ¿cómo había sido capaz de alterar el tiempo y el espacio así? ¡Era imposible! Miró a Datsue, de arriba a abajo, luego miró al agujero...

«¿Cómo es posible?» Se repetía mentalmente la kunoichi.

Pero no pudo darle más vueltas ya que Yogo-sama volvió a ocupar toda la atención de la estancia. Seguido de una explicación que escapaba de la comprensión de la pelirroja.

Luego vino una serie de palabrería que a Eri le sonó horrible. Apretó los puños y poco a poco el miedo fue acompañado de algo parecido a, ¿enfado? ¿Odio? ¡Aquel extraño ser hecho a base de tubos y carne medio podrida les estaba exigiendo a otra persona! Sabía que algo no estaba bien con él, y que seguramente si podía, acabaría muerta allí por contradecirle, pero...

«¿La muerte no es... nuestro destino?»

Miró a sus compañeros, ¿estaban destinados a quedarse allí hasta cumplir lo que tenían que hacer? ¿Morirían en el intento? Apretó los puños, al igual que sus labios. Quería llorar, aquello parecía quedársele grande a alguien como ella. Al igual que parecía para Datsue...

... O no.

Aquel Uchiha parecía aferrarse a la vida como si fuese un clavo ardiendo, y es que había comenzado una ofensiva tan rápida, que ni ella misma se lo esperaba. Pero no quería quedarse atrás, así pues, si lograba atrapar a aquella bestia, ella optaría por ayudar.

¡Raiju Hashiri no Jutsu! —de su mano saldría una corriente de chakra eléctrico cobrando forma de un pequeño lobo que no pararía hasta impactar contra Yogo-sama.

¤ Raiju Hashiri no Jutsu
¤ Técnica de las Bestias Veloces de Rayo
- Tipo: Ofensivo
- Rango: B
- Requisitos: Raiton 30
- Gastos:
  • 36 CK/criatura (máximo 1)
  • (Raiton 60) (máximo 2)
- Daños: 60 PV/criatura
- Efectos adicionales: -
- Sellos: -
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: Las bestias tienen el tamaño de un lobo común, y pueden moverse libremente en un rango de 10 metros, pero no pueden girar para retroceder, sólo avanzar y realizar pequeños giros
Manipulando chakra eléctrico en su mano, el usuario es capaz de expandir su Raiton creando bestias eléctricas que avanzan como un rayo hacia su adversario, intentando impactar e implosionar contra él, electrocutándolo. El usuario puede controlar a las bestias, que pueden tomar cualquier apariencia siempre y cuando respeten el tamaño de la técnica; siempre y cuando no realicen giros bruscos o cambien totalmente de dirección.
Hablo (Crimson)«Pienso»

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La montaña de hierro, hueso y carne abotargada que era Yogo-sama se removió con visible inquietud cuando Datsue lanzó un shuriken hacia él. El habilidoso Uchiha utilizó su chakra para redirigir la trayectoria del proyectil y enrollar parcialmente un tramo de hilo ninja alrededor del abultado y repugnante cuerpo de aquel ser. Eri, por su parte, invocó un lobo hecho de pura energía Rayo y lo lanzó también contra aquel terrible enemigo.

¡Katon Dan! ¡Homura!

La voz de Akame se unió a las de sus compañeros después de que sus manos formasen un sello. Expulsó un proyectil ígneo que recorrió a toda velocidad la distancia que le separaba de Yogo-sama.

Los tres jutsus impactaron con tremenda violencia contra aquel amasijo de cables, tubos y trozos de carne remendados, resultando en una explosión que envolvió en llamas a Yogo-sama. «¿Ya está? ¿Lo hemos conseguido?» Akame era incapaz de comprobar el resultado de su ataque combinado mientras el humo y las llamas siguieran bloqueando el campo de visión alrededor del trono de hierro de aquel monstruoso ente.

Sin embargo, cuando pasó la tormenta, los tres genin podrían comprobar la horrible verdad. Yogo-sama no tenía ni un sólo rasguño; disipado el humo, aquella mole de carne, pústulas, costuras y cables de acero seguiría allí sentada. Tan imperturbable como siempre.

¡Impertinentes ignorantes! —les insultó Yogo-sama, con su asquerosa voz—. ¡He sobrevivido a todos mis enemigos, capeado los más terribles temporales y me he mantenido incólume en las arenas del tiempo durante incontables eras! ¿Acaso pensáis que vuestro débil propósito será suficiente para cambiar lo que debe suceder?

»NO.

El grueso tubo que iba desde la parte trasera de aquel trono-máquina hasta la pared de detrás bombeaba con fuerza.

Los Uchiha pudieron ver cómo aquel chakra oscuro y malvado se arremolinaba alrededor de Yogo-sama con una potencia inusitada, como si se tratase de una auténtica tormenta de energía. En un momento dado, la potencia de aquel aura fue tal que incluso Eri pudo verla; purpúrea, viscosa e iracunda.

Ahora seréis torturados por toda la eternidad.

Las palabras de aquel monstruoso ser retumbaron en el sótano. Un momento después, tres lenguas índigas se apartaron de aquel remolino de chakra y, como voraces serpientes, buscaron aplastar sin piedad a los tres muchachos.


Yogo-sama tiene Poder 140, que va impreso en cada uno de los tentáculos de chakra con los que quiere aplastar a los tres genin. Si queréis no ponemos tablas ni números, pero sabed que un golpetazo de una de esas lenguas de energía es suficiente para destrozar el cuerpecito de un genin e.e
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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Era la primera vez que Eri veía tal sincronización entre los tres, y la verdad es que por un momento, se halló victoriosa ante aquel ser atroz que amenazaba con mantenerles allí de por vida. El humo y las llamas de las técnicas de los Uchiha la separaban de saber si fue victoria o si la derrota pronto se reuniría con ellos.

Sin embargo, lo que vio a continuación fue lo que causó su sorpresa.

Aquel que se hacía llamar maestro seguía exactamente igual que antes, ni un rasguño había alcanzado su mugrosa y asquerosa piel. Nada, no lo habían ni rozado. Eri escuchó como sus esperanzas se rompían una tras una en su interior y sus ojos, incapaces de creer lo que veían, se quedaron mirando a Yogo-sama sin saber qué pieza mover para poder darle un jaque mate al asunto.

Ahora seréis torturados por toda la eternidad.

El chakra que hasta el momento ella no fue capaz de ver, revoloteaba sin control alrededor de aquel que antes fue un hombre, y le dieron ganas de vomitar, de chillar y de llorar. ¿Acaso era aquello lo que le deparaba el futuro? «¡Él mismo nos dijo que no era nuestro destino el morir aquí!» Se recordaba mentalmente mientras apretaba sus labios.

Sin embargo poco tiempo les dejó para pensar, pues tres tentáculos de su chakra salieron hacia los tres genin. Eri saltó hacia atrás intentando evadir el golpe, sin apartar la vista del tentáculo que acababa de arremeter contra ella. ¿Cómo había podido sobrevivir tanto tiempo? ¿Qué era lo que le impulsaba a ello? O mejor, ¿qué le permitía vivir?
Hablo (Crimson)«Pienso»

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El Ryūka no Jutsu, la técnica ígnea más letal y mortífera del clan Uchiha, dio de lleno en el monstruo. Datsue jamás había visto a nadie resistir semejante técnica, y, por si fuera poco, vino acompañada de los regalitos de Eri y Akame, quienes lejos de quedarse relegados apoyaron a Datsue en su ofensiva.

«¡Lo conseguimos!»

El humo, las chispas y el fuego lo envolvieron todo en una agónica tormenta, y cuando ésta amainó…

Yuma seguía en su sitio. Como si solo fuese una ilusión, un fantasma intocable e intangible, indiferente a los peligros y amenazas que provenían del mundo físico. A su espalda, aquel maldito tubo seguía extrayendo su chakra…

«… o inyectando chakra en él».

Fuese lo que fuese, no tenía mucho tiempo para pensar. La energía se acumulaba en el anciano con la misma furia y concentración que un bijū enfurecido, y Datsue no necesitó oír la amenaza del viejo maestro para saber que, efectivamente, les iban a atacar.

«Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir…»

Del aura del anciano nacieron tres lenguas, que como un látigo trataron de aplastar los cuerpos de los tres jóvenes Genin. Datsue realizó un rápido salto lateral para evadirlo, mientras pensaba…

«¡Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir!»

… o mientras trataba de pensar, más bien, cómo salir de aquella con vida. ¿Qué le habían enseñado desde el primer momento en que había pisado la Academia? Que todo jutsu o persona tiene al menos una debilidad. ¿Y acaso Datsue no era bueno descubriéndolas? ¿Acaso no estaba en su naturaleza? ¿Quién había hecho perder los nervios al ninja más profesional y frío de la faz de Oonindo?

«Yo…». Visto ahora, en comparación, parecía algo insignificante, pero era lo único a lo que podía aferrarse.

El maestro Yogo parecía haber transcendido la mortalidad, a pesar de que todo su cuerpo indicaba lo contrario: deforme, gastado, remendado… Todo en él parecía enfermo y decrépito, e incluso parecía necesitar asistencia de aquellos tubos que entraban y salían de su piel cual enfermo terminal. Los tubos…

El tubo.

Lo vio tan claro que, de no ser porque su mente trabajaba a mil por hora en cosas más importantes, se hubiese avergonzado de no verlo antes.

¿Recordáis cómo nos libramos de ver el documental sobre la flora y fauna del País del Bosque? —Probablemente, Eri lo recordaría. El día anterior a aquel se habían pegado cinco horas frente al televisor, con un documental que describía con pelos y señales cada aspecto de la fauna del País de la Tormenta. Y su climatología. Y los animales salvajes de cada región. Un auténtico coñazo, vaya, tan insufrible como soporífero. Por eso, sabiendo que al día siguiente tocaría el Bosque, Datsue había cortado el cable de alimentación de la tele. Terminaron trayendo otro, claro, pero al menos aquella vez se libraron y el Uchiha se sintió el héroe del día—. ¡Pues esta vez le toca a otro! —preguntó, esperando que Eri hubiese captado la metáfora. Sabía que Akame no tendría ni idea de lo que estaba hablando, pero no quería que Yogo centrase su atención en Eri.

Podría haberle dicho directamente que necesitaba que cortase aquel tubo, pero revelar tus planes al enemigo no solía ser una buena idea. Por otra parte, hubiese podido intentar hacerlo por sí mismo, pero sus técnicas estaban basadas más en el fuego y en explosiones. No quería que los cimientos de la casa se les echasen encima, y, además, Eri era más rápida y tenía un seguro de vida sellado en ella. Por no hablar de que la especialidad de Datsue era la de cubrir las espaldas y no ir de héroe.

Sí, definitivamente aquello era lo mejor.

¡Yogo! —rugió, mientras trazaba un semicírculo hacia su derecha. Quería atraer su atención. Despistarle—. ¡Te equivocaste en algo! ¡El tiempo es un círculo plano, sí, pero es un círculo que puede romperse! ¿Sabes con qué?

«Vamos, cabrones… No me dejéis con el culo al aire»

¡Con los ojos de un Uchiha! —A aquellas alturas, Datsue no sabía ni lo que estaba soltando por la boca—. ¡Y adivina qué! Te has ido a enfrentar a nada más y nada menos que a dos!

«¡Ahora, cabrones! ¡AHORA!»
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Un Uchiha no olvida

Objetivos:

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Posibles Aliados:

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Eri se movía de un lado a otro, intentando esquivar aquellos latigazos de chakra, hasta que...

¿Recordáis cómo nos libramos de ver el documental sobre la flora y fauna del País del Bosque?

¿Qué? —preguntó la chica, sin creérselo —¡Datsue, este no es momento para es-

¡Pues esta vez le toca a otro!

Sí, definitivamente recordaba aquello, cuando Datsue iba con el pecho hinchado por los pasillos de la academia cual pavo real por haber salvado a la clase de cinco minutos de documental, los cuales se tragaron más tarde, naturalmente. Pero claro, el asunto estaba que aquello tenía que ver con... «¡El tubo!» Captó la kunoichi, centrando su mirada en lo que había detrás del maestro. ¡El tubo alimentaba a Yogo! ¿Cómo no se habían dado cuenta antes?

«Pero es demasiado grueso, quizá con algo que...» Su mente era más rápida que aquello, pensaba y pensaba, exprimiéndose la cabeza mientras evadía los tentáculos de chakra.

Datsue estaba captando su atención, ella podía actuar más libremente gracias al sacrificio de Datsue, así que...

Corrió hacia la posición de Akame, intentando pasar por detrás de él y susurrarle algo. Estaba nerviosa y su voz seguramente temblaría, pero él era el único que podía hacer eso, él tenía que salvarlos, a los tres.

Akame-san, corta la energía —murmuró, rodeándole para así disimular, como si siguiese huyendo de aquello que la seguía, luego volvió a la carga, esta vez intentando realizar de nuevo la técnica que momentos antes había hecho, y aunque sabía que era en vano, ganaría tiempo para que Akame pudiese ir a cortar el tubo.

O eso quería pensar, ¿lo habría captado? Tenía que demostrar que él era el más listo de los tres, tenía que hacerlo.

¡No te olvides de la Uzumaki! —exclamó ella mientras volvía a lanzar un lobo puramente hecho del elemento Rayo —. ¡Raiju Hashiri no Jutsu!
Hablo (Crimson)«Pienso»

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Para Uchiha Akame, todo sucedió demasiado rápido. Una vorágine de llamas, humo, tentáculos de chakra oscuro tratando de romperle los huesos del cuerpo y confusión.

El llamado Gran Maestro parecía inmune a sus ataques, y su chakra era extremadamente poderoso. Akame se hizo a un lado, saltando con agilidad, para evitar ser aplastado por una de aquellas lenguas de energía viscosa y púrpura; por fortuna, ni Datsue ni Eri fueron alcanzados tampoco. El uzujin resolló; las heridas del ataque del somier todavía le pasaban factura.

«¿Cómo vamos a matarlo, joder? Parece invulnerable a todos nuestros ataques, ¿qué clase de técnica es esta? Y ese chakra...»

Pese a que su vida estaba en riesgo, el Uchiha no podría evitar sentir fascinación por lo que estaba viendo. Jamás había visto un chakra tan poderoso, por mucho que fuese repugnante a los sentidos. Tenía casi la magnitud de un bijuu, y Akame pensó que de no estar aquel ser postrado en su máquina, de haberse enfrentado a él en sus años mozos, probablemente los tres estarían muertos antes de llegar siquiera a los primeros compases de la batalla.

Desterró aquellos pensamientos cuando oyó la voz de Datsue. «¡Por las tetas de Amaterasu, ha perdido la cabeza! ¿¡Qué diablos dice de documentales!?» Antes de que Akame pudiera replicar, vio cómo su compañero se lanzaba a por Yogo-sama en actitud claramente provocadora; aquello le hizo pensar. Datsue sólo actuaba así cuando...

«Tiene un plan».

Lo vio claro como el agua, y la confirmación llegó poco después. Eri pasaba junto a él, a la carrera, directa a uno de los flancos del enemigo. Los oídos del joven genin captaron a la perfección el mensaje; «¿"corta la energía"?» Entonces sus ojos se fijaron en el conducto que bombeaba algo a toda potencia directamente al interior de aquella monstruosa entidad.

Me cago en...

Uzumaki y Uchiha se lanzaron, como valientes señuelos, a por Yogo-sama. Éste no les dedicó más palabras, sino que su chakra podrido se arremolinó con la fuerza de un trueno y, sin previo aviso, dos tentáculos de pura energía les golpearon con fuerza. Datsue salió despedido contra la pared derecha de la habitación, derribando un par de estanterías repletas de frascos con órganos y vísceras conservados en formol. Eri fue lanzada hacia atrás, aterrizando sobre la mesa repleta de pergaminos con un golpe seco que partió el mueble en dos.

Ignorantes... Gustoso aceptaré vuestro servicio en pago del daño que me habéis causado.

La voz de Yogo-sama retumbó en la habitación como un cántico fúnebre.

Con vuestras acciones habéis intentado minar el camino hacia un gran propósito, hacia la iluminación. Ahora me serviréis para alcanzar...

Detuvo su verborrea de repente. Akame había desaparecido en un parpadeo y, con su mano diestra recubierta de una cuchilla de chakra de color índigo, segó sin dificultad el conducto que alimentaba a la monstruosidad abotargada que era Yogo-sama. Se escuchó un gorjeo horripilante en la habitación, que parecía provenir de todas partes y de ninguna, y un chirrido ensordecedor escapó del trono-máquina. Aquella masa de carne y parches y maldad empezó a agitarse con fuerza mientras los propios cimientos del sótano temblaban.

¡Hay que salir de aquí! —gritó Akame mientras corría en dirección a Datsue, el que más lejos estaba de la única salida—. ¡Se va a venir abajo!
Hablo - «Pienso» - Narro

黒狼

Ichibi no Jinchuuriki

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