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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(C) Los Cuatro de Ibaraki
Etsu Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
Nivel: 15
Exp: 6 puntos
Dinero: 440 ryōs
#16
Wagu sentenció que el nuevo era listo. A saber si era demasiado listo, lo cuál normalmente no era realmente bien recibido. Pero no, normalmente Etsu pecaba en no serlo demasiado. El hombre hizo un aspaviento, y Rao se encogió como uno de esos bichos acorazados pequeños con demasiadas patas como para andar —cochinilla—, pero por suerte para él, la intención de Wagu no era mas que alcanzar su propia espalda para rascarse.

«Mmmm... empiezo a sospechar que Rao teme de verdad a Wagu, y que incluso puede que hasta participase en la paliza que le dieron... no es normal que le tenga tanto miedo.»

El llamado Rao se denotaba realmente incómodo con el tema que estaban sacando. No podía evitar una mueca de desagrado, y a cada palabra que Wagu fue soltando acerca del tema, su rostro iba pasando de resignación a ira. Inquirió que debió informar mejor al nuevo ayudante, y que ellos no tenían otra opción. Además, sentenció una venidera visita por parte de los Cuatro, que seguramente querrían saber sobre ese regreso. Obviamente, también exigirían que en ésta ocasión Rao cumpliese lo que le ordenasen al pie de la letra.

El gordo se levantó de las banquetas, dándole a éstas un leve respiro. Con parsimonia ando hasta lo que podía considerarse la cocina, y tomó de la encimera una cesta con unas cuantas servilletas cubriendo su contenido. No tardó en retornar hasta la mesa, donde nuevamente tomó asiento y dejó la susodicha cesta. Preguntó si querían algo dulce, casi a la par que dejaba ver lo que ofertaba. En la cesta, habían algunos panes de manteca.

¡Oh! ¡muchas gracias! —alcanzó el Inuzuka a tomar uno.

Con el pan de mantequilla en una mano, y el café en la otra, estaba preparado para atender a lo que el hombre decía. Lo primero que hizo fue preguntar al chico por la moral gris, una pregunta que tan solo provocó en el rastas una mueca de duda, así como que sus hombros se alzasen. No, la verdad es que no lo entendía, ni creía haber escuchado de ella. Lanzó un bocado al pan, y tras ello le pegó un sorbo al café para bajarlo. Entre tanto, Wagu comenzó a explicar que hacía tiempo una familia llamada Takanashi se encargó de dar seguridad a la zona, de ayudar a la población, y controlar el territorio, haciendo de ésta una zona realmente segura. Pero —siempre hay un pero— la situación cambió cuando la familia dejó de estar presente. Al parecer, desapareció de la noche a la mañana, dejando a todos al amparo de su propia suerte. Entonces, comenzó a ser esas tierras pasto de bandidos, y maleantes de todo tipo. Así fue hasta que los llamados Cuatro de Ibaraki aparecieron y consiguieron ganar fuerza en la frontera. Les ofrecieron eliminar a la competencia si ellos les apoyaban, y al parecer cumplieron con su palabra.

Todo sonaba la mar de bien, aunque no para Rao. El hombre interrumpió al gordo, y sentenció que era una extorsión, que sonaba realmente bonito cuando se adornaba de esa manera, pero distaban de la realidad. Wagu Alzó la voz, llamando la atención de su colega, e insistió en que esa panda de maleantes eran los únicos capaces de suplir la desaparición de la anterior familia. Que incluso les ayudaban con un sustento monetario, y eran condescendientes con ellos. Rao insistió también defendiendo su posición, preguntando si todo ello aun siendo cómplices de sus crímenes. Wagu no quedó contento con el rumbo de la conversación, y quiso poner la última palabra.

«Espero que éste hombre lo entienda... a ver si me sigue el rollo...»

Rao, por lo que dice Wagu, creo que son personas con las que podríamos hablar... podríamos intentar llegar a un acuerdo que no nos haga tocar los crímenes, pero nos permita comerciar bajo la protección que nos ofrecen. Seguro que podemos llegar a un acuerdo. Debes pensar en la tercera boca a la que deberás dar de comer.

El Inuzuka le propinó otro buche al café, y quedó observando qué harían los hombres.Habían estado defendiendo sus ideales a capa y espada, pero quizás podían tomar la media por un rato. Al menos eso esperaba el Inuzuka, que no quería tensar la situación mas de lo necesario.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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