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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
El mito del oeste
#76
No le sorprendió la negativa, aunque eso no le quitaba lo exasperarte que resultaba lidiar con un paciente que rechazaba el alivio por una tontería. Riko le tomó para que se fueran de ahí y dejaran en paz al Uchiha, pero en última instancia el médico se mantuvo firme en su postura, negándose a retroceder.

—No compliques más las cosas, no estás en posición de ponerte a jugar con tu salud de por medio. Sólo te estás perjudicando a ti mismo— Aquellas palabras cargaban una decisión y una rigidez dignas de un teniente militar. Aquello ya no era un ofrecimiento de ayuda, era una orden. —¿Vas a abrir la puerta o...?— Cortó la última frase. ¿Iba a obligarlo a salir de ahí por la fuerza? No le convenía, pero tampoco quería dejarlo ahí hundido en su propia mierda, literalmente. Sin embargo, forzar la situación le podría llegar a complicar a futuro. ¿Quería ayudarlo de verdad o era un capricho? Si esto último no resultaba, era mejor retirarse. Total, si luego el muchacho terminaba aún peor nadie tendría que reprocharle por no haberlo intentado. —Reflexiona, por favor. Déjame ayudarte— Esa última frase cargaba con un tono muy sombrío.
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#77
Datsue no daba crédito a lo que oía. Se le había presentado un hombre de la nada, en plena emergencia de evacuación, pidiéndole que le dejase ayudar en su problema y que le dejase pasar. Pero, ¿cómo había sabido el hombre que estaba en problemas? ¿Acaso no podía haber corrido simplemente porque le había entrado un apretón? Empezaba a pensar…

… que el hombre buscaba algo más. O que había envenenado su jodida comida. ¿Paranoico? En la vida ninja nunca se era lo suficiente.

Pero había otro motivo, otra razón, para su empecinamiento. Ya no solo era por el orgullo, sino porque el Uchiha tenía una reputación que mantener. ¿Qué sería de sus muchos y gloriosos apodos, si dejaba pasar a alguien en aquellos momentos y veía semejante estropicio? Que se irían a la mierda. Nunca mejor dicho.

Tirados en una esquina: sus calzones. No había llegado al váter a tiempo. Su pantalón, lleno de vómito. Estaba hecho un asco, y prefería pasar una noche muriéndose de dolor que dejar que alguien le viese así.
Sellos de Rastreo implantados:
Hermandades Intrépidas:

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#78
El Kaguya resopló cuando el médico insistió a pesar de la negativa de su compañero, parecía tener demasiado interés y aquello no terminaba de convencer del todo a Riko, por eso, en cuanto vio que Datsue no le respondía simplemente apretó un poco el agarre que le había hecho al hombro.

Está visto que no quiere que le ayudes, así que vamos, no hay nada que hacer aquí.

Esperaba de corazón que el chico aceptara la negativa esta vez, porque no le apetecía tener más problemas aquel día, simplemente quería irse a su habitación, dormir y amanecer al día siguiente completamente fresco, que después del día que se habían pegado de viaje por el desierto, con el calor y montado encima del jodido camello, era lo que necesitaba.
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#79
—Lo lamento— No dijo más.

No había nada más que hacer por allí, pero tampoco hubo una reacción por parte de él. ¿Resiganción, frustración, enojo? Nada de eso. El joven suspiró y decidió dejarse llevar por Riko, para regresar a sus respectivas habitaciones del hotel.

Eso hubiese sido lo ideal, de no ser porque en cuanto salieron de los baños notarían que todas las personas que hasta hace unos instantes habían estado cenando en el sitio desaparecieron cómo por arte de magia. El muchacho abrió los ojos, ¿qué había pasado? Fue entonces que se escucharon unos pasos a toda velocidad desde el balcón superior del salón, siendo la tabernera quién se asomaría.

—¡Asobu! ¿Dónde demonios te habías metido?— Le increpó.

—¿Qué pasó? Es más, ¿para qué me estabas buscando?

—Vete preparando, que hay una riña en la calle. Si no hubo heridos con lo de esta tarde, quizás ahorita si los haya.

Muchas de las personas salieron a las ventanas o a las puertas de sus hogares, metiches ante el escándalo montado en las afueras. La calle principal estaba atiborrada de curiosos, hablando en voz alta o bien lanzando porras. Todo aquello se escuchaba cómo murmullos hacia el interior del edificio. Probablemente por esto el sonido no se había alcanzado a escuchar en el interior de los baños.

—¿No hay de otra?

—Lamento en serio molestarte con esto, ya nos has ayudado demasiado.

El muchacho negó con la cabeza y se fue corriendo hacia el exterior. ¿Que ocurriría ahora? La noche sería muy larga.
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#80
Por lo menos el joven aceptó que Datsue no quería su ayuda la segunda vez, por lo que la cosa no tuvo que llegar a mayores si no que, simplemente, salieron del baño y le dejaron tranquilo con sus cosas.

En cuanto cruzó el umbral de la puerta, Riko tomó una bocanada de aire limpio, limpio entre comillas, ya que el olor del baño salía ligeramente, aunque era mucho menos notorio que antes. El Kaguya entonces se estiró ligeramente, estaba cansado y tenía muchas ganas de ir a la cama e iniciando el camino hacia allá antes de ser interrumpido.

—¡Asobu! ¿Dónde demonios te habías metido?—

—¿Qué pasó? Es más, ¿para qué me estabas buscando?


—Vete preparando, que hay una riña en la calle. Si no hubo heridos con lo de esta tarde, quizás ahorita si los haya.

La cara de Riko era todo un poema, sin duda alguna parecía que los astros se habían alineado en su contra y que no querían dejarle decansar aquella noche, quizás por haber planeado huir y dejar tirados a los que le habían dado cobijo y comida. Sabía que no tenía por qué ayudar, pero sentía que era su deber hacerlo, por lo que siguió a Asobu cuando éste salió corriendo del hotel.

No te separes demasiado de mi, no queremos que el médico reciba un golpe que no iba dirigido a él. — Dijo con rostro serio.

«Como me entere de quien ha iniciado la pelea la va a tener conmigo, !quiero dormir!»
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#81
—Descuida, no tengo planes de involucrarme demasiado— Rió. —Sólo espero que nadie salga herido de gravedad— Su voz expresaba preocupación.

Al salir por la entrada principal, el caos reinaría ante sus ojos. Había tres altos fogarones a lo largo de la calle, la gente observaba desde las pertas, ventas o tejados de los edificios. Incluso, el curioso Rōga decidió ir a husmear en el asunto, observando de brazos cruzados desde la azotea del hotel. Curioso era, que uno de los protagonistas de la pelea se trataba nada más y nada menos que del mismo bandido al que el Uchiha creía haber escarmentado en la tarde: Bandō.

—¡Fuera de mi territorio escorias!— Cabalgando sobre un corcel negro, arremetió contra tres extraños hombres montados a camello, vestidos con largas capas negras, turbantes negros y, ¿paraguas?.

No hubo palabra en respuesta a la amenaza del bandido, salvo por lo que claramente eran una cadena de sellos manuales. "Oh, por Ame no Kami, díganme que no es cierto!" El Yotsuki se exaltó al observar aquello y darse cuenta que los involucrados podían generar un desastre. "No quería meterme en esto pero si siguen así tendré que hacerlo." Apretó los dientes, molesto.

—¡Mierda!— Quiso frenarse al ver una gran correntada de agua venir de frente, halando las riendas del caballo para flanquear el ataque por la derecha mientras intentaba sacar unas navajas de su cinturón. Sin embargo, sintió que los brazos no le respondían con la velocidad necesaria. —¡Tch!— El mismo temblor en las extremidades que experimentó en la tarde le atacó de nuevo, acompañado del recuerdo de ver dos orbes rojos. Bandō cerró los ojos en el momento que al animal galopó bruscamente, esquivando el ataque pero tirando a su jinete al suelo.

El bandido perdió su sombrero durante la caída, pero trató de incorporarse rápidamente. Volteó a todos lados para recuperar la noción del espacio, observando a sus dos ayudantes que yacían ya tirados algunos metros atrás, inconscientes. Apretó los puños, furioso. Esa pelea no debería ser compleja para él, pero la visión mostrada por Datsue le había dejado secuelas que le impedían actuar y moverse con naturalidad.

—Se los vamos a advertir por última vez— Amenazó uno de los hombres, el cuál tenía vendas por encima de los ojos. —No queremos más problemas. Están filtrando el agua del río para no pagarnos el impuesto del pozo, no podemos permitir eso.

—Pozo del cuál se apropiaron ustedes, hijos de puta— Arremetió de regreso, acompañado de varios chiflidos y abucheos de la multitud gritando improperiosa los cuatro vientos. —En Shirotora basto yo, váyanse a extorsionar a alguien más—. Mientras hablaba, abría y cerraba las manos, con al esperanza de que el tic nervioso se fuera.

"Ya no sé ni de que lado estar." Ninguno de los dos parecía buena opción.
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