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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#16
Ojalá pudiera disculparme por todos los errores que Kusagakure está cometiendo con el resto de aldeas y los bijū. Pero unas palabras no arreglarán nada. —Se lamentó Juro—. Puedo comprender el motivo de su odio, pero eso la está cegando y temo por las consecuencias que pueda provocar su mandato. Aunque me gustaría poder mitigarlo, lo único que lograría ahora mismo sería mi muerte, y eso tampoco cambiaría nada.

Ayame hundió los hombros. Era justo lo que pensaba ella, pero ni siquiera Juro podía hacer mucho para solucionar aquel entuerto. Y ella mucho menos. Era terriblemente frustrante sentirse tan impotente ante la situación.

De acuerdo. ¿Tienes algún lugar en mente? Apenas conozco estos lugares y en cuanto pongo un pie en ellos, me suelo perder —admitió, con una sonrisa nerviosa mientras se rascaba la nuca.

Ayame le devolvió una suave sonrisa.

Creo que he visto la entrada de una caverna en la pared de la montaña un poco más abajo. Hay que saltar sobre un par de pilares de roca como estos, pero creo que estaremos bien allí.

Comenzó a descender, deshaciendo el camino que tanto le había costado recorrer. Una parte de ella, su parte curiosa, se lamentaba por no poder llegar a ver lo que había en la cima de aquellas escaleras sin fin, pero su parte racional quería hablar con Juro. Y también quería que Kokuō pudiese hablar con su hermano. Además, tenía algo más en mente.

«¿Está pensando la Señorita en...?»

«Puede ser. Puede ser.»

Varias decenas de metros más abajo, Ayame se detuvo y miró hacia su derecha. Tal y como había dicho, tras un par de pilares de roca peligrosamente afilados, la pared de roca se abría hacia el corazón de la montaña. Podría haber saltado y utilizar el chakra para apoyarse en los pilares y volver a impulsarse, pero en lugar de eso prefirió entrelazar las manos y un par de alas de agua surgieron tras su espalda. Con un par de aleteos, Ayame terminó aterrizando en la boca de la caverna y, con cierto titubeo, se adentró en ella. Era una entrada bastante ancha, pero la cueva se oscurecía rápidamente conforme se adentraba en el núcleo de la montaña. El ambiente estaba cargado de humedad y, de vez en cuando, un ligero goteo hacía eco entre las paredes. Con un escalofrío ante la visión de aquel oscuro agujero sin fin, Ayame decidió quedarse prácticamente en la entrada.

Creo que aquí estaremos bien —meditó en voz alta, con una risilla nerviosa. Y su voz reverberó entre las rocas—. ¿No, Juro? —preguntó, volviéndose hacia el desdichado exiliado.
[Imagen: kQqd7V9.png]
Sprite por Karvistico.

—Habitación de Ayame: Link

No respondo dudas por MP.
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#17
El marionetista sintió como un escalofrío recorría su columna vertebral al escuchar a Ayame. Pero reafirmó su decisión y asintió a lo dicho por Ayame. Era una decisión lógica y estarían mucho más seguros. Ignoró el creciente brote de nerviosismo que estaba haciéndose con el control de su cuerpo por momentos.

Hicieron el descenso. A pesar de haber estado subiendo la montaña poco antes y estar agotado, se sorprendió por las renovadas fuerzas que ahora su cuerpo manifestaba. No se sentía perfecto, pero podría caminar durante un rato. Puede que fuera porque ahora tenía un motivo mucho mayor por el que andar. Necesitaba continuar hablando con Ayame, y, de alguna manera, sentía la urgente necesidad de Chōmei de hablar con su hermana también. Era como una mano empujando su espalda constantemente, hacia delante.

Cuando pudieron atisbar la caverna, Juro vio lo que Ayame le había descrito antes: entre medio, unos pilares afilados les separaban de su objetivo. Pero hacía tiempo ya que esos obstáculos no le preocupaban lo más mínimo.

Sin casi pensarlo, dos colas brotaron de su espalda y se transformaron en alas, que pronto, permitieron que se impulsara a través del aire, pudiendo sobrevolar sin mucho problema el terreno. En su interior, sintió a Chōmei disfrutar, y, por qué no decirlo, él también lo hizo. Aunque estuviera utilizando el poder de un bijū, era un fragmento tan pequeño que supuso que no habría problemas por esta vez.

Mientras estaba en el aire, solo un pensamiento invadió su mente.

« ¿Qué clase de técnica está usando? » — No le pasó desapercibido la técnica de Ayame, con la que creó dos alas hechas de agua. No solo le sirvieron para sobrevolar con la misma eficacia que las suyas, sino que además, Juro notó que era rápida, mucho más rápida que él, incluso en el aire. ¿Cómo era posible? Para sus adentros, pensó que Ayame debía de ser una shinobi excelente.

Con una mayor lentitud, aterrizó en el mismo lugar que Ayame, y, como ella, decidió asomarse para ver el interior de la cueva. No pudo pasar de la entrada. La oscuridad sin fin atenazó su corazón y le trajo recuerdos que no quería revivir.

Ayame habló, y cuando se volvió hacia Juro, se lo encontraría mucho más pálido que antes, con la mirada fija en el lugar donde la oscuridad reinaba y ocultaba el interior de la caverna. Las manos le temblaban ligeramente. Se cruzó de brazos acto seguido, para que no se notara tanto.

— S-si. Es un buen lugar — asintió, como pudo. Ruborizado, no tuvo más opción que contar la verdad, puesto que se dio cuenta al instante de que la chica también lo notaría, incluso si no veía su rostro, por su voz temblorosa —. Lo siento, no puedo evitarlo. Las cuevas me traen malos recuerdos.

Se aclaró la garganta y decidió explicarse. Quizá Ayame ya hubiera visto algo así, y sino, merecía la pena pasar la información.

— Hace relativamente poco tiempo, mientras estaba de paso, encontré un pueblo aterrorizado por la presencia de una bestia. Decían que era un monstruo gigante que rondaba el bosque y devoraba personas. Pero cada cual lo describía de una manera distinta. Justo a mi llegada el monstruo secuestró a la hija de uno de sus habitantes, y me ofrecí para ir a buscarla — relató, reteniendo otro escalofrío —. Bajé a las profundidades de su madriguera, en una cueva oscura como esta, y me encontré a... esa cosa. Era una aberración. El cuerpo de un gorila unido a tres cabezas distintas: la de un gorila, la de una serpiente y la de un tigre. A su espalda, había siete enormes colas.

» Era una especie de pseudobijuu creado artificialmente. Y tenía el chakra de Kurama en él.
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Avatar hecho por la increible Eri-sama.

...

Sellos implantados: Hermandad intrepida
  • Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60
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#18
Pero Ayame se quedó de piedra cuando se giró hacia él y le vio surcando los cielos con una suerte de alas de insecto. Se dio cuenta enseguida de que se había quedado boquiabierta, y sacudió la cabeza para salir de su ensimismamiento.

«¿Qué tipo de técnica era esa?» Se preguntó, llena de curiosidad. «¿Tiene algún tipo de conexión con los insectos?»

«Creo, Señorita, que tiene más que ver con mi Hermano.» Respondió la voz de Kokuō en su mente.

«¡¿Cómo?!»

Pero no obtuvo ninguna respuesta más. Ayame no había llegado a ver a Chōmei nunca, por lo que no conocía ni su aspecto ni las posibles habilidades que podría tener. Por conocer, apenas conocía a Shukaku, pero pese a lo escalofriante y sádico que era, sí podía decir que le debía una. Literalmente, le había salvado la vida.

S-si. Es un buen lugar —tartamudeó Juro. A Ayame no le pasó desapercibido que se había puesto más pálido de lo habitual y que sus ojos recorrían nerviosos la cueva como si estuviera esperando que surgiera algún monstruo de su interior. El exiliado debió darse cuenta de que Ayame estaba pendiente de él, porque añadió—: Lo siento, no puedo evitarlo. Las cuevas me traen malos recuerdos.

Oh... Lo siento, no lo sab... —comenzó a disculparse, pero Juro la interrumpió para explicarse.

Hace relativamente poco tiempo, mientras estaba de paso, encontré un pueblo aterrorizado por la presencia de una bestia. Decían que era un monstruo gigante que rondaba el bosque y devoraba personas. Pero cada cual lo describía de una manera distinta. Justo a mi llegada el monstruo secuestró a la hija de uno de sus habitantes, y me ofrecí para ir a buscarla —relató—. Bajé a las profundidades de su madriguera, en una cueva oscura como esta, y me encontré a... esa cosa. Era una aberración. El cuerpo de un gorila unido a tres cabezas distintas: la de un gorila, la de una serpiente y la de un tigre. A su espalda, había siete enormes colas. Era una especie de pseudobijuu creado artificialmente. Y tenía el chakra de Kurama en él.

E... ¿Estás bromeando, no? —murmuró Ayame. Ahora era ella la que se había quedado pálida como la cera—. ¿Cómo puede existir alg...? Oh, espera —Cruzó los dedos índice y corazón como cuando realizaba el Kage Bunshin, pero justo antes le dirigió una breve mirada a Juro—. Por favor, no te asustes.

¡Puff!

Una densa nube de humo estalló justo junto a ella. La escasa brisa de la cueva removió los jirones del humo, dispersándolos y dejando a la vista una criatura del tamaño y el cuerpo de un caballo blanco, la cabeza de un cetáceo y cinco ondulantes colas tras el final de su espalda. Sobre su cabeza, lucía orgullosa cuatro cuernos.

Juro, ella es Kokuō. Kokuō, él es Juro.

Ya nos conocemos —respondió Kokuō, clavando una solemne mirada de sus ojos aguamarina bañados de rojo en el muchacho. Con cierta elegancia, el bijū flexionó una de sus patas delanteras e inclinó el cuello en una sonada reverencia.
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Sprite por Karvistico.

—Habitación de Ayame: Link

No respondo dudas por MP.
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#19
Ya nos conocemos —respondió Kokuō, con una solemne mirada de sus ojos aguamarina y una elegante y sonada reverencia, tan solo eclipsada por un todavía más sonado y todavía más solemne

… y gran…

…y enorme…

… y ensordecedor…

… y mastodóntico…

… Y DESCOMUNAL…








¡¡¡PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRROO!!!





PEDO.



· · ·



A cientos y cientos de kilómetros, en una confortable casa con jacuzzi y vistas al mar uzujin, un joven chico de cabellos negros recuperaba el control de su cuerpo.

¿S-shukaku? Shukaku, ¿qué…? ¿¡Qué sello de comunicación has activado cuando…!?

¡JAAAAA JIA JIA JIA JIA JIA! No-no, no activé ningún sello, ¡te lo juro! —replicó él, tomando momentáneamente de nuevo el control.

¡Shukaku no me jodas! ¡Que nos conocemos! —exclamó. Su cuerpo pasaba de llorar de la risa a la indignación máxima en cuestión de segundos, dependiendo de quién mandase sobre él, como si estuviese sufriendo un ataque de demencia y esquizofrenia severa.

¡JIA JIA JIA! Que de verdad que no…

¡Shukaku! —se desgañitó, antes de perder la paciencia y pasar a estrangularle.

Bueno, estrangularse a sí mismo. Con la otra mano libre Shukaku le lanzó un puñetazo a la barbilla y acabó haciéndose daño él mismo también.

¡Me cago en…!

Tropezaron, cayeron de espaldas contra la ventana y el cristal cedió. Cuando se dieron cuenta, estaban en el aire, y al instante después su espalda colisionaba contra el césped del jardín, arrancándoles la respiración y cientos de cristales hechos añicos cayéndoles a su alrededor.

¡Puag! ¡Mira la que has liado! Vale, sí, sí. ¡Activé el sello de Juro! ¿Qué más te da? El cabrón nunca te responde, ¿no? ¡Pues que se joda!

Datsue se llevó una mano al rostro y se detuvo a medio camino al darse cuenta que un cristalito se le había introducido en la palma y un hilo de sangre corría por él.

Te juro, Shukaku… Te juro, que a veces me entran ganas de matarte.

¡JIA JIA JIA! Mejor que no sepas cuántas veces me entraron a mí.
[Imagen: ksQJqx9.png]

¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado


Grupo 1:
Datsue y Reiji, (Ascua, 220), Poder 80 e Inteligencia 80

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue, Daruu y Ayame, (Primera Flor, 219), Poder 60
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