9/07/2018, 01:10
Y cuando creía él tener la potestad de elegir ser el primero en mover ficha, o de sentirse en ventaja en aquella caldeada discusión, sintió un temblor agudo que le corrió todo el torso, hasta la cabeza. Nunca supo en qué momento Datsue había movido un músculo para atizarle con una patada en la entrepierna, ni tampoco del por qué no fue capaz de reaccionar apropiadamente a un movimiento que tendría que haber sido evidente. Lo cierto es que agobiado por la treta más traicionera entre dos hombres a la que había acudido Datsue, el Uchiha recuperó la ventaja que no había tenido desde que el tiburón le hubo plantado cara.
El gyojin sintió el empuje a su retaguardia que le obligó a caer de rodillas. Entonces quiso convertirse en agua pero extrañamente su cuerpo tampoco respondió, de nuevo.
«¿Pero qué coño?!» —se increpó, a su vez de que sentía la inutilidad de su torso, carente de reacción y a un peso muerto que le servía a su oponente la victoria sobre la palma de su mano.
El cuello se le tensó de pronto. Una mano en su barbilla, la otra acariciándole el cráneo. Luego, la nada. O así debía haber sido. Pero continuó viéndolo todo.
¡Crack! el sonido antinatural de su espina dorsal quebrándose en mil pedazos. Su alma intentando abandonar su cuerpo, como debía ser cuando alguien te rompe el cuello; aunque fallando estrepitosamente en el jodido intento. Ella había sido sentenciada a mantenerse ahí dentro, retenida en un cuerpo inmóvil y a merced de su valedor, asegurándose de que sintiera en carne propia el más agónico de los dolores.
Y aunque su cabeza ahora bailaba antinarutalmente por sobre sus hombros, a Datsue eso no le había bastado para nada. No le había bastado escuchar a Kaido gritar como un cerdo en matadero, que intentaba entender el por qué sus compañeros no hacían nada para ayudarlo. Estaban tan inmóviles como él, apenas viéndole morir una y otra vez con cuello danzante.
¿Por qué? ¿no les había ayudado él cuando más le necesitaban? ¡¿no había puesto en riesgo su vida para salvarles en un par de ocasiones?!
—¡Ahhh! ¡hagan algo, joder! ¡HAGAN ALGO! —pero su clamor no llegaba a los oídos deseados. Su voz carecía ahora de color.
La cabeza de Kaido abandonó su cuerpo tras un tirón, finalmente. Y lúcida, giró hasta el rostro de Datsue que le increpaba una vez más. Una última. Antes de que todo acabara. Antes de que despertara de una de las peores pesadillas que alguien podría tener, jamás.
Un leve empujón y el tiempo retrocedió. Se encontró de pronto con una realidad inequívoca, frente a Datsue aún viéndole a la cara, sus compañeros tratando de hacerles entender que aquello no merecía la pena, el soso de Akame pidiendo que se detuviera, y el mismo Datsue explicando los matices de su ira. De Aiko, su desaparición, y de lo extraño que parecía que no se hubiera presentado en el examen.
Kaido dio un paso hacia atrás, luego dos, con el rostro consternado. No lloraba porque era demasiado orgulloso, pero quería gritar. Sus manos se movieron de inmediato hasta los linderos de su cuello y lo acarició como quien no ve a alguien durante tantos años, y ahora llega el momento del reencuentro. Luego su rostro, y finalmente su cabello.
Los ojos a punto de explotarle. Pero no se volvieron a alzar hacia Datsue. No le volvería ver a los ojos esa misma noche, y quizás en ninguna otra.
Miró consternado a Ayame, y por último a Daruu. Luego a la nada porque no tenía a más nadie al que mirar.
—Maldito co ..cobarde —fue todo lo que tuvo para decir. Al menos mientras se acostumbraba al peso de la realidad.
El gyojin sintió el empuje a su retaguardia que le obligó a caer de rodillas. Entonces quiso convertirse en agua pero extrañamente su cuerpo tampoco respondió, de nuevo.
«¿Pero qué coño?!» —se increpó, a su vez de que sentía la inutilidad de su torso, carente de reacción y a un peso muerto que le servía a su oponente la victoria sobre la palma de su mano.
El cuello se le tensó de pronto. Una mano en su barbilla, la otra acariciándole el cráneo. Luego, la nada. O así debía haber sido. Pero continuó viéndolo todo.
¡Crack! el sonido antinatural de su espina dorsal quebrándose en mil pedazos. Su alma intentando abandonar su cuerpo, como debía ser cuando alguien te rompe el cuello; aunque fallando estrepitosamente en el jodido intento. Ella había sido sentenciada a mantenerse ahí dentro, retenida en un cuerpo inmóvil y a merced de su valedor, asegurándose de que sintiera en carne propia el más agónico de los dolores.
Y aunque su cabeza ahora bailaba antinarutalmente por sobre sus hombros, a Datsue eso no le había bastado para nada. No le había bastado escuchar a Kaido gritar como un cerdo en matadero, que intentaba entender el por qué sus compañeros no hacían nada para ayudarlo. Estaban tan inmóviles como él, apenas viéndole morir una y otra vez con cuello danzante.
¿Por qué? ¿no les había ayudado él cuando más le necesitaban? ¡¿no había puesto en riesgo su vida para salvarles en un par de ocasiones?!
—¡Ahhh! ¡hagan algo, joder! ¡HAGAN ALGO! —pero su clamor no llegaba a los oídos deseados. Su voz carecía ahora de color.
La cabeza de Kaido abandonó su cuerpo tras un tirón, finalmente. Y lúcida, giró hasta el rostro de Datsue que le increpaba una vez más. Una última. Antes de que todo acabara. Antes de que despertara de una de las peores pesadillas que alguien podría tener, jamás.
Un leve empujón y el tiempo retrocedió. Se encontró de pronto con una realidad inequívoca, frente a Datsue aún viéndole a la cara, sus compañeros tratando de hacerles entender que aquello no merecía la pena, el soso de Akame pidiendo que se detuviera, y el mismo Datsue explicando los matices de su ira. De Aiko, su desaparición, y de lo extraño que parecía que no se hubiera presentado en el examen.
Kaido dio un paso hacia atrás, luego dos, con el rostro consternado. No lloraba porque era demasiado orgulloso, pero quería gritar. Sus manos se movieron de inmediato hasta los linderos de su cuello y lo acarició como quien no ve a alguien durante tantos años, y ahora llega el momento del reencuentro. Luego su rostro, y finalmente su cabello.
Los ojos a punto de explotarle. Pero no se volvieron a alzar hacia Datsue. No le volvería ver a los ojos esa misma noche, y quizás en ninguna otra.
Miró consternado a Ayame, y por último a Daruu. Luego a la nada porque no tenía a más nadie al que mirar.
—Maldito co ..cobarde —fue todo lo que tuvo para decir. Al menos mientras se acostumbraba al peso de la realidad.