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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(II) La Prisión del Yermo
#31
Muñeca miró a Kaido, confusa, cuando este se señaló a sí mismo. Pronto el mismo Kaido se dio cuenta: la ropa que él llevaba no era el atuendo de la prisión. Lo hizo nada más ver la ropa del guardia que acababa de matar, debidamente doblada en su taquilla.

Mientras que la ropa de Kincho era elegante y daba el pego, la de su víctima, simplemente, se notaba que era la oficial. Chaqueta y pantalón de color beis, ambas de una tela fina y suave para evitar el exceso de calor. En la espalda de la chaqueta llevaba inscrito, en grande, la palabra: Yermo. Al frente, un nombre bordado: K. Mushaki. En un hombro, el símbolo del viento.

En la puerta de la taquilla, varias fotos colgadas de la víctima con lo que parecía ser su mujer. La más grande y la que más le llamó la atención fue una que estaba en el centro: ambos estaban sonriendo; ella, embarazada de por lo menos ocho meses.

Pero aquello no era todo. Junto al uniforme, estaba el famoso silbato corrector. Era de color blanco, y estaba unido a una fina cadena para colgar del cuello. De la khopesh y de la ballesta de mano no había ni rastro. A Kaido le sonaba que esas se cogían en la sala de armas. O, al menos, eso le había dicho Comadreja cuando le había entregado el croquis.

También había un par de llaves. Una grande, con el número dos inscrito en ella. Otra más pequeña, también con el dos.

La ropa de Kincho la encontró varias taquillas más a la derecha. Era exactamente igual, salvo que en su chaqueta ponía: U. Kincho. Y el juego de llaves —también una grande y otra pequeña—, tenía el número uno inscrito en ellas, y no el dos.

Muñeca memorizó todos los detalles y realizó una transformación bastante convincente, voz incluida. Su pequeña crisis de ansiedad parecía haber pasado. Ahora simplemente tenía fiebre, aunque superada la tormenta de arena, la sobrellevaba mejor. ¿Sería capaz de aguantar el Henge por largo tiempo? Eso, ya se vería.
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP!

Grupo 2:
Datsue y Akame, (Ceniza, 218), Poder 60

Grupo 4:
Datsue, Nabi, Stuffy y Eri, (Despedida, 218), Poder 60

Grupo 5:
Datsue y Soroku, (Viento Gris, 218), Poder 60

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue y Daruu, (Primera Flor, 219), Poder 60

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#32
Cuando Kaido se encontró con la confusión en los ojos de Muñeca, tuvo que pegarse una mirada a él mismo por un segundo. Vaya imbécil. ¡Vaya imbécil! si es que llevaba puesta la puta ropa casual de Kincho. Tenía tantas cosas en la cabeza que realmente creía haber ido ya vestido con el jodido uniforme oficial. Pero resultaba que no. Que el uniforme estaba conformado por dos piezas de color beis con la identificación de País del Viento y el nombre del Yermo bordado a la espalda. La taquilla del supuesto Mushaki tenía además de las prendas los artilugios básicos, menos las armas, que tendrían luego que retirar del salón especial dentro de la prisión donde se guardaban.

Los ojos cerúleos del gyojin se postraron por un instante en las fotos del difunto junto a su familia. Tenía a una esposa, embarazada, y lucían felices. En la cárcel en la que habitaba su parte más humana, la del verdadero Kaido, alguien se revolvía del remordimiento. Kaido había sido siempre una bestia, aunque no una que derramaba sangre a diestra y siniestra. Un Tiburón cazaba cuando debía saciar su hambre. Umikiba Kaido cazaba cuando lo consideraba justo y necesario.

El bautizo draconiano, sin embargo, lo apaciguaba todo. No importa cuántas moscas cayeran a su paso mientras alcanzase la metal final. ¿Y cuál era, esa meta? ¿la alcanzaría realmente alguna vez? ¿o esa era la verdad absoluta tras el círculo vicioso que te envuelve al unirte a Dragón Rojo?

Pronto lo iba a averiguar.

—Voy a cambiarme. Espérame aquí —dijo, rebuscándose en la taquilla de Kincho y tomándose su tiempo para adecuar el atuendo. Cogió su silbato, las llaves y volvió a donde Muñeca, ya transformada, le esperaba—. cuida la retaguardia mientras estemos ahí fuera. Mantén la cabeza fría y no dejes que nada te perturbe para que no estreses la transformación. Y tu llave, mírala —se la señaló con la mano derecha, a la vez de que sostenía el manojo suyo—. ya tenemos acceso al segundo piso. Ahí se encuentra él.

— Kincho:
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