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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Lo que se esconde tras la niebla
Uchiha Datsue Sin conexión
Jōnin de Uzushio
Jounin de Uzushio
Nivel: 34
Exp: 10 puntos
Dinero: 5 ryōs
#1
En un día inexacto de Aliento Nevado


Siete meses habían pasado desde que Sekiryū hubiese celebrado su Kaji Saiban más emblemático y recordado de los últimos años. También el más salvaje. También el más odiado. Porque aquel día habían perdido todos. Porque aquel día, y lo descubrieron demasiado tarde, se habían pegado un tiro en el pie.

Ryū había sobrevivido a las heridas, sí. Duro, resistente y luchador como solo un tejón de la miel podía serlo. Pero las secuelas que todavía tenía iban más allá de dos largas cicatrices que le cruzaban pecho y espalda. Había perdido un pulmón, y, con él, gran parte de su potencial.

Zaide había salido con vida del combate, haciendo honor a su apodo: El que no se muere. Tres veces Dragón Rojo le había dado por muerto, y tres veces se había vuelto a levantar. Pero, en aquella ocasión, el precio a pagar fue más caro. Un ojo. Su ojo izquierdo. Lo que para un Uchiha significaba un Mangekyō menos, y el adiós a Susano’o, su dios protector por excelencia.

Oh, sí. Definitivamente Sekiryū había perdido, y mucho, aquel día.

Muchas cosas habían pasado desde entonces. Combates pactados sobre la tumba de un falso muerto, pues quien sueña no está muerto, sino dormido. Susurros velados entre montañas escarpadas. Enseñanzas. Discusiones. Pactos. Risas. Secretos. Muchos secretos susurrados bajo la luz de la luna.

Pequeñas historias que no tienen cabida en esta. Aquí no hay sitio para lo mundano, lo terrenal o lo personal. Porque aquí, en esta historia, estaba a punto de decidirse el destino de Sekiryū. Probablemente también de las Islas del Archipiélago. Probablemente también de Oonindo entero.

¿No me crees? Oh, pero no es a mí a quien tienes que creer, sino a…

Vamos a cambiarlo todo

… a Ryū. Que, si habéis estado atentos a esta historia, bien sabéis que a él no le gusta jugar con las palabras.

Vamos a hacernos con todo.

En aquella reunión, todos estaban presentes. De una u otra forma. Ryū, presente en cuerpo y alma, era quien hablaba en aquellos momentos. A su derecha, la figura espectral de la Anciana. A su izquierda, Kaido. Kyūtsuki, encargada de acelerar la recuperación del Gran Dragón, también estaba presente físicamente en la caverna de Ryūgū-jō. Al otro lado, Otohime cruzaba las manos sobre la mesa. Los ojos verdes de Money relucían sobre una figura completamente negra con brillos del arcoíris. Luego estaba Akame. Y luego… Un ojo rojo, y un ojo blanco. Eso era lo único que se distinguía del último espectro. De Uchiha Zaide.

Vamos a demostrarle a las que se hacen llamar las Tres Grandes cómo se maneja una Villa de verdad.

En estos siete meses, Money había hecho contacto con el embajador de Umigarasu. Habían hablado de manera superficial, y el emisario había transmitido el deseo del Señor Feudal de hacerles una oferta jugosa. En persona. En su palacio. Poco más había podido sacarle Money, aunque ellos, gracias a Kyūtsuki, bien sabían buena parte de la oferta.

Y ya habían aceptado de antemano.

Tenemos que decidir quién va —dijo la Anciana. Faltaba una semana para la gran cita, y tenían que tenerlo todo listo y preparado. Sin fisuras. Sin dudas—. No podemos ir todos. El gran punto fuerte de Dragón Rojo es que está compuesto por ocho cabezas. Mientras nuestros enemigos no sean capaces de cortarlas todas al unísono, somos inmortales. Juntarnos los ocho en un mismo sitio sería… exponernos tontamente.

Silencio. Una gota cayendo de una estalactita.

No se peleen, ya soy yo el primero en ceder mi puesto —habló Zaide—. ¿Queréis que os envíe unas rodilleras por correo? ¿Unos cojines, quizá? Para cuando Umigarasu os haga hincar la rodilla, digo. —Incluso aunque era imposible vérsela a través del Gentōshin no Jutsu, estaba claro que estaba sonriendo de oreja a oreja.

Otohime carraspeó.

A mí me gustaría ir. Sé que voté en contra de esto, pero ya que vamos a hacerlo… —se encogió de hombros—. Ya que vamos a hacerlo, quiero ser la primera en catar esos lujos prometidos. Llevo demasiados años encerrada en este antro.

Y, pues, aquí papi al habla. Cleo que todos estalemos de acueldo en que soy una palte fundamental e implescindible en dicha reunión. Necesitamos que esté ahí pa’ llegal a un buen acueldo.
[Imagen: 6xR1x5O.png]

¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado


Grupo 4:
Datsue, Nabi, Stuffy y Eri, (Despedida, 218), Poder 60

Grupo 5:
Datsue y Soroku, (Viento Gris, 218), Poder 60

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue, Daruu y Ayame, (Primera Flor, 219), Poder 60
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Uchiha Akame Sin conexión
Exiliado
Nivel: 27
Exp: 15 puntos
Dinero: 650 ryōs
#2
La figura de Uchiha Akame se mantenía impretérrita ante el cruce de palabras de sus compañeros. Siete meses habían pasado, aunque para él se sentían como toda una vida. No en vano había sido entre las paredes de aquella gruta que el joven exjōnin había podido recobrar el sentido de vivir y darle un nuevo propósito a su existencia para intentar superar los fantasmas de su pasado. Algunos días mejor, otros peor, el joven Akame lucía en apariencia igual que meses atrás: con su cabello negro, muy negro, corto y desarreglado. Sus ojos inteligentes, con el Sharingan encendido en sangre, su expresión calma como de quien tiene todo bajo control. Vestía con un sencillo traje de tres piezas: una camisa negra de cuello alto, abierta a la altura del pecho, una camiseta interior para protegerse del frío bajo ésta y unos pantalones bombachos ceñidos en las pantorrillas a sus botas estilo tabi.

Su mirada recorrió la mesa con tranquilidad cuando Money habló; él quería ir. Otohime también, a pesar de que había sido la primera en sumarse a la defensa cerrada de Zaide de rechazar aquel trato. Akame esperó unos segundos y, puesto que ninguno más hablaba, hizo lo propio.

Yo iré —se limitó a afirmar—. Para escoltar a nuestros ilustres embajadores —agregó, no sin retranca, refiriéndose a los otros dos voluntarios.

Luego calló, aunque por el rabillo del ojo, no perdía detalle de la reacción de Kaido: sabía que el Tiburón no se quedaría sentado a ver cómo las cosas sucedían, ajenas a él. No, el escualo era un tipo de los que no podían evitar verse envueltos continuamente en la acción que llevaba al ojo del huracán.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Caída del Pétalo, Primavera de 219



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Umikiba Kaido Sin conexión
Exiliado
Nivel: 26
Exp: 28 puntos
Dinero: 4450 ryō
#3
Kaido lucía impertérrito durante la conversación. Estaba pensativo, analítico, tanto como lo ameritaba la situación. Él y su organización, siete meses después del fatídico Kaji Saiban, discutían ahora los entresijos del primer punto de partida para la resurreción de Kirigakure: estaban en la labor de decidir quiénes serían los ilustres postulantes que compondrían la comitiva para reunirse con Umigarasu. Otohime fue la primera en demostrar su interés en participar —no porque le interesase demasiado formar parte de la negociación, sino porque estaba hasta los huevos de estar encerrada en aquella caverna—. y Money hizo lo mismo poco después, recalcando el hecho de que la labia para que el acuerdo llegue a buen puerto reposa en su propia lengua. Un miembro imprescindible, si aquello iba a consolidarse con palabras, y no con muerte y sangre como está acostumbrado nuestro azulado escualo.

Y hablando de muerte y sangre, este tipo de encuentros, tan delicados y peligrosos, no carecían de altas probabilidades de irse todo a la mierda rápido. En un juego de egos y poderes donde estaba sobre la mesa el futuro de toda una nación, los edificios se construyen sobre una delicada casa de naipes. El más mínimo soplido...

—Considerando el hecho de que Otohime no puede luchar, creo que mi buen Suzaku va a necesitar de ayuda en caso de que las cosas se salgan de control. Creo que sería prudente que les acompañe.
[Imagen: baOPN59.png]


— Kincho:
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Uchiha Datsue Sin conexión
Jōnin de Uzushio
Jounin de Uzushio
Nivel: 34
Exp: 10 puntos
Dinero: 5 ryōs
#4
Hmm.

Los escoltas eran necesarios, pero, ¿quién estaba ahí para protegerlos a ellos? ¿Dónde estaba el martillo que todo escudo necesitaba?

Iremos los cinco. —Estaba decidido.



Estaba decidido.

No.

La Anciana negó con la cabeza, reafirmando su postura.

No —repitió, pues sabía que Ryū era duro de mollera—. Hemos cometido el error, todos nosotros, de subestimar a estos dos cachorros. —Bien lo había visto en el Kaji Saiban—. Es hora de que demuestren lo que valen. Solos.

Este no es el momento de poner a nadie a prueba, Anciana.

El espectro de la Anciana entrecerró los ojos. No quería decirlo, no quería revelar la verdadera razón tras su decisión. Pero conocía demasiado bien a Ryū, no se dejaría convencer con meras excusas.

Precisamente, Ryū. No es momento de ponerte a prueba… a ti —se lo espetó sin miramientos—. Kyūtsuki me ha dicho que necesitas una máquina de oxígeno para dormir y no ahogarte por las noches. —Específicamente, que sufría de peligrosas apneas de sueño—. Te ha recomendado bajar de peso, y tú hiciste justo lo contrario. —En la pelea contra Kaido, Ryū había pegado un visible bajón. Ya no, sus músculos volvían a lucir como siempre, y quizá por eso, el único pulmón que le quedaba no daba abasto—. Y sospecho, por mucho que no queráis contar, que el resultado de tu combate contra Kaido no fue… muy alentador.



Alentador fue precisamente lo que fue. Oh, sí, Kaido lo sabía muy bien. Independientemente del resultado final, Ryū no paraba de alentar, de alentar y de alentar. Ah, pero no para darle ánimos, no. Sino el de su otro significado. El de respirar sin parar porque no le llegaba el suficiente oxígeno a la sangre. Ryū seguía estando fuerte como un toro; seguía siendo inamovible como una montaña; pero cada vez que atacaba con ímpetu, necesitaba de largos segundos para recuperarse. Se agotaba con extremada facilidad y eso le dejaba vulnerable en demasiadas ocasiones. Si antes hubiese creado un Kage Bunshin, lanzado una muralla de fuego y un tornado de viento de una tacada, ahora tenía que conformarse con hacer cada cosa por separado, dándose su buen minuto entre acción y acción.

Tenía, en definitiva, que andarse con rodeos.



Déjate de rodeos, Anciana. Di lo que tengas que decir.

La Anciana suspiró, e hizo justo lo contrario.

Os voy a contar una breve historia —empezó, desviando la mirada hacia el resto—. Antiguamente, hubo un mercenario muy famoso en estas tierras. Un ninja. Libraba guerras para distintos Señores Feudales, según le conviniese. Era un mercenario, sí, pero el mercenario más respetado del mundo. Algunos, lo consideraban algo más que eso.

No era un ninja —intervino Ryū, con la mirada muy lejos de allí, como distraído—. Sino un rōnin.

Rōnin, ninja… distintas versiones para una misma historia —reanudó, sin darle importancia a ese detalle—. Pero si conoces la historia, Ryū, sabrás que ganó todas sus batallas salvo la penúltima. Quedó tan malherido tras el combate, que no superó la noche. Los numerosos soldados del bando enemigo amanecieron con la certeza de que el gran y temido mercenario no había visto la nueva luz del sol. Y así fue. Por eso, también supieron que la victoria estaba en sus manos. Las tropas estarían desmoralizadas, desorientadas sin su eterno líder, y tenían tanto la desventaja numérica como del terreno.

»Cuando avanzaron hacia el campo de batalla, sin embargo, se encontraron con una sorpresa. El campeón que todos daban por muerto… era la punta de lanza de un ejército que se les echaba encima. —Les dejó un breve momento para que se lo imaginasen en sus cabezas—. La visión fue tal, la idea de que aquel hombre era inmortal y que por tanto iban a morir fue tan certera, que no llegaron ni a luchar. Se rindieron de inmediato.

»¿Por qué? Tenían los números. Tenían la ventaja. Pero, aquel hombre… aquel hombre era un dios para ellos. Y así, el mercenario ganó su batalla número setenta y dos… muerto. Porque sí, lo estaba. El hombre que vieron los enemigos no era más que un impostor hengeado en su general.

No, no fue un Henge —le rebatió de nuevo Ryū. Muy seguro—. Era él, muerto, atado a su caballo para que no se cayese, el que causó el espanto en las tropas enemigas.

Mucho te preocupan los detalles de esta historia. —Y eso era extraño—. Como sea, para nosotros tú eres ese hombre, Ryū. La persona que todos temen. Capaz de espantar a nuestros enemigos incluso en una situación desventajosa. Pero eso no seguirá sucediendo si das muestras de debilidad. Si la situación se va de control, como dice Kaido, no podemos permitir que el mundo vea que el dios al que temen es un mero mortal. Tú mismo lo dices siempre. Las apariencias lo son todo. La fuerza lo es todo.

Y en aquellos momentos, le gustase o no, estaba muy lejos de estar en plenitud.

Nadie de aquí pone en duda que volverás a ser el que fuiste —mintió descaradamente—. Pero hasta que no vuelvas a serlo, debes tragarte el orgullo y permanecer en la sombra. Es la única manera de que tu leyenda no solo se mantenga intacta, sino que se agrande. Y es lo mejor para Dragón Rojo.

¿Tragarme mi orgullo? —preguntó él, confuso—. Deberías elegir mejor tus palabras, Anciana, o corres el riesgo de parecer que no me conoces en absoluto. El orgullo es una debilidad, y como tal, la amputé de mi alma hace mucho tiempo. Pero te equivocas —dijo, y su voz reverberó por toda la cueva como el gruñido de un dragón—. No puedo dar muestras de debilidad, porque no existe debilidad en mí que enseñar.

La Anciana resopló, hastiada.

¿Quieres llevar esto a votación?



¿A votación? Ryū observó al resto de Cabezas. A Kyūtsuki, quien había revelado a la Anciana la máquina de oxígeno con la que tenía que subsistir cuando cruzaba al mundo onírico. A Money, siempre tan cauteloso con todo negocio y toda apuesta. A Zaide, que solo por su odio contra él, no le apoyaría. Esos ya eran cuatro votos en su contra. Como mucho, obtendría un empate.

No dudaba de que, esta vez sí, se alzaría con la victoria. Fuese contra quien fuese. Pero eso implicaría volver a dividir al grupo, a retrasar las cosas en un momento tan crítico. No convenía a Sekiryū. Y él, por encima de todo…

… era fiel a Dragón Rojo.

No será necesario. —Miró a Kaido—. Confío en ellos. Hágase a tu modo, Anciana.
[Imagen: 6xR1x5O.png]

¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado


Grupo 4:
Datsue, Nabi, Stuffy y Eri, (Despedida, 218), Poder 60

Grupo 5:
Datsue y Soroku, (Viento Gris, 218), Poder 60

Grupo 7:
Datsue y Juro, (Aliento Nevado, 218), Poder 60

Grupo 9:
Datsue, Daruu y Ayame, (Primera Flor, 219), Poder 60
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